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Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 264

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264: Compartir 264: Compartir Nianzu se saltó el desayuno, pues quería que su madre despertara primero.

Han Wenji le dijo a Nianzu que comiera algo, pero él se negó.

El Eunuco Jin se acercó al Emperador y le susurró algo al oído.

—Tengo un asunto urgente.

Infórmenme cuando la Dama Hui despierte —afirmó Han Wenji.

Nianzu hizo una reverencia y se mantuvo en esa posición hasta que el Emperador salió de la habitación.

Una vez que el Emperador se fue, Nianzu alzó la cabeza y miró a Chuntao.

—¿Por qué tarda tanto en despertar?

—preguntó Nianzu con preocupación.

—Su Alteza, es por las medicinas —respondió Chuntao y miró a Deng Hui, que había abierto los ojos.

—Su Alteza, la Dama Virtuosa ha despertado —exclamó Chuntao, saltando de alegría.

Nianzu miró rápidamente a su madre y se sentó en el taburete junto a la cama.

—P-Príncipe Nianzu —murmuró ella e intentó levantarse.

Nianzu ayudó a su madre mientras Chuntao le ponía unas almohadas en la espalda.

—Dame un vaso de agua —le dijo Nianzu a Chuntao, quien llenó el vaso de la jarra y se lo entregó.

Nianzu ayudó a su madre a beber el agua.

Limpiándole la boca a su madre con un pañuelo, Nianzu preguntó: —¿Cómo te sientes?

¿Por qué no comiste bien?

¿Sabes lo asustado que estaba después de verte en este estado?

Deng Hui sonrió débilmente.

—¿Cómo podría, si mi hijo no vino a verme después de aquel día?

Ahora estoy perfectamente bien —dijo Deng Hui.

—Perdóname por lo de aquel día, madre.

Nunca volveré a hacer algo así —dijo Nianzu y miró a Chuntao—.

Tráenos el desayuno.

Chuntao hizo una reverencia y salió de la estancia.

Informó al Eunuco Chung de que la Dama Deng Hui había despertado, y este le dijo a una sirvienta que se lo comunicara al Emperador.

Después de desayunar, Nianzu le dio las medicinas a su madre y le dijo que descansara.

Llamó a una sirvienta y le pidió que cuidara de su madre.

Nianzu regresó a su estancia con el Eunuco Chung y Chuntao.

En cuanto se sentó en una silla, recordó que se suponía que Chuntao iría a su aldea hoy.

—Señorita, olvidé por completo que se suponía que hoy iría a su aldea por un día.

Puede marcharse ahora —proclamó Nianzu.

—Puede que Su Alteza me necesite para algo.

Iré otro día —dijo Chuntao con humildad, bajando la cabeza.

—Hoy es un día libre.

Solo tengo poco trabajo, que completaré yo mismo —respondió Nianzu—.

Puede que más tarde no tenga tiempo, por eso vaya hoy.

Disfrute de su día —dijo Nianzu con una pequeña sonrisa en los labios.

Abrió el cajón del escritorio y sacó una bolsa con monedas dentro.

Puso la bolsa sobre el escritorio y dijo: —Tome esto.

Es su salario mensual, el que se ha ganado.

Chuntao se asombró al ver que el Príncipe le estaba dando su salario bastante antes de tiempo.

—Pero, Su Alteza, todavía faltan cinco días para que acabe el mes —declaró Chuntao.

El Eunuco Chung cogió la bolsa y se la entregó a Chuntao.

—Si Su Alteza se lo da antes, no debería rechazarlo.

Ha trabajado duro, así que quédeselo.

Nianzu sonrió y asintió, de acuerdo con el Eunuco Chung.

—Estaré ocupado y puede que entonces me olvide de darle esto.

Hay tres bodas en el Palacio, así que estaré ocupado con eso —afirmó Nianzu.

Chuntao asintió y le dio las gracias al Cuarto Príncipe.

Estaba contenta de ver el salario que había ganado.

Pero entonces recordó que también tenía que pagar sus deudas.

—Su Alteza, necesito darle el primer plazo de la deuda que tengo con usted.

—Abrió la bolsa cuando Nianzu la detuvo.

—Señorita, no es necesario que lo devuelva.

¿Qué voy a hacer yo con este dinero?

A mí me lo proporcionan todo.

Olvidémonos de este asunto de la deuda —declaró Nianzu.

Al Eunuco Chung no le sorprendió ver esta faceta de su señor.

A Nianzu solía encantarle ayudar a la gente vulnerable como ella.

—Pero, Su Alteza, no puedo aceptar su dinero.

Vine al Palacio por esta única razón: devolverle mi deuda —recalcó Chuntao en sus palabras.

—Señorita, entonces use este dinero en otra cosa.

Me alegrará si lo usa para una buena causa.

La traje al Palacio por su capacidad de observación, la cual necesito.

Quiero ver el Imperio a través de los ojos de una plebeya.

En aquel momento no estaba de acuerdo, así que no tuve otra opción —afirmó Nianzu.

Chuntao asintió, dándole la razón al Cuarto Príncipe, y le dio las gracias de nuevo.

—Ya puede irse —dijo Nianzu.

Chuntao hizo una reverencia y salió de la estancia.

—Su Alteza, ¿puedo decir algo?

—preguntó el Eunuco Chung.

—Mmm.

—Su Alteza es demasiado bueno con la Señorita Chuntao.

No es propio de usted.

Su Alteza no solo le enseñó a la Señorita Chuntao a leer y escribir, sino que también le enseñó música.

Perdóneme si sueno grosero, Su Alteza —dijo el Eunuco Chung con humildad.

Nianzu sonrió.

—Una mujer diligente como ella debe ser instruida.

El conocimiento aumenta al compartirlo —respondió Nianzu.

—Perdóneme, Su Alteza, pero la gente de su alrededor podría verlo de otra manera —afirmó el Eunuco Chung.

Nianzu entendió lo que Chung intentaba decir.

—La Señorita Chuntao se marchará pronto del Palacio.

Como no pudimos ayudar a su familia, decidí cuidar de ella por un corto periodo de tiempo —le explicó Nianzu al Eunuco Chung, quien asintió con la cabeza.

—Entiendo, Su Alteza.

—Se dirigió a una estantería y trajo los tres pergaminos que necesitaban el sello del Consejero.

—El Primer Príncipe envió estos pergaminos ayer —informó el Eunuco Chung al Cuarto Príncipe mientras los ponía sobre el escritorio.

Este asintió y abrió uno de ellos.

Después de leerlos detenidamente, Nianzu abrió el segundo cajón y sacó el sello.

Selló los pergaminos y aprobó la decisión de cambiar la estructura salarial de los funcionarios durante tres meses.

—Se los daré al Primer Príncipe —dijo Nianzu.

Cuando la tinta del sello se secó, dobló los pergaminos y se marchó a la Oficina del Gobernador.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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