Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 259
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- Capítulo 259 - 259 En el Templo - Parte 2
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259: En el Templo – Parte 2 259: En el Templo – Parte 2 Weng Wei entró en el sanctasanctórum seguida por el Sumo Sacerdote, con quien Sheng Li y Ying Lili se habían encontrado antes.
Weng Wei permaneció en silencio junto a la persona de túnica blanca.
Esta encendió las varitas de incienso en el caldero de plata y cantó algunos mantras.
Tras unos minutos, abrió los ojos y le dijo al Sumo Sacerdote que se fuera.
El Sumo Sacerdote se fue, cerrando las enormes puertas del sanctasanctórum tras de sí.
—¿Por qué me enviaste un mensaje urgente para que nos viéramos?
—preguntó la persona, con una expresión amenazante en el rostro.
Tanto Sheng Li como Ying Lili intentaron verle la cara, pero no pudieron, ya que Weng Wei les obstaculizaba la vista.
—La posición de Sheng Li en el trono se está fortaleciendo.
Me preocupa que…
—Weng Wei no pudo terminar la frase, pues la persona le hizo un gesto para que se detuviera.
—¿Acaso no es culpa de tu hijo?
¡El otro día, al mando de una pequeña parte del ejército, mató a todos los asesinos que se suponía que debían acabar con el Príncipe Heredero y la Princesa Heredera!
—le recriminó la persona a Weng Wei.
Como la distancia que los separaba era bastante grande, Sheng Li y Ying Lili no podían oír nada.
—¡Primero encárgate de tu hijo!
No haré nada hasta que entre en razón —aseveró la persona.
Weng Wei frunció el ceño al oír sus palabras—.
Hay algo que debes investigar.
—La persona se dio la vuelta para encarar a Weng Wei.
Aun así, la vista de su rostro seguía bloqueada para Sheng Li y Ying Lili.
—¡No paro de hacer cosas por ti, pero hasta el día de hoy no hemos conseguido nada!
—se quejó Weng Wei.
—Tú eres la Emperatriz, Weng Wei.
Ocupas la segunda posición más alta del Imperio.
Ese es tu mayor poder y, sin embargo, dices que no hemos conseguido nada —declaró la persona.
—¿Qué quieres que haga?
—cuestionó Weng Wei.
—Te lo diré más tarde —respondió la persona.
Sheng Li y Ying Lili se esforzaron por oír la conversación, pero fue en vano.
—No me llames por asuntos insignificantes —dijo la persona con severidad.
Weng Wei asintió—.
Esta vez tenemos que matar a Sheng Li sin falta.
Ya pensaremos luego en la Princesa Heredera.
He ideado un plan.
—La persona se movió ligeramente a la izquierda, haciendo así que su rostro fuera visible para Sheng Li y Ying Lili.
—¿Qué clase de plan?
—quiso saber Weng Wei con curiosidad.
—El día de la boda de tu hija, morirá.
No compartas esto con tu hijo —le advirtió la persona a Weng Wei.
—¡No lo haré!
Pensé que primero matarías a su mujer —aseveró Weng Wei.
—Hay que controlar a tu hijo, y esa mujer es la clave.
Jian podría rebelarse si la matamos.
Centrémonos primero en Sheng Li.
Esta vez, morirá sin duda —afirmó la persona, curvando los labios en una sonrisa ladina.
Tanto Ying Lili como Sheng Li se dieron cuenta de que tenía una cicatriz cerca del ojo derecho.
La persona estaba a punto de irse cuando su mirada se posó en la puerta tras la cual se escondían Sheng Li y Ying Lili.
Los reflejos de Sheng Li actuaron con rapidez, y tiró de Ying Lili hacia atrás, estampándola contra la pared.
—Shhh —le puso el dedo índice en los labios a Ying Lili e inclinó ligeramente la cabeza para mirar por la rendija.
Descubrió que el hombre se acercaba para abrir la puerta.
Sheng Li agarró la mano de Ying Lili y la arrastró fuera de allí.
Weng Wei miró confundida a la persona que había empujado la puerta, pero no encontró a nadie.
—¿Qué estás mirando?
—le preguntó Weng Wei.
—Nada —respondió el hombre y se giró para mirar a Weng Wei—.
Me marcho —declaró la persona y pasó de largo junto a ella.
Sheng Li cerró la puerta cuando ambos llegaron de nuevo al patio trasero.
—¡Vámonos de aquí, primero!
—le dijo Sheng Li a Ying Lili.
Recogieron las escobas y se marcharon en silencio sin que nadie se diera cuenta.
Pronto, salieron del Palacio y, una hora después, regresaron.
—Hablaremos de eso más tarde, después de los saludos matutinos —le dijo Sheng Li a Ying Lili, quien asintió y se fue a la Posada Zhenzhu.
Después de asearse y prepararse, se reunió de nuevo con Sheng Li.
—Estás preciosa —la halagó Sheng Li.
Ying Lili lo miró, asombrada—.
Este color rosa te sienta mejor —añadió, dedicándole una sonrisa—.
¡Nunca te he regalado nada, excepto una daga!
¿Qué te gustaría tener?
—le preguntó Sheng Li a Ying Lili.
—¿Por qué de repente me preguntas por mis gustos?
Antes nunca te interesaron —declaró Ying Lili.
—Sí me interesaban, pero tú me odiabas —proclamó Sheng Li.
Redujo el paso al ver que a Ying Lili le costaba seguirle el ritmo.
—Tú también me odiabas en ese entonces —murmuró Ying Lili.
—Nunca te odié —Sheng Li se detuvo y la miró—.
¡Me entristecía que no pudieras ver cómo era en realidad!
Eso me enfurecía la mayor parte del tiempo, y también había algunas otras razones —declaró Sheng Li y repitió sus palabras—: Dime, ¿qué quieres?
—Mmm… ¿estás seguro de que podrás darme cualquier cosa que te pida?
—preguntó Ying Lili con una ceja enarcada.
Sheng Li se le acercó y adelantó la mano.
Poniendo los dedos bajo su barbilla y levantándole el rostro, Sheng Li dijo—: No dudes de la capacidad de tu hombre, Lili.
—Hablas como si pudieras bajarme la luna y las estrellas —comentó Ying Lili.
Sheng Li bajó la mano y se enderezó.
—¿Y si te las bajo?
—preguntó Sheng Li.
—¿Qué?
—Ying Lili soltó una risita—.
Se nos hace tarde para los saludos matutinos —le dijo a Sheng Li y empezó a caminar.
Sheng Li sonrió y la siguió.
—No bromeo, Lili.
De verdad que puedo bajártelas —dijo Sheng Li en voz alta, sin darse cuenta de que las Princesas que estaban en el pasillo lo oían.
—Príncipe Heredero, todo el mundo te está oyendo.
Sé que eres un desvergonzado, pero al menos mira a tu alrededor.
Mira, las Princesas te están observando —declaró Ying Lili.
—Lili, de verdad necesitas arreglar tu diccionario.
No sabes el significado de ser un desvergonzado —afirmó Sheng Li—.
Más tarde, corregiré tu diccionario —declaró, y sonrió con picardía.
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