Casada con el Doctor Multimillonario por Error - Capítulo 213
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213: Capítulo 213 213: Capítulo 213 Ya había pasado la hora del desayuno y, como no era festivo, la tienda no estaba concurrida.
La dueña se sentó y dijo: —No vienes a menudo, pero cada vez que lo haces, eliges esta gran mesa redonda; siempre esta.
Señaló el asiento más cercano al aire acondicionado.
Troy se levantó y ocupó ese asiento.
Samantha parpadeó con fuerza, como si un recuerdo la hubiera asaltado de repente.
—¿Por qué me siento siempre aquí?
La dueña se rio entre dientes.
—Yo también te lo pregunté, y dijiste que era porque la primera vez que te le declaraste a tu prometido, él estaba sentado justo ahí.
¿Su prometido…
Troy?
Samantha volvió a parpadear, mirándolo con incredulidad.
—Fue después de los exámenes de acceso a la universidad.
Nuestra clase tuvo una última excursión juntos a la montaña, vinieron todos, y reservamos esta mesa.
Corrí para coger el sitio debajo del aire acondicionado porque no soportaba el calor.
¿Adivinas cuántos años tenías entonces?
Troy esbozó una sonrisita, con un aire de superioridad.
—Tenías trece años.
Samantha se quedó sin palabras.
¿Se había enamorado de Troy cuando apenas era una adolescente y se le había declarado delante de toda la clase?
¿Pero quién diablos era ella en aquel entonces?
—Fue entonces cuando acababa de abrir este local —continuó la dueña, riendo—.
Nunca había visto a una chica de secundaria atreverse a declararse así en público.
Incluso pensé: «¿A sus padres no les importa?».
Resulta que a vuestras dos familias les pareció bien.
Ahora que lo pensaba, incluso la Samantha actual se sorprendería si viera a una niña de trece años declarándole su amor a un chico de dieciocho.
Sí, eso dejaría una impresión duradera.
—Entraste corriendo por la puerta y te caíste de bruces.
Troy miró hacia la entrada, como si un viejo recuerdo se hubiera deslizado silenciosamente en su mente.
—No me extraña que te tropezaras —intervino la dueña—.
Eras muy pequeña, insistiendo en llevar tacones como una adulta, ¿y ese vestido?
Tan de mayor.
Y luego vas y dices, delante de todos, que esperarías siete años para casarte con él.
¡En serio, qué agallas!
Troy sonrió ante el recuerdo, probablemente imaginando su aspecto de entonces.
Samantha se giró para mirar la puerta y luego de nuevo a Troy, sentado frente a ella.
Fragmentos de recuerdos comenzaban a encajar en su cabeza.
—¿No dije también algo como…
que entraría en la misma universidad que tú?
—¡Sí, sí, lo dijiste!
Y tus compañeros empezaron a tomarte el pelo, diciendo que él era el mejor estudiante, a lo que tú respondiste: «¿Y qué?
¡Soy su prometida!».
¡Mi marido y yo nos miramos, atónitos!
Samantha volvió a quedarse helada.
Viendo lo tranquila que era ahora, le costaba creer que antes tuviera tantas agallas.
Sus sentimientos por Troy habían sido intensos y directos.
Sin ocultarse, sin dudar.
—Bueno, ¿y tú?
¿Cómo respondiste?
—se giró hacia Troy.
Él se detuvo un segundo, como si no pudiera recordar los detalles.
Quizá no le importaba lo suficiente.
O sea, ¿todos los demás recordaban ese momento con tanta claridad y él no?
Después de ser adorada por alguien como Noah, Samantha se dio cuenta de que podía distinguir fácilmente cuándo a alguien le importaba de verdad.
Y desde el principio, Troy no le mostró ni un solo rastro de ese tipo de afecto.
—¿Señora, venía a menudo por aquí antes?
—Samantha giró ligeramente la cabeza, mirando a la dueña.
La mujer asintió.
—Cada vez que venías, te sentabas en ese mismo sitio.
Algunas veces te acompañaban amigos, pero siempre era ese asiento.
—Entonces, este lugar debía de gustarme mucho.
Quizá algo en su subconsciente recordaba esos momentos; de repente, Samantha sintió un nudo en la garganta, como si estuviera a punto de llorar.
—¡Ahí estás, Troy!
Una voz aguda cortó el aire.
Con el taconeo de sus zapatos resonando en el suelo, Scarlett irrumpió sin avisar.
Sus ojos se posaron al instante en la espalda de Samantha.
Samantha estaba de espaldas a la puerta.
Estaba a punto de darse la vuelta cuando, de repente, Troy se levantó y se interpuso delante de ella, bloqueando por completo la visión de Scarlett.
Scarlett intentó mirar por encima de su hombro, pero no pudo ver quién era la mujer.
Frustrada, espetó: —¡Así que de verdad tenías a alguien escondido en tu coche!
¿La traes a la Montaña Emberfall para una cita?
Troy, ¿no tienes miedo de que se lo cuente a tus padres?
—Lo único que haces es amenazarme con mis padres y nuestro compromiso —dijo Troy con frialdad, entrecerrando los ojos y soltando una risa cargada de desprecio.
Su tono tenía un matiz áspero y, por alguna razón, Samantha sintió una opresión en el pecho.
No podía explicar esa punzada repentina, como si algo doloroso y familiar hubiera sido arrancado de lo más profundo de su ser.
¿Le habría hablado así a ella también antes?
Los ojos de Scarlett enrojecieron, pero se mordió la lengua.
En su lugar, toda su furia se canalizó hacia la espalda de Samantha.
—¿Qué, tienes demasiado miedo para darte la vuelta?
¡Vamos, déjame verte la cara!
A Samantha no le sorprendió.
Esperaba que Scarlett arremetiera contra ella, y también se dio cuenta de que Troy no quería que se enfrentara a Scarlett directamente.
Estaba claro que Scarlett sabía quién era.
Pero fuera amiga o enemiga, alguien que la conocía significaba que podría acercarse a la verdad de su pasado.
Sin dudarlo, Samantha se giró para encararla.
La expresión de Scarlett era de pura conmoción; probablemente la cara más estupefacta que Samantha había visto jamás.
—Tú…, tú…, no puedes ser…
¡Se supone que estás muerta!
¡Fui a tu funeral!
Tú…, cómo…
De repente, Samantha pensó en Noah, en el parque, el día que detuvo su proposición de matrimonio; en cómo él también se había quedado atónito, aunque lo había disimulado mejor.
A diferencia de él, Scarlett no tenía filtro, y eso la convertía en la oportunidad perfecta.
Samantha esbozó una sonrisita cómplice.
—Ha pasado tiempo.
He vuelto.
Scarlett la recorrió con la mirada de arriba abajo, con la mandíbula prácticamente desencajada.
Troy se quedó allí, todavía sorprendido de que Samantha no rehuyera la confrontación, sino que la buscara, con una sonrisa indescifrable, como si la amnesia no la hubiera afectado en absoluto.
Solía pensar que Scarlett era la más lista y fácil de manipular.
Ja…, fácil, tal vez, ¿pero lista?
No tanto.
Mientras Scarlett seguía en shock, la mirada de Troy volvió a la mujer que tenía delante: aquella a la que creía conocer como la palma de su mano.
Después de tres años, era casi una desconocida.
Interesante.
—¿Nada que decirme después de tanto tiempo?
—preguntó Samantha con una leve sonrisa, acercándose a Scarlett.
Scarlett retrocedió instintivamente, con algo parecido al miedo cruzando su rostro.
¿Acaso la antigua Samantha era alguien a quien Scarlett temía de verdad?
Ahora sentía aún más curiosidad por la chica que había sido.
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