Casada con un multimillonario poderoso y dominante - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 CAPÍTULO 11 Un toque de hermana
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11: CAPÍTULO 11 Un toque de hermana 11: CAPÍTULO 11 Un toque de hermana POV de Rayne
La miré, estupefacta.
La casa de moda Lawn era una de las más prestigiosas de Los Ángeles y ella, Jessica Lawn, era su CEO.
Solo unos pocos en Los Ángeles podían darse el lujo de contratarla en persona, así que fue impactante tenerla de pie en mi propia habitación.
—Buenos días, Srta.
Lawn.
—Estaba emocionada por verla.
Siempre había deseado conocerla en persona, pero para alguien de mi clase social, eso era solo un sueño.
Uno que nunca se haría realidad; pero, ahí estaba, en mi habitación, sonriéndome con calidez—.
Es un placer conocerla por fin, soy una gran admiradora de su trabajo.
Me sonrió y me tendió su mano tersa.
—Viniendo de la futura esposa de Eric, eso es un honor.
Es un placer conocerte a ti también.
Así que ese era el nombre del desconocido.
Le dediqué una sonrisa forzada y estreché su cálida mano.
Solo podía esperar que mi sonrisa no pareciera tan forzada como la sentía.
Luego, me llevó hacia la ducha.
—Vamos a prepararte de una vez, no querrás llegar tarde a tu propia boda.
—Me dio un suave empujoncito hacia el cuarto de baño y cerró la puerta tras de mí.
Me vi obligada a darme una ducha rápida cuando, en realidad, lo que más deseaba era volver a tumbarme en el jacuzzi durante horas.
Salí a los pocos minutos y me encontré con la cálida sonrisa de Jessica.
Después de aplicarme un poco de crema en la piel, me hizo sentarme frente al tocador y empezó a secarme el pelo para peinarlo en un semirecogido.
Me sorprendió que me estuviera peinando ella misma.
Yo solo sabía que era diseñadora de vestidos.
—¿También es estilista?
—no pude evitar preguntar.
Necesitaba cualquier conversación, por pequeña que fuera, para alejar mi mente de la ansiedad que me causaba todo esto.
La vi sonreír a través del espejo.
—Viene incluido en el paquete.
—Tomó dos mechones de mi cabello rubio miel y los enrolló con maestría en algo que no alcanzaba a ver—.
Sí, me especializo más en diseñar vestidos, pero también se me dan bien muchas otras cosas.
Además, tu futuro esposo quiere que luzcas espectacular en tu boda.
Me están pagando para que haga todo el trabajo yo misma.
Mi mente se desvió por un momento hacia el Sr.
Desconocido y sentí que un nudo se me apretaba en la boca del estómago.
¿Así que esto era yo, preparándome para mi boda?
Se suponía que debía ser un momento feliz y un sueño hecho realidad si el hombre con el que fuera a caminar hacia el altar fuera Fred o alguien a quien yo amara.
Pero era un desconocido, y ni siquiera era una boda de verdad, solo un trámite en el registro civil, y no habían invitado a ninguno de mis amigos o familiares como testigos.
Y si solo íbamos al registro, ¿para qué tanto maquillaje y preparativos?
Parecía que el Sr.
Desconocido tenía muchas más sorpresas guardadas.
—¿Estás nerviosa?
—escuché preguntar a Jessica, interrumpiendo mis pensamientos.
—¿Eh?
—dije, encontrándome con su mirada en el espejo.
—Te he preguntado si estás nerviosa —repitió, haciendo que tragara saliva.
¿Tan obvio era?
—Ehm…
un poco.
Quiero decir, es normal, ¿no?
Todas las novias se ponen nerviosas el día de su boda —respondí, intentando ocultarle mis nervios.
—Parece que la boda no es lo que más te pone nerviosa —dijo, y me dedicó una sonrisa.
Luego, como lo haría una hermana, posó una mano en mi hombro y me miró a los ojos a través del espejo—.
No tengas miedo.
Eric es un buen hombre, y aunque a veces puede ser implacable, no te haría daño.
No es capaz de hacer algo así.
Su mano en mi hombro, la suave presión que ejercía, su tono amable y su cálida sonrisa…
todo ello me provocó unas ganas irrefrenables de llorar.
—Parece que lo conoce muy bien —pregunté, conteniendo las lágrimas y apartando mi mirada de la suya en el espejo.
Se volvió para empezar a maquillarme y la vi sonreír.
—Sí, lo conozco desde que teníamos cinco años.
Es un buen hombre.
No pude evitar preguntarme por qué sonaba de esa manera, como si él le hubiera contado algo.
—Entonces, ¿son como amigos?
—inquirí, y para mi sorpresa, negó con la cabeza.
—No, no lo somos —respondió, y yo asentí.
No volvimos a decirnos gran cosa después de eso.
Dejé que mis pensamientos me abrumaran hasta que la oí decir:
—Ya hemos terminado.
Sus palabras me devolvieron a la realidad de golpe.
—Es hora de elegir un vestido.
—Chasqueó los dedos y dos hombres trajeron tres percheros rodantes llenos de ropa hacia mí—.
Veamos qué eliges.
Miré de un vestido a otro, sin saber cuál escoger entre tantos diseños preciosos.
Alcé la vista hacia Jessica y la vi sonreír.
—¿No sabes cuál elegir?
—La verdad es que no —me reí y ella soltó una risita.
—¿Qué te parece si elegimos el mejor vestido de cada diseñador y luego escogemos uno de entre los finalistas?
—preguntó.
—Vale, hagámoslo.
Ambas escogimos unos cuantos vestidos que nos parecieron los mejores y al final nos decidimos por un vestido blanco de un solo hombro de Versace.
—Elección perfecta —dijo Jessica con orgullo—.
Ahora, vamos a ponértelo.
Unos minutos más y terminamos.
Jessica me acompañó escaleras abajo hasta el salón, y allí divisé al Sr.
Desconocido, sentado en uno de los sofás grises.
Llevaba un traje negro entallado y tenía sus largas piernas cruzadas.
Su cabeza descansaba en el respaldo del sofá y mantenía los ojos cerrados, con un semblante serio.
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