Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Casada con el Doctor Multimillonario por Error - Capítulo 127

  1. Inicio
  2. Casada con el Doctor Multimillonario por Error
  3. Capítulo 127 - 127 Capítulo 127 Tu castigo ir de compras conmigo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

127: Capítulo 127: Tu castigo: ir de compras conmigo 127: Capítulo 127: Tu castigo: ir de compras conmigo —No lo hice —dijo ella, mordiéndose el labio con algo de timidez.

Él sonrió con picardía.

—¿Que no pensaste en algo que no debías mientras me mirabas?

Ella parpadeó, inocente y avergonzada.

¿Qué pensamientos «prohibidos»?

En serio no tenía ni idea de a qué se refería.

Noah rio por lo bajo y se inclinó, bajando la voz.

—Creí que estarías concentrada en terminar la tarea.

Después de todo, el plazo de un mes está a punto de terminar.

La forma en que lo dijo hizo que la cara de Samantha se sonrojara aún más.

Se mordió el labio.

—Sr.

Avery, todavía estamos en el trabajo.

—¿Ah, sí?

¿Así es como una secretaria mira a su jefe?

—Noah no soltó el tema.

Con la cara completamente sonrosada, se rindió.

—Vale, la próxima vez no miraré.

Él enarcó una ceja.

—¿Mmm?

Ella suspiró, parpadeando.

—Bueno, ya lo he hecho.

Demasiado tarde, ¿no?

—Entonces tendré que castigarte —dijo él con una sonrisa socarrona.

Ella lo miró fijamente, con los ojos como platos.

—¿Reducirme el sueldo?

¿Hacerme quedar hasta tarde?

Noah negó con la cabeza, riendo.

—Vendrás de compras conmigo.

Se quedó helada, sorprendida por la oferta.

¿Así que había escuchado su llamada telefónica a escondidas?

Su cara volvió a acalorarse y bajó la mirada.

—Faltan cinco minutos para que termine mi turno.

—De acuerdo.

Terminaré de firmar esto.

Déjalos en el despacho del Sr.

Davis y luego baja.

Te esperaré donde nos encontramos siempre.

Le alborotó el pelo como si fuera lo más natural del mundo, agarró las llaves y se marchó después de firmar los documentos.

Ese «lugar de siempre» que mencionó era el garaje; esperaría en el coche.

Su modesto Volkswagen.

Cuando Samantha entró, Noah ya tenía el motor en marcha.

Se inclinó y, con calma, la ayudó a ponerse el cinturón de seguridad.

Su pelo corto le rozó la mejilla, haciendo que se estremeciera un poco; le hacía cosquillas.

Su aroma natural la tranquilizaba.

—Gracias —dijo ella con una suave sonrisa.

Para ella, darle las gracias a su marido no significaba ser distantes, sino apreciarlo.

Incluso las relaciones más cercanas necesitaban cortesía.

Antes, Noah fruncía el ceño cuando ella le daba las gracias.

Ahora, simplemente sonreía con complicidad.

Era parte de quién era ella —atenta y educada—, al igual que él tenía su propia forma de hacer las cosas.

—Vamos al centro comercial.

Samantha, siendo solo una secretaria adjunta, no tenía el sueldo para entrar como si nada en tiendas de lujo.

Ya había cometido ese error de novata una vez: aparecer en un evento de la empresa con ropa de diseño y recibir miradas de reojo como si estuviera fingiendo ser alguien que no era.

Era como si una recepcionista apareciera con ropa de pasarela: incómodo.

Noah, por otro lado, estaba acostumbrado a los lugares de alta gama.

Nunca le importaban las etiquetas de precio, así que no se fijaba en esas cosas.

En aquel entonces, Samantha tampoco había sabido distinguir la diferencia.

No tenía ni idea de las diferencias de precio, y así fue como terminó haciendo el ridículo.

Para ella, con cometer ciertos errores una vez era suficiente.

Noah caminaba un paso por detrás de ella.

Daba igual a qué tienda entrara —algunas de las cuales él probablemente ni siquiera había notado antes—, no decía ni una palabra.

Simplemente la seguía en silencio y, cuando ella se giraba para pedirle su opinión, él le dedicaba un asentimiento o una palabra de aprobación en voz baja.

—¿Samantha?

Justo cuando salía de una tienda de moda con uno de sus conjuntos destacados, alguien le tocó el hombro.

—Sabía que eras tú.

Te acabo de ver salir de ese Volkswagen de aspecto bastante normalito.

Era Nancy Miller, una vecina de su antiguo barrio.

Era unos años mayor que Lila y las demás, estaba divorciada y ahora vivía con sus padres, criando a su hijo.

Entre las chicas del barrio, Lila y su grupo eran consideradas generalmente como las más exitosas.

Especialmente Lila: después de su máster, se había quedado como profesora universitaria.

Los padres siempre la ponían como el modelo a seguir.

Nancy Miller no fue a la universidad; se incorporó directamente al mundo laboral después del instituto, se casó pronto, pero su marido resultó ser un vago que no quería trabajar.

Después de un tiempo, no pudo soportar más esa vida tan dura y pidió el divorcio.

Desde que volvió a casa de sus padres, era como si se hubiera vuelto el doble de entrometida.

Siempre tenía algo que decir de todo el mundo —quién hacía qué, con quién se casaba quién— y, fuera bueno o malo, podía tergiversarlo hasta convertirlo en algo desagradable.

Lila dijo una vez que Nancy era el tipo de persona que se sentía una fracasada en la vida, así que intentaba arrastrar a los demás con ella.

Cuando Samantha se mudó a Riverden con la Abuela Grace, Nancy la etiquetó al instante como la única persona del barrio a la que podía menospreciar.

Cuando se corrió la voz de que Samantha iba a casarse con Evan, Nancy empezó a difundir rumores maliciosos, diciendo cosas como que lo había seducido para conseguirlo o cosas peores.

Samantha nunca la tomó en serio.

Al igual que Lila, normalmente se limitaba a ignorarla.

Hasta hoy…

qué sorpresa topársela aquí.

Samantha mantuvo una sonrisa educada en su rostro.

—Qué pequeño es el mundo.

—¿Pequeño el mundo?

Qué va, yo vengo aquí todo el tiempo.

Tú antes no salías mucho, por eso nunca nos cruzábamos —dijo Nancy, mostrando todos los dientes, y luego se volvió hacia su amiga—.

Oye, esta es de la que te hablé.

—¿De cuál?

—preguntó su amiga, claramente confundida; probablemente porque Nancy cotilleaba sobre muchísima gente.

Nancy bajó la voz, pero no hizo ningún esfuerzo por ocultar de quién hablaba.

—Ya sabes, la sirvienta de la familia Smith que casi se casa con uno de la familia.

Y de repente, ¡pum!, acaba con un médico salido de la nada.

—¡Ah, ella!

¡Con razón!

La verdad es que es bastante guapa —dijo la amiga, dedicándole a Samantha unas cuantas miradas más.

Nancy sonrió con suficiencia y le dio un empujón a su amiga.

—¿Guapa?

Venga ya, es solo que se arregla.

Si nosotras nos esforzáramos un poco, estaríamos diez veces mejor.

Samantha miró de reojo a Nancy.

Tenía la cara marcada por manchas solares y su atuendo «a la moda» parecía más bien un desastre de colores discordantes.

Sinceramente, no sabía de dónde sacaba Nancy esa confianza.

Como no quería gastar neuronas en dramas, Samantha las ignoró y se miró en el espejo.

El conjunto que se estaba probando era discreto y elegante, totalmente de su estilo.

Estaba bastante satisfecha con él.

—¿Te vas a comprar ese conjunto?

—exclamó Nancy—.

Ese es un poco soso.

¡Mira este, es mucho más divertido!

—Señaló una combinación de azul real y amarillo chillón como si fuera alta costura.

Samantha frunció el ceño.

Los colores vivos no eran lo suyo, y ese conjunto gritaba «barato» a la legua.

—No, gracias.

Me gusta este —dijo, preparándose para volver al probador.

Nancy se burló.

—Era de esperar.

O sea, he oído que te casaste con un médico residente o algo así, ¿no?

¿Y no conduce un Volkswagen básico?

Seguro que es de alquiler.

Con ese tipo de sueldo, probablemente tengas que limitarte a las cosas más baratas.

Samantha no dijo nada, pero justo entonces, la dependienta de la tienda intervino.

—De hecho, eso es incorrecto.

El conjunto que usted ha elegido es el más caro que tenemos.

El llamativo que ella ha señalado cuesta la mitad.

Puede probárselo si quiere, le iría muy bien a su estilo.

Demasiado bien, la verdad.

Llamativo, vulgar y barato; igual que ella.

Samantha aguantó la risa mientras volvía a ponerse su propia ropa dentro del probador.

Fuera, podía oír a Nancy perdiendo los estribos con la dependienta.

—¿Qué quieres decir con que me va bien?

¿¡Necesitas gafas o qué!?

Obviamente puedo permitirme cosas mejores y vestir mejor.

¡Dije que ese era bueno para ella porque es más barato!

¿Entendido?

La pobre dependienta se puso roja, pero mantuvo la compostura.

Aun así, cuando vio salir a Samantha, se apresuró a acercarse.

—Hola, ¿quiere que le prepare esto para llevar?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo