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Campione AU! - Capítulo 16

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16: Politica 16: Politica Mientras Mateo pasaba sus días entre clases, risas con Kasumi e Ingrid, y la lenta pero evidente integración de Mei en su día a día, el resto del mundo estaba reunido…

sin él.

Una reunión secreta, celebrada en un recinto neutral bajo estricta seguridad mágica y mundana, reunía a los líderes de los países más poderosos del planeta.

Naciones Unidas, Consejo de Seguridad, y representantes de la Comunidad Mágica Internacional se encontraban ahí con rostros serios y con el peso de una tragedia reciente en la espalda.

El tema: Rusia ya no existía como nación funcional.

Los números eran brutales.

Más del 90% de su población erradicada, el 99% de sus fuerzas armadas aniquiladas, ciudades fantasmas cubiertas de cenizas y ruinas, y el manto del invierno comenzando a congelar lo que alguna vez fue la cuna del poder euroasiático.

Los informes eran tan deprimentes como aterradores.

El antiguo presidente ruso, culpable de haber ignorado la amenaza del dios hereje Czernobog, había sido juzgado y sentenciado.

No vería la luz del sol jamás.

Sus decisiones costaron la vida de más de cien millones de civiles, y su caída fue rápida, sin clemencia, sin perdón.

El vacío de poder era peligroso.

El caos, el hambre, el miedo, y los restos de grupos armados sin ley hacían de lo que quedaba de Rusia un lugar inhóspito.

Sin intervención inmediata, los expertos preveían que se convertiría en un refugio para terroristas, contrabandistas, y cultos apocalípticos que intentarían aprovechar la tragedia.

Fue entonces que la Comunidad Mágica se pronunció.

—Propongo que el territorio devastado de Rusia, mientras se estabiliza y reconstruye, quede bajo la protección del Campione Mateo —anunció uno de los Archimagos presentes, su voz firme y clara—.

Él fue quien erradicó al dios hereje.

Él fue quien se sacrificó en el campo de batalla.

Y no hay ser humano en este momento más capacitado para proteger ese suelo.

Los murmullos no tardaron.

—¿México gobernando Rusia?

—No es gobernar…

es proteger.

—Los Campione tienen ese derecho por ley mágica.

—¿Y si se vuelve tirano?

—Ya lo habría hecho si tuviera esa intención —respondió la delegada de Italia, tajante—.

Pero el Campione Mateo ha mostrado una voluntad firme, compasiva y equilibrada.

De no ser por él, no estaríamos reunidos aquí con al menos una oportunidad de reconstrucción.

Tras una larga discusión, argumentos sobre diplomacia, soberanía, y precedentes, se llevó a cabo la votación.

Y por mayoría, se aprobó.

Mateo de México, Campione elegido por el destino y la voluntad de los dioses, sería el protector oficial del territorio ruso, aunque aún de forma no pública ni oficial.

—Lo informaremos cuando sea el momento adecuado —dijo uno de los líderes mágicos—.

Él aún no lo sabe, pero el destino de dos naciones descansa sobre sus hombros.

Una nueva etapa comenzaba.

Y Mateo, sin saberlo aún, acababa de heredar no solo una tierra en ruinas…

sino también el peso de una de las naciones más grandes que jamás existieron.

La tarde era cálida y tranquila.

Después de un día de clases lleno de explicaciones y tareas, Mateo regresaba a casa caminando al lado de Mei.

Por primera vez desde que habían llegado a México, no estaban ni Ingrid ni Kasumi con ellos.

—Entonces…

¿el club de boxeo tampoco te pareció suficiente?

—preguntó Mateo con una sonrisa divertida.

—Tsk…

no es eso…

solo…

no quiero perder tiempo en cosas que no me sirvan —responde Mei, cruzando los brazos mientras miraba al frente con el ceño fruncido.

Sin embargo, sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas.

Mateo no dijo nada más, pero la sonrisa seguía ahí.

Sabía que Mei estaba buscando un lugar en ese nuevo mundo, al igual que Ingrid y Kasumi lo hicieron.

Pero lo que no se imaginaba era lo que pasaba por la mente de su nueva caballero.

Cuando llegaron a casa, Mateo abrió la puerta, dejó sus cosas y se estiró con flojera.

—Hoy tenemos la casa para nosotros —dijo tranquilamente mientras caminaba a la sala—.

¿Quieres ver una película?

Puedo preparar palomitas.

Mei se detuvo en seco en la entrada, tiesa como una estatua.

—¿S-solos…?

—murmuró para sí misma, sintiendo como el rubor subía por su cuello hasta las orejas—.

¿Eso quiere decir que…?

¡¿Q-qué clase de prueba es esta?!

¡M-maldito pervertido!

—¿Eh?

—Mateo giró la cabeza justo a tiempo para ver cómo Mei se cubría el rostro con las manos, completamente sonrojada.

—¡¿P-pensaste que por estar solos ibas a…

a hacer algo indecente?!

—gritó ella con una voz aguda, visiblemente alterada, mientras sus ojos lo miraban como si se hubiese convertido en un monstruo.

Mateo parpadeó varias veces, confundido.

—¿Qué?

¡No!

Solo quería relajarme después de clases —respondió riendo nerviosamente—.

¿Qué clase de imagen tienes de mí?

—¡Una bastante precisa considerando a las otras dos!

—Mei giró la cara, aún con la cara roja como tomate—.

Tsk…

Mateo no pudo evitar reírse.

El malentendido era ridículo…

y adorable.

—Vamos, siéntate —dijo él con una sonrisa suave—.

Prometo no hacer nada raro.

Sólo quiero pasar tiempo contigo…

quiero conocerte más.

Mei dudó.

Pero al final, aceptó y se sentó a su lado en el sofá.

Durante la película, Mateo no hizo ningún movimiento indebido.

No intentó abrazarla, ni acercarse más de lo debido.

Solo se reía, comentaba cosas de la historia y compartía palomitas.

Y eso…

eso fue peor para el corazón de Mei.

Él…

realmente es amable…

tranquilo…

no como esos tipos que solo piensan en aprovecharse…

pensó mientras lo miraba de reojo.

Su pecho latía con fuerza, no por nervios o vergüenza, sino por algo más profundo.

Algo que empezaba a florecer lentamente.

Cuando terminó la película, Mateo apagó la pantalla y se estiró.

—Fue divertido.

Me gusta ver tu lado más relajado, Mei.

—T-tonto…

—murmuró ella, sin poder sostenerle la mirada, pero con una sonrisa tímida.

Hubo un pequeño silencio cómodo, hasta que Mei, sin pensar demasiado, apoyó la cabeza en el hombro de Mateo.

—Sólo por hoy…

así está bien —susurró.

Mateo la miró sorprendido…

pero no dijo nada.

Solo sonrió y dejó que ella se quedara ahí, disfrutando de ese momento silencioso y tranquilo que selló el primer paso del amor de Mei Lin hacia Mateo.

Un par de días después de una tarde soleada y tranquila en la universidad, Mateo recibe una invitación inusual.

Una carta elegante y formal, sellada con múltiples emblemas: la ONU, la Organización Mágica Internacional, y diversos organismos diplomáticos de naciones aliadas.

La misiva venía acompañada de una escolta de magos diplomáticos que, con profunda reverencia, le entregaron el sobre con palabras mesuradas y rostros tensos.

Ingrid, Kasumi y Mei leyeron la carta con él.

Era una invitación formal a una cumbre internacional extraordinaria, una reunión de alto secreto que se celebraría en Ginebra, Suiza.

El objetivo: discutir el futuro del orden mundial tras la caída de Rusia.

—Esto huele a problemas…

—murmuró Mei con los brazos cruzados.

—O a algo que te quieren encargar —añadió Ingrid con una ceja alzada.

Kasumi, un poco más preocupada, apretó la mano de Mateo.

—¿Vas a ir…?

Mateo asintió con una sonrisa.

—Claro.

No voy a ignorar algo tan grande…

aunque no sepa qué me espera.

— El día llegó.

Mateo vistió un elegante traje negro con detalles plateados que destacaban su porte.

A su lado, Ingrid, Kasumi y Mei, vestidas con atuendos ceremoniales de gala mágicamente tejidos, irradiaban poder y elegancia.

Al llegar a Ginebra, fueron recibidos con seguridad reforzada y un despliegue logístico imponente.

Magos diplomáticos, soldados y agentes internacionales aseguraban el perímetro, y una nube densa de tensión cubría el cielo gris de la ciudad.

La cumbre internacional se celebraba en una antigua sala del Palacio de las Naciones, ahora reforzada por barreras mágicas e inscripciones de protección en varios idiomas arcanos.

Mateo fue guiado al centro del salón, donde una enorme mesa circular albergaba representantes de más de 60 países y líderes de las principales comunidades mágicas.

Todos guardaban silencio al ver al Campione cruzar las puertas.

El Secretario General de la ONU se puso de pie.

—Campione Mateo Vargas…

bienvenido.

Gracias por responder a nuestra convocatoria.

Esta reunión es confidencial, y su presencia hoy es crucial para lo que estamos por discutir.

Mateo, tranquilo, asintió y tomó asiento.

Sus acompañantes se colocaron detrás de él, como su guardia personal.

El Secretario hizo una señal, y las luces bajaron.

En una pantalla mágica, comenzaron a mostrarse imágenes de satélite.

Rusia.

Las zonas destruidas.

Los escombros que fueron ciudades.

Las rutas desoladas.

El desastre humanitario.

El silencio de la sala solo era interrumpido por respiraciones tensas.

—Czernobog —dijo una voz del Consejo Mágico Internacional— arrasó con más del 90% de la población rusa.

Las organizaciones mágicas y mundanas colapsaron.

El país está en ruinas.

Y su gobernante…

ha sido sentenciado por crímenes de negligencia genocida.

Mateo frunció el ceño.

—Y aquí es donde entras tú —continuó el Secretario General—.

La comunidad mágica ha llegado a un consenso.

Y los gobiernos mundiales, tras extensas deliberaciones, han aceptado.

Todos los ojos se posaron sobre él.

—Mateo Vargas, en tu calidad de Campione, Salvador de Rusia y protector de la humanidad frente a los dioses herejes, te extendemos una solicitud formal: > Que aceptes ser el nuevo Protector Supremo de la Federación Rusa.

> Que su territorio, su reconstrucción, y su defensa, queden bajo tu mando mágico, político y logístico.

Con el reconocimiento global, pero sin restricciones a tu autoridad.

El salón quedó en absoluto silencio.

Mateo alzó las cejas.

Ingrid, detrás de él, entrecerró los ojos en confusión.

Kasumi abrió un poco la boca, sorprendida.

Mei simplemente cruzó los brazos, como si ya se lo esperara.

—¿Están hablando en serio?

—preguntó Mateo, su tono firme pero sereno.

Un líder europeo se inclinó hacia el micrófono.

—No es un reinado, Mateo.

Es…

una última esperanza.

Rusia no puede sostenerse sola.

Necesita a alguien que los proteja de otro desastre.

Y tú eres el único que lo ha enfrentado…

y vencido.

—Pero…

¿yo?

—Mateo miró a los presentes— ¿Un estudiante universitario mexicano, de repente es la solución a una superpotencia caída?

La líder de la comunidad mágica de Londres habló entonces.

—No lo vemos así.

Te vemos como un Rey de Reyes, Mateo.

Un título que no te dimos nosotros.

Lo ganaste tú mismo.

Y Rusia…

necesita un Rey.

El silencio volvió.

Mateo entrelazó sus dedos y bajó la cabeza, pensando.

Ingrid y Kasumi lo miraban con respeto.

Mei murmuró: —Sea lo que decidas…

nosotras te seguiremos.

La tensión de la cumbre alcanzaba su punto máximo.

Todos esperaban su respuesta.

La sala seguía en silencio.

Todos los presentes tenían la respiración contenida, esperando el veredicto del Campione.

Mateo se quedó sentado, con la mirada fija en la mesa frente a él, meditando la magnitud de lo que le estaban proponiendo.

Gobernar Rusia…

o al menos, ser su protector, su líder espiritual y político, su última línea de defensa.

—…No me metí en esto para gobernar naciones —dijo al fin, su voz grave pero clara.

El murmullo de los presentes aumentó, y las miradas se tensaron—.

No soy político.

No soy un rey, aunque me llamen así.

Solo soy una persona que recibió un poder…

y decidió usarlo para proteger a los inocentes.

Un silencio total volvió a dominar la sala.

—Pero —continuó Mateo—…no puedo ignorar lo que pasó.

No después de haberlo visto con mis propios ojos.

Mateo alzó la mirada.

Su voz, ahora, sonaba más firme.

Más madura.

—No puedo dejar que el dolor y el sufrimiento de millones queden sin respuesta.

No puedo dejar que los sobrevivientes de esa catástrofe vivan sin esperanza.

Si aceptar este cargo significa darles una nueva oportunidad…

lo haré.

Un suspiro colectivo se oyó.

La tensión se desvanecía como si el aire mismo se aligerara.

Las organizaciones mágicas se miraron entre sí, intercambiando asentimientos.

Los representantes políticos se pusieron de pie y aplaudieron brevemente, no por protocolo, sino con una genuina mezcla de alivio y respeto.

Mateo se puso de pie también.

—Aceptaré…

ser el Protector de Rusia.

Pero no esperen que sea un monarca en el sentido tradicional.

Haré esto a mi manera.

Con justicia.

Con humanidad.

Con libertad.

— Al terminar la sesión, una segunda parte de la reunión fue preparada.

Ahí fue cuando le presentaron a ella.

Una joven mujer de alrededor de veintitrés años, cabello plateado que le llegaba a la cintura, ojos azul profundo tras unos elegantes lentes de montura fina.

Vestía un vestido formal azul con detalles blancos y dorados, impecable.

Caminaba con elegancia, como una noble de sangre, pero sus ojos mostraban determinación.

—Permítame presentarme —dijo con un marcado acento eslavo—.

Soy Ekaterina Volkov.

Descendiente de una antigua familia noble rusa, experta en administración política y derecho internacional mágico.

He sido asignada por la Comunidad Mágica del Este como su asesora y coordinadora política para la reconstrucción de Rusia…

y para estar a su lado, Campione Mateo.

Mateo asintió, educado pero algo desconcertado.

—Encantado, Ekaterina.

Kasumi, Mei e Ingrid estaban unos pasos atrás, observando con sus brazos cruzados.

—Es hermosa…

—susurró Kasumi.

—Demasiado preparada —añadió Mei, con un toque de fastidio.

—Y va vestida para matar o casarse —comentó Ingrid sin perder la sonrisa.

Las tres suspiraron al mismo tiempo.

Ingrid se giró hacia sus compañeras.

—Bueno, no digan que no lo veíamos venir.

Ya sabemos cómo juegan estas organizaciones.

—¿Crees que ella…

quiera algo más?

—preguntó Kasumi en voz baja.

—¿Lo dudas?

—dijo Mei, ajustándose los guantes—.

La mandaron para gobernar con él…

y probablemente formar una “dinastía” o algo por el estilo.

Ingrid solo rió.

—No me molesta.

Mientras Mateo no se deje atrapar fácilmente, no hay problema.

— Ekaterina extendió su mano, elegante y formal.

Mateo la tomó con respeto.

—Si lo permite, Campione…

trabajaré a su lado, no solo para restaurar lo que fue Rusia, sino para construir un nuevo futuro.

Uno que honre a los que ya no están.

—Aprecio tu compromiso —dijo Mateo sinceramente.

Luego sonrió—.

Pero espero que no esperes que sea un político muy convencional.

Ekaterina parpadeó…

y sonrió con un leve rubor.

—No lo esperaba.

Pero lo prefiero así.

— Mateo, acompañado por sus tres compañeras y la recién llegada Ekaterina, observando desde el balcón del Palacio donde se celebró la reunión.

Las luces de Ginebra iluminaban el cielo nocturno.

Mateo suspiró.

Kasumi tomó su mano.

Ingrid apoyó su cabeza en su hombro.

Mei lo miraba de reojo con una ceja arqueada.

Ekaterina se mantenía un paso detrás…

pero sus ojos seguían fijos en Mateo.

Una nueva era estaba por comenzar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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