Casado con su amor secreto - Capítulo 340
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Capítulo 340: Pequeño Jian Yu
Han Jian Yu enmudeció ante sus palabras. —No es lo que estás pensando. No hago esto porque crea que no podrá soportarlo. Solo no quiero que se entere… —Se detuvo.
A Mia le brilló la mirada y bajó la cabeza. —Olvida esos pensamientos por ahora. —Le dio una palmada en el hombro antes de soltarle la mano.
E inmediatamente sintió el vacío. Echó un vistazo a su palma antes de mirarla a la cara.
Su expresión solemne había desaparecido por completo y había vuelto a ser la de siempre, alegre y juguetona.
—Ya que elegiste verdad en el juego, ¿no vas a contarme algo sobre tu infancia?
Han Jian Yu se detuvo. Un recuerdo lejano acudió a su mente.
…
—Extiende las manos —gruñó un hombre de mediana edad mientras miraba al niño que tenía delante.
Han Jian Yu, de nueve años, ladeó la cabeza. Vaciló. —Padre, yo…
—Las manos —dijo el hombre con severidad. La cicatriz bajo su ojo derecho se veía especialmente feroz con el resplandor del fuego que crepitaba en la chimenea.
Han Jian Yu vaciló un momento antes de extender ambas manos.
¡Zas!
¡Zas!
¡Zas!
El hombre sacó la vara del fuego. La punta se había puesto al rojo vivo por el calor y la estrelló sin piedad contra las palmas del niño.
—Ah… —Las lágrimas rodaron por las mejillas del niño mientras la piel se le abría, quemándole con cada golpe, pero cuanto más lloraba, más lo golpeaba el hombre.
Empezó por la palma de la mano, pero pronto la vara comenzó a caer sobre su espalda.
¡Pum!
Han Jian Yu cayó de rodillas, con el cuerpo empapado en sudor mientras su muñeca se abría, dejando ver un trozo de carne. Pero en ningún momento suplicó piedad, pues sabía que si lo hacía, la noche entera transcurriría así, siendo golpeado con la misma crueldad.
Solo entonces el hombre se detuvo.
—¿Quién es ella?
Han Jian Yu no dijo nada; le temblaban los pálidos labios.
—¿Quién es ella? —El hombre alzó la vara de nuevo.
—Señorita —escapó un susurro inexpresivo de la boca de Han Jian Yu mientras el niño bajaba la cabeza.
—Bien. No olvides tus límites y no vuelvas a cruzar la línea. Aunque sea caprichosa, asegúrate de marcar un límite —dijo el hombre con frialdad mientras arrojaba la vara, se inclinaba hacia el niño, le apretaba las mandíbulas y le levantaba la cabeza a la fuerza—. Somos sirvientes. Y no puedes olvidarlo como lo has hecho hoy. No le comprarás chocolates ni juguetes, ni la llamarás por su nombre. Tu misión es protegerla, no jugar con ella. Han Jian Yu, no cruces esa línea o no seré tan indulgente como hoy.
Han Jian Yu sintió que su barbilla estaba a punto de ser aplastada. —Entiendo —dijo sin expresión.
El hombre se levantó de la silla antes de soltarle la barbilla. —Bien —sus labios se curvaron con satisfacción—. Mantén esa cara cuando interactúes con la Señorita —dijo fríamente antes de darse la vuelta y marcharse.
Han Jian Yu se desplomó en el suelo durante unos segundos, con la respiración entrecortada. Agarrándose a la pata de la silla, se puso de pie, pero tenía la muñeca entumecida por el dolor. Apoyó los codos en la silla y se irguió apretando los dientes. —Uf… —Un gemido de dolor escapó de su boca.
Se sentó en la silla e intentó quitarse la camisa blanca, que estaba empapada en sangre. —Ahh… —Sus labios resecos se entreabrieron al notar que la camisa se había pegado a la sangre seca de su espalda.
—Hegmano~ —Hermano.
Han Jian Yu giró la cabeza bruscamente hacia la puerta. —¿Princesa? —Se puso de pie, olvidando todo su dolor por un instante mientras miraba a la pequeña, a quien le temblaban los labios al mirarlo.
Corrió hacia la puerta y la cerró. —No deberías estar aquí —dijo con frialdad.
—Hegmano~ Buaaa~ —lloró la niña de tres años antes de correr hacia la cama de él, mientras sus coletas se agitaban tras su cabeza.
Han Jian Yu sonrió con impotencia. —Cerdita, de verdad no deberías estar aquí —caminó hacia ella, intentando aparentar la fortaleza de siempre, pero aún cojeaba.
Y eso lo delató ante la pequeña. —Lo siento —dijo con su voz infantil mientras se acercaba a la mesita de noche—. No volveré a ser tegca… —sollozó.
Han Jian Yu se rio, pero le dolieron las mejillas. —¿Quieres decir terca, pequeña? —preguntó mientras levantaba la mano para secarle las lágrimas, pero la retiró al instante al ver la sangre que la cubría.
Ella asintió, secándose las lágrimas de sus mejillas regordetas. Sus ojos estrellados brillaron mientras abría a la fuerza el cajón de la mesita de noche y sacaba el botiquín de primeros auxilios antes de caminar hacia la cama.
—Siéntate —señaló la cama con la palma de la mano, con aire autoritario.
Han Jian Yu contuvo la risa. La cabeza de la niña apenas le llegaba por encima de las rodillas, pero menudo tono se gastaba. En lugar de autoritaria, la hacía parecer adorable. Aun así, se sentó en la cama obedientemente.
La niña le quitó la camisa con torpeza; le temblaban los dedos al ver la sangre.
—¿Te da miedo…? —preguntó él.
Ella negó con la cabeza y se subió a la cama antes de dejar el botiquín a un lado mientras terminaba de quitarle la camisa.
Han Jian Yu apretó los dientes, asegurándose de que ni el más mínimo sonido escapara de su garganta.
Al no sentir ningún movimiento por parte de ella, se giró solo para darse cuenta de que sus grandes ojos de cervatillo volvían a estar llenos de lágrimas.
—Shh… No llores —susurró, pero no levantó la mano para acariciar su carita, pues las tenía ensangrentadas—. Solo parecen aparatosas, pero no duelen nada…
La niña sollozó. —Hegmano es un m-mentiroso… Un grandísimo mentiroso —sollozó más fuerte y se secó las lágrimas con el dorso de la mano.
—Hermano no está nada gordo —Han Jian Yu suspiró con impotencia mientras miraba el botiquín—. Vamos, pequeña Mei, ¿no querías curarle las heridas a tu hermano?
La pequeña Mei asintió e hizo con torpeza lo que sabía y lo que había aprendido de la televisión y de los mayores.
Han Jian Yu frunció los labios, intentando reprimir una mueca de dolor mientras ella le curaba la herida con dedos temblorosos, como si estuviera recomponiendo un jarrón delicado.
*Fin del flashback*
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