Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 350
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Capítulo 350: ¡Desde luego que te ataré
Ying Lili lo incorporó de un empujón y se sentó en el suelo. —¿Ya terminaste de tomarme el pelo? Te has golpeado muy fuerte. Entremos, voy a revisarte —dijo Ying Lili, agarrándole la mano dispuesta a levantarse, pero Sheng Li tiró de ella hacia abajo.
—No te estoy tomando el pelo —dijo Sheng Li, mirando hacia la alberca—. Podemos jugar los dos en el agua y luego puedes examinarme la espalda. —Alargó la mano hacia el moño de ella y sacó la Camelia Roja Middlemist.
Sheng Li miró a su alrededor y vio que Ying Lili había plantado allí la Camelia Roja. —¡Me tomaste el pelo! La flor crece en el Jardín Imperial —afirmó Sheng Li.
—¿Cómo descubriste el significado? ¿Le preguntaste al jardinero? —Ying Lili se cruzó de brazos. Sheng Li se rio al oír sus preguntas.
—Hice memoria y recordé lo que mi maestro me dijo una vez. Amor, Pasión, Excelencia y Lealtad —repitió Sheng Li el significado mientras recorría el rostro de Ying Lili con la flor.
Ying Lili le apartó la mano de un manotazo y preguntó: —¿Quién te ha contado eso?
Sheng Li vio que Ying Lili estaba molesta porque le había arruinado la sorpresa. —Perdóname. Te he arruinado la sorpresa. Pero, ¿cuándo preparaste todo esto? —Sheng Li miró a su alrededor. La sonrisa no se le borraba de los labios. El cielo se había teñido de rojo y la noche caía—. Es sorprendente que no me enterara de esto. Parece que mis sirvientes te son más leales a ti que a mí. Nadie me informó —afirmó Sheng Li mientras volvía a colocarle la Camelia en el moño.
—Pero, ¿de qué sirve? La sorpresa está arruinada. Había pensado en muchas cosas, pero ahora no puedo hacerlas —proclamó Ying Lili y apartó la mirada.
—Lili, no deberías haber mencionado a Wang Hao. Ha vuelto, y me lo encontré. —Ying Lili giró la cabeza y lo miró—. Él me dijo que la Camelia florece en el Jardín Imperial. Fui a las montañas, pero Wang Hao lo arruinó. Réñele a él en vez de a mí. Enfádate con él —sentenció Sheng Li.
—¡Han vuelto! —exclamó Ying Lili, asombrada—. ¿Cómo está Hu Jingguo? —le preguntó.
La sonrisa desapareció de los labios de Sheng Li. —Está bien —respondió con monotonía. Ying Lili sonrió al saberlo.
—Voy a ir a verlo —murmuró Ying Lili y se puso de pie, pero Sheng Li la agarró de la mano—. ¡Suéltame! —Ying Lili lo fulminó con la mirada mientras él tiraba de ella hacia abajo. La rodeó con fuerza con sus brazos, haciéndola sentarse en su regazo.
—Te ataré a ese pilar si sigues comportándote así —la amenazó Sheng Li.
—¡Tú nunca harías eso! ¡Suéltame! ¡Tengo que irme! —gritó Ying Lili. Pataleó en el aire, pero Sheng Li usó la otra mano para bajárselas y al instante siguiente la estaba inmovilizando en el suelo.
—¡Pues claro que te ataré, Gata Salvaje! Planeaste una sorpresa para mí y ahora me dejas a medias. Eso está muy mal. Ve a verlo mañana, porque esta tarde es nuestra —afirmó Sheng Li, sonriéndole con picardía.
—Pero, ¿no se ha arruinado ya la sorpresa? Disfruta de la tarde tú solo. No me quedaré aquí esta noche —aseguró Ying Lili, desviando la mirada. Sus piernas seguían moviéndose bajo él. Sheng Li se las sujetó con las suyas y le puso los dedos bajo la barbilla.
Obligándola a mirarlo, dijo: —¿Quién ha dicho que está arruinada? Ni siquiera lo he revisado del todo. Mi atención se ha centrado en ti todo este rato. Siempre me pasa. Cuando estás cerca, hasta la cosa más hermosa me parece insípida a tu lado. —Los labios de Ying Lili se curvaron hacia arriba, pero reprimió la sonrisa.
—¿Estás tratando de decir que no soy la mujer más hermosa, sino que te parezco hermosa porque me amas? —Ying Lili enarcó una ceja. Sheng Li se rio por lo bajo y chasqueó la lengua.
—No quería decir eso —afirmó Sheng Li—. Quiero decir que decoraste este lugar de una forma preciosa, pero no consiguió llamar mi atención porque tú te la llevaste toda —aclaró el significado de sus palabras—. Abandona este enfado. Querías darme más sorpresas, ¿verdad? Mantendré los ojos cerrados y podrás prepararlas. Me gustaría ver qué se siente al recibir una sorpresa por segunda vez —expresó Sheng Li su deseo.
El enfado de Ying Lili ya se había disipado. Agarró el cuello de la túnica de Sheng Li y tiró de él hacia abajo. Sus labios se encontraron, sorprendiendo a Sheng Li por un segundo. Ying Lili se apartó y lo miró a los ojos. Ambos sonrieron mientras sus labios se encontraban de nuevo y se besaban con ternura.
Ying Lili colocó su dedo índice entre los labios de ambos, deteniendo así su beso. —Todavía me quedan algunas cosas por hacer —afirmó Ying Lili. Sheng Li asintió y la ayudó a incorporarse—. Cierra los ojos y no los abras si no quieres que me enfade. —Ying Lili le acarició los ojos con la suave palma de su mano. Sheng Li los cerró a la orden de Ying Lili.
Ying Lili se levantó y entró. Sheng Li entreabrió ligeramente los ojos, pero no la vio. —¿Adónde ha ido? —murmuró cuando oyó sus pasos. Volvió a cerrar los ojos. Ying Lili llevaba en la mano una bandeja con una jarra de vino y dos tazas de porcelana.
La colocó sobre la mesa circular tallada, rodeada por dos asientos también circulares. Un cobertizo en forma de sombrilla la protegía de la lluvia. Dejó la bandeja allí y le pidió a Sheng Li que abriera los ojos.
Él los abrió de inmediato y miró a Ying Lili, que estaba preparando el té. Se acercó a ella y la observó con gran interés.
—Toma asiento. Hoy beberemos vino —dijo Ying Lili. Sheng Li, con expresión desconcertada, la miró boquiabierto.
—¿Qué ocurre? ¡Me pides que beba vino contigo! Es tan… extraño —dijo Sheng Li, haciendo una pausa.
—¿Por qué es extraño? Las parejas beben vino juntas y pasan el tiempo jugando. También jugaremos a un juego de mesa. Será divertido jugar bajo el cielo oscuro y a la luz de los farolillos. ¡Oh, casi olvido que primero tengo que encenderlos! —dijo Ying Lili.
—Yo lo haré. Tú siéntate, Lili. Este lugar se ve increíble. —Sheng Li se acercó a ella y le dio un beso en la frente—. Deja que tu marido haga el resto del trabajo —dijo él.
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