Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 338
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Capítulo 338: Acabar temiendo
Ying Lili miró alrededor de la cámara, que no tenía más muebles que la mesa sobre la que estaba sentada. «¿Por qué estaba aquí? No me habrían atrapado si esta mesa no estuviera». Golpeó la mesa suavemente.
—No es culpa de la mesa que te hayan atrapado —declaró Sheng Li. Ying Lili abrió los ojos de par en par al ver que Sheng Li había oído sus pensamientos. Él se paró justo frente a ella. Pellizcándole la nariz, dijo—: Prepárate para tu castigo.
—No puedes castigarme. Son cosas que pasan cuando jugamos. Es natural hacerse daño y… —fue interrumpida cuando Sheng Li selló sus labios con un beso profundo, dejándola sin aliento. Sheng Li le quitó las prendas exteriores de los hombros y estas cayeron detrás de ella sobre la mesa. Sheng Li colocó las manos a ambos lados de sus muslos. Sus rostros estaban a centímetros el uno del otro y podían oír sus respiraciones.
Sheng Li le rodeó el cuello con la palma de la mano. Tirando de ella con suavidad, volvió a besarla. Accedió a su boca con facilidad y sus lenguas se encontraron. Ella le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo más hacia sí. Se besaron como si no hubiera un mañana. «¿Esto era un castigo?», se preguntó por un segundo. Se apartaron del apasionado beso. Ambos jadeaban cuando Ying Lili sintió la mano de Sheng Li alrededor de su cintura, afianzándola en su sitio.
—De ahora en adelante, no puedes permitirte hacerte daño cuando juegues. Y eres una mujer adulta. Actuar como una niña no te sienta bien —le dijo Sheng Li cuando su respiración se estabilizó.
—¿Cuándo he actuado yo como una niña?
—Antes, ¡cuando te dije que pararas! —La cargó en brazos y la llevó a sus aposentos personales. Dejándola con cuidado sobre la cama, sacó el frasco de ungüento de su bolsillo—. Quítate esto —dijo Sheng Li, mirando su prenda superior—. Necesito aplicar este ungüento —añadió. Ying Lili desató el nudo de su vestido y dejó que se deslizara por sus brazos.
Ella le dio la espalda a Sheng Li. Él aplicó el ungüento con cuidado. Por su culpa, en un cuerpo tan perfecto, había aparecido una cicatriz. Ciertamente, Ying Lili era valiente, pero esa valentía suya a veces preocupaba a Sheng Li. Mientras aplicaba el ungüento, la oyó decir: —Mañana es la coronación de la Emperatriz. Vi al Hermano Nianzu por la mañana. Ha sido la primera vez que he visto al Hermano Nianzu satisfecho.
—Mmm. Nunca fue considerada igual a los demás. El Ministro de Asuntos de Estado, Gu Zhenya, sospechaba —declaró Sheng Li. Cerró el frasco y lo guardó en su bolsillo.
—¿Por qué? —Ying Lili agarró su vestido y se lo subió para cubrirse los hombros.
Sheng Li se limpió los dedos con un pañuelo. —Estaba pidiendo que nombraran al Cuarto Hermano. —Ying Lili dejó de hacer el nudo del vestido. Se giró hacia Sheng Li—. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—El asunto no me pareció importante —respondió Sheng Li de inmediato—. Aunque tenía razón. El hijo de la Emperatriz se convierte en el siguiente en la línea de sucesión —afirmó.
Ying Lili estuvo de acuerdo con él. —¿Pero esto ha sido repentino? ¿Acaso el Ministro Gu apoyó anteriormente el nombramiento del Hermano Nianzu como Príncipe Heredero? —preguntó Ying Lili con curiosidad. Se preguntó si tendría algo que ver con la madre del Príncipe Nianzu.
—Mmm… él nunca. Antes que a mí, mi padre le ofreció al Cuarto Hermano convertirse en el Príncipe Heredero, pero se negó y por eso acepté yo el cargo. El Hermano Nianzu volvió a negarse a ser el Príncipe Heredero. Pero al Ministro Gu no le gustó —explicó Sheng Li. Sus manos estaban en el nudo del vestido de Ying Lili mientras lo ataba.
—Sheng Li, ¿ordenaste cerrar todas las rutas secretas del templo? —le preguntó Ying Lili.
—Sí. El trabajo está en marcha. Solo se ha contratado a trabajadores de confianza para hacerlo. —Le había atado el nudo del vestido. Su mano subió hasta su cabeza y le ayudó a quitarse los accesorios del pelo.
—Mostrémosle el boceto a padre. Deberíamos retrasar esto —sugirió Ying Lili. Tenía una expresión amenazante en el rostro—. ¿Y si padre conoce a esa persona? —En algún lugar, Ying Lili tenía la intuición de que Han Wenji podría reconocer a la persona al ver su boceto. De esa forma, les sería más fácil llegar al autor intelectual.
—Lili —la llamó Sheng Li por su nombre y la miró fijamente a los ojos—. Trabajaré en este asunto por mi cuenta. No necesitas preocuparte por esto. —Le acarició la oreja, manteniendo la voz tan suave como pudo.
—¿Por qué ibas a encargarte de esto tú solo? Prometimos que… —Sheng Li la hizo callar poniéndole el dedo índice sobre los labios.
—Nunca te prometí que dejaría que arriesgaras tu vida conmigo. Lili, después de que recibieras esa puñalada por mí, tengo miedo. —Sheng Li no quería mostrarle a Ying Lili su miedo. El otro día Hu Jingguo le dijo que fuera valiente, ¡pero cómo podía serlo! Ver a su mujer inconsciente, luchando por su vida, fue la experiencia más dolorosa que había tenido hasta entonces. Cuando su madre lo abandonó, era solo un niño de apenas cuatro años, inconsciente de todos esos sentimientos. Pero a medida que pasaba el tiempo y crecía, enterró esos aterradores sentimientos en su corazón y lo mantuvo cerrado para todos los que lo rodeaban. Ni siquiera estaba preparado para abrírselo a Ying Lili por completo, pero lo hizo porque pensó que la mantendría a salvo hasta el día en que la apuñalaron.
Ying Lili se dio cuenta de que algo le pasaba a Sheng Li. ¡Cómo podía olvidar que el mayor miedo de su marido era la propia Ying Lili!
—Sheng Li. —Colocó la mano en su mejilla izquierda—. No dejes que me convierta en tu miedo. Si estuvieras en mi lugar, habrías hecho lo mismo. Eres un guerrero, Sheng Li. Has liderado y ganado muchas guerras. Heridas como esta son normales, y un guerrero sabe cómo afrontar todo esto —lo animó Ying Lili, mientras al mismo tiempo intentaba eliminar el miedo que él sentía por ella.
—Lili, cuando amas a alguien de verdad, acabas sintiendo miedo —afirmó Sheng Li.
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