Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 134
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134: Sería más divertido 134: Sería más divertido Xue Yu-Yan estaba con la Emperatriz, que la consolaba.
—¡Han ahorcado a Padre!
Fue tan brutal.
Lo dio todo por este Imperio y esto es lo que recibió a cambio.
Su majestad, ¿por qué no hizo nada?
—lloraba y se quejaba Xue Yu-Yan.
—Xue, no es momento de llorar, sino de vengar la muerte de Zhang Yong.
¿No viste antes cómo Ying Lili le pidió poder político a su majestad?
Está haciendo sus movimientos en nuestra contra y, lo más importante, se ha aliado con Sheng Li —sentenció Weng Wei mientras apretaba los puños.
Xue Yu-Yan se secó las lágrimas de las mejillas.
—Tan pronto como An-Ying Lili entró en el Palacio, le asestó el golpe más duro a la familia Wei.
Durante años, nadie pudo hacer nada contra nosotros y ahora mi familia ha sido despojada de todos los títulos.
Incluso mi hermano ha sido destituido de su cargo en el Departamento de Finanzas —le narró Xue Yu-Yan a Weng Wei.
—Creí que su matrimonio nos beneficiaría.
Pero me equivoqué —afirmó Weng Wei—.
Ying Lili no ha visto mi potencial.
Si cree que puede luchar contra mí, se equivoca.
Soy la Reina de esa partida de ajedrez en la que todos giran a mi alrededor.
Déjalos ir a la Provincia del Sur, porque tan pronto como entren en el Palacio, serán recibidos con algo grande.
Tenemos tiempo de sobra para ejecutar el plan contra ellos —declaró Weng Wei con una mirada segura.
—Su majestad, ya que esos dos han unido fuerzas, ¿no cree que deberíamos quitar a An-Ying Lili de nuestro camino primero?
Tenemos que asegurarnos de que no regrese al Palacio, y así nuestro camino estará despejado —sugirió Xue Yu-Yan a Weng Wei y sonrió con malicia.
Jian Guozhi, que estaba de pie cerca de la puerta, oyó la conversación.
Apartó las cortinas de cuentas y entró.
—Jian —sonrió Weng Wei al ver a su hijo.
—Madre, ¿qué es esto?
¡Te dije que le hicieras lo que quisieras a Sheng Li, pero no a Yingér!
—le gritó Jian Guozhi a su madre.
Xue Yu-Yan se levantó de su asiento y se giró hacia Jian Guozhi.
—Y tú —Jian Guozhi señaló a Xue Yu-Yan con el dedo—.
No me saques de quicio.
Si me entero de que estás conspirando contra Yingér o haciéndole daño de alguna manera, juro que te mataré sin pensármelo dos veces —la amenazó Jian Guozhi.
—Príncipe, ¿a qué viene esa actitud?
¿Todavía amas a An-Ying Lili?
—preguntó Weng Wei frunciendo el ceño.
Jian Guozhi no respondió a su madre; en su lugar, lo hizo Xue Yu-Yan.
—Perdóneme, su majestad, pero su hijo, a pesar de tener dos esposas, se preocupa por una tercera mujer; tiene los ojos puestos en esa mujer que destruyó a toda la familia Wei.
¡Su hijo se está volviendo loco por ella!
—estalló Xue Yu-Yan con ira, fulminando con la mirada a Jian Guozhi.
Weng Wei se levantó de su asiento y fue hacia Jian Guozhi.
Se paró frente a él y le tomó ambas manos.
—Sé que mi hijo se enamoró de Ying Lili la primera vez que la vio.
Pero ella no es adecuada para ti.
Ya ves que es una amenaza para nosotros, fue ella quien causó el desastre en la familia Wei y, por su culpa, mi hermano, Zhang Yong, fue ahorcado.
Por eso necesitamos quitarla de nuestro camino —dijo Weng Wei, buscando una respuesta en los ojos de su hijo.
—No deberías haber dejado que se casara con Sheng Li.
Te lo dije, pero respondiste que nos sería útil.
¡Mira lo que ha pasado!
Ahora, no le harás nada —afirmó Jian Guozhi y se marchó de allí, furioso.
Xue Yu-Yan se rio por lo bajo cuando Jian Guozhi abandonó la conversación a medias.
—Ha enloquecido por Ying Lili, su majestad.
Temo lo que pueda hacer en el futuro —declaró Xue Yu-Yan.
—No te preocupes.
Solo va de farol.
Nunca irá en contra de su madre —proclamó Weng Wei y volvió a su asiento.
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Ying Lili estaba leyendo un libro cuando Sheng Li le preguntó por qué había llamado a Weng Yu a la Posada Zhenzhu.
—Para jugar y para darle algo —respondió Ying Lili y cerró el libro.
Sheng Li se quitó el abrigo y se fue a la cama.
—Ya no eres una niña.
No lo llames aquí, que la gente podría malinterpretarlo —le aconsejó Sheng Li a Ying Lili, que hizo un puchero.
Sheng Li se sentó a su lado—.
El viaje va a ser duro.
Iremos por una ruta accidentada.
Podrás montar a caballo durante un día, ¿verdad?
—le preguntó Sheng Li.
—¿Estás dudando de mis capacidades?
—preguntó Ying Lili.
—No, no lo hago.
Nunca has hecho viajes como este, por eso pregunto.
El calor abrasador del verano puede agotarte —afirmó Sheng Li.
—Puedo soportar el calor.
Entonces, ¿cómo vamos a ir?
No quiero ir en ese palanquín.
—A caballo.
Te darán un caballo para ti sola.
Sabes montar a caballo, ¿verdad?
—preguntó Sheng Li para confirmar.
—Sí.
—Las rutas serán estrechas, así que monta con cuidado.
Por la noche, nos quedaremos en una posada y luego partiremos a primera hora de la mañana —declaró Sheng Li.
—De acuerdo.
Estoy emocionada por ir.
Será divertido.
Después de tanto tiempo, voy a salir.
Sheng Li, ¿cuándo volveremos?
—preguntó Ying Lili.
—Depende de la situación allí.
Puede llevar desde una semana hasta un mes.
Tengo que detener las rebeliones en un mes.
Wang Hao me dijo que la situación allí es tensa y que la gente está angustiada —le informó Sheng Li a Ying Lili.
Ying Lili tomó la mano de Sheng Li entre las suyas y dijo: —No te estreses demasiado.
Estaré allí para ayudarte.
Todo saldrá bien.
A Sheng Li le divirtió cómo lo estaba tratando Ying Lili.
—Lili, dime la verdad.
Sientes algo por mí, ¿verdad?
—preguntó Sheng Li mientras la miraba fijamente a los ojos.
—Ciertamente hay algo.
No puedo decir qué es exactamente.
Si esto son sentimientos, entonces no sé cómo describirlos —respondió Ying Lili.
—¿Eh?
¿Por qué das una explicación tan compleja?
¿Quieres que te ayude a darte cuenta de si sientes algo por mí o no?
—inquirió Sheng Li.
—Quieres ganar la apuesta, ¿verdad?
Ya lo descubriré por mí misma —respondió Ying Lili, pero Sheng Li tiró de ella agarrándole la mano.
Sus rostros se acercaron.
Sheng Li no quería que Ying Lili se apartara, así que colocó su otra mano en la nuca de ella, manteniéndola inmóvil en su sitio.
La miró a los ojos y luego a los labios.
—Ahora, dime, ¿sientes algo extraño en tu corazón?
—le preguntó Sheng Li.
Ying Lili sintió su corazón palpitar en el momento en que Sheng Li se acercó a ella.
Pero tampoco quería perder la apuesta.
¿Cómo podía enamorarse ella primero cuando se suponía que debía hacer que él se enamorara de ella?
—Estás tardando demasiado —le oyó decir a Sheng Li.
Él la acercó aún más, hasta que solo quedó una distancia infinitesimal entre sus labios.
Ying Lili no bajó la guardia y siguió mirándole fijamente a los ojos.
«¿Por qué no lo dice?
Ah, es tan difícil hacerla confesar.
Pensé que si confesaba sería más divertido, pero parece que tendré que esforzarme más para ganar esta apuesta», pensó Sheng Li.
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