Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Campione AU! - Capítulo 7

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Campione AU!
  4. Capítulo 7 - 7 Viaje a Japon
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

7: Viaje a Japon 7: Viaje a Japon Mateo cerró su maleta con un ligero chasquido.

Ropa suficiente para unas semanas, un par de libros antiguos —aunque ya no los necesitaba realmente—, algunos amuletos de protección y una pequeña figura de obsidiana en forma de serpiente alada que su abuelo le había regalado cuando era niño.

Por alguna razón, sentía que debía llevarla.

Abrió la puerta de su habitación y se encontró con su madre esperándolo con una bolsa de galletas y una expresión mitad preocupada, mitad orgullosa.

—¿Estás seguro de esto, mijo?

—Lo estoy, ma.

—respondió con una sonrisa tranquila—.

Solo será un tiempo.

Tengo que hacer esto.

Su padre se acercó, con su clásica mirada seria, pero le puso una mano firme en el hombro.

—No somos expertos en magia ni dioses, pero sabemos que eres fuerte.

No olvides de dónde vienes.

Mateo asintió con respeto.

Sabía que sus padres no entendían del todo lo que hacía… pero eso no importaba.

Lo apoyaban.

Y eso bastaba.

—Regresaré pronto.

Se despidieron con abrazos y bendiciones.

— En camino al aeropuerto – Auto oficial del Congreso Mágico Ingrid iba en el asiento del copiloto.

Vestía un conjunto cómodo pero elegante, con su bolso de mano al lado, donde llevaba sus propios implementos mágicos, notas y sellos preparados por si se requería intervención ritual rápida.

Miró por el retrovisor, donde Mateo observaba por la ventana, sereno.

Rompió el silencio con una voz suave: —¿Puedo hacerte una pregunta?

Mateo giró la cabeza.

—Claro.

—¿Cómo era tu vida… antes de todo esto?

—preguntó, girándose un poco para verlo directamente—.

Me refiero… antes de ser un Campione.

Mateo sonrió con nostalgia.

—Normal.

Muy normal, la verdad.

Fui un niño amado.

Mis padres siempre estuvieron ahí para mí.

Fui buen estudiante… y supongo que algo popular —rió suavemente—.

Aunque siempre fui más reservado de lo que parecía.

Ingrid lo escuchaba con genuino interés.

—¿Tienes hermanos?

—No.

Hijo único.

Por eso intento estar presente mientras pueda.

Sé que esto que estoy viviendo… puede volverse más peligroso con el tiempo.

—Eres muy consciente de tu situación —dijo ella en voz baja, casi admirativa.

—La sabiduría viene con el paquete, ¿no?

—bromeó, refiriéndose a su Autoridad de conocimiento—.

Pero en serio, trato de no perder de vista lo que me hace humano.

Ingrid asintió, con una sonrisa cálida en los labios.

—Eso es lo que más me gusta de ti.

Mateo parpadeó, sorprendido.

Ingrid se sonrojó al notar lo que dijo.

—Digo, como persona.

Como Campione.

Que no te dejas cegar por el poder.

Mateo le devolvió una sonrisa tranquila.

No dijo nada más, pero el silencio que siguió fue cómodo.

No incómodo.

Cómplice.

Aeropuerto Internacional Benito Juárez – Zona privada de embarque mágico Al llegar, los esperaba un pequeño equipo del Congreso Mágico que les había reservado un vuelo ritualizado directo a Japón, con las bendiciones necesarias para no alterar la magia local durante su aterrizaje.

Ingrid consultó unos papeles, mientras Mateo cargaba su mochila con aire relajado.

—¿Listos para lo desconocido?

—preguntó él.

—¿Y cuándo no lo estamos?

Subieron al avión.

Y mientras el cielo de México quedaba atrás, los vientos del Este comenzaban a agitarse, anunciando que el dios hereje en Japón ya empezaba a hacerse sentir.

El avión privado del Congreso Mágico avanzaba silencioso sobre las nubes, cubierto por hechizos de protección y sigilo.

En su interior, lejos de las turbulencias del mundo sobrenatural, reinaba una extraña pero bienvenida paz.

Mateo e Ingrid se encontraban en una pequeña cabina con asientos enfrentados y una mesa entre ellos.

Las horas pasaban, pero no parecían notarlo.

—¿Entonces tu película favorita es El viaje de Chihiro?

—preguntó Mateo, ligeramente sorprendido.

Ingrid se encogió de hombros con una sonrisa coqueta.

—¿Y qué tiene de malo?

Es hermosa, mágica, y me recuerda un poco a lo que vivimos… solo que con menos monstruos y más bañeras raras.

Mateo rió.

—No, no está mal.

Solo esperaba algo más…

sombrío viniendo de ti.

Algo tipo Underworld o Constantine.

—Uf, Constantine también me gusta —admitió ella—.

Pero Chihiro me marcó más.

—Lo respeto.

Aunque debo confesar que mi favorita es El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey.

—¿El discurso de Aragorn?

—preguntó Ingrid, levantando una ceja.

Mateo puso voz grave y épica: —“No es este el día en que nos rendiremos ante la sombra…” —“…¡pero puede ser el día en que por fin te calles!” —terminó Ingrid, riendo mientras lanzaba una almohada hacia él.

Ambos estallaron en carcajadas, contagiados por la ligereza del momento.

— La conversación derivó luego en libros, anécdotas de la infancia, platillos favoritos, canciones que no se cansaban de escuchar, y momentos random que solo dos personas con buena química pueden disfrutar.

Era como si el tiempo no existiera mientras hablaban.

Pero eventualmente, el cansancio llegó.

Ingrid fue la primera en rendirse.

—Creo que… necesito una siesta —dijo mientras se recostaba en su asiento y se cubría con una manta ligera.

—Buena idea.

Yo igual —respondió Mateo, estirándose con un bostezo.

— Al cabo de unos minutos, el suave sonido del motor mágico era lo único que se escuchaba en la cabina.

Mateo, ya dormido, mantenía una postura relajada, con la cabeza levemente ladeada.

Ingrid, por su parte, se había girado en su asiento y, sin darse cuenta, se había recargado en su hombro.

Lo que comenzó como un contacto leve terminó por volverse más íntimo cuando ella, en su inconsciencia, se acomodó más cerca, apoyando su cabeza con confianza.

Durante horas, durmieron así.

Y por un momento, no eran Campione y asesora mágica, ni guerrero y estratega… Solo eran dos almas en sincronía.

— Al despertar, el primer en abrir los ojos fue Mateo.

Parpadeó un par de veces, sintiendo un suave peso sobre su hombro.

Giró la cabeza y se encontró con el rostro dormido de Ingrid, respirando suavemente, con una expresión tranquila que rara vez mostraba despierta.

Mateo tragó saliva, sin moverse, sin querer despertarla…

pero su sutil movimiento bastó.

—¿Mmm…?

—Ingrid murmuró adormilada, hasta que notó dónde estaba recargada.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—¡A-Ah!

¡Lo siento, no era mi intención…!

—exclamó, levantándose rápido con las mejillas encendidas como brasas.

Mateo se rio por lo bajo, rascándose la nuca.

—No te preocupes, dormiste bien… de hecho, no me molestó.

Para nada.

Ingrid ocultó su rostro tras una mano, entre avergonzada y… contenta.

—Eso no lo hace menos embarazoso…

Mateo sonrió.

—Si te sirve de consuelo… fuiste buena compañía.

Ingrid lo miró de reojo… y sonrió también.

Tal vez, solo tal vez… dormir así no había sido tan vergonzoso después de todo.

La costa japonesa apareció bajo el ala del avión, y con ella, la silueta de la ciudad de Narita comenzaba a definirse contra el cielo anaranjado.

Ingrid, aún un poco sonrojada pero sonriente, miraba por la ventanilla.

—Parece que llegamos.

Mateo asintió, ajustándose su abrigo ligero.

El cambio horario no parecía afectarle gracias a sus habilidades como Campione, pero Ingrid aún mostraba señales del jet lag… y del recuerdo del “incidente del hombro”.

Ella evitaba mirarlo directamente, aunque la calidez en su expresión delataba que no estaba molesta en absoluto.

—¿Estás bien?

—preguntó él.

—Sí… solo estoy procesando que estamos a punto de enfrentar a un dios en un país que no es el nuestro —respondió ella con una sonrisa nerviosa.

—Tendremos tiempo de procesarlo después.

Primero, ganémonos su confianza —dijo Mateo, ajustando el tono a uno más serio mientras el avión comenzaba su descenso.

— Apenas descendieron del avión, Mateo e Ingrid fueron recibidos por un grupo compuesto por cinco representantes vestidos con ropajes formales, tradicionales pero impecables.

Al frente, un hombre mayor con cabello blanco recogido en un moño y ojos afilados hizo una reverencia profunda.

—Bienvenido, Campione-sama.

Soy Kuzunoha Shigemori, portavoz del Comité de Compilación Histórica.

En nombre de Japón, agradecemos su pronta respuesta y su disposición a proteger estas tierras.

Mateo no tardó en devolver la reverencia, aunque más breve, con respeto.

—Es un honor, Shigemori-san.

Estoy aquí porque no puedo ignorar lo que amenaza esta tierra… y porque me han acogido con respeto.

Ayudaré en todo lo que esté en mis manos.

Las palabras, cargadas de sinceridad, impactaron positivamente en los presentes.

Incluso aquellos más tradicionales, que habían esperado arrogancia o frialdad de un nuevo Campione, se relajaron al ver que el joven no solo era poderoso, sino también cortés y considerado.

Uno de los ancianos susurró a otro: —No es como los registros describen a otros Campione… —No, este muchacho… es distinto.

— La casa era una mansión de estilo tradicional japonés, con amplios jardines, corredores de tatami y puertas corredizas.

Todo había sido preparado para brindar comodidad, seguridad mágica y discreción absoluta.

—Hay dos habitaciones listas para ustedes, una al ala este, otra al ala oeste.

Toda la casa está a su disposición —dijo una joven sacerdotisa mientras les entregaba una llave a cada uno.

—Me quedo con la del ala este —dijo Ingrid rápidamente, alzando su llave con una leve sonrisa, aún intentando mantener la compostura.

Mateo asintió divertido.

—Entonces la del oeste es mía.

Después de recorrer el lugar brevemente y comprobar la tranquilidad del entorno, Mateo se dirigió al patio interno y se sentó bajo el alero, dejando que el viento de la mañana jugara con su cabello.

Cerró los ojos y canalizó su Autoridad de Sabiduría.

Fragmentos de conocimiento arcano, leyendas antiguas, nombres olvidados y señales divinas pasaban por su mente… pero ninguna imagen clara surgía.

Solo ambigüedad.

Un fenómeno inusual.

—Nada concreto… —murmuró.

—Eso es raro, ¿no?

—preguntó Ingrid, quien había salido a buscarlo con una libreta y un té en la mano—.

Pensé que tu conocimiento te permitiría saber de inmediato qué dios se acerca.

Mateo aceptó el té y suspiró.

—Yo también.

Pero algo lo está bloqueando, o simplemente… no es un dios de fácil lectura.

Quizás uno que juega con los velos entre realidades.

—Entonces tendremos que observar —dijo Ingrid, sentándose junto a él mientras abría su libreta—.

Documentaré cualquier anomalía, por pequeña que parezca.

Mateo le sonrió.

—Gracias, Ingrid.

En serio.

Tenerte aquí hace esto… más sencillo.

Ella solo asintió, sin atreverse a decir lo que en realidad pensaba: “Y tú haces que todo esto valga la pena.” Templo de la Lluvia Silenciosa – Afueras de Fujinomiya Ingrid se había integrado sin problemas al equipo del Comité de Compilación Histórica.

Aunque algunos magos japoneses al principio la miraban con recelo por ser extranjera, bastaron unas cuantas conversaciones para notar que su eficiencia y mente analítica eran reales.

Además, su vínculo con Mateo le daba peso.

—Este fue el primer registro, hace una semana: tormenta súbita en Hokkaido, sin causa meteorológica conocida —murmuraba Ingrid mientras revisaba su libreta—.

Luego, vientos cargados de sal en pleno interior montañoso… niebla espesa en zonas de costa… cambios repentinos en la marea… Mientras los magos japoneses realizaban exámenes energéticos en templos antiguos, Ingrid los acompañaba, tomando nota de cada detalle con disciplina casi científica.

Su libreta ya estaba medio llena.

“Si Mateo no puede ver directamente al dios, entonces haremos lo que haría cualquier estratega: reducir variables,” pensaba mientras anotaba sin descanso.

— Mientras tanto… en el santuario abandonado de Nikkō Mateo se había separado para hacer su propia investigación.

Gracias a la Autoridad de Sabiduría, podía leer los rastros divinos, interpretar los ecos de viejos pactos y leer los símbolos sagrados como si fuesen palabras en voz alta.

Caminaba entre árboles centenarios, siguiendo una línea de símbolos grabados en piedra.

El viento se volvió más cálido y húmedo.

Olor a tierra mojada… y a océano.

—Este lugar fue usado para contener algo —murmuró, acariciando la superficie de un altar semienterrado—.

Algo que duerme desde hace siglos.

Algo con conexión al mar y a la lluvia.

Cerró los ojos y dejó que su mente se abriera.

Una palabra le llegó, susurrada como un eco: “Ryujin.” Mateo se quedó quieto.

Ryujin… el antiguo dios dragón del mar en la mitología japonesa, señor de las mareas, invocador de tormentas, patrón de los océanos.

Un dios hereje había comenzado a despertar… y no era uno menor.

— Casa de Huéspedes – Noche La noche envolvía la región con una calma ilusoria.

Mateo e Ingrid se sentaron en el jardín interior, ambos con cara de haber vivido un día largo.

—Yo ya tengo la lista completa —dijo Ingrid, entregándole la libreta—.

Está todo aquí: anomalías meteorológicas, fluctuaciones mágicas, cambios en la fauna… incluso testimonios de pescadores que afirmaron ver “columnas de agua”.

Mateo la leyó en silencio.

—Perfecto.

Coincide con lo que vi… y con lo que me dijo mi Autoridad —respondió en tono grave.

Ingrid parpadeó.

—¿Lo descubriste?

Mateo asintió.

—Sí.

El dios que está descendiendo en Japón… es Ryujin, el dragón del mar.

Un dios antiguo, majestuoso… y peligroso.

Si realmente está descendiendo como hereje… entonces el mar mismo se volverá nuestro enemigo.

Ingrid sintió un escalofrío.

—¿Crees que puedas enfrentarlo?

Mateo miró al cielo, donde unas nubes comenzaban a arremolinarse muy, muy lejos, sobre el océano.

—Tendré que hacerlo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir ecribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo