Casada con el Cruel Príncipe Heredero - Capítulo 36
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- Capítulo 36 - 36 ¡El león más grande está delante de ti
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36: ¡El león más grande está delante de ti 36: ¡El león más grande está delante de ti —Tenemos que irnos al Palacio antes de que alguien sospeche de nosotros —opinó Sheng Li con una expresión severa.
—¿Cómo va a sospechar alguien del Príncipe?
Puedes inventarte muchas excusas.
Por favor, vamos al mercado.
Nunca he estado en el mercado de la capital.
También quiero ver qué tipo de comida come la gente de aquí, y esta es la mejor oportunidad que tenemos —intentó convencer Ying Lili a Sheng Li.
Lei Wanxi y el General Xiao se miraron.
—¿Ve, General Xiao, cuánto ha cambiado el Príncipe?
Una mujer tiene el poder de cambiar a un hombre y es algo que salta a la vista.
El Príncipe accede a las decisiones de la Princesa con facilidad, lo que es muy notorio —proclamó Lei Wanxi mientras los miraba a ambos.
—El Príncipe Lei tiene razón.
El Príncipe se comporta de otra manera cuando está con la Princesa.
Nunca lo había visto así —afirmó el General Xiao y miró al Príncipe y a la Princesa.
—Lili, tú no eres una persona corriente, y yo tampoco.
Si alguien me reconoce, las cosas podrían torcerse.
¿No puedes usar un poco ese cerebrito tuyo?
—dijo Sheng Li mientras le daba un papirotazo en la frente a Ying Lili, quien soltó un gritito y se la frotó.
—Sheng Li, podemos cubrirnos el rostro.
Así nadie se dará cuenta —proclamó Ying Lili.
—Entonces, ¿cómo se supone que vamos a comer?
—cuestionó Sheng Li.
—Ya encontraremos la forma.
¡Vamos al mercado!
—insistió Ying Lili mientras agarraba a Sheng Li del brazo.
Él le miró la mano, así que ella la retiró de inmediato.
—El Festival de los Faroles será pronto.
Podemos ir ese día —propuso Sheng Li.
—Ese día será más peligroso.
Además, no creo que me permitan salir del Palacio.
Estaré ocupada —replicó Ying Lili con un suspiro.
Sheng Li contempló a Ying Lili, que en ese momento le pareció una niña.
«¿Por qué la estoy escuchando?
Debería llevarla de vuelta al Palacio, pero hay algo extraño.
Algo me impide hacerlo», pensó para sus adentros.
—Cúbrete la cara con esto —dijo Sheng Li, y sacó un pañuelo de seda blanco del interior de su túnica.
A Ying Lili le brillaron los ojos al ver que el Príncipe estaba dispuesto a llevarla al mercado.
—¿Pero y tú?
¿Cómo te vas a tapar la cara?
—le preguntó ella con curiosidad.
Sheng Li se giró para mirar al General Xiao.
—Xiao, vamos a ir al mercado.
¿Cómo puedo cubrirme el rostro para que la gente no me reconozca?
—le preguntó al General.
—Su Alteza, un sombrero cónico le cubrirá el rostro hasta cierto punto, pero si alguien le mira con atención, podrían reconocerle —sugirió el General Xiao.
—¿Por qué no pruebas con un bigote, Hermano Sheng?
Espera, tengo uno falso en la cabaña.
Ahora lo traigo.
Lo guardaba justo para un momento como este —afirmó Lei Wanxi con una sonrisa y entró en la cabaña.
Ying Lili, encantada, se cubrió rápidamente el rostro con el pañuelo de seda blanco.
—No me causes ningún problema allí y procura cooperar conmigo —le dijo Sheng Li a Ying Lili, que asintió en señal de acuerdo.
Lei Wanxi se acercó al Príncipe, le colocó el bigote falso sobre el labio superior y lo apretó con fuerza contra su piel.
—Más cuidado —le dijo Sheng Li a Lei Wanxi, que sonrió y apretó aún más fuerte.
El General Xiao se acercó con dos sombreros cónicos en la mano y se los entregó a Lei Wanxi.
—Hermano, ponte este sombrero y cuida bien de mi querida hermana —dijo Lei Wanxi.
Sheng Li tomó el sombrero cónico y se lo puso.
Tras atar el nudo justo debajo de su barbilla, miró a Ying Lili.
—El mercado está bastante lejos de aquí —expresó Sheng Li con preocupación.
—Hermano Sheng, no te preocupes.
En el Palacio solo piensan que estáis pasando tiempo juntos.
Así que podéis disfrutar de vuestro tiempo fuera del Palacio todo lo que queráis.
Esto solo os beneficiará a vosotros —dijo Lei Wanxi en tono de broma.
—Hermana Lili, toma, ponte este sombrero y quítate el pañuelo del rostro —le sugirió Lei Wanxi a Ying Lili.
El sombrero cónico tenía un velo alrededor que le ocultaría la cara.
El velo era de color blanco y translúcido.
Sheng Li le quitó el sombrero de las manos a Ying Lili y le retiró del rostro el antifaz que se había hecho con el pañuelo.
Luego, le puso el sombrero cónico sobre la cabeza y le bajó el velo, cubriéndole la cara.
—Volveremos dentro de dos horas —les dijo Sheng Li.
—Su Alteza, lleve esto consigo.
Ya que va a estar fuera, lo necesitará —dijo el General Xiao con preocupación, mientras le entregaba una daga al Príncipe.
Sheng Li la tomó y la ocultó en la faja de su cintura.
—Vamos —le dijo Sheng Li a Ying Lili, y ambos se alejaron de allí.
Mientras andaban, a Ying Lili le resultó difícil caminar por el sendero pedregoso y se estaba tambaleando cuando Sheng Li la agarró por la muñeca.
Ying Lili miró al Príncipe, pero esta vez no se opuso y lo siguió.
—¿Cuánto tardaremos en llegar?
—le preguntó Ying Lili a Sheng Li.
—Como mínimo, veinte minutos, y eso dependiendo de tu velocidad —respondió Sheng Li mientras bajaban por unos escalones naturales.
—Ya puedes soltarme la mano.
El sendero parece bueno ahora —anunció Ying Lili.
Sheng Li le soltó la muñeca de inmediato.
—¿Por qué caminas a mi espalda?
¿Acaso quieres servirle de comida a algún animal?
—le preguntó Sheng Li a Ying Lili, que de inmediato se puso a su lado.
—¿También hay animales salvajes?
—preguntó Ying Lili con expresión tensa, mirando a su alrededor.
—Mmm… El General Xiao me contó que la última vez un león mató a dos aldeanos por aquí —afirmó Sheng Li.
Ying Lili miró a Sheng Li y tragó saliva.
—Pareces asustada —le dijo Sheng Li a Ying Lili, escrutándole la mirada a través del velo.
—No intentes asustarme —dijo Ying Lili con expresión severa, justo cuando oyeron el rugido de un león.
Ying Lili se detuvo en seco y le dijo a Sheng Li que deberían regresar.
—¿Por qué?
Si ya casi hemos llegado —afirmó Sheng Li.
—¿No estás asustado?
E-el león… —a Ying Lili se le quebró la voz en la garganta por el miedo.
—¡El león más grande está justo delante de ti, Lili!
—dijo Sheng Li con una sonrisa ladina.
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