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Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 333

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Capítulo 333: Saberlo todo

—Come esto —dijo Ying Lili, mirando el dulce entre los labios de Sheng Li. Sheng Li masticó el dulce que tenía en la boca y tragó. —Ya comí —dijo, lamiéndose los labios.

—¿Quieres otro? —preguntó Ying Lili, mirando la mesa redonda.

—Esos dulces no son más dulces que tus labios —comentó Sheng Li. Ying Lili abrió los ojos de par en par. Sheng Li la atrajo hacia él y ahora ella estaba en su regazo.

—¿C-cómo puedes decir eso? —se quejó Ying Lili y luego frunció los labios.

—¿Por qué no puedo decirlo? —le cuestionó Sheng Li.

—Porque no es apropiado —remarcó Ying Lili, acentuando cada una de sus palabras. Sheng Li rio por lo bajo—. Aquí no hay nadie. Así que todo es apropiado entre nosotros. —Apoyó su frente contra la de ella. Sus labios estaban tan cerca que Ying Lili podía sentir su aliento. Ella cerró los ojos, atesorando el momento. Él se inclinó hacia ella, uniendo sus labios. Se quedaron así por un minuto hasta que Sheng Li intensificó el beso al tirar de su labio inferior y succionarlo con fuerza, arrancándole un gemido.

Introdujo su lengua en la boca de ella, sintiendo el sabor del dulce que habían comido momentos antes. Tras provocarla hábilmente con su lengua, se apartó. Los pechos de ambos subían y bajaban rápidamente a causa de este beso apasionado.

Sheng Li colocó la mano en su esbelto cuello y lo inclinó un poco. Exponiéndole el cuello, dejó besos ligeros sobre este y escuchó sus risitas. Inmediatamente, le mordió la piel, arrancándole un gemido. La marca roja apareció en su piel, donde el cuello se unía con el hombro.

Levantó la mirada y se encontró con la de ella. —Hay algo que quiero mostrarte —dijo, acariciándole el pelo. Ying Lili enarcó una ceja al verlo sacar un pañuelo de seda rojo. Su mano dejó la cintura de ella y sostuvo el pañuelo. —Cierra los ojos, Lili —ordenó Sheng Li. Ying Lili, sin cuestionarlo, cerró los ojos. Sheng Li le ató el pañuelo alrededor de los ojos. —¿No está apretado, verdad? —preguntó Sheng Li.

—Sí, no está apretado —respondió Ying Lili.

Sheng Li la besó en la coronilla antes de alzarla en brazos. Las manos de ella se aferraron a él con rapidez. Salió de la habitación con ella.

—¿Qué es lo que quieres que vea? —preguntó Ying Lili con curiosidad.

—Lo sabrás en unos minutos —le respondió Sheng Li. Ya estaban fuera de los aposentos privados. Ying Lili esperó pacientemente su sorpresa. Sheng Li caminaba por el corredor y pronto llegaron al Pabellón del Loto, que estaba rodeado por un pequeño lago lleno de lotos. Cortinas rojas y blancas colgaban alrededor del Pabellón del Loto.

Sheng Li subió los escalones y entró en el redondo Pabellón del Loto. Dejó a Ying Lili en el suelo, quien se llevó las manos a la nuca para quitarse el pañuelo de los ojos. —¡ESPERA! —exclamó Sheng Li, agarrándole las manos y bajándoselas. Ying Lili levantó el rostro. —Lo quitaré yo —afirmó Sheng Li. En ese momento, Ying Lili le pareció una Estrella de Jade. No pudo evitar plantar un beso en sus labios.

Sheng Li puso las manos en los hombros de Ying Lili y la giró. Sheng Li deshizo el nudo del pañuelo y lo retiró. —Abre los ojos, Lili —le susurró Sheng Li al oído.

Ying Lili abrió los ojos gradualmente y encontró su retrato frente a ella. Estaba en un columpio con una flauta traversa en la mano y, detrás de ella, se podía ver un ciruelo en flor. Las flores de un tono rosa pálido caían sobre ella y su cabello se mecía en el aire.

La pintura era impecable, lo que la hacía parecer viva.

—Es magnífico —proclamó Ying Lili—. Se siente como si estuviera allí.

—Ojalá pudiera hacer una pintura así. ¡Ay! No soy bueno pintando. Aunque recordé aquel día en que visitaste por primera vez el lugar de mi madre. Así que intenté transmitirle a él esas emociones que había visto en tu rostro —le explicó Sheng Li. En su cumpleaños, cuando llevó a Ying Lili al lugar secreto de su madre, descifró cada rasgo, cada emoción de Ying Lili. Era la primera vez que veía a una mujer feliz por él. Ese fue el momento más preciado para Sheng Li.

—Es perfecto. Aunque la pintura no la hayas dibujado tú, las emociones que le narraste al Pintor Real son reales —declaró Ying Lili e inclinó la cabeza para mirarlo.

Sheng Li la abrazó por la espalda, atrayéndola más hacia él. Le besó la mejilla y volvió a mirar la pintura. —Ese recuerdo es precioso para mí. Mi corazón se agitó ese día por primera vez —le confesó Sheng Li a Ying Lili. Ella se giró hacia él y tomó el pañuelo, que todavía estaba en su mano.

—Juguemos a la gallinita ciega —dijo Ying Lili.

—¿Qué es eso? —preguntó Sheng Li.

Ying Lili lo miró asombrada. —No me digas que nunca has jugado a este juego —dijo Ying Lili con severidad.

—Sí, nunca he jugado a este juego —respondió Sheng Li.

Ying Lili resopló. —¿Y tú qué hacías para divertirte de niño? Es un juego muy famoso entre los niños. Recuerdo cómo Hu Jingguo y yo solíamos jugarlo —afirmó Ying Lili.

—Tú y Hu Jingguo han jugado a todo. Ustedes dos lo saben todo. Tu amigo sí que sabe cómo irritarme, incluso cuando no está cerca. Juega conmigo a todos los juegos que conozcas y que no hayas jugado con nadie. —Sheng Li estaba molesto solo de oír que Hu Jingguo había jugado con Ying Lili.

—¡Oh, mi esposo! —Ying Lili le pellizcó las mejillas—. ¿Sabes que cuando actúas así me encanta molestarte más? —afirmó Ying Lili.

—Déjame vendarte los ojos. Tienes que atraparme con los ojos cerrados. Esto se llama «la gallinita ciega» —declaró Ying Lili.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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