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Campione AU! - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Hime Miko
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9: Hime Miko 9: Hime Miko Un día después de la batalla – Casa del Campione en Japón El ambiente era cálido, tranquilo.

A pesar de que apenas había pasado un día desde el combate brutal contra Ryujin, el corazón de Mateo Vargas encontraba descanso en la compañía de Ingrid.

La casa que les había sido otorgada por la comunidad mágica japonesa era amplia y armoniosa, con jardines serenos y una arquitectura tradicional que contrastaba bellamente con la modernidad del mundo exterior.

Esa mañana, Mateo e Ingrid compartieron el desayuno sentados frente al jardín.

Hablaron de anécdotas triviales, bromearon, y por primera vez en mucho tiempo, Mateo sintió que no cargaba el peso del mundo en sus hombros.

La calidez de la sonrisa de Ingrid, sus mejillas ligeramente sonrojadas cada vez que sus miradas se encontraban, todo construía una tensión suave pero deliciosa entre ambos.

La tarde los vio pasear entre los cerezos del templo cercano, e Ingrid, por un impulso tímido, tomó la mano de Mateo.

Él no la soltó.

Fue un día solo para ellos, para celebrar la victoria, para afianzar lo que lentamente se volvía algo más profundo que una simple alianza.

— Al caer la noche, la armonía se vio interrumpida por un llamado formal.

El jefe de la comunidad mágica japonesa solicitaba una audiencia con el Campione.

Ingrid y Mateo se dirigieron al salón principal de la casa, donde ya los esperaban.

Acompañando al líder japonés, tres jóvenes de cabellera negra y vestimentas ceremoniales se mantenían en fila.

Sus rostros reflejaban calma, respeto…

y una belleza que parecía sacada de una pintura tradicional.

Cada una irradiaba una gracia que encajaba con la figura idealizada de la Yamato Nadeshiko.

Ingrid, que se mantenía de pie al lado de Mateo, notó al instante la naturaleza de aquella reunión.

Sus ojos se entrecerraron levemente, pero no dijo nada.

—Campione-sama, nos honra con su presencia —comenzó el líder, inclinándose con respeto—.

Esta reunión tiene el propósito de agradecer formalmente su intervención contra el dios Ryujin.

Japón le estará eternamente agradecido.

—No era necesario, lo hice porque era lo correcto —respondió Mateo, sereno, pero con voz firme.

—Justamente por esa actitud es que consideramos esto…

un honor —prosiguió el hombre—.

Queremos ofrecerle algo más que palabras.

Estas jóvenes son Hime Miko, sacerdotisas elegidas por los dioses para servir como canales de visiones y guías espirituales.

También poseen capacidades únicas de apoyo mágico y curación.

Mateo frunció el ceño con leve confusión.

—¿Hime Miko…?

El líder japonés asintió con una sonrisa.

—Son altamente valoradas.

No solo por sus habilidades místicas, sino por su lealtad y compromiso.

Se les entrena desde niñas para reconocer y anticipar fenómenos divinos.

Además, su presencia puede ayudarle en futuras batallas contra dioses herejes.

En ese momento, Ingrid dejó escapar un suspiro largo.

Sus ojos se dirigieron hacia Mateo con resignación, y aunque en su interior una pequeña punzada la molestaba, sonrió con madurez.

—Supongo que era cuestión de tiempo —murmuró—.

Un Campione necesita más que una sola compañera.

Tú eres un rey, Mateo.

Y un rey…

no debe estar solo en sus batallas.

Si una de ellas puede ayudarte, no me opondré.

Mateo, sorprendido, la miró de reojo.

Pero ella solo le dio una sonrisa serena.

El líder japonés hizo una señal, y las tres sacerdotisas dieron un paso al frente.

Una por una, se presentaron con una reverencia perfecta.

—Soy Aoi, experta en sellos de purificación y protección espiritual.

Mis visiones me permiten ver patrones en los descensos divinos con una semana de anticipación.

—Soy Kasumi, entrenada en medicina mágica y recuperación de energía espiritual.

Mis rituales pueden cerrar heridas causadas por autoridades divinas.

—Soy Rin, mis habilidades se centran en la percepción de autoridades activas.

Puedo identificar el tipo de dios por su rastro energético.

Al final, el líder japonés hizo una reverencia formal y agregó: —Dado que aún necesitamos a las otras dos para entrenar a la siguiente generación de Hime Miko, solo una puede irse con usted, Campione.

Pero no se preocupe, todas han sido instruidas, y han aceptado voluntariamente esta posibilidad.

Para ellas, servir a un Campione no es una obligación…

es un honor.

Mateo, algo sorprendido por la formalidad y la sinceridad de todas, alzó la mirada hacia las tres.

Luego miró a Ingrid, quien asintió en silencio.

—Solo quiero asegurarme —dijo con voz clara—.

¿Están realmente seguras de querer esto?

¿No están siendo obligadas?

Las tres chicas se inclinaron en perfecta sincronía.

—Es un honor, Mateo-sama —dijeron al unísono—.

Lo hacemos con orgullo y voluntad.

Mateo asintió, procesando toda la información con cuidado.

Sabía que su elección no era solo una formalidad: se trataba de integrar a alguien más a su círculo cercano, alguien que lo acompañaría en su viaje como Campione.

Y ahora, tenía que decidir.

Tras la intensa reunión con el jefe de la comunidad mágica japonesa y la presentación de las tres Hime Miko, Mateo se encontraba ante una decisión complicada.

Frente a él, tres jóvenes hermosas con vestimentas tradicionales japonesas lo miraban con serenidad y respeto.

Cada una representaba lo mejor de la antigua tradición: belleza, sabiduría y devoción.

Y más allá de eso, cada una tenía habilidades únicas como sacerdotisa mágica.

Mateo, sin estar seguro de a quién escoger, giró la cabeza ligeramente hacia Ingrid, buscando consejo.

Ella, percibiendo de inmediato su duda, suspiró con una mezcla de resignación y ternura.

A pesar del leve rubor que adornaba sus mejillas, le ofreció una pequeña sonrisa antes de hablar en voz baja.

—Escoge a Kasumi.

Eres fuerte, pero no eres invulnerable.

Su habilidad de sanación podría marcar la diferencia si alguna vez estás en peligro.

Y quiero que estés a salvo.

Mateo le sostuvo la mirada unos segundos, viendo la sinceridad en sus ojos.

Ella aceptaba, aunque con una punzada de celos silenciosa, el rol que tendría que compartir.

Admiraba su fortaleza emocional y su capacidad para pensar con el corazón y con la mente.

Con determinación, Mateo se volvió hacia el líder del congreso mágico japonés y las tres sacerdotisas.

—Gracias por este honor.

Es una decisión difícil, pero después de pensarlo y escuchar una voz sabia —dijo, echando una mirada fugaz a Ingrid—, he decidido que mi compañera será Kasumi.

Las otras dos chicas, Rin —la de expresión calmada y mirada profunda— y Aoi —de sonrisa alegre y actitud chispeante—, inclinaron la cabeza con respeto.

—Nos alegra que nuestras habilidades hayan sido tomadas en cuenta —dijo Rin con serenidad—.

Le deseamos lo mejor, Campione-dono.

—¡Y si alguna vez necesita a una sacerdotisa de refuerzo, estaré esperando!

—añadió Aoi con una guiñada coqueta que aligeró el ambiente.

Mateo sonrió con gratitud.

—Gracias a ambas.

Su actitud y profesionalismo me honra.

Espero que nuestros caminos se crucen otra vez.

El jefe asintió satisfecho.

Las dos chicas regresaron con él a su villa, dejando a Mateo, Ingrid y Kasumi en la casa que serviría como su refugio temporal.

Kasumi dio un paso al frente, se arrodilló brevemente en gesto formal y habló con suavidad y firmeza.

—Mi nombre es Kasumi.

Desde este momento, dedicaré mi vida a protegerlo, sanarlo y asistirlo en todo lo que me sea posible.

Estoy a sus órdenes, Campione-dono.

Mateo la miró con respeto y una sonrisa amable.

—Gracias, Kasumi.

Me alegra tenerte a mi lado.

Confío en que formaremos un gran equipo.

Ingrid, que había observado todo en silencio, sonrió también, esta vez con una mezcla de aceptación y complicidad.

—Bienvenida a bordo, Kasumi.

Sé que harás un excelente trabajo.

Así, con esta nueva incorporación, el grupo de Mateo se fortalecía una vez más.

Los días por venir podrían estar llenos de desafíos, pero el Campione no estaría solo.

Unidos por la confianza y el deber, seguirían adelante, enfrentando juntos a los dioses que osaran amenazar el equilibrio del mundo.

Después de la titánica batalla contra Ryūjin y unos días de merecido descanso, la calma se había asentado sobre el hogar temporal en Japón.

Mateo aprovechó esos momentos para compartir tiempo con Ingrid y Kasumi, fortaleciendo los lazos entre ellos.

Ingrid, más cercana que nunca, mostraba una versión más relajada y dulce de sí misma, mientras que Kasumi se mostraba atenta, disciplinada y siempre al pendiente de las necesidades del Campione.

Una tarde, mientras el sol caía lentamente en el horizonte japonés, tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas, Ingrid pidió hablar a solas con Mateo en el jardín de la casa.

Vestía una yukata ligera que le quedaba sorprendentemente bien, sus ojos brillaban con algo que no era solo magia o sabiduría.

—Mateo…

—empezó, con una voz suave pero decidida—.

Hay algo que debo decirte.

No como tu enlace con el mundo mágico, sino como…

una mujer.

Mateo, curioso, le ofreció toda su atención.

—Desde que comenzó esta locura, desde que te vi enfrentarte a Quetzalcóatl, supe que había algo especial en ti.

Lo confirmé cuando vi cómo tratabas a tu familia, cómo protegías a los inocentes, cómo…

me hablabas.

Mateo, me enamoré de ti.

La confesión cayó con el peso de la sinceridad.

Mateo sintió que el mundo se detenía unos segundos, sus pensamientos se atropellaban mientras la miraba.

—Ingrid…

—susurró, con una mezcla de emoción y confusión—.

No sé qué decir.

Yo también me he sentido cada vez más unido a ti.

Pero…

¿estás segura?

Mi vida ya no es normal, y el camino que me espera…

—Lo sé —lo interrumpió con una sonrisa cálida—.

Justo por eso te lo digo.

Porque sé lo que implica ser un Campione.

Y sé que no seré la única mujer a tu lado.

Mateo parpadeó, sorprendido.

—¿Hablas en serio?

—Sí.

—Ingrid se acercó un paso más, posando una mano en el pecho de Mateo—.

A diferencia de los otros reyes del mundo, tú ya estás demostrando que valoras las relaciones humanas.

Por eso…

quiero que también logres que Kasumi se enamore de ti.

No solo porque es útil como sanadora, sino porque su lealtad se fortalecerá si su corazón también te pertenece.

Mateo la miró, procesando esas palabras.

Recordaba vagamente que, en la historia de su mundo anterior, el protagonista Godou era el único Campione con varias mujeres interesadas románticamente en él.

Los demás se alejaban del amor, prefiriendo los campos de batalla.

—Si estás segura…

—dijo al fin, tomando su mano—.

Lo intentaré.

Pero lo haré de la forma correcta.

No voy a forzar sentimientos.

Solo si nace de verdad.

Ingrid asintió, complacida.

—Eso es todo lo que esperaba escuchar.

Por eso me gustas tanto.

Mateo, con una sonrisa sincera, se inclinó y la besó con suavidad.

El primer beso de su relación.

Ingrid se sonrojó profundamente, pero no se apartó.

Cuando se separaron, ella apoyó la frente contra la de él.

—Entonces…

pareja oficial, ¿eh?

—Pareja oficial —respondió Mateo con un guiño.

Esa noche, mientras el mundo dormía, el corazón del Campione latía con fuerza.

No solo por el amor que había encontrado, sino por el camino que estaba dispuesto a recorrer, uno donde la fuerza, la sabiduría y el amor formarían parte de su reino.

El día finalmente había llegado.

Tras la intensa batalla contra el dios Ryūjin y la posterior calma, Mateo, Ingrid y Kasumi estaban listos para regresar a México.

Las maletas estaban hechas, las despedidas dadas, y la comunidad mágica de Japón, agradecida y respetuosa, había acompañado al trío hasta el aeropuerto con una ceremonia breve pero significativa.

Durante los últimos días en territorio japonés, Mateo se dedicó a fortalecer su vínculo con Ingrid, compartiendo pequeños momentos cotidianos que hacían crecer su amor.

Desde paseos tranquilos bajo los cerezos hasta largas conversaciones por la noche, su relación se había afianzado más allá del deber.

Ingrid, siempre leal y perceptiva, estaba feliz.

Pero Mateo también se había dado el tiempo para conocer a Kasumi.

La joven Hime Miko se mostraba cada vez más abierta, hablándole de su familia, su entrenamiento como sacerdotisa, y las pequeñas cosas que la hacían feliz: las flores de temporada, su amor por la caligrafía, su fascinación por los dulces occidentales, y su secreto gusto por las novelas románticas.

Mateo la escuchaba con atención sincera, ocasionalmente haciéndole bromas suaves que provocaban una risita tímida en ella.

A medida que pasaban más tiempo juntos, Kasumi empezaba a experimentar sentimientos más profundos por Mateo, sintiendo cómo algo en su interior florecía con cada sonrisa del Campione.

Sin embargo, al ver la cercanía de Mateo con Ingrid, su corazón dudaba.

No quería interponerse.

Fue Ingrid quien, una tarde tranquila, la encontró sola en el jardín del santuario y habló con ella.

—No te detengas, Kasumi.

—le dijo con una sonrisa serena—.

No sería la primera vez que el corazón de un rey pertenece a más de una persona.

Y te aseguro que Mateo no es un hombre que trate el amor a la ligera.

Esas palabras hicieron que el corazón de Kasumi latiera más fuerte.

Por primera vez, sintió que estaba bien dejar salir lo que sentía.

Aún no se lo declararía, pero había tomado una decisión: si su amor por Mateo crecía de forma natural, entonces lo enfrentaría con honestidad.

— El vuelo de regreso a México fue tranquilo, con los tres sentados juntos, como si ya fueran un pequeño equipo inseparable.

Esta vez, Kasumi habló mucho más que antes, animada por la confianza que había ganado.

—Me gusta la pintura tradicional…

aunque también me encantan los animes de romance —dijo, riendo un poco al confesarlo.

—¿Romance, eh?

—dijo Mateo, cruzado de brazos con una sonrisa divertida— Tendré que pedirte recomendaciones, entonces.

Aunque no prometo llorar si se pone triste.

—¡Te haré llorar con los mejores!

—dijo Kasumi, fingiendo orgullo, lo que provocó risas tanto de Mateo como de Ingrid.

Hablaban de libros, películas, comida…

incluso de las diferencias culturales que Ingrid encontraba interesantes entre México y Japón.

Mateo, usando su sabiduría, le enseñaba a Kasumi palabras en español con buena pronunciación, lo cual la emocionaba.

Con cada hora que pasaba, la tensión emocional entre los tres se aligeraba, reemplazada por una sensación de camaradería cálida y auténtica.

Si antes eran compañeros, ahora parecían verdaderamente una familia naciente.

Ingrid los observaba con ternura, notando cómo Kasumi empezaba a brillar en presencia de Mateo.

Y Mateo, aunque aún no se daba cuenta del todo, empezaba a ver a Kasumi con una mirada más cercana, más consciente.

El avión comenzaba su descenso.

—Ya casi llegamos —murmuró Mateo, mirando por la ventana el resplandor del Valle de México—.

Hora de volver a casa.

Kasumi, nerviosa pero feliz, miró a Ingrid, quien le respondió con una sonrisa alentadora.

En ese instante, sin saberlo, los lazos entre los tres se habían fortalecido aún más.

Y aunque el futuro aún traía desafíos, lo que ya tenían…

era una base firme donde el amor, la lealtad y la esperanza crecían poco a poco.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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