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Campione AU! - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 El rey del viento
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5: El rey del viento 5: El rey del viento Ciudad de México – Zona de impacto (unas horas después del combate) El agua se había retirado.

El cielo estaba despejado.

Pero el campo de batalla era un cementerio de concreto y acero.

Las calles estaban destruidas.

Vehículos retorcidos.

Edificios agrietados.

Y en el centro de todo…

Un chico de diecisiete años, inconsciente entre los escombros.

Mateo Vargas.

Su cuerpo temblaba débilmente, empapado en sangre y agua.

Las autoridades mágicas de México, activadas tras confirmar que un dios hereje había descendido, llegaron tarde…

pero llegaron.

Una barrera fue levantada.

Se evacuó la zona bajo excusas mediáticas de “actividad sísmica y colapso de drenajes”.

Un helicóptero negro sin insignias aterrizó minutos después.

Dentro, representantes de la Comunidad Mágica de México, incluyendo agentes del Consejo de los Nueve Linajes, descendieron.

La mirada de todos estaba puesta sobre el joven.

—¿Es él…

el Campione?

—Sí.

Confirmado por el rastreador mágico.

La energía que emite…

es monstruosa.

—Llévenlo.

A la Clínica de San Ángel.

Bajo protocolo de contención y observación.

Nadie ajeno puede tener contacto con él.

Nombre: Mateo Vargas Edad: 17 años Nacionalidad: Mexicano Status: Confirmado Campione Dioses Asesinados: – Quetzalcóatl (Dios solar y creador) – Tlāloc (Dios de la lluvia y la fertilidad) Autoridades Confirmadas: – Viento (Manipulación de corrientes, cuchillas, propulsión aérea) Autoridades Potenciales: – ???

(Origen desconocido – Se activaron durante combate) Amenaza estimada: Clase S Nota: Campione más joven registrado.

Potencial de desarrollo desconocido.

Extremadamente peligroso en estado emocional elevado.

Clínica San Ángel – Instalación mágica de contención (tres días después) La habitación era completamente blanca.

Protecciones mágicas estaban grabadas en las paredes.

Un sello flotaba en la puerta.

Mateo dormía en una cama, conectado a varios sistemas de monitoreo.

Cada tanto, su cuerpo se agitaba por recuerdos del combate.

Su respiración era agitada.

Pero estable.

Afuera, una mujer vestida con uniforme ceremonial esperaba.

Era Ingrid Monteverde, representante del Consejo Mágico Mexicano.

—¿Ha despertado?

—preguntó un subordinado.

—No.

Pero lo hará pronto.

Y cuando lo haga…

el mundo tendrá que reconocer que el equilibrio cambió.

—¿Deberíamos reportarlo al Vaticano?

A los otros Campione?

—Ya lo saben.

Todos lo saben.

Ahora lo están observando.

Italia – Residencia de Lucrezia Salvatore —¿Tlaloc cayó también?

Y por manos del mismo chico…

—”Qué interesante.

Un Campione latinoamericano, tan joven.

Quizá debería visitarlo antes de que alguien intente usarlo.” Japón – Santuario de los Vientos Gemelos —Este muchacho…

¿cómo pudo manejar Autoridades tan rápidamente?

—”Debemos enviar a alguien para evaluar su carácter.

Si es inestable, podría causar más caos que cualquier dios hereje.” Inglaterra – Torre del Consejo Mágico Europeo —Los protocolos de emergencia se activaron.

Dos dioses en menos de un mes…

—”Y aún no se ha revelado su segunda Autoridad…

ni su conexión con Quetzalcóatl.

¿Y si no fue coincidencia?” En un lugar oscuro, Mateo caminaba por un espacio etéreo, rodeado de símbolos mayas, plumas doradas flotando, y sombras que le hablaban en lenguas antiguas.

Una figura se levantó frente a él.

Quetzalcóatl, ya no hostil, sino majestuoso.

—Has cambiado la balanza, mortal.

Pero tus enemigos vendrán de todas partes.

Humanos, dioses…

y otros como tú.

Detrás de él…

otra silueta emergió.

Tlāloc.

Su expresión no era de odio…

sino de aceptación.

—Fuiste digno.

Pero la tierra no olvida.

Y los nuestros…

tampoco.

Mateo alzó la vista.

—Entonces vendrán.

Uno por uno.

Y yo los esperaré.

Plano Espiritual – Entre la vida y la vigilia Mateo flotaba.

Su cuerpo etéreo se encontraba de pie en una vasta extensión de estrellas, símbolos giratorios y constelaciones que danzaban como serpientes celestes.

Las voces de Quetzalcóatl y Tlāloc aún resonaban en su mente.

Ecos.

Advertencias.

Pero de pronto…

Una luz cálida lo envolvió.

Un susurro familiar lo llamó por su nombre.

—¡Mateitooo~!

Una voz juguetona, femenina, infantil y poderosa a la vez.

Pandora.

Una figura apareció entre los astros.

Una joven de cabellos largos, oscuros con reflejos violáceos, ojos rojos como rubíes encendidos y un vestido blanco de bordes dorados.

Llevaba un bastón que parecía más de adorno que de arma, y un aura imposible de describir con palabras humanas.

—¡Te luciste!

¡Me encantó lo de la ráfaga giratoria que casi parte al cielo!

Aunque admito que me dio cosita cuando casi te parten a ti también…

jeje.

Mateo frunció el ceño.

—¿Tú…

eres la del sueño?

Pandora chasqueó la lengua.

—Otra vez con eso…

No era un sueño, niño hermoso.

Te lo dije: serás rey porque venciste a un dios.

Y ahora llevas DOS en el bolsillo.

Ella se le acercó, flotando a su alrededor.

—¿Y qué vas a hacer ahora, Mateo?

¿Serás el típico Campione arrogante?

¿Te pondrás una capa y te darás ínfulas de mesías?

¿O vas a huir?

Mateo bajó la mirada por un segundo.

—No lo sé…

Pandora sonrió suavemente, bajando su tono.

—No tienes que saberlo aún.

Sólo…

elige.

Tienes el poder.

Usa tu voluntad.

De pronto, el entorno se volvió más estable.

Las estrellas se detuvieron.

El vacío pareció solidificarse, como si Mateo estuviera tomando control de ese espacio.

—Un rey no nace listo.

—Un rey se hace…

cuando decide no retroceder.

Mateo cerró los ojos, recordando el rugido de los vientos, el crujido de los relámpagos, el peso de su poder.

—Entonces…

no voy a retroceder.

Pandora se iluminó, radiante como una estrella.

—¡Esa es la actitud!

¡Ay, mi pequeño favorito!

Te seguiré observando, ¿eh?

No decepciones a tu hermosa madrina mágica.

Mateo parpadeó.

El mundo espiritual se desvanecía.

Pandora agitó la mano con una sonrisa traviesa.

—¡Nos vemos en tu próxima matanza divina!

Clínica San Ángel – Habitación de Contención, Ala Privada Beep…

beep…

beep…

El monitor cardíaco cambió de ritmo.

Mateo abrió lentamente los ojos.

La luz del techo lo cegó unos segundos.

Estaba acostado en una cama elegante, con sábanas de seda, dispositivos de alta tecnología a su alrededor.

Todo estaba impecable.

Aromas de incienso sutil.

No era un hospital común.

—¿Dónde…

estoy?

Intentó incorporarse, sintiendo el vendaje en su abdomen, pero su cuerpo le dolía como si hubiera sido atropellado por un tren…

o por un dios.

Literalmente.

Observó la habitación.

La ventana estaba cerrada con sellos mágicos.

En una esquina, una cámara flotaba, grabándolo discretamente.

—…Genial.

En una mesa cercana, un portapapeles esperaba.

Encima, había una hoja con una sola frase: “Bienvenido, Campione Mateo Vargas.

El mundo desea conocerte.” Mateo soltó una risa seca.

—Pues que esperen sentados.

Se dejó caer de nuevo en la cama, cubriéndose los ojos con el brazo.

Sabía que nada volvería a ser igual.

Pero no tenía miedo.

La sala estaba llena.

Magos, chamanes, alquimistas, clérigos y representantes de distintas ramas de la magia tradicional mexicana y latinoamericana ocupaban sus lugares alrededor de una gran mesa circular.

Muchos lucían túnicas, otros ropa más moderna.

Todos compartían lo mismo: Tensión.

Impaciencia.

Y miedo.

—¿Saben siquiera si vendrá?

—Ha estado despierto desde ayer.

¿Por qué no se ha presentado?

—Quizá nos está midiendo.

Como un depredador observa a su presa.

Un hombre mayor golpeó la mesa con el bastón.

—¡Silencio!

Ya hemos debatido esto.

No podemos presionar a un Campione.

Una mujer de cabello trenzado, vestida con símbolos otomíes, se cruzó de brazos.

—Sí, no podemos presionarlo…

pero tampoco podemos ignorar que ha matado a dos dioses mayores sin guía ni entrenamiento.

¿Qué sigue?

¿Tonatiuh?

¿Tezcatlipoca?

El ambiente se tornó más pesado.

Fue entonces que una voz calmada, con acento británico, intervino.

—La clave está en el tacto.

Era Lady Margaret Wycliffe, enviada de la comunidad mágica de Londres, aliada con un Campione veterano europeo.

Su expresión era neutral, pero su voz tenía firmeza.

—Un Campione no es una bomba que uno desactiva…

sino un volcán que se aprende a respetar.

No deben adularlo ni temerlo.

Trátenlo como lo que es: un rey entre humanos.

Silencio.

Hasta que un joven de rostro nervioso preguntó: —¿Y si no le gusta la idea de trabajar con nosotros?

Lady Wycliffe alzó una ceja, como si fuera la pregunta más tonta del mundo.

—Entonces…

recen para que no les importe.

Mateo se encontraba frente a un espejo, ajustándose la camisa.

Ropa nueva, de tonos oscuros.

No era su uniforme universitario ni ropa casual: era elegante, pero cómoda.

Diseñada por la misma comunidad mágica para que estuviera presentable…

como si fuera una especie de audiencia real.

Suspiró.

—¿Rey entre humanos, eh?

Qué ridículo suena eso…

Sus ojos se encontraron con su reflejo.

Por primera vez en días, se veía completo: no como una víctima, ni como un chico cualquiera.

Ahora era alguien que podía hacer temblar a los cielos.

—Bueno…

vamos a conocer a mis “súbditos”.

—musitó con sarcasmo.

Recogió una pequeña nota dejada en la bandeja del desayuno.

La firma al final era de una tal “Ingrid Monteverde”.

> “Cuando estés listo, el Consejo espera.

Pero recuerda: ellos creen que necesitan convencerte…

no al revés.” Mateo sonrió.

—Me cae bien esa tal Ingrid.

Salió de la habitación.

Dos agentes mágicos con traje y lentes oscuros lo escoltaron sin decir una palabra.

A cada paso, los sellos de seguridad se desactivaban automáticamente al sentir su presencia.

Una señal más: él ya no era un invitado.

Era una fuerza superior.

Las puertas del salón del Consejo están por abrirse.

Dentro, los magos están en vilo, sin saber si se encontrarán con un joven razonable, un tirano divino…

o algo aún más impredecible.

Y del otro lado, Mateo camina tranquilo.

Ni nervioso, ni arrogante.

Solo curioso.

Con un pensamiento girando en su mente: —Veamos cuánto tardan en arrodillarse…

o en tratar de manipularme.

Las grandes puertas dobles se abrieron lentamente, dejando entrar una corriente de aire que pareció apagar todas las conversaciones al instante.

Mateo Vargas entró.

Vestía con sobriedad, sin ostentar su estatus, pero su sola presencia impuso silencio.

Sus pasos eran medidos, seguros.

Y su mirada…

firme, como si pudiera ver a través de todos.

Los representantes mágicos de cada estado y orden se giraron hacia él.

Algunos con temor, otros con expectativa.

Nadie sabía realmente qué esperar.

Un adolescente, sí…

pero uno que había destruido a dos dioses mayores.

Mateo llegó hasta el centro del salón.

No se sentó.

Se quedó de pie.

Observó a todos, uno por uno, con calma.

Y entonces habló.

—He venido porque me lo pidieron.

—Y ahora que estoy aquí, quiero saber…

¿por qué exactamente desean reunirse conmigo?

La tensión que colgaba como cuchillas sobre todos…

se suavizó.

Su voz no era arrogante, ni beligerante.

Pero tampoco era la de alguien sumiso.

Había autoridad.

El primero en levantarse fue el anciano con el bastón, Don Emilio Tezontle, presidente actual del Congreso.

—Maestre Vargas…

en nombre del Congreso Mágico de México, queremos expresar nuestra gratitud por haber detenido a Tlāloc.

Si no hubiese sido por su intervención, media ciudad habría sido destruida.

Mateo alzó una ceja.

—¿Solo por eso me citaron?

Suena más a una condecoración que a una reunión formal.

Otra representante, Doña Marisol Nahuatzi, tomó la palabra.

—Queremos más que agradecerle.

Queremos…

entenderle.

Saber cómo es usted.

Qué busca.

Y si es posible, extenderle una propuesta.

Mateo cruzó los brazos, observando a cada uno.

—¿Y qué tipo de propuesta?

Los murmullos comenzaron a apagarse.

La tensión se disipó, y uno a uno los rostros cambiaron del miedo…

al alivio.

Había abierto la puerta al diálogo.

Don Emilio asintió, tomando un pergamino ceremonial.

—Los Campione son excepcionales.

Incontrolables.

Su poder no está al alcance de nadie.

Pero también son guardianes de los reinos humanos.

Por eso…

le proponemos un pacto formal.

Marisol se adelantó.

—Usted enfrentará las amenazas de los dioses herejes que se atrevan a tocar nuestro territorio.

A cambio, nosotros le otorgaremos apoyo económico, recursos mágicos, protección diplomática y libre tránsito por todos los dominios mágicos del país…

y aliados.

Mateo guardó silencio un instante.

Observó la sala.

Ya no había temor en sus ojos.

Solo…

reflexión.

Y luego, habló.

—Un rey no necesita un ejército.

Pero un ejército sin rey…

solo es carne de cañón.

—Acepto el acuerdo.

Pero con una condición.

Todos se miraron entre ellos, expectantes.

—No me den órdenes.

Pidan mi ayuda.

Pídanla como iguales.

Como ciudadanos.

—No soy su arma.

Soy su escudo.

Hubo un silencio largo…

y luego, aplausos mágicos.

Literalmente.

Las palmas de los representantes resonaron como campanas benditas, sellando el acuerdo.

En ese momento, un sello dorado apareció flotando entre Mateo y el presidente del Congreso.

Ambos lo tocaron, y el Pacto de la Niebla Dorada se consumó.

Un nuevo orden acababa de nacer.

Mateo se apoyó en la barandilla, mirando el horizonte de la Ciudad de México.

Detrás de él, la voz de Ingrid Monteverde sonó tranquila.

—Podrías haber pedido lo que fuera.

Dinero, tierras, artefactos…

¿por qué solo pediste respeto?

Mateo sonrió.

—Porque lo que se gana por miedo, se pierde cuando ese miedo desaparece.

—Pero lo que se gana por respeto…

eso permanece.

Ingrid lo miró por un momento, antes de asentir.

—Sabes…

quizá sí tengas madera de rey.

Mateo miró el cielo…

y una ráfaga de viento danzó a su alrededor, como reconociendo sus palabras.

—No me interesa ser rey.

—Pero si ya me dieron la corona…

entonces haré que valga la pena.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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