Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 296
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296: Dámelo mascadito 296: Dámelo mascadito —A-agua…
—pidió Ying Lili con voz débil.
Sus ojos se movieron.
Sheng Li, que la observaba de cerca, vertió rápidamente agua en una taza de porcelana.
Le levantó la cabeza y la ayudó a beber.
Los ojos de Sheng Li se llenaron de lágrimas al oír la voz de Ying Lili.
Le limpió los labios y esperó a que abriera los ojos.
Ying Lili los abrió poco a poco y la primera persona que vio fue a Sheng Li.
Le dedicó una leve sonrisa y levantó la palma de la mano.
Colocándosela en la mejilla, dijo: —Estoy b-bien.
—Se la acarició durante un rato.
Hu Jingguo se levantó sigilosamente de la silla y salió de la alcoba, junto con la Dama de la Corte Xu.
Las puertas se cerraron tras ellos.
Sheng Li le besó la frente y luego las mejillas.
Echándose hacia atrás, dijo: —Me has dado un susto de muerte.
—Ying Lili le dedicó una leve sonrisa.
Al ver a Sheng Li en ese estado, a ella también se le humedecieron los ojos.
—¿Por qué te interpusiste?
¿Eh?
—se quejó Sheng Li mientras le acariciaba el pelo.
Ying Lili quiso rodearlo con un cálido abrazo, pero le dolía la espalda.
—Ayúdame a sentarme —pidió Ying Lili en voz baja.
Sheng Li asintió.
Con delicadeza, la ayudó a sentarse en la cama.
Ying Lili levantó el brazo izquierdo y lo pasó por el cuello de Sheng Li, apoyando la cabeza en su hombro derecho.
—Lo hice sin pensar.
No fue mi culpa.
Tenía que evitar que te hirieran —declaró Ying Lili.
Sheng Li hizo que lo mirara.
Le acunó el rostro entre las palmas y frunció el ceño.
—No vuelvas a hacer eso nunca.
Me aterré cuando cerraste los ojos.
Pensé que…
—Ying Lili le puso el índice en los labios y alzó la mirada.
—¿Cómo pudiste pensar que te iba a dejar?
Nos quedan muchas cosas por hacer en esta vida.
Nunca te dejaré.
Nuestro amor es eterno y no puedes impedírmelo.
Si hubieras estado en mi lugar, habrías hecho lo mismo.
—Ying Lili bajó el dedo.
Sheng Li acortó la distancia entre ellos, atrapando sus labios.
El beso fue tierno y se prolongó un rato.
Juntaron las frentes mientras entrelazaban los dedos.
—¿Tienes hambre?
No has comido, ¿verdad?
—preguntó Ying Lili de repente.
—Mmm.
¿Cómo podría comer en una situación así?
—replicó Sheng Li.
—Me duelen la espalda y el brazo.
Dame de comer en la boca —le pidió Ying Lili, como si fuera una niña pequeña.
Sheng Li asintió.
—¿Te duele mucho?
No mientas —le advirtió.
—Mmm… un poco —respondió Ying Lili.
—La próxima vez que hagas algo así no volveré a dirigirte la palabra —afirmó Sheng Li, lo que hizo que Ying Lili soltara una risita.
—Lo digo en serio —declaró Sheng Li.
Ying Lili contuvo la risa frunciendo los labios.
Le pellizcó la nariz con la mano izquierda y dijo: —No soporto verte herido.
No importa si no me hablas.
Al menos, la persona a la que amo más que a mi vida estará a salvo.
Sheng Li frunció el ceño.
—¿Y qué pasa conmigo?
¿Sabes lo duro que fue para mí?
Con cada segundo que pasaba, me ponía más nervioso —se quejó él.
—Entonces protégeme.
¿Por qué te enfurruñas de nuevo?
Deberías mejorar tu sistema de seguridad para que una situación así no vuelva a ocurrir —bufó Ying Lili—.
¡Tu esposa acaba de despertar y te estás comportando así!
—Apartó la mirada de él.
Sheng Li le tomó las manos.
—Perdóname.
Hu Jingguo está aquí.
Él te atendió —declaró Sheng Li.
Ying Lili lo miró y emitió un murmullo de asentimiento.
—Llama a la Dama de la Corte.
Necesito lavarme.
Me pica todo —dijo Ying Lili.
—Yo te ayudaré.
No puedo confiar esta tarea a las sirvientas —sentenció Sheng Li.
—No.
No está bien que entres en los baños de una mujer —declaró Ying Lili.
Sheng Li soltó una risita alegre.
—Tu esposo sí puede entrar en esos baños.
—Ying Lili iba a hablar cuando Sheng Li le puso un dedo en los labios—.
Shhh… no digas nada, porque no te voy a escuchar.
¿Y si las sirvientas te lastiman al ayudarte a lavar?
No puedo correr ningún riesgo.
Me dijiste hace un momento que debo protegerte siempre, así que deja que este esposo cumpla bien con sus deberes —añadió Sheng Li.
Ying Lili estuvo de acuerdo con él y volvió a apoyar la cabeza en el hombro de Sheng Li.
Se sentía un poco débil a causa de la medicina.
—Vamos, entonces —dijo dócilmente.
Sheng Li miró hacia la segunda puerta y llamó a la Dama de la Corte Xu.
La Dama de la Corte Xu acudió rápidamente.
—Prepara los baños para la Princesa Heredera —le ordenó Sheng Li.
La dama hizo una reverencia y retrocedió.
Luego se dio la vuelta y salió de la alcoba.
Sheng Li tomó la bata de satén que estaba en la otra mesa, junto a la cama, y ayudó a Ying Lili a ponérsela.
Cuatro sirvientas entraron para ayudar a la Princesa Heredera, pero Sheng Li no les permitió que la tocaran.
—Quédense atrás.
Limpien la alcoba hasta que la Princesa Heredera y yo regresemos —les ordenó Sheng Li.
Sheng Li se bajaba de la cama cuando una de las sirvientas dijo: —Su Alteza, los Príncipes esperan fuera para ver a la Princesa Heredera.
La Emperatriz y las Consortes llegarán dentro de un rato a la Posada Zhenzhu.
Al oír el nombre de la Emperatriz, Sheng Li se enfureció.
—No dejen que la Emperatriz entre aquí.
Díganles a los Príncipes y a sus madres que vuelvan más tarde.
La Princesa Heredera todavía está débil y no está en condiciones de hablar con nadie —le ordenó.
Ying Lili lo escuchaba en silencio, contemplando por qué Sheng Li actuaba de esa manera.
«¿Es por mi culpa?
Tiene los ojos hinchados y rojos.
Sé que no ha dormido en toda la noche.
Debe de ser muy duro para él verme en este estado», pensó Ying Lili al observar su comportamiento.
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