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Caos Multiversal - Capítulo 78

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78: Capitulo 78 78: Capitulo 78 Capítulo: El Gran Duelo Verbal entre Marco y el Omnissiah Ubicación: Marte, hogar del Adeptus Mechanicus, el templo del Omnissiah.

La atmósfera está cargada de tecnología sagrada, pero todo el lugar tiembla con la inminente llegada de Marco, quien, bajo los efectos de sustancias de dudosa procedencia y un generoso toque de whisky omniversal, se prepara para la batalla más épica de su vida.

Marco, con una sonrisa traviesa y un brillo en los ojos, se planta frente al altar del Omnissiah, el venerado dios de la máquina, que se supone controla todo el destino de la humanidad en el universo de Warhammer 40k.

Pero para Marco, esta es solo otra oportunidad para hacer de las suyas.

Marco (alzando la voz): “¡Escucha, Omnissiah!

¡Te he escuchado durante milenios!

¡Tu culto de máquinas y tu fe en los engranajes me cansan!

¡Eres solo un…

robot religioso de segunda!

¡Sigue hablándome de tus ‘misterios tecnológicos’ y de tus ‘mandamientos metalúrgicos’, pero ¿sabes qué?

¡Tengo algo mejor!” Omnissiah (voz distorsionada y reverente): “¡Inquisidor Marco!

¡Tú que te atreves a desafiar la sabiduría de las máquinas sagradas!

¡Tú, mortal, no comprendes los secretos del Omnissiah!

¡Sus designios son más allá de tu comprensión!” Marco (burlándose): “¿Mortal?

¡Por favor!

¡He visto más cosas en una noche de borrachera que tú en toda tu existencia de ‘omnisciencia’ mecánica!

¿Sabes qué?

¡Tu ‘sabiduría’ es tan obsoleta como un Windows 95!

¡Y te lo voy a demostrar!” Con un movimiento de su mano, Marco activa su gemas del infinito, y en un abrir y cerrar de ojos, transmite el enfrentamiento verbal en vivo al Adeptus Mechanicus, a través de sus canales secretos de comunicación, inundando sus sistemas con imágenes y sonidos de la pelea verbal.

Toda la base del Mechanicus está ahora viendo cómo Marco destroza a su venerado Omnissiah.

Marco (gritando con estilo): “¡Déjame decirte algo, Omnissiah!

Eres más lento que un procesador de 200 MHz.

¡Si fueras una aplicación, serías un error 404!

¡Ni siquiera podrías actualizar tu propio sistema operativo con ese cerebro de chatarra!

¡Tú hablas de ‘perfección tecnológica’, pero no puedes ni organizar una red de WiFi decente en tu templo!” Omnissiah (temblando de rabia, pero manteniendo la compostura): “¡Tú, imperceptible mortal!

¡Tu osadía es imperdonable!

¡La máquina es nuestra salvación!

¡Te destruiré con el poder de las máquinas sagradas!” Marco (sarcástico): “¡Oh, por favor!

¿Destruirme con tus máquinas?

¡Tu única máquina poderosa es el refrigerador que ni siquiera sabe hacer hielo bien!

Si tus métodos de ‘purificación’ fueran tan eficientes como dices, la mitad de tu ejército estaría sin errores de código y los otros no estarían tan saturados de tu ‘fe’ en la tecnología.

Vamos, ¿qué vas a hacer?

¿Mandarme un virus anti-llamadas?” En ese momento, un terremoto sacude la fortaleza del Adeptus Mechanicus.

La red de comunicación del Mechanicus comienza a fallar bajo la presión de las palabras de Marco.

Los Tecnosacerdotes se asoman, mirando incrédulos cómo el Omnissiah empieza a mostrar fallos en sus sistemas de defensa.

Marco, imparable, sigue con su humillación verbal.

Marco (con una sonrisa de triunfo): “¡Oh, me olvidaba!

¡Tus máquinas están tan atrasadas que te has quedado atrapado en la Edad Media de la tecnología!

¡Por favor, tus ‘preceptos sagrados’ son tan rígidos como un sistema operativo de 1980!

¡Si fueras un procesador, serías un Intel Pentium 1!

¡Incluso el más reciente teléfono móvil podría derrotarte sin esfuerzo!” Omnissiah (intentando recuperar su dignidad, pero claramente roto): “¡Silencio, Marco!

¡Tu blasfemia será castigada!

¡La máquina prevalecerá!” Marco (con una risa de satisfacción): “¿Blasfemia?

¡Oh, por favor!

Lo que acabas de decir suena como una orden de Windows pidiéndome reiniciar el sistema.

¡¿Sabes lo que hace tu ‘perfección’?

¡Destruye todo lo que toca!

Y lo que me hace reír es que ni siquiera te das cuenta de que tus seguidores son más como robots que los propios robots que sigues!

¡Vamos, tus monjes del Adeptus Mechanicus se parecen más a tus actualizaciones de software fallidas que a devotos!

¿Cómo se sienten al ser los ‘adoradores de la máquina’ cuando la máquina no hace ni la mitad de lo que promete?” En ese preciso momento, el Omnissiah se ve forzado a reconocer su total derrota ante las impulsivas y brillantes observaciones de Marco.

Omnissiah (con voz temblorosa y resignada): “¡¿Qué está sucediendo!?

¡¿Cómo es posible que un simple mortal haya arruinado mi honor?!” Marco (con una sonrisa maliciosa): “¡Ah, Omnissiah!

¡Este es el precio de subestimarme!

Pensaste que podías controlar todo, pero…

no eres nada más que un montón de piezas de repuesto oxidadas.

¿Ves esos buenos teclados mecánicos de alta gama?

¡Eso, amigo mío, es la verdadera perfección tecnológica!

¡Y tus monjas y tecno-sacerdotes solo son los NPCs de este juego, ¿verdad?” La imagen del Omnissiah comienza a distorsionarse y desintegrarse en bits y bytes como una computadora antigua recibiendo un error fatal.

Marco, sin piedad, termina la humillación.

Marco (con una sonrisa triunfante): “Bueno, chicos, ¿a quién le gusta ahora la tecnología de mierda?” Mientras tanto, en toda la fortaleza del Adeptus Mechanicus, los Tecnosacerdotes y demás seguidores están viendo la humillación en vivo.

Algunos de ellos no pueden creer lo que acaba de suceder, pero todos sienten que la tecnología que veneran acaba de ser ridiculizada públicamente por un mortal.

En las salas de control del Adeptus Mechanicus, todos los sistemas fallan a medida que el Omnissiah es derrotado verbalmente.

Los Tecnosacerdotes se miran entre sí, desconcertados, mientras el Omnissiah es reducido a polvo digital, su reinado de poder y fe tecnológica terminado por la lengua afilada de Marco.

Marco (mirando hacia la cámara del chat multiversal, mientras se acomoda en su sillón): “¡Vaya!

¡Esa fue fácil!

Ahora, ¿alguien tiene alguna otra máquina que quiera que destruya con solo mis palabras?” Y así, el Omnissiah cae, aplastado bajo las carcajadas y el asombro de todos, mientras Marco se sienta victorioso, dejando una marca imborrable en la historia de las máquinas y los dioses.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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