Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 211
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211: Te amo, Lili 211: Te amo, Lili —Shhh… Siempre olvidas las cosas importantes que te digo.
Ese día me dijiste que me derrotarías y te respondí: «Eso nunca sucederá a menos que me enamore de ti».
Los ojos de Ying Lili se agrandaron ligeramente.
—No me gusta perder contra nadie, pero quiero perder una y otra vez ante la mujer a la que más amo.
—El corazón de Ying Lili, que se había relajado hacía un momento, volvió a acelerarse tras escuchar esas palabras de Sheng Li.
Ying Lili sintió la mano de Sheng Li sobre su mano derecha y, un momento después, ya no tenía la espada en la mano.
Había caído al suelo junto con la de Sheng Li, provocando un fuerte sonido metálico al golpear la tierra.
—Solía pensar que no había nacido nadie con las agallas para enfrentarse a mí, pero me demostraste que estaba equivocado.
Todos estos años, solo he hecho enemigos.
Solo he recibido maldiciones por destruir vidas.
Me llamaban desalmado y nunca me importó, hasta que te conocí.
—Retiró su dedo de los labios de ella y bajó la mano.
Ying Lili vio en los ojos de Sheng Li la profunda emoción que sentía por ella.
Ella también lo había maldecido antes, llamándolo despiadado y desalmado.
Se le formaron lágrimas en los ojos al pensar en lo mucho que sus palabras debían de haber afectado a Sheng Li.
Sheng Li se percató de los ojos llorosos de Ying Lili.
No sabía por qué.
Decidió confesarse primero.
Se subió la manga izquierda y le mostró la mariposa a Ying Lili.
—Me pediste que encontrara el significado de esto.
Seré sincero: no se me dan bien las artes.
No entiendo los dibujos ni los profundos significados que esconden, así que le pregunté a mi Cuarto Hermano.
¡Parece que un zopenco como yo también tendrá que aprender sobre arte!
—Sheng Li hizo una pequeña broma para levantarle el ánimo a Ying Lili, que lo miraba con ardor.
—«Un amor inmortal entre nosotros»… Quieres un amor que siempre sea joven.
—Se bajó la manga y la escrutó de nuevo con la mirada.
Su mano derecha se posó en la mejilla izquierda de ella.
—Quería que la confesión fuera hermosa, para que fuera memorable para ambos.
Pero no sé exactamente qué te gustaría.
Por eso decidí organizar este combate amistoso en el que quería que me derrotaras.
—Pero te dejaste ganar.
Yo quería derrotarte con mi propia fuerza —se quejó Ying Lili.
—¿Acaso no es esta tu fuerza?
—cuestionó Sheng Li, y de inmediato se respondió—: Has derrotado al invencible Príncipe Heredero con tu amor.
Esa es tu mayor fortaleza, Lili —proclamó, y continuó—.
Me conmovieron tus palabras cuando me dijiste que querías amarme.
A pesar de mi naturaleza, te quedaste a mi lado y me comprendiste.
Fue extraño verte llorar por las heridas que recibí.
Me salvaste la vida dos veces sin que te importara la tuya.
A lo largo de estos años, he luchado y he sufrido en soledad.
Nadie se ha preocupado por mí como tú.
No solo te has ganado mi corazón, sino también mi alma.
—Cada palabra de Sheng Li retumbaba en el corazón de Ying Lili.
Ella anhelaba oír esas tres palabras de sus labios.
—Te amo, Lili —le confesó finalmente Sheng Li, y en ese instante, una lágrima rodó por la mejilla derecha de ella.
Ying Lili no quiso perder ni un segundo.
Se puso de puntillas y posó sus labios sobre los de él, desconcertando a Sheng Li.
Al inclinarse hacia atrás, dijo: —Has tardado mucho en confesarte.
Había pensado en hacer algo especial para ti, pero no estaba segura de tus gustos.
Has admitido tus sentimientos de una forma única, y me ha encantado.
Eres la persona más hermosa, atenta y compasiva que he conocido.
Siempre he deseado un hombre como tú.
Quise admitir mis sentimientos antes, pero tenía miedo de que me rechazaras.
En mi estado de embriaguez, terminé haciendo ese dibujo —explicó Ying Lili mientras bajaba la mirada hacia la muñeca de Sheng Li—.
Yo también te amo, Sheng Li.
—Se quitó la rosa del moño y se la tendió a Sheng Li.
—Ahora mismo, solo puedo darte esto.
Fui al jardín a buscar una flor para ti, pero me dejaste sola en el pasillo, así que pensé en no dártela —afirmó Ying Lili.
Sheng Li sonrió, pensando en lo rápido que se enfadaba con él.
Le quitó la rosa y se la volvió a colocar en el moño.
—Aquí queda mejor —dijo.
Pasó con firmeza su brazo por la cintura de Ying Lili, alzándola.
—He esperado mucho tiempo este momento.
—El rostro de Sheng Li estaba peligrosamente cerca del de Ying Lili.
Sus corazones latían cada vez más deprisa a medida que sus caras se acercaban.
La mano que antes había estado en su mejilla ahora estaba en su nuca, y con ella acortó la distancia que los separaba.
Ying Lili cerró los ojos y Sheng Li los cerró después de ella.
Sus labios se encontraron, y el contacto desató una oleada de calor en sus cuerpos.
Se habían besado muchas veces, pero hoy era diferente.
Ambos estaban vertiendo sus sentimientos en aquel beso.
Sheng Li ladeó el rostro de Ying Lili para conseguir un beso perfecto.
Deslizó sus labios sobre los de ella, dándole tiempo suficiente para responder y, sin ninguna vacilación, a diferencia de las veces anteriores, ella le correspondió.
Sheng Li se apartó un instante y le acarició los labios con el pulgar antes de volver a capturarlos.
Ella se estaba derritiendo bajo sus besos cuando él le mordió el labio inferior, pero lo lamió rápidamente, borrando así el dolor que ella había sentido por el mordisco.
Era la segunda vez que lo hacía, pero esta vez la pasión era diferente.
Ying Lili sintió los labios de Sheng Li, cálidos y suaves contra los suyos.
Entreabrió los labios, dándole libre acceso.
En un segundo, la lengua de Sheng Li se deslizó en su boca y rozó la suya.
Sintió cómo él jugueteaba con su lengua durante unos segundos que la electrizaron por completo.
Sus manos subieron a los hombros de él y gradualmente se entrelazaron en su nuca.
Lentamente, ambos separaron los labios, boqueando en busca de aire.
Tenían los ojos aún cerrados y sus frentes estaban apoyadas la una en la otra; sus alientos chocaban contra el rostro del otro.
Las manos de Ying Lili descendieron.
Sintió que el corazón iba a estallarle por el beso que acababan de compartir cuando notó los dedos de Sheng Li acariciándole la mejilla.
Abrió los ojos y se encontró con la intensa mirada de Sheng Li clavada en ella.
Podía ver en sus ojos la expectación y el amor que le profesaba.
—Nunca me cansaré de estos labios —susurró Sheng Li mientras su pulgar volvía a acariciarlos.
Sintió un cosquilleo de mariposas en el estómago y una sonrisa asomó a sus labios.
Lo abrazó con fuerza.
Su mano izquierda descendió y tomó la mano derecha de Sheng Li.
Volvió a levantar la cabeza para encontrarse con su mirada.
—De ahora en adelante, yo soy tu fuerza.
Me dijiste que el amor es una debilidad, pero créeme, Sheng Li, el amor entre nosotros no hará más que fortalecerse con cada día que pase.
Nunca dejaré que se convierta en tu debilidad —aseveró Ying Lili.
—¡Y yo creo que eres mi fuerza!
—replicó Sheng Li.
La rodeó firmemente con el brazo y la alzó en brazos, para asombro de Ying Lili.
—Hay algo que quiero enseñarte —dijo Sheng Li, y entró con ella en la residencia.
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