Casado con su amor secreto - Capítulo 392
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Capítulo 392: Sonreír
—No has comido bien, vomitaste todo lo que comiste. Me preocupaba que te sintieras mal —le acarició el pelo.
—Sí que me siento un poco débil, pero debe de ser una intoxicación alimentaria o algo así. Ayer no comí bien, quizá por eso vomité después de comer un poco —respondió ella, parpadeando.
Más tarde, después de que vomitara, el médico le había realizado algunas pruebas bajo la gélida mirada de Jun Zixuan. Ella suspiró al pensar en ello.
—Lo sabremos cuando salgan los resultados del análisis de sangre —dijo, inclinándose hacia ella para darle un suave beso en la frente.
Yu Mei lo miró antes de asentir. —Pero estoy segura de que no es nada grave. No soy una persona enfermiza para que te preocupes así —le alborotó el pelo—. Ve a ducharte primero. Haré que nos preparen la comida y más tarde iremos a por los informes.
Jun Zixuan asintió mientras la miraba. Le pasó el teléfono antes de entrar en el baño, después de coger su ropa de las bolsas que había en el sofá.
Viendo cómo se alejaba, Yu Mei suspiró aliviada. No sabía qué habría hecho si él hubiera seguido siendo tan terco.
Volvió a suspirar. Las preocupaciones que había relegado al fondo de su mente resurgieron y sus pensamientos se desviaron hacia la Familia Han. «¿Lo saben? Aunque así fuera, no deberían haber oído la conversación entre ella y Han Jingyi, ¿verdad? Si bien Han Jingyi lo admitía todo descaradamente, ella solo había susurrado unas pocas cosas delicadas, como que había matado a algunos de esos mercenarios. Por tanto, no deberían haber oído nada de eso».
«Pero ¿saben… que soy su hija? ¿Eran conscientes de ello o la grabación en directo era solo un farol?».
Muchas cosas ocupaban sus pensamientos. Por un lado, sentía una pizca de expectación en su corazón, pero, al mismo tiempo, no quería que lo supieran, pues era consciente de que su hermano no quería volver con la familia y ella tampoco quería que se creara una brecha entre ellos.
Después de desayunar juntos, Yu Mei fue a vestirse como es debido. Se suponía que le darían el alta dentro de un rato y no veía la hora de quitarse la bata del hospital.
Jun Zixuan salió de la habitación para hacer una llamada mientras Yu Mei se cambiaba.
—Jefe —lo llamó un médico mientras se abría paso hacia Jun Zixuan.
Como se trataba del hospital militar, la gente de allí se dirigía a Jun Zixuan de esa manera.
Jun Zixuan ladeó la cabeza. Colgó la llamada al darse cuenta de que era el médico que atendía a Yu Mei. —¿Está todo bien? —preguntó, fijándose en los informes que el doctor tenía en la mano.
—Jefe, en realidad es que… —suspiró el médico.
Jun Zixuan frunció el ceño.
…
Más tarde ese día, cuando Jun Zixuan y Yu Mei regresaron a la Mansión Ren, Yu Mei se dio cuenta de que había gente entrando y saliendo de una habitación en el piso de arriba. —¿Qué está pasando? —le preguntó al hombre que la sostenía de la mano y la llevaba al sofá.
—Unas reformas —respondió Jun Zixuan, y añadió—: ¿Quieres comer algo?
—Con un helado me conformo —dijo ella en voz baja, acariciándose el yeso que llevaba en el cuello—. ¿Ya ha vuelto Mia?
—No, quizá necesite su espacio. Pero enviaré a alguien a que la busque. —Jun Zixuan le acarició el pelo, le ajustó la manga del vestido y sonrió.
Yu Mei lo miró con extrañeza. —¿Por qué sonríes?
—¿No puedo?
—Eh… sí puedes —aquella sonrisa era letal para las mujeres—. Solo sonríe para mí y únicamente para mí.
—¿Para quién más crees que sonrío? —enarcó una ceja.
Ella parpadeó. —Ejem… Lo que quiero decir es… que has estado sonriendo todo el camino de vuelta a la Mansión Ren… —. Y esa misteriosa sonrisa suya le estaba picando la curiosidad.
Jun Zixuan hizo una pausa. —Eso es porque…
—Maestro —dijo el Mayordomo Gu, acercándose a ellos—. Disculpen la interrupción, pero… —vaciló.
—¿Sí? —Tanto Jun Zixuan como Yu Mei lo miraron con aire interrogante.
—El Maestro Han y la Señora Han están fuera.
Como ya se lo esperaba, Jun Zixuan asintió al Mayordomo Gu, quien se dio la vuelta, hizo una reverencia y se fue para hacerlos pasar.
La expresión de Yu Mei cambió ligeramente y se desplomó en el sofá.
Jun Zixuan le acarició el pelo. —No te preocupes, todo irá bien.
—Me siento nerviosa —dijo, agarrándole la palma de la mano en silencio—. Y no sé cómo… actuar ni qué decir.
—Solo tienes que ser tú misma. Lo demás irá bien —dijo Jun Zixuan—. Estaré ahí. No te preocupes.
…
—Estoy bien… No estoy herida… —intentó consolar Yu Mei a la mujer que se aferraba a su mano, llorando a lágrima viva. No era eso lo que Yu Mei había pensado que diría o haría al enterarse de que sus padres biológicos estaban allí, pero, por otra parte, su propia vida estaba llena de todo tipo de cosas inesperadas, así que ya debería saber que no debía dar nada por sentado ni crearse expectativas.
—¿Entonces por qué llevas ese yeso? —Han Suyin se detuvo, miró el yeso de su cuello en silencio durante un rato mientras sollozaba suavemente, pero pronto sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y rompió a llorar de nuevo.
Yu Mei no sabía si reír o llorar, pero sintió una calidez que le envolvía el corazón al ver la preocupación en sus ojos. —Quizá de aquí saqué mis rasgos de llorona —dijo en voz baja mientras abrazaba a Han Suyin, acariciándole la espalda.
Jun Zixuan se recostó en el escritorio del estudio, con una suave sonrisa jugando en sus labios ante las palabras de ella. Era él quien la llamaba llorona la mayor parte del tiempo.
Han Jing estaba sentado en el sillón, observando en silencio al dúo de madre e hija.
Después de un rato, Han Suyin por fin se calmó.
Jun Zixuan cogió la caja de pañuelos del cajón antes de acercarse a ellas para darle unos cuantos.
Han Suyin le sonrió antes de coger unos cuantos pañuelos, sintiéndose un poco avergonzada por haber llorado de esa manera. Era la primera vez que se reunía con su hija y su yerno como madre, pero había perdido la calma.
Estaba segura de que no había llorado tanto en años como lo había hecho en las últimas cuarenta y ocho horas, pero todo lo que había llegado a saber le había pasado factura y no pudo contenerse a pesar de intentarlo.
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