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Casada con el Doctor Multimillonario por Error - Capítulo 196

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  3. Capítulo 196 - 196 Capítulo 196 Una pesadilla
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196: Capítulo 196 Una pesadilla 196: Capítulo 196 Una pesadilla Julian Avery se miró y al instante entró en pánico, abrazándose el cuerpo apresuradamente.

Noah se mantuvo tranquilo, limitándose a observar la dramática reacción de su hermano pequeño.

Su voz se tornó grave, fría y cortante.

—Parece que estás bien.

Ya no es necesario que Samantha venga a atenderte.

Estamos intentando tener un hijo.

No la molestes.

Arrojó la ropa limpia directamente a la bañera de Julian, corrió la cortina de la ducha y salió sin decir una palabra más.

Julian se quedó mirando el conjunto de ropa empapado en la bañera, abriendo y cerrando la boca como si quisiera decir algo, pero no lo hizo.

Samantha era la esposa de Noah.

Ahora estaban intentando tener un hijo.

¿Qué derecho tenía él a entrometerse?

Ese pensamiento lo cabreó aún más.

Golpeó el agua con fuerza, sacó la ropa mojada de un tirón y la arrojó al suelo.

Estaba tan frustrado que necesitaba una copa.

—Julian, ¿adónde vas?

Fiona acababa de volver del trabajo y vio a Julian escabulléndose, con una gorra y una mascarilla como si fuera de incógnito.

Él la vio y se le iluminó la cara, agarrándose a su brazo como si fuera su salvavidas.

—Fiona, ¡vamos, a beber!

La última vez que se emborrachó, fue Fiona quien tuvo que ir a sacarlo de allí.

Ella lo examinó de arriba abajo, entrecerrando los ojos.

—¿Espera…, te has hecho daño?

—Es complicado.

Hablemos en el bar —dijo él, tirando de ella sin esperar a que dijera nada.

Los ojos de Fiona brillaron con curiosidad.

—Está bien.

La última vez me dejaste con la intriga con esa historia a medias.

Me muero por saber el resto.

La última vez que Julian se emborrachó, había soltado que Noah llevaba años enamorado de Samantha, y ella nunca lo supo.

Ella le insistió para que le diera más detalles entonces, pero él se cerró en banda.

Estaba claro que esa noche no había bebido lo suficiente.

En el ruidoso y poco iluminado reservado del bar, Fiona sostuvo su copa y lo miró estupefacta.

—¿Espera…, qué?

¿Samantha tiene amnesia?

Julian ya estaba más que achispado.

Su gorra había desaparecido a saber dónde, la mascarilla también, y tenía el pelo revuelto.

Se balanceaba en su asiento.

—Dime…, ¿qué clase de persona era Samantha antes?

¿A ella también le gustaba mi hermano?

¿Qué tiene él para que se enamore?

¡Di todo para salvarla y ni siquiera quiso cuidarme un par de días!

¡En serio!

¡Es tan injusto!

Fiona lo observaba maldecir a Samantha una y otra vez, y su mirada se fue volviendo oscura e indescifrable.

—Samantha…, Samantha…, Samantha…

Esa voz familiar sacó a Samantha de una negrísima pesadilla.

Se revolvió y se aferró a Noah, con todo el cuerpo temblando.

La habitación estaba en silencio, iluminada solo por la suave luz amarilla de una lamparilla de noche.

Noah miró su pequeño y tembloroso cuerpo en sus brazos.

Extendió la mano para tocarle suavemente la frente sudorosa.

—¿Has tenido otra pesadilla?

—Sí.

Enterró el rostro en su pecho, con la voz ahogada.

Era el mismo sueño horrible de nuevo: hundiéndose en aguas profundas, atrapada en algún lugar oscuro y sellado sin salida.

Sin aire.

Sin ayuda.

Solo un miedo vacío y sofocante.

Incluso despierta, todavía sentía las manos frías.

Noah la abrazó con más fuerza, frotándole suavemente la espalda.

—Tranquila, ya estás a salvo.

No pasa nada.

Estoy aquí contigo.

—Noah…

¿puedes concertarme una cita con el doctor White?

Quiero verlo mañana por la mañana.

Levantó ligeramente la cabeza de su pecho, con voz queda.

—Claro, me encargo.

Se inclinó y le dio un suave beso en su frente húmeda.

Samantha cerró los ojos y respiró hondo, calmándose poco a poco.

Noah cogió su teléfono y llamó a Ryan.

Una vez que obtuvo la confirmación, Samantha finalmente soltó un largo suspiro.

—Gracias.

—¿Te sientes mejor?

—encendió la luz y se incorporó con ella en brazos.

Cogió el vaso de agua que Noah le tendió y bebió un sorbo.

Asintió levemente.

—Ya estoy bien.

—Es normal tener pesadillas después de lo que pasó en el Salón Nightfall.

No te estreses demasiado, Samantha —dijo Noah con delicadeza, limpiándole el sudor de la frente con un pañuelo de papel.

—Lo sé…

—Su voz era suave, y sus labios se apretaron en una fina línea—.

Pero es como si hubiera un vacío aterrador donde deberían estar mis recuerdos.

Tengo miedo y ni siquiera sé por qué.

No dejo de repetirme que me relaje, que deje de estar tan tensa todo el tiempo…, pero es que no puedo.

—No tienes que apresurarte.

Noah le acarició el pelo revuelto con una expresión de dolor en los ojos.

Ella lo miró, con la mirada aturdida.

—¿Crees que…

si recordara todo antes, quizá este miedo no sería tan abrumador?

—¿Qué tal si vamos a ver al doctor Ryan mañana a primera hora?

Él sabe mejor cómo manejar estas cosas.

Noah la abrazó con fuerza mientras volvían a tumbarse.

Entonces se oyó un alboroto repentino en el pasillo.

Sonaba como si Julian Avery hubiera estado bebiendo otra vez.

A Samantha todavía le palpitaba la cabeza por la pesadilla.

Se sentía aturdida y en realidad no le importaba mucho el ruido, pero cuando vio a Noah fruncir el ceño, dijo: —Ve a ver qué le pasa.

—No es necesario.

Ya se encargará otro de él.

Me quedo contigo.

Tú solo duerme un poco más.

Le subió la manta y la rodeó con un brazo, dándole suaves palmaditas en la espalda.

Una vez que el pasillo se silenció, ella volvió a quedarse dormida rápidamente.

Cuando se despertó, Noah ya no estaba a su lado.

Había dejado una nota.

«Emergencia en el laboratorio.

Siento no poder acompañarte hoy.

Llámame si me necesitas».

Todavía sentía la cabeza pesada, así que llamó a Peter Doyle para que preparara el coche para su cita en la clínica de Ryan.

Apenas había colgado cuando vio a Fiona de pie detrás de ella.

—Samantha, Noah tuvo que irse al laboratorio, pero me pidió que te cuidara.

Vas a lo del doctor White, ¿verdad?

Iré contigo.

Fiona le dedicó una sonrisa amistosa.

—No pasa nada, puedo ir sola.

—Samantha la rodeó y empezó a caminar por delante.

Fiona la alcanzó rápidamente.

—Vamos, déjame ir contigo.

Noah estaba muy preocupado después de lo de anoche y dijo que de ninguna manera debías salir sola.

—Sí, señora, quizá debería dejar que la señorita Clarke la acompañe…, por si acaso —añadió Peter, rascándose la cabeza con torpeza.

Un incidente más y podría quedarse sin trabajo.

—…Está bien, ven si quieres.

Después de todo, la clínica de Ryan hacía sesiones privadas e individuales.

De ninguna manera iba a dejar que Fiona entrara en la consulta de todos modos.

Se sentaron una al lado de la otra en el coche.

Samantha ya había visto la verdadera cara de Fiona; era imposible que tuvieran algo de qué hablar.

—¡Hola, doctor White!

—saludó Fiona alegremente en cuanto entraron en la clínica.

Fue entonces cuando Samantha se dio cuenta de que Ryan debía de ser amigo de la universidad de Noah, y claramente de Fiona también.

Una leve inquietud se instaló en su pecho.

Después de un poco de cháchara, Ryan se dirigió a Fiona.

—¿Podrías esperar fuera un momento?

Samantha, pasa.

Al ver la expresión de duda en el rostro de Samantha, Ryan sonrió.

—No te preocupes.

Me tomo muy en serio la confidencialidad del paciente.

Si hay algo que no quieres que Noah sepa, quedará entre nosotros.

—Gracias, doctor White.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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