Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Campione AU! - Capítulo 27

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Campione AU!
  4. Capítulo 27 - 27 El concilio divino
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

27: El concilio divino 27: El concilio divino El lugar no tenía nombre, porque los nombres son una limitación de los mortales.

Existía en el intersticio entre el mito y la realidad, en la planicie conceptual donde las ideas puras toman forma antes de filtrarse al mundo de los sueños y las creencias.

Era un salón que no era un salón, forjado de la memoria del primer templo, del eco del primer himno, y de la sombra del primer sacrificio rechazado.

Allí, donde el tiempo era un río con mil fuentes y ningún desembocadero, se congregaron por primera vez desde los albores de la conciencia humana.

No llegaron en carros de fuego o sobre corceles alados.

Se manifestaron, como estrellas encendidas en el firmamento de lo potencial.

Sus formas eran tan variables como las culturas que los habían imaginado, pero aquí, en este núcleo de poder, adoptaron arquetipos reconocibles, vestigios de su gloria pasada.

La atmósfera, si es que podía llamarse así, vibraba con una tensión eléctrica, un rencor acumulado durante siglos.

Los primeros en solidificar su presencia fueron los del Olimpo.

Un trono de mármol y relámpagos surgió de la nada, y en él se sentó Zeus, padre de dioses y hombres.

Su semblante, majestuoso y furioso, estaba surcado por el ceño fruncido de un monarca cuyo edicto ha sido ignorado.

A su lado derecho, Hera, de mirada gélida y postura rígida, observaba el vacío con el desprecio de quien ha visto promesas mil veces quebrantadas.

Poseidón, con su tridente apoyado en el suelo conceptual que se ondulaba como un mar en calma, irradiaba una ira silenciosa y profunda como las fosas abisales.

Atenea, armada y con el yelmo ceñido, no mostraba ira, sino una decepción calculadora, la de una estratega cuyos planes han sido arruinados por la irracionalidad de las piezas.

Ares, en cambio, era pura ebullición belicosa, su armadura chirriaba con el ansia de un conflicto que nunca se saciaba del todo.

Casi al mismo tiempo, un sonido de cuernos distantes y el crujir de madera gigante anunció la llegada de los nórdicos.

Un enorme trono de raíces y huesos de bestias, similar a un fragmento de Yggdrasil, se entrelazó con el espacio.

Odín, el de un solo ojo, se reclinó en él.

Su mirada única, cargada de la sabiduría de los pozos y la amargura de las profecías cumplidas, escrutó a los griegos sin saludo.

A su lado, Frigg, tejía silenciosamente con hilos de nube y sombra, su rostro un mapa de preocupaciones maternales por un mundo que se deshilachaba.

Thor, de pie, musculoso como una montaña viva, apretaba a Mjölnir con tal fuerza que las cabezas de su martillo centelleaban con relámpagos sordos, una tormenta contenida.

Loki, el último en aparecer, lo hizo con una sonrisa burlona y una chispa de caótico deleite en los ojos, como si este concilio fuera el preludio de la broma más grandiosa jamás concebida.

Luego, los demás llegaron en oleadas de esencia distintiva.

Desde las ardientes arenas del concepto, emergió el panteón egipcio.

Ra, con la cabeza de halcón coronada por el disco solar, pero cuyo sol parecía opaco, apagado por la indiferencia.

Osiris, el señor del Duat, verde y sereno en su apariencia, pero con una frialdad en la mirada que hablaba de un reino de los muertos cada vez más vacío de fe genuina.

Isis, la gran maga, observaba con tristeza y determinación, mientras Set, el dios del caos y las tierras estériles, sonreía con abierta satisfacción ante el desorden general.

De un loto que brotó en un estanque de mercurio, surgieron las formas multitudinarias del panteón hindú.

Shiva, el destructor y renovador, bailaba lentamente en un círculo de fuego silencioso, su tercer ojo entreabierto como si evaluara la necesidad de un fin cósmico.

Vishnu, de piel azul y postura serena, sostenía la Sudarshaná Chakra, el disco divino, pero no giraba; estaba quieto, como esperando.

Brahma, el creador, de cuatro cabezas, parecía discutir consigo mismo, un murmullo de posibles mundos fallidos.

Y una emanación de Kali, reciente y dolorosamente derrotada, estuvo presente como un fantasma de ira y humillación, un recordatorio vivo de la afrenta.

De la jungla de jade y obsidiana conceptual, llegaron los dioses mesoamericanos.

Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, ahora una sombra de su antiguo esplendor, herido en su orgullo por haber sido el primer trofeo del Campione mexicano.

Tezcatlipoca, su eterno rival, el espejo humeante, emanaba un regocijo sombrío por la caída de su hermano y una curiosidad malsana por el conflicto.

Huitzilopochtli, el colibrí zurdo, dios de la guerra y el sol, apretaba su serpiente de turquesas como si fuera la garganta de un enemigo.

Y así, decenas, cientos de esencias divinas menores y mayores llenaron el espacio conceptual: los kami sintoístas como destellos de luz pura; los orishas yoruba con su ritmo vital amortiguado; los dioses eslavos, aún temblorosos por la herida de Czernobog; un susurro de los antiguos dioses celtas; una sombra de los olvidados dioses sumerios.

Todos congregados.

Todos con un rencor común.

Zeus fue el primero en romper el silencio.

Su voz no fue un sonido, sino una vibración que sacudió los cimientos mismos de la reunión, un trueno que llevaba ecos de mandatos ignorados.

—¡Esto no puede seguir!

—rugió, levantándose de su trono.

El relámpago bailó en sus ojos—.

Durante siglos hemos soportado la burla.

Hemos visto nuestros altares convertidos en ruinas, nuestros nombres en fábulas para entretener a niños, nuestros rituales en espectáculos para turistas.

¡Hemos descendido, hemos mostrado nuestro poder, y qué hemos recibido?

¡La espada de estos… estos parásitos!

¡Estos Campiones!

Ares golpeó el suelo con la lanza, y un sonido metálico de guerra resonó.

—¡Hablas con suavidad,padre!

¡No son parásitos, son usurpadores!

Se alimentan de nuestra esencia, roban nuestro poder y lo usan para proteger a los gusanos que nos dieron la espalda.

El mexicano, especialmente.

Él convierte nuestra derrota en su corona.

¡Debe ser despedazado!

Atenea alzó una mano, calmando el gesto, pero su voz era de acero afilado.

—La ira sin estrategia es el fracaso asegurado,hermano.

Nos hemos enfrentado a ellos de forma individual, y hemos caído.

Quetzalcóatl, Tláloc, Ryūjin, Czernobog, la misma Kali… Derrotados no por un ejército, sino por un mortal endurecido con nuestro propio poder.

El problema no es su fuerza individual.

Es nuestra desunión.

Fue entonces cuando Odín habló.

Su voz era grave, como el rodar de piedras ancestrales, cargada del peso de las runas y la visión del Ginnungagap.

—La Sabiduría de Atenea encuentra eco en el oído vacío de Odín—dijo, su único ojo brillando con una luz lúgubre—.

Hemos observado desde el Hliðskjálf.

El Campione estadounidense se esconde, atormentado por su propia conciencia.

El australiano erige su prisión de tierra y miedo.

El español juega con sus juguetes sensoriales.

Pero el mexicano… él construye.

Une.

Inspira.

En cada victoria suya, la fe en nosotros disminuye, y la fe en la humanidad endurecida crece.

Es una herejía viviente.

Thor levantó a Mjölnir, y un trueno sordo retumbó en el espacio conceptual.

—¡Entonces acabemos con él!¡Llamemos a las hordas de Jötunheim, a los einherjar!

¡Desatemos el verdadero Ragnarok sobre Midgard y purguemos a esos insectos y a su campeón juntos!

—¡Un Ragnarok!

—rugió Zeus, la idea encendiéndole la mirada—.

No el triste fin profetizado para unos pocos, sino una purga deliberada.

Un nuevo amanecer forjado por nuestro poder unido.

No solo para los nórdicos o los griegos.

Para todos.

La propuesta flotó en el espacio, densa, peligrosa, tentadora.

Set, el egipcio, se rió, un sonido seco como la arena arrastrada por el viento.

—¿Una alianza?¿Entre Ra y la Noche?

¿Entre Osiris y el Caos?

Es antinatural.

Divertido, pero antinatural.

Shiva detuvo su danza.

Su tercer ojo se abrió un poco más, y una calma aterradora emanó de él.

—Todo nace,todo existe, todo debe perecer.

El ciclo es ley.

La humanidad actual… su ciclo parece haberse estancado.

Creen ser los tejedores de su propio destino, olvidando las manos que hilaban antes.

Una… corrección… puede ser necesaria.

Vishnu, por primera vez, habló con su voz suave pero imperturbable.

—Pero no una destrucción sin propósito.Si hemos de intervenir, debe ser para restablecer el dharma, el orden cósmico.

La relación entre dioses y hombres está rota.

Si no puede repararse… quizás deba reiniciarse.

Brahma, con sus cuatro bocas, murmuró en concordancia: —Un nuevomanvantara… Un nuevo ciclo de la humanidad.

Pero para eso, el viejo debe terminar.

Quetzalcóatl, la sombra herida, silbó con voz llena de dolor y rabia: —Yo fui el primero.Vi la arrogancia en sus ojos cuando me derrotó.

No es un protector.

Es un cazador de dioses.

Mientras él y los otros existan, nunca habrá reverencia, solo el miedo a ser la siguiente presa.

Apoyo la purga.

Pero exijo que el mexicano sea mío.

Tezcatlipoca rió, un sonido lleno de esquirlas de obsidiana.

—Siempre el drama,hermano.

Pero esta vez coincido.

Han creado monstruos que se atreven a morder la mano que los soñó.

Es hora de soñar un sueño más… obediente.

La discusión se generalizó, un clamor de voces divinas, cada una con sus quejas, sus condiciones, sus sedes de venganza.

Los dioses del trueno exigían tormentas apocalípticas; los dioses del inframundo, que las almas se desbordaran; los dioses de la sabiduría, un plan meticuloso.

Fue Loki quien, con una sonrisa de burla que cortó el caos como un cuchillo, dio el paso crucial.

—¡Qué patético espectáculo!—exclamó, paseándose entre los tronos—.

Todos hablan de venganza, de purga, de nuevos ciclos, pero miran con recelo al de al lado.

Olvidan la lección que esos monos con poder nos han dado: la unión hace la fuerza.

No propongo un Ragnarok de un solo panteón.

Propongo… El Gran Desquite.

Una ofensiva coordinada, no solo en el plano físico, sino en todos los frentes.

Aplastemos no solo a los Campiones, sino a la misma idea que los sustenta: que la humanidad puede vivir sin temor a lo divino.

Atenea asintió, una chispa de respeto ante la retórica del engañador.

—Loki,por una vez, habla con sensatez.

Necesitamos una estrategia en capas.

No podemos simplemente descender todos a la vez; las leyes conceptuales y la misma Pandora lo impedirían.

Debemos tentar, dividir, debilitar.

—Exacto —intervino Odín—.

El australiano es un ermitaño en su tierra.

Su poder está atado a su territorio.

Tentémoslo a expandirse, a volverse codicioso, y luego cortemos la conexión.

El español… su debilidad es su hedonismo.

Podemos envenenar su placer, convertir sus sentidos en su prisión.

El estadounidense… su conciencia es su cárcel.

Debemos enfrentarlo a dilemas que rompan su frágil equilibrio, hacerle ver que su inacción es tan culpable como la acción que teme.

Todos los ojos, entonces, se volvieron hacia la esencia conceptual que representaba a Mateo Vargas.

Una silueta de resolución, estrategia y un fastidioso sentido del deber.

—Y el mexicano —dijo Zeus, con odio frío— es el corazón del problema.

Es el líder.

El símbolo.

Debemos destrozar no solo su cuerpo, sino todo lo que ha construido.

Su México.

Su Rusia fantasma.

Sus aliadas.

Debemos hacer que falle de la manera más pública y catastrófica posible.

Que su protección se revele como una ilusión.

Que los humanos vean que su último bastión cae, y con él, toda esperanza.

Un plan comenzó a tejerse, horripilante en su escala y malevolencia.

No sería una guerra convencional.

Sería una plaga divina.

La Estrategia del Desquite: 1.

La Tentación del Aislado (Australia): Los dioses de la tierra y la sequía, como Geb (egipcio) o una facción de los Jötunn (nórdicos), trabajarían para corromper el «Dominio de la Tierra Árida» de Liam.

Le harían creer que puede expandir su autoridad sobre el mar, sobre otras naciones, mostrándole visiones de un imperio global.

Cuando su ambición esté en su punto más alto y su poder sobreextendido, una coalición de dioses del océano (Poseidón, Njörðr, Ryūjin resentido) y de la libertad (dioses del viento, de los caminos) lanzaría un ataque concertado para “inundar” y “dispersar” su dominio, rompiendo su control y dejándolo vulnerable.

2.

El Envenenamiento del Epicúreo (España): Bacchus Luxuria, aunque derrotado, dejó un eco.

Dioses de la ilusión, el sueño y el exceso, como Morfeo (griego), Soma (hindú) y divinidades menores de la embriaguez, colaborarían para crear un “Paraíso Sensorial” irrompible alrededor de Alejandro.

Un laberinto de placer tan intenso y adictivo que le hiciera desinteresarse por completo del mundo exterior, hasta que, cuando estuviera totalmente sumergido, los dioses del vacío y la nada (como Érebo griego o aspectos de Shiva) sellarían la burbuja, convirtiendo su jardín en su tumba eterna, una celda de éxtasis infinito e inútil.

3.

El Desgarro del Moralista (Estados Unidos): Aquí, la estrategia sería psicológica.

Dioses de la culpa, la duda y el sacrificio trágico, como las Erinias (griegas), dioses de los dilemas imposibles y espectros de los muertos de Kali, serían desatados en el territorio estadounidense.

No para atacar a Alex directamente, sino para atormentar a la población, presentándole crisis morales en cada ciudad, dilemas donde cualquier acción suya causaría muerte y sufrimiento.

Lo acorralarían, forzándolo a elegir entre intervenir (y sentirse el arma que siempre rechazó) o no hacerlo (y ver a su país destruirse moralmente, probando que su principio era egoísta).

El objetivo era romper su mente, llevarlo a la locura o a una rendición autodestructiva.

4.

La Aniquilación del Arquitecto (México/Rusia): Para Mateo, reservaban la ofensiva más brutal y multifacética.

· Frente Divino Directo: Una legión de dioses de la guerra de todos los panteones—Ares, Thor, Huitzilopochtli, Kartikeya (hindú), Horus (egipcio en su faceta guerrera)—descendería no en un solo lugar, sino en múltiples frentes simultáneos: Ciudad de México, las zonas en reconstrucción de Rusia, sus lugares simbólicos.

El objetivo no sería derrotarlo de inmediato, sino desgastarlo, forzarlo a dividir su atención.

· Frente Sobrenatural: Dioses de la magia, el engaño y lo oculto—Hecate (griega), Loki (nórdico), Tezcatlipoca (mesoamericano), Eshu (yoruba)—trabajarían para corromper sus líneas de suministro mágico, sembrar desconfianza entre sus aliados mortales y hechiceros, y crear ilusiones para ponerlo contra su propio círculo íntimo.

· Frente Existencial: Aquí entrarían los pesos pesados conceptuales.

Zeus y Odín liderarían un asalto al mismo estatuto de Mateo como Campione.

Intentarían, combinando sus autoridades sobre el orden real (Zeus) y el destino (Odín), imponer una “Sentencia Divina” sobre él, una maldición cósmica que buscara desvincularlo del favor de Pandora o corromper su autoridad desde dentro.

· El Golpe Final: Lo más insidioso.

Dioses del amor, la traición y la pérdida—Afrodita (griega), diosas de la discordia como Eris, junto a aspectos oscuros de diosas de la fertilidad—intentarían atacar sus lazos emocionales.

Tentar, engañar o poner en peligro mortal a Ekaterina, Shakti y cualquier otra cercana a él.

El objetivo sería hacerlo cometer un error por pasión, o infligirle una herida emocional que nublara su juicio estratégico, su mayor fortaleza.

La discusión fue épica, llena de disputas sobre roles, jerarquías y el botín posterior.

Los nórdicos, con su cosmovisión fatalista y belicosa, empujaban por un ataque frontal y total, un Götterdämmerung glorioso.

Los griegos, más políticos y rencorosos, abogaban por una estrategia de división y conquista, más sutil pero igualmente devastadora.

Fueron estas dos voluntades, la furia tempestuosa de Asgard y el rencor estratégico del Olimpo, las que finalmente moldearon el plan.

—¡Basta de debates!

—tronó Thor, impaciente—.

Forjaremos nuestro pacto no con palabras blandas, ¡sino con sangre y relámpagos!

¡Que cada panteón ofrezca un juramento vinculado a su esencia!

Zeus, viendo la oportunidad de liderar el momento, se levantó y extendió su brazo.

Un rayo primigenio, el primer relámpago que asustó a la humanidad cavernícola, apareció en su mano, compactado en una lanza de luz pura.

—Juro por el Éter que me sostiene y el trueno que me obedece—vociferó—, que no descansaré hasta que el último Campione sea polvo, y la humanidad vuelva a temblar ante la sombra del Olimpo.

Que mi rayo sea el martillo que clave su estandarte en el lodo.

Odín, con solemnidad sombría, levantó a Gungnir, su lanza.

De la punta brotó no sangre, sino la tinta oscura de las runas del destino.

—Juro por las raíces de Yggdrasil y el cuerno de Heimdall—pronunció, su voz resonando con el peso de las profecías—, que entrelazaremos el destino de los Campiones con los hilos de su propia perdición.

Que este Ragnarok no será nuestro fin, sino el suyo.

Así está tallado.

Uno a uno, los líderes y representantes de cada panteón hicieron sus juramentos, cada uno con el símbolo de su poder.

Ra hizo brillar su sol con una luz cegadora y abrasadora.

Shiva abrió por completo su tercer ojo, y un fuego silencioso que prometía la disolución final bailó en él.

Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, en un acto sin precedentes, entrelazaron sus esencias—pluma y humo, creación y discordia—en un voto de venganza conjunta.

El acto final fue colectivo.

Todas las esencias divinas proyectaron un fragmento de su poder en el centro del espacio conceptual.

Se formó un torbellino caleidoscópico, un núcleo de ira, orgullo herido y poder absoluto.

Era el Pacto del Desquite Divino, un acuerdo temporal pero inquebrantable.

No era un tratado de paz, sino una declaración de guerra total contra la autonomía humana, encarnada en sus cuatro campeones.

Loki, observando el torbellino con su sonrisa de siempre, murmuró para sí, en un tono que solo el vacío circundante pudo captar: —Finalmente,un juego que vale la pena jugar.

Que empiece la función.

Y que los pobres actores mortales… no olviden sus líneas.

El concilio se disolvió, las esencias divinas se desvanecieron de vuelta a sus reinos, pero la chispa ya estaba encendida.

En el mundo de Mateo Vargas, el cielo, sin que ningún mortal lo supiera aún, se había vuelto infinitamente más pesado.

Los dioses ya no eran rivales desunidos.

Eran una legión.

Y habían declarado, por primera vez en la historia del universo, que la humanidad, y aquellos que la defendían con poder robado, debían ser puestos de rodillas.

El reloj del Ragnarok había comenzado a contar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Si te gusto el episodio vota y apóyame en mi Patreon si gustas para seguir escribiendo más de estás historias.

Mi Patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo