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Campione AU! - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Vida diaria
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6: Vida diaria 6: Vida diaria Tras la firma del Pacto de la Niebla Dorada, la noticia del nuevo Campione mexicano se esparció por el mundo como pólvora en un campo seco.

Mateo Vargas, a sus 17 años, no solo era el Campione más joven jamás registrado, sino también el único en haber derrotado a dos dioses mayores en el lapso de un solo mes.

La comunidad mágica internacional, al principio escéptica, pronto se rindió ante los hechos.

Si México tenía ahora a un nuevo rey, lo sabio era aliarse, no competir.

Durante las siguientes semanas, Mateo emprendió una gira internacional, acompañado por Ingrid Monteverde y una comitiva de magos diplomáticos mexicanos, como medida de seguridad y protocolo.

Las visitas fueron variadas, llenas de contrastes: Japón El clan Kusunoki lo recibió con ceremonia tradicional, obsequiándole un talisman antiguo de sellado como símbolo de respeto.

El acuerdo fue sencillo: ayuda mutua en caso de amenazas divinas en Asia o América.

Egipto El Concilio de Luxor, guardianes del antiguo conocimiento, le entregaron un papiro sellado con hechizos de Ra, con la condición de que Mateo jamás interfiriera con los dioses en su territorio a menos que se lo pidieran expresamente.

Él aceptó.

Alemania La comunidad mágica de Berlín, aliada del Campione europeo, ofreció un trato formal pero cordial.

Le dieron acceso a una biblioteca mágica restringida y un canal diplomático directo en caso de crisis.

Londres La Hermandad de Avalon, pilar de la comunidad mágica británica, lo recibió con cortesía.

Una cena formal en la Torre de Magia.

Lady Margaret Wycliffe le explicó la situación: —”Tenemos un Campione… no el más prudente, lo admito, pero los contratos son ley.

Sin embargo, te reconocemos como igual.

Siempre tendrás hospitalidad en nuestras islas.” Mateo aceptó el gesto con elegancia, aunque percibió la tensión oculta tras las palabras.

No había traición… pero sí precaución.

China y Rusia Ambas comunidades se mostraron cordiales pero reservadas.

China ofreció una visita ceremonial y un regalo de jade encantado, pero sin acuerdo.

Rusia se limitó a enviar una carta formal, agradeciendo su existencia, pero sin compromisos.

Ambas naciones tenían sus propios sistemas de defensa sobrenatural… y preferían mantener distancia.

Latinoamérica, África, Medio Oriente y otras regiones Mateo recibió múltiples invitaciones y acuerdos de ayuda mutua.

En muchos lugares, fue recibido como una figura de esperanza.

En otros, como una advertencia viviente del poder divino encarnado en carne mortal.

Mateo regresó a México tras dos meses.

El cielo sobre el aeropuerto parecía más claro, como si los dioses mismos respetaran su descanso.

Mientras el avión descendía, Ingrid —cansada, pero con una sonrisa— le comentó: —Conseguiste en dos meses lo que muchos Campione no logran en una década: respeto global.

Mateo, mirando por la ventanilla, solo respondió: —Respeto… o miedo.

Pero da igual.

Al final, lo importante es que cuando suene el trueno, no estaré solo.

Hace cinco años – Veracruz, México La noche era espesa, cubierta de neblina marina.

En un antiguo templo oculto entre manglares y colinas, una joven de cabello castaño oscuro, mirada aguda y pasos silenciosos, descendía por unas escaleras de piedra bajo tierra.

Tenía 14 años, pero ya caminaba entre adultos como una igual.

Ingrid Monteverde no era una maga de linaje famoso, pero su talento era incuestionable.

Había demostrado desde pequeña una conexión innata con el flujo mágico del mundo natural, algo poco común incluso entre los chamanes tradicionales.

La comunidad mágica de México la descubrió cuando ella sola, con un antiguo códice mixteco y una pluma de quetzal, cerró un portal menor que amenazaba con dejar escapar entidades prehispánicas.

Desde entonces, fue tomada bajo tutela del Consejo de la Niebla Dorada, no como discípula… sino como futura diplomática.

—“Tú no estás hecha para pelear, Ingrid,” —le decía su maestro, un anciano llamado Nahúm—, “pero sabes leer a las personas… y más importante, sabes cuándo callar.” — Hace 1 año – Ciudad de México, Archivo de los Custodios Ingrid, ya con 18 años, fue asignada a la oficina diplomática del Congreso mágico.

Su trabajo: ser la cara amable de la burocracia arcana, alguien que supiera mediar entre lo humano y lo divino sin perder la cabeza.

Estaba revisando informes cuando ocurrió.

El descenso de Quetzalcóatl.

Y luego… la desaparición del dios.

Las alarmas mágicas no se detuvieron por días.

Brujos y alquimistas por igual murmuraban lo mismo: —”Ha nacido un nuevo Campione.” —”Y está aquí.

En nuestra tierra.” Cuando se supo que el responsable era un adolescente mexicano de 17 años, los altos cargos del Congreso se dividieron.

Algunos querían tratarlo como una amenaza latente.

Otros, como un activo que se podía usar.

Pero hubo una tercera opción.

Fue el propio Don Emilio quien propuso: —“Ingrid Monteverde será nuestro nexo.

No es intimidante, pero no es débil.

Es inteligente, empática… y sabe cuándo hablar.” —“Y si ese chico resulta ser un tirano… al menos ella será la única que sabrá cómo negociar con él.” Ingrid no se negó.

Tampoco aceptó por completo.

Solo dijo: —“Si quieren que me acerque a un Campione… entonces más les vale no mentirme sobre lo que me estoy metiendo.” — Presente – Ciudad de México, Residencia Temporal del Campione Ingrid estaba preparando té cuando Mateo regresó de revisar algunos informes mágicos.

Lo observó de reojo: parecía más serio que de costumbre.

Más… cansado.

Ella le extendió la taza.

—¿Pensando en lo que sigue?

Mateo asintió, tomándola sin decir palabra.

—¿Quieres consejo?

—Solo si es sincero.

Ingrid sonrió.

Esa era su especialidad.

—Entonces ahí va… —Ya no eres el niño que derrotó a Quetzalcóatl.

Ahora eres el hombre que el mundo llama cuando los dioses tiemblan.

—Solo recuerda que incluso los reyes… necesitan a alguien que les diga cuando se están pasando de lanza.

Mateo dejó escapar una carcajada leve.

—¿Y tú piensas hacer eso?

—¿Quién más?

Ambos brindaron con sus tazas.

Un silencio cómodo los envolvió.

Ingrid no era su sirvienta, ni su aliada por obligación.

Era su brújula.

Mateo abrió la puerta de la casa de sus padres con una bolsa de pan dulce en la mano.

El olor a café recién hecho y guisado casero le dio la bienvenida incluso antes de que cruzara la sala.

—¡Hijo!

—gritó su madre desde la cocina—.

¡Ya era hora!

¿Dónde te habías metido?

¡Te dije que no salieras sin chamarra, está lloviendo horrible!

Mateo sonrió.

Era reconfortante que para su mamá él siguiera siendo solo su hijo, no el Campione de México, el asesino de dioses ni la figura diplomática más influyente del país.

—Traje conchas y un par de cuernitos, ma.

Y sí llevaba chamarra… la dejé en la mochila —mintió con descaro.

Su padre lo saludó desde el sofá, levantando el control remoto.

—¿Cómo va el mundo hoy, señor Rey?

—Estable… por ahora.

Ningún dios en el radar.

Ambos padres rieron.

Habían tardado en aceptar que su hijo ahora vivía entre lo humano y lo divino, pero lo hicieron a su modo: con bromas, comida caliente y cariño discreto.

Mateo se sentó a la mesa.

Su madre le sirvió mole con arroz y tortillas calientitas.

—Dicen que la universidad ya casi termina las reparaciones, ¿no?

—Sí, ya me llegó un correo.

En un mes regresamos.

—¿Y vas a seguir yendo?

—preguntó su padre, arqueando una ceja—.

No es como si necesitaras un título para que te respeten ahora.

Mateo se quedó en silencio un segundo.

Luego, con voz firme, respondió: —No quiero perder mi humanidad.

Estudiar, convivir, aprender… me mantiene en equilibrio.

No quiero olvidarme de quién soy.

Sus padres se miraron.

Orgullo silencioso.

En una sala de análisis mágico, Ingrid Monteverde leía múltiples informes.

Ritmos mágicos, fluctuaciones naturales, alineaciones astrales.

—Nada aún —murmuró, pasándose una mano por el cabello—.

México sigue estable.

Un joven aprendiz se acercó con una carpeta.

—Señorita Monteverde, estas son las últimas lecturas del Golfo y de las zonas del Pacífico.

Todo parece normal.

—Gracias.

¿Y reportes de los aliados?

—Japón dice que detectaron un leve aumento de actividad mágica en Okinawa, pero nada concluyente.

Brasil está tranquilo.

India sigue con sus tensiones internas, pero sin dioses sueltos por ahora.

Ingrid asintió.

—Entonces mantenemos vigilancia discreta.

Que nadie baje la guardia.

Los herejes no duermen… solo esperan.

Mateo estaba en su cuarto, viendo el techo.

La habitación tenía posters viejos, libros de preparatoria, un escritorio con su laptop abierta y una pequeña caja donde guardaba los talismanes que le obsequiaron en el extranjero.

Una brisa leve sopló desde la ventana abierta.

Por reflejo, la cerró con un gesto… y el viento lo obedeció.

Suspiró.

—A veces, solo quiero ser normal otra vez.

Pero luego recordó a Quetzalcóatl.

A Tlāloc.

A la destrucción… y a las vidas que protegió.

—Y a veces, eso ya no es una opción.

Mientras México parecía disfrutar de una relativa calma tras los desastres ocasionados por los descensos de Quetzalcóatl y Tláloc, en el otro lado del mundo, Japón comenzaba a temblar ante señales que solo los expertos más veteranos podían interpretar.

Las corrientes de energía mágica en el archipiélago nipón estaban alteradas.

Fenómenos sin explicación científica llenaban los noticieros locales: lluvias de ceniza en pleno verano, luces danzantes sobre el Monte Fuji, e incluso animales huyendo en estampida de zonas boscosas sin razón aparente.

La comunidad mágica japonesa estaba en vilo.

Los sacerdotes y onmyōji más prestigiosos no tardaron en consultar a las Hime Mikos, videntes con conexión espiritual a los dioses y guardianes de la tradición.

Una por una, dieron el mismo mensaje: > —“Una presencia divina se acerca…

Un dios hereje, antiguo y colérico.

Japón está en peligro.” Sin un Campione en el país —pues el último había desaparecido misteriosamente años atrás—, y sin recursos para enfrentar a una deidad desatada, el Consejo Mágico de Japón no tuvo más opción que enviar una petición de ayuda internacional.

La carta llegó rápidamente a México.

Ingrid, ahora funcionando como puente entre Mateo y la comunidad mágica, fue quien recibió el mensaje.

Se encontraba revisando informes en una oficina discreta dentro del centro de mando de la comunidad mágica mexicana cuando un mago le entregó el pergamino reforzado con sellos espirituales japoneses.

Ella los reconoció al instante.

—“Un llamado de Japón, ¿eh?” —murmuró mientras leía el contenido.

Al llegar a la última línea, donde pedían asistencia urgente del Campione mexicano, sus labios se curvaron en una sonrisa tranquila.

— Mateo, en ese momento, se encontraba en su habitación, hojeando libros antiguos proporcionados por la comunidad mágica.

Aunque la universidad aún no reanudaba actividades, Mateo no había dejado de aprender.

Su autoridad del conocimiento lo empujaba a absorber más y más.

Cuando Ingrid entró y le explicó la situación, Mateo guardó silencio unos segundos.

—“Así que un dios se aproxima en Japón…” —murmuró, con la mirada fija en el cielo fuera de su ventana—.

“No puedo ignorarlo.” Ingrid asintió, satisfecha con su respuesta.

Ella ya sabía que diría eso, pero le complacía verlo actuar con convicción.

—“Entonces prepararé todo para el viaje.

No iremos solos… La comunidad mágica japonesa quiere coordinar contigo en cuanto lleguemos.” —“Perfecto.

Es hora de llevar la tormenta a Japón.” —Mateo respondió con una ligera sonrisa confiada.

Ingrid rió suave.

—“Esa fue una frase bastante cool, Mateo.” —“Me estoy acostumbrando a ser Campione.” Y así, al cabo de unos días, Mateo Vargas y su fiel aliada Ingrid partieron hacia Japón, conscientes de que un nuevo desafío les aguardaba.

No sabían qué dios estaba por descender, pero una cosa era segura: el nuevo Campione de México se convertiría en el centro de atención del mundo sobrenatural… una vez más.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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