Casada con el Doctor Multimillonario por Error - Capítulo 132
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132: Capítulo 132 Sígueme 132: Capítulo 132 Sígueme Samantha subió deprisa a la azotea justo cuando Ivy Gray estaba ocupada organizando todo.
Instintivamente, se acercó a echar una mano.
Uno tras otro, los compañeros de trabajo fueron llegando, y el ambiente no tardó en animarse.
Kevin Collins se acercó a saludarla con amabilidad.
—Con razón les gustas tanto a los dos grandes jefes, Samantha.
Eres lista, capaz y siempre tan proactiva, ¿eh?
Samantha se secó las manos y sonrió con modestia.
—Qué va, solo he pensado en ayudar, ya que no tenía nada que hacer.
Además, es una buena oportunidad para conoceros a todos un poco mejor.
—Deberías conocer al equipo, así será más fácil transmitir la información —se ofreció Kevin con entusiasmo—.
Llevo años en Gemvia Pharma y conozco a todos los que están aquí esta noche.
¿Qué te parece si te acompaño y te los presento?
—Oh, es muy amable de tu parte, pero no querría molestarte —intentó rechazarlo educadamente.
—No es ninguna molestia —dijo Kevin—.
Además, todavía no tengo pareja de baile para esta noche.
¿Por qué no hacemos pareja…, solo por hoy?
—Eh…
Samantha vaciló, intentando pensar en una forma de rechazarlo sin herir sus sentimientos.
Entonces Kevin se inclinó ligeramente y le tendió la mano como un caballero.
—Vamos, Samantha, sácame del apuro, ¿quieres?
Todo el mundo está mirando.
El bufé de esa noche en la azotea tenía una pista de baile instalada.
La gente iba vestida de punta en blanco; era evidente que también se trataba de una fiesta de celebración.
En un ambiente así, se esperaba que uno tuviera pareja de baile, aunque no pensara bailar.
Sin muchas más opciones, Samantha aceptó.
Ivy Gray se acercó y le entregó una copa de champán.
—¿Sorprendida, eh?
¿No te esperabas que las de recepción nos encargáramos de toda la logística de esta noche?
Samantha asintió levemente.
Ivy soltó una risita.
—A mí también me sorprendió.
En realidad, la tarea vino de Dana, y se dice que fue una petición especial del Sr.
Avery.
En fin, ¡espero que te lo pases bien esta noche!
—Tú también, pásalo bien —respondió Samantha, chocando su copa con la de ella de manera informal.
Pero su mente iba a mil por hora.
¿Estaba Ivy intentando sondear su relación con Noah?
Recorrió a la multitud con la mirada y vio a Oliver Grant, que le sonreía con la copa en alto.
Entonces cayó en la cuenta: seguramente había más gente en la empresa que sospechaba de su relación con Noah de lo que ella creía.
Empezó a preocuparse.
Si el evento de esa noche generaba aún más especulaciones, tendría que tener mucho más cuidado y mantener una distancia prudencial de Noah.
—Todo este evento lo planearon tus antiguos compañeros, ¿verdad?
Aunque seas nueva aquí, con ellos cerca no te sentirás tan fuera de lugar —dijo Kevin con alegría.
De algún modo, sacó una rosa azul de quién sabe dónde y se la ofreció con una sonrisa de oreja a oreja.
Lo hizo con tanta naturalidad que, en otras circunstancias, podría haberla aceptado sin pensárselo.
Pero después de todos los incidentes anteriores con las rosas, se había vuelto reacia a aceptar ese tipo de gestos de otros hombres.
Noah se lo había dejado meridianamente claro: si a ella le gustaban las flores, sería él quien se las regalara.
¿Los demás?
Olvídalo.
—La he cogido al azar.
No tiene ningún significado oculto —le aseguró Kevin, animándola a aceptarla.
Todavía dudaba qué hacer cuando, de repente, el ambiente en la azotea se caldeó.
—¡Ya están aquí el Sr.
Avery y el Sr.
Davis!
—dijo alguien cerca.
Aprovechando la distracción, aceptó la rosa a toda prisa para evitar un momento incómodo y la colocó de inmediato en un jarrón que había cerca.
Pero en el instante en que la soltó, sintió una mirada intensa clavada en ella que le provocó un escalofrío.
Alarmada, buscó su origen con la vista, pero no pudo encontrar de quién se trataba.
En cuanto Noah entró, todo el mundo empezó a arremolinarse a su alrededor de forma natural, con las copas en la mano, deseosos de brindar y saludarlo.
—Vamos, vayamos a saludar al Sr.
Avery —dijo Kevin Collins con una sonrisa amable.
Prácticamente todo el mundo empezó a moverse hacia Noah.
Si Samantha se quedaba atrás, sin duda llamaría la atención.
Sin otra opción mejor, se obligó a seguirlos.
Kevin se mantuvo a su lado.
Cuando se acercaron, la agarró de la muñeca y tiró de ella un poco hacia delante.
Con la copa de vino en la mano, Kevin inclinó la cabeza hacia Noah.
—Sr.
Avery, el éxito de este acuerdo es todo gracias a su acertado juicio.
Mientras hablaba, su otra mano seguía aferrada a la muñeca de Samantha.
Él no percibió cómo se ensombrecía de repente la mirada de Noah, pero Samantha sí que lo notó.
Sintió como si un cuchillo helado acabara de rebanarle la muñeca.
Sobresaltada, retiró la mano a toda prisa.
Levantó la copa para brindar, pero no logró articular palabra.
Evitó la mirada de Noah y se apartó sutilmente de Kevin, intentando dejarle claro: no te hagas una idea equivocada, no te pongas celoso, yo sé poner límites.
—Ha sido un trabajo en equipo —respondió Noah con calma.
No chocó su copa con la de Kevin, que se había adelantado con entusiasmo, sino que se giró un poco para tocar con la suya la de Samantha, que estaba justo detrás.
Sus copas produjeron un tintineo suave y claro.
Asustada, Samantha levantó la vista.
Noah sorbía su vino, con la mirada afilada ligeramente baja, lanzándole una ojeada.
Su nuez se movió al tragar, atrayendo la mirada de ella sin pretenderlo.
Kevin se quedó plantado, incómodo, y tuvo que beberse casi toda la copa de vino para disimular la extraña tensión en el ambiente.
A medida que más gente se arremolinaba en torno a Noah, Samantha pensó que tendría la oportunidad de escabullirse.
Pero apenas había dado un paso cuando él la llamó.
—Srta.
Bennett.
Ella se dio la vuelta.
—¿Sí, Sr.
Avery?
—Quédate conmigo.
Quiero que conozcas mejor al equipo.
Si más tarde necesito transmitir algún mensaje, podrás hacerlo de forma eficaz.
Nadie podía rebatir aquello, sobre todo por la forma en que lo dijo: serio y directo.
—Entendido.
Así que, en lugar de escabullirse, Samantha se colocó detrás de él y empezó a seguirlo.
Kevin la vio marcharse con pesar.
La pareja que por fin había conseguido le había sido arrebatada de repente.
Estaba desilusionado, pero no se atrevió a demostrarlo.
Y es que, ¿quién tendría las agallas de competir con el Sr.
Avery por una pareja de baile?
Ni siquiera el Sr.
Davis se atrevería a tanto.
Caminando detrás de Noah, Samantha acabó conociendo a casi todos los que se acercaron a brindar.
Pero nadie volvió a intentar hablar con ella, lo cual le pareció perfecto.
Entonces empezó a sonar la música y comenzó el baile.
Los compañeros empezaron a sacar a bailar a las chicas a la pista.
Incluso Hugo invitó a Dana a bailar.
Noah se quedó en su sitio, rodeado de empleadas que esperaban a que las sacara a bailar, o que reunían el valor necesario para invitarlo a él.
Samantha no sabía bailar, así que aprovechó la oportunidad para escabullirse sin ser vista.
Al otro lado de la azotea, lejos de la multitud, había alguien hablando por teléfono.
A Samantha no le importó quién era; solo quería un rincón tranquilo para tomar un respiro.
Pero justo cuando se estaba acomodando, oyó un bufido sarcástico.
—¿Has venido a reírte de mí?
Vosotros ahí, comiendo y bailando como si nada, y yo aquí, atrapada, cerrando el programa de mañana para asegurarme de que todo salga bien.
Era Cindy, que hablaba por teléfono, visiblemente molesta y con una mueca de frustración.
Samantha se quedó totalmente desconcertada.
Últimamente, le parecía que Cindy se tomaba las cosas de forma cada vez más personal, y no quería verse arrastrada a ningún drama.
Se dio la vuelta para marcharse.
Pero, de repente, Cindy la agarró del brazo.
—¡Samantha, eres una víbora!
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