Casada con el Doctor Multimillonario por Error - Capítulo 157
- Inicio
- Casada con el Doctor Multimillonario por Error
- Capítulo 157 - 157 Capítulo 157 Borracho pero aún adorable
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
157: Capítulo 157: Borracho, pero aún adorable 157: Capítulo 157: Borracho, pero aún adorable Levantó su bonita copa de vino de frutas y sonrió ampliamente.
—Apenas le siento el alcohol.
No pasará nada, ¿verdad?
Fiona la tranquilizó con una sonrisa.
—No pasa nada.
El vino de frutas no emborracha tan fácilmente.
Noah solo está siendo demasiado cuidadoso contigo.
Bajo la luz, la sonrisa de Fiona parecía un tanto extraña.
Samantha parpadeó sorprendida, pero cuando volvió a mirar, Fiona parecía tan grácil y elegante como siempre.
Debía de ser imaginación suya.
Los tres charlaron, pero como ella no tenía mucho que aportar, se dedicó a sorber su bebida en silencio.
Al poco tiempo, su copa estaba vacía.
Fue a coger otra, pero Noah la detuvo y le dio un vaso de zumo en su lugar.
—¿Zumo en un bar?
Qué rollo.
Te traeré algo sin alcohol pero más rico —se ofreció Fiona mientras se levantaba.
En cuanto llegó a la barra, un tipo se le acercó para intentar ligar.
Ella lo rechazó educadamente.
Los ojos del tipo se desviaron hacia Samantha, midiéndola con la mirada.
Noah pasó un brazo por los hombros de Samantha con aire despreocupado, atrayéndola hacia él.
No fue un gesto sutil, sino una clara advertencia para aquella mirada al acecho: que ni se acercase, que ella estaba con él.
—Toma, le he dicho al camarero que le ponga una pizca de alcohol.
Debería estar bueno —dijo Fiona, entregándole la bebida y chocando las copas con ella.
—Gracias.
—Samantha dio un sorbo y sus ojos se iluminaron.
Sabía incluso mejor que la anterior.
Le dedicó una brillante sonrisa a Fiona—.
¡Está buenísimo!
—Me alegro de que te guste.
La próxima vez, solo chicas —sonrió Fiona, en un claro intento de estrechar lazos.
Esta bebida tenía más sabor y, quizás, también más alcohol.
Como no tenía otra cosa que hacer, bebió más rápido de lo que debería.
Para cuando dejó la copa, sentía la cabeza un poco confusa.
Incluso Noah, a su lado, parecía volverse borroso por momentos.
Se frotó las sienes y se volvió hacia él, con voz suave y somnolienta.
—¿Estoy borracha?
Noah la miró.
Tenía las mejillas sonrojadas y se tambaleaba ligeramente.
La mirada que le dirigía estaba desenfocada, soñadora.
—¿Te la has acabado?
—preguntó él, frunciendo ligeramente el ceño.
Ella le dedicó una sonrisita tonta.
—Estaba muy rica.
—Te dije que no te pasaras, ¿verdad?
—dijo él con un suspiro, apartándole el flequillo con un gesto delicado.
A Samantha le encantaba esa faceta suya: ligeramente molesto, pero sin dejar de consentirla.
Levantó su copa vacía de forma juguetona.
—Quiero una más.
—No.
El tono de Noah era firme, y sus cejas se fruncieron.
—¡Eres un tacaño!
—se quejó ella, haciendo un puchero.
Él parecía exasperado.
—¿Ya estás achispada y quieres más?
—¡Pero es que está muy buena!
Nunca he probado nada igual.
—Parpadeó, intentando ganárselo.
Él no cedió.
Así que ella se aferró a su copa e intentó llegar a la barra tambaleándose.
Claramente, el alcohol la había vuelto más audaz de lo habitual.
Noah la sujetó al instante.
—Estás borracha.
Nos vamos a casa.
Ella arrugó la nariz en señal de protesta.
—No quiero irme.
—¿Por qué no?
—preguntó él, con la mirada firme.
Ella lo miró con una expresión apesadumbrada.
—Porque…
he olvidado dónde está casa.
Sus ojos se enrojecieron ligeramente, y la forma en que se quedó allí de pie, aturdida y adorable, le estrujó el corazón.
La atrajo hacia sus brazos y la envolvió en su abrigo.
—Está bien, Samantha.
Vamos a casa.
—Estaba un poco achispada, pero ni de lejos borracha.
Ajustándose bien el abrigo, se apoyó en silencio contra el pecho de Noah y luego se volvió hacia Julian Avery y Fiona con una sonrisa juguetona—.
¿Vosotros todavía no os vais?
—Ellos se quedan un rato más.
Nosotros nos vamos primero —respondió Noah, que no quería que otros la vieran tan adorablemente borracha.
—Samantha ha bebido bastante, volvamos todos juntos —ofreció Fiona, poniéndose en pie.
Julian tampoco tardó en moverse, con los ojos fijos con curiosidad en las mejillas sonrojadas y la adorable expresión de Samantha.
No esperaba que alguien tan inteligente y peculiar aguantara tan poco la bebida.
Le hizo preguntarse si, borracha, también se comportaría de una forma tan dulce.
Como todos habían bebido, Noah ya había avisado a Peter Doyle para que los esperara fuera.
Hizo una llamada rápida y el coche no tardó en llegar.
Tras ayudar a Samantha a subir al asiento trasero, Noah se sentó a su lado, y Fiona al otro.
Desde el asiento delantero, Julian se inclinó hacia atrás con una sonrisa maliciosa.
—Oye, cuñada, ¿quieres otra copa de ese vino de frutas?
Samantha parpadeó lentamente y negó con la cabeza.
—No.
A Noah no le gustaría.
—¿Es que le tienes miedo?
Tampoco es que te vaya a gritar ni nada por el estilo —la pinchó Julian.
Ella lo miró muy seria.
—Da miedo cuando se enfada —dijo, con total seriedad.
—¿Ah, sí?
—preguntó Noah, enarcando una ceja.
Ella asintió con solemnidad.
—Sí.
—Vale, estás achispada.
Relájate un poco.
—La atrajo suavemente hacia sí, dejando que se recostara en su hombro.
La Samantha achispada era otra persona: atrevida y dulce.
El alcohol le había quitado la tensión habitual, dejándola relajada y alegre.
—Noah.
Se apoyó en él, con los ojos cerrados y la voz suave.
—¿Sí?
Él se giró ligeramente y su mirada se posó con delicadeza en el rostro apacible de ella.
—La próxima vez…
vamos a beber vino de frutas otra vez, ¿vale?
—Claro —dijo él en voz baja.
—Solo nosotros dos —añadió ella.
—Mmm, solo nosotros dos.
El intercambio fue breve, pero había una ternura especial en su sencillez.
Julian no paraba de echarles miradas de reojo, rascándose la cabeza con torpeza.
Samantha nunca le hablaba así; solo se ponía tan tierna con Noah.
—Noah.
Tras una breve pausa, volvió a llamarlo.
—¿Sí?
—Él siempre respondía al instante, dijera lo que dijera y fuera cuando fuera.
El tono que usaba con ella era uno que Fiona nunca le había escuchado antes.
Fiona se volvió para mirar por la ventanilla, entrelazando los dedos en silencio.
—Todavía no me has contado por qué te casaste conmigo tan deprisa —murmuró Samantha.
Esa pregunta llevaba días enterrada en su mente.
Los últimos dos días solo habían hecho que le diera más vueltas.
Normalmente, habría evitado sacar el tema, pero el alcohol bajó su guardia; se incorporó y lo miró directamente a los ojos.
Todavía faltaba un trecho para llegar a la finca Avery.
Con Fiona y Julian en el coche, definitivamente no era el momento para esa conversación.
Noah carraspeó, visiblemente incómodo.
—Hablemos de eso cuando lleguemos a casa, ¿de acuerdo?
—No quería que se pusiera a hablar de más delante de todos.
—¡De acuerdo!
—asintió ella al momento, sonriendo como una niña pequeña.
Siempre parecía portarse especialmente bien cuando hablaba con Noah.
Julian bufó por lo bajo.
Con él no tenía ningún problema en meterse e incluso regañarle, ¿pero con su hermano?
Se convertía en una dócil conejita.
—Noah, ¿ya hemos llegado?
Quiero contarte algo —dijo Samantha de nuevo tras esperar unos minutos, incorporándose en el asiento.
Su mirada estaba desenfocada, pero aún así era inocente.
Noah se apresuró a intervenir.
—Peter, para y pide un taxi.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com