Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 252
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252: ¿Te llamó cariño?
252: ¿Te llamó cariño?
Ying Lili aplicó la medicina en polvo blanco sobre los moratones de los dedos de Sheng Li.
—Puede que estén hablando de nosotros.
¿Qué clase de esposa tiene el Príncipe Heredero?
¡Haciéndolo trabajar en la cocina!
—murmuró Ying Lili mientras aplicaba suavemente un pequeño algodón sobre los moratones.
—No tienen la audacia de hablar a mis espaldas.
Puedo hacer lo que quiera —aseguró Sheng Li.
Ying Lili levantó la vista.
—Sí que hablan a tus espaldas.
Creo que puede que incluso se hayan dado cuenta de que peleábamos —dijo Ying Lili en voz baja y guardó el algodón dentro del botiquín de madera.
—Te dije que pelearas conmigo en la alcoba, pero estabas tan enfadada que querías pelear delante de todo el mundo —aseguró Sheng Li.
—Entonces deberías haberme traído aquí —declaró Ying Lili.
—Pero si hubiera hecho eso entonces, me temo que me habrías echado del Palacio con tus propias manos —proclamó Sheng Li y se rio un poco.
—¿Cómo podría hacerle eso al Príncipe Heredero?
—inquirió Ying Lili, dejando el botiquín de madera a un lado.
—Solo tú tienes el poder para hacer eso —sentenció Sheng Li y agarró algunos mechones de su cabello—.
¿Por qué siempre vas al jardín cuando te enfadas o te pones triste?
—cuestionó Sheng Li.
—Mis pies me llevaron allí —respondió Ying Lili.
—Entonces, ¿debería mudar mi alcoba al jardín?
—preguntó Sheng Li mientras la miraba de nuevo a los ojos.
Ying Lili sonrió, pero no respondió.
—Suéltame el pelo —dijo Ying Lili y se recostó en la cama.
Apoyó el codo derecho en la almohada y dejó caer todo su peso sobre él.
Los labios de Sheng Li se curvaron en una leve sonrisa.
Se acercó a Ying Lili y se acomodó detrás de ella.
Su mano se posó en su vientre mientras la atraía más hacia él.
Ying Lili ladeó la cabeza y encontró una mirada diferente en los ojos de Sheng Li.
—¿No tienes nada que hacer?
¿Estás faltando al trabajo?
—preguntó Ying Lili.
—¿Por qué te preocupas por mi trabajo?
Cuando pasamos tiempo juntos, no deberíamos hablar de mi trabajo.
Y no, no estoy faltando al trabajo —susurró Sheng Li.
Sus labios rozaron el lóbulo de la oreja de Ying Lili, que cerró los ojos.
Sus dedos se entrelazaron.
—No hemos hecho planes para mañana.
—Al oír estas palabras, Sheng Li se reclinó e hizo que Ying Lili se tumbara bocarriba.
—Le he dicho a Wang Hao que nos prepare los atuendos.
Tenemos que salir tarde por la noche para poder entrar mañana al palacio por las Puertas Imperiales Fu —sentenció Sheng Li.
—¿Vamos a ir por esa ruta secreta hacia el bosque y luego nos quedaremos allí en esa casa una noche?
—cuestionó Ying Lili.
—No.
Al bosque no.
Nos llevaría mucho tiempo por la mañana volver al Palacio.
Nos quedaremos en una casa, cerca del mercado.
He hablado con Xing-Fu y le he dicho que si alguien pregunta por nosotros a última hora de la tarde, tiene que decirles que nos quedamos a pasar la noche en nuestra residencia privada.
Le diré lo mismo a la Dama de la Corte Xu —respondió Sheng Li.
—Tenemos que encontrar al autor intelectual que está detrás de ella a toda costa.
Una vez lo encontremos, muchas cosas se volverán más fáciles para nosotros —opinó Ying Lili.
—Mmm.
Incluso Lei Wanxi estará cerca para ayudarnos en caso de emergencia —proclamó Sheng Li—.
Ah, olvidé decirte algo importante —declaró.
Ying Lili lo miró con curiosidad.
—Hu Jingguo ha llegado sano y salvo a Juyan y ha enviado un mensaje para ti —aseguró Sheng Li.
A Ying Lili le brillaron los ojos al oírlo.
—¿Qué clase de mensaje ha enviado?
—preguntó Ying Lili.
—No lo sé.
Está en el pergamino que hay en mi habitación.
Me ha insistido en que no lo abra.
¡Esa pequeña rata!
Ha recibido privilegios especiales gracias a su amiga —se quejó Sheng Li.
Ying Lili rio al ver cómo Sheng Li se quejaba de eso.
—¿Así que tú también querías una carta suya?
No sabía que el Príncipe Heredero también echaba de menos su presencia —declaró Ying Lili.
—No lo echo de menos.
¿Por qué iba a hacerlo?
—rio Sheng Li entre dientes y llamó a la Dama de la Corte Xu, que apareció a los pocos segundos.
—Hay un pergamino en mi alcoba.
Tráelo aquí —le dijo Sheng Li.
Ella hizo una reverencia y se fue.
Sheng Li volvió a mirar a Ying Lili y vio lo feliz que se había puesto al oír el nombre de Hu Jingguo.
Sheng Li se recostó en el regazo de Ying Lili, lo que la asombró.
—Me pregunto qué tiene de especial Hu Jingguo.
Siempre que menciono su nombre, mi esposa se pone feliz —murmuró Sheng Li.
—Es mi amigo de la infancia y la única persona de Juyan con la que puedo comunicarme incluso después de mi matrimonio.
No deberías estar celoso de él —afirmó Ying Lili.
—No estoy celoso de él —replicó Sheng Li de inmediato.
—¡Acepta que estás celoso!
Todo el mundo sabe lo celoso que te pones cuando hablo de Hu Jingguo —proclamó Ying Lili y resopló.
—Entonces todos vivís en una ilusión —sentenció Sheng Li y cerró los ojos.
Ying Lili rozó la mejilla de Sheng Li con el dedo—.
Le pregunté a Hu Jingguo cómo quitar las cicatrices de heridas antiguas.
La pasta estará lista para mañana y entonces aplicaré esa medicina sobre la herida de tu pecho —aseguró Ying Lili.
—No hay necesidad de hacer eso.
Esa herida debe permanecer ahí para recordarme mi objetivo —afirmó Sheng Li.
—No.
No olvidarás tu objetivo si la herida desaparece.
¿No te dije que yo sería la medicina para tus heridas?
No quiero que recuerdes a aquellas personas que no tienen lugar en tu vida.
—Sheng Li abrió los ojos y se encontró con la mirada de Ying Lili.
—De acuerdo.
Haz lo que creas que es bueno para mí —declaró Sheng Li.
Los dos fueron interrumpidos por la voz de la Dama de la Corte Xu.
—Su Alteza, he traído el pergamino.
—Tenía la cabeza gacha y estaba de pie cerca de la segunda puerta.
—Déjalo sobre la mesa de allí —ordenó Sheng Li.
La Dama de la Corte Xu asintió y dejó el pergamino sobre la mesa.
Sheng Li se levantó y le llevó el pergamino a Ying Lili.
Entregándoselo, dijo: —Léelo en voz alta.
Quiero saber qué clase de mensaje quiere compartir que ni siquiera a mí me dejó ver.
Ying Lili le cogió el pergamino.
—Pero esto es entre dos amigos —aseguró Ying Lili.
—¡Tengo buena memoria, Lili!
El otro día vosotros dos me dijisteis que yo también soy vuestro amigo, así que deberías compartirlo conmigo también.
Si no lo lees, lo comprobaré yo mismo —declaró Sheng Li.
—Está bien.
Lo leeré en voz alta —proclamó Ying Lili.
Abrió el pergamino y empezó a leer el mensaje.
—Querida amiga:
He llegado sano y salvo a la ciudad de Juyan.
—¡Espera!
¿Por qué te llama «querida»?
¡Le dije que te llamara Princesa Heredera!
La próxima vez que lo vea, voy a darle una paliza —dijo Sheng Li, molesto.
—Pero este es un mensaje personal.
¿Por qué te enfurruñas?
No seguiré leyendo si continúas actuando así —amenazó Ying Lili a Sheng Li, quien se disculpó con ella y le dijo que continuara leyendo.
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