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Cápsula - Códice - Capítulo 62

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  4. Capítulo 62 - 62 Entrada 0097 - El Niño que No Puede Morir
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62: Entrada #0097 – El Niño que No Puede Morir 62: Entrada #0097 – El Niño que No Puede Morir 📜 Códice de Cápsula Entrada #0097 – El Niño que No Puede Morir — 🌑 Origen de un castigo eterno En un templo abandonado, levantado sobre la roca desgastada por incontables eclipses menores, camina un niño cuyos pies nunca sanan del todo del polvo, las espinas y el filo de las ruinas.

No recuerda su nombre.

O quizá sí, pero lo ha olvidado y recordado tantas veces que ya no importa.

Su historia comienza —o termina, depende de quién la cuente— cuando un dios menor lo encontró.

Dicen que era hijo de campesinos de algún lugar insignificante, un niño que tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino de un Dios menor que buscaba distracción, castigo o simple curiosidad.

El Dios menor, aburrido de su propia inmortalidad, decidió crear algo distinto: un niño que no pudiera morir.

Tal vez para ver qué haría.

Tal vez como lección para otros mortales que osaron rogarle algo.

O quizá solo por crueldad, por el placer de ver qué ocurre cuando se retira la frontera final de la muerte a alguien tan frágil.

— 🩸 El experimento sin fin Su carne fue quebrada, quemada, rota y recompuesta.

Durante un eclipse menor entero (cien años), el Dios menor lo mantuvo prisionero, sumergido, suspendido, aplastado o despiezado, observando cada regeneración como quien contempla la lenta floración de una eosa putrefacta.

El niño siempre regresaba.

No gritaba siempre, pues la voz se rompe tras tanto horror, pero sus ojos sí seguían implorando.

Cuando el Dios menor se aburrió, lo soltó.

No lo liberó: lo dejó en el mundo, aún atado a una única orden grabada más allá de su carne, más allá de su mente: “Busca”.

¿Buscar qué?

Nadie lo sabe.

Quizá ni siquiera él.

— 🌙 Un viajero roto entre ruinas y caminos Desde entonces, vaga por Cápsula.

Su cuerpo es pequeño, de no más de diez inviernos, con cabellos oscuros enmarañados por el viento, la tierra y la sangre.

Su piel, llena de cicatrices viejas que se cierran para volver a abrirse.

Sus ojos, vacíos a ratos, en otros momentos tan llenos de esperanza que duele mirarlos.

Lo han visto caminar entre campos de batalla, arrastrarse por desiertos abrasadores, internarse en los riscos más mortales.

Cuando la muerte debería alcanzarlo, su cuerpo se recompone, forzado a seguir.

El niño nunca suplica piedad.

Solo continúa, paso tras paso, mirada perdida o fija en algo que solo él conoce.

— 🔥 Las mil muertes que no puede tener Han intentado ayudarlo.

Curanderos, magos, cultivadores: todos han intentado romper la maldición, desatar el nudo divino que mantiene su carne anclada a la vida.

Nada funciona.

Ni magia, ni técnica, ni plegaria.

El Dios menor que lo condenó no dejó un camino de regreso.

Otros, más crueles, han intentado matarlo para estudiarlo, capturarlo o venderlo.

Se cuenta que una secta intentó usar su cuerpo como fuente infinita de qi, extrayendo su vitalidad como agua de un pozo inagotable.

Murieron todos, devorados por un rebrote de energía que escapó de su control.

En otras ocasiones, pueblos enteros lo expulsaron, asustados por lo que su sola presencia atrae: bestias, tormentas, incluso extrañas distorsiones del espacio.

— 🌿 El niño y las cosas que sueña A veces, cuando descansa apoyado en una roca o bajo un cielo gris, el niño murmura palabras que nadie comprende.

A menudo, habla de una figura femenina, alta, cubierta de luz o fuego.

Un recuerdo o una invención.

Quizá la Diosa madre que nunca tuvo.

Quizá un último eco de ternura de la que lo creó.

Sueña con una casa de madera, el olor del pan recién hecho, risas que no recuerda si fueron suyas.

Al despertar, esas imágenes se desvanecen, como arena entre dedos.

— ⏳ Un final que no existe Cada siglo, alguien asegura que el niño ha muerto al fin.

Un desfiladero que se lo tragó.

Un volcán que lo redujo a cenizas.

El filo de un monstruo demasiado hambriento.

Pero siempre, en otro lugar, alguien ve una pequeña figura caminar sobre el polvo, tambaleándose, cubierta de costras y lágrimas secas.

La historia continúa.

No hay tumba, no hay epitafio, no hay despedida.

— ⚖ Teorías entre quienes escuchan su historia Algunos dicen que el Dios menor no solo lo condenó: le dio un propósito imposible, algo que nunca podría lograr, para ver hasta dónde lo arrastraría la esperanza.

Otros creen que el niño es castigo y espejo: un recordatorio para todos de que incluso la inmortalidad puede ser la prisión más cruel.

Y unos pocos susurran que quizá, solo quizá, cuando el niño cumpla su misión —si alguna vez descubre cuál es— finalmente podrá cerrar los ojos y dormir.

— 🌌 Epílogo del códice > “El Niño que No Puede Morir no es héroe ni monstruo.

No busca gloria ni venganza.

Solo camina, cargando una pregunta que ni siquiera puede formular.

En un mundo donde incluso los dioses mueren, él sigue…

y nadie sabe si eso es piedad, o la más pura crueldad.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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