Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 139
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- Capítulo 139 - 139 Frente a otro hombre
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139: Frente a otro hombre 139: Frente a otro hombre —¿A quién llamas desvergonzado?
—cuestionó Ying Lili a Sheng Li.
—¿No lo sabes?
—le devolvió la pregunta Sheng Li.
Wang Hao intervino entre ellos.
—Su Alteza, deberíamos empezar, de lo contrario, la comida se enfriará.
Sheng Li asintió con un murmullo y empezó primero, seguido por los demás.
Xiao Zhan se inclinó hacia Hu Jingguo y le susurró al oído: —No molestes al Príncipe Heredero.
Puede castigarte o, peor aún, te dejará aquí.
Hu Jingguo asintió y miró al Príncipe Heredero.
Recordó cómo el Príncipe Lei Wanxi le había explicado la personalidad del Príncipe Heredero.
—Jingguo, el Hermano Sheng nunca ha mostrado interés en ninguna mujer, pero con la Hermana Lili es diferente.
Aunque él no acepte que le gusta, tu trabajo principal será ponerlo celoso hasta el punto de que se le confiese a la Hermana Lili.
Tú conoces a la Hermana Lili mejor que nadie, así que usa eso en su contra —dijo Lei Wanxi con una sonrisa, y dejó de pasearse por la habitación.
—Príncipe Wanxi, el Príncipe Heredero se enfada con facilidad.
¿Y si me castiga?
No creo que nadie pueda salvarme de su ira —expresó Jingguo su preocupación.
—La Hermana Lili no dejará que te castiguen.
Puede que el Hermano Sheng use palabras para mostrar su enfado, pero no te castigará.
Por la Hermana Lili, incluso te salvó la vida; de lo contrario, no te la habría perdonado.
Te habría matado, no por colarte en el Palacio, sino por ser amigo de la Hermana Lili —sentenció Lei Wanxi.
—He entendido, Príncipe Wanxi —dijo Hu Jingguo.
—Jingguo, ¿por qué no estás comiendo?
¿En qué piensas?
—preguntó Ying Lili.
—En nada —respondió Jingguo.
Jingguo vio que Sheng Li había cogido unas habas de soja e iba a ponerlas en el plato de Ying Lili, así que rápidamente cogió una loncha de cerdo cocido y la puso en el plato de ella.
—Su Alteza, coma esto.
Le gusta, ¿verdad?
—Ying Lili asintió y le dio las gracias.
—A Su Alteza no le gustan mucho las verduras.
Allá en Juyan, Su Alteza era muy tiquismiquis con la comida —dijo Hu Jingguo.
Sheng Li se rio entre dientes y retiró la mano.
Ying Lili le dio las gracias y los dos siguieron hablando mientras Sheng Li los escuchaba.
Los palillos que tenía en la mano se rompieron y todos lo miraron.
—Oh, se te han roto los palillos —murmuró Ying Lili y, justo cuando iba a pedir otro par, Sheng Li habló.
—No tengo hambre.
Ven a la habitación cuando termines de comer.
—Pero no has comido nada —dijo Ying Lili con preocupación, y le agarró el brazo.
Sheng Li se lo quitó de un tirón y salió de allí.
—¡¿Pero qué le pasa?!
—murmuró Ying Lili.
—Su Alteza, debe terminar su comida rápido.
Nos iremos temprano por la mañana —le dijo Wang Hao a la Princesa Heredera, quien asintió.
Después de terminar de cenar, todos se fueron a sus respectivas habitaciones.
Ying Lili iba a abrir la puerta cuando pensó en llevarle la cena a Sheng Li, así que fue al comedor, donde las sirvientas estaban limpiando.
—El Príncipe Heredero no ha cenado.
Pon los platos principales en una bandeja.
La llevaré a la habitación —le ordenó Ying Lili a una sirvienta, que asintió y fue rápidamente a la cocina.
Regresó con una bandeja en la mano.
Ying Lili se la cogió y se fue a la habitación.
—Tiene unos cambios de humor terribles —murmuró Ying Lili, abrió la puerta y entró, cerrándola tras de sí.
No vio a Sheng Li allí y dejó la bandeja sobre una mesa.
«¿Habrá salido?», se preguntó Ying Lili y se giró hacia la puerta justo cuando Sheng Li salía del baño contiguo al dormitorio.
No llevaba ropa en el torso y las gotas de agua aún permanecían en su cuerpo perfectamente esculpido.
—Te…
te he traído la cena.
Te fuiste a la mitad —dijo Ying Lili y, al ver que Sheng Li no le respondía, se acercó a él y le quitó la toalla.
—Puedo ayudar —dijo Ying Lili, y empezó a secarle el torso—.
No está bien dejar la cena a medias.
No vuelvas a faltarle el respeto a la comida así —le aconsejó Ying Lili a Sheng Li.
Se puso de puntillas para alcanzar la cara de Sheng Li y le secó el agua.
Ying Lili giró a Sheng Li de tal manera que su espalda quedó frente a ella y le secó rápidamente la espalda.
—Ya está —dijo Ying Lili con una sonrisa, como si hubiera ganado algo.
Pero el silencio de Sheng Li la estaba preocupando.
Se acercó a la mesa y dijo: —Ven aquí y cena.
—No estoy de humor para comer.
Ya comeré por la mañana —anunció Sheng Li mientras se ponía una bata de seda.
Fue al tocador, cogió un cuenco de porcelana y le dijo a Ying Lili que se sentara en la cama.
Ying Lili fue a la cama y se sentó en el colchón.
Sheng Li se sentó a su lado y le dijo que se quitara la bata de seda que llevaba puesta.
Ying Lili se quitó la bata y la dejó sobre la cama.
Sheng Li volvió a aplicar la pasta en las ampollas.
—Tú y tu querido amigo me estáis molestando.
Espero que no habléis demasiado delante de mí —dijo Sheng Li.
—¿Pero qué hemos hecho?
Solo estábamos conversando —murmuró Ying Lili e hizo un puchero.
—Por supuesto que cometisteis un crimen.
Sigue vivo solo porque es tu amigo —dijo Sheng Li, mirándola a los ojos.
—¿Estás celoso de que un hombre me conozca mejor que tú?
—le preguntó Ying Lili a Sheng Li.
—No.
Estoy enfadado porque sonríes tan radiantemente delante de otro hombre —sentenció Sheng Li.
—Eso significa que estás celoso.
¿Por qué tergiversas tus palabras y dices que estás enfadado?
Acepta de una vez que sientes algo por mí y que por eso no soportas verme sonreír delante de otros hombres —declaró Ying Lili, colocando su dedo índice bajo la barbilla de Sheng Li.
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