Casado con su amor secreto - Capítulo 411
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Capítulo 411: Debilidad
—Entonces, ¿qué quieres? —le preguntó Han Jian Yu al hombre en voz baja.
—¡Arrodíllate! —La comisura de los labios de Han Sheng se alzó mientras su voz reverberaba en la enorme terraza.
Yu Mei se quedó helada, pero Jun Zixuan la mantuvo aprisionada entre sus brazos, sin dejar que se moviera. —No mires. Todo terminará pronto —le susurró mientras le acariciaba la espalda.
—¿A qué te refieres exactamente con que terminará? Este loco… —inspiró hondo—. Odia a mi hermano. No tendrá piedad de él…
Jun Zixuan siguió acariciándole la espalda en silencio.
Han Sheng miró a Han Jian Yu. —¿Piensas retractarte, Presidente Han…, o debería decir, mi querido hijo? —Alzó la mano para acariciarse la cicatriz que le nacía en la comisura del ojo mientras desviaba la mirada.
Han Jian Yu siguió su mirada y descubrió que estaba mirando al pequeño zorro. Apretó los puños. Mentiría si dijera que no sintió que el corazón se le encogía al ver a esa pequeña criatura torturada hasta tal extremo.
Y en ese momento, supo lo que Han Sheng planeaba hacer. Si no cedía ante él, torturaría aún más a ese zorro y lo usaría para controlar a Yu Mei… Y, al final, el mismo proceso se repetiría una y otra vez.
«Plaf».
Han Jian Yu se aflojó la corbata del cuello mientras se arrodillaba sin decir una sola palabra.
Han Sheng se rio, complacido por la pequeña victoria que sentía. Tomó un sorbo de la copa de vino antes de hablar. —¿Quién habría pensado que esta mascotita sería tan útil? —Cuando llevaba a Han Jingyi de vuelta con la Familia Han desde la obra, Han Jingyi de repente balbuceó, en estado de shock, sobre algo blanco mientras señalaba con el dedo en dirección al bosque.
Aunque actuó como si no le importara, les envió un mensaje a sus hombres para que rastrearan el lugar y, para su gran regocijo, encontraron a este pequeño zorro que yacía inconsciente bajo un árbol.
Más tarde, le preguntó a Han Jingyi sobre ello con indiferencia y, debido a su estado mental, ella no se lo pensó dos veces antes de revelarle que el zorro blanco era la mascota de Yu Mei.
Mientras maldecía a Yu Mei, Han Jingyi reveló cómo esa zorra la había arañado cuando intentó acariciarle la cabeza y también lo protectora que era Yu Mei con ella.
Han Sheng corrió el riesgo de usar a esa zorra que había capturado como cebo para atraer a Yu Mei y, después, usar a Yu Mei para atraer a Han Jian Yu y Jun Zixuan.
Le aterraba la idea de provocar a Jun Zixuan u ofenderlo. Por muy poderoso que fuera Han Jian Yu, Han Sheng estaba seguro de que Yu Mei era su mayor debilidad.
Pero quién iba a decir que estos dos hombres, poderosos e invencibles, tenían como debilidad a una mujer. Y que esa mujer, inteligente e ingeniosa, tenía como debilidad a su mascota.
Así que todos ellos tenían una debilidad y él movió los peones en consecuencia, usando sus respectivas debilidades para hacerlos caer.
—¿Sabes una cosa, hijo? Arruinaste todos mis planes —dijo Han Sheng, mirando a Han Jian Yu con desdén—. El día que mi querida sobrina fue secuestrada por su niñera, yo no quería de ninguna manera que fueras tras ella. Deberías haber sido un buen chico y haberte quedado en la mansión mientras ella moría fuera. —Sus palabras eran tan crueles como su tono.
Y Yu Mei sintió que los brazos de Jun Zixuan se apretaban aún más alrededor de su cuerpo. Se quedó casi sin aliento, pero le dejó abrazarla como él quería.
Sabía que los preocuparía al venir aquí, pero en ese momento solo podía pensar en Mia y en nadie más. Pero ahora que sabía que su hermano y Jun Zixuan habían visto una grabación en directo de todo lo ocurrido, sabía que miles de pensamientos, ansiedad y preocupación debieron de haber pasado por sus mentes mientras se dirigían hacia aquí.
Fue como cuando vio las fotos de Mia, toda magullada y ensangrentada; no pudo conducir bien, pensando en lo que podría haberle sucedido, aunque la situación actual no era mucho mejor.
¡Chas!
Yu Mei salió de su aturdimiento al oír el sonido… Le recordó a… al chasquido de un látigo.
—Zixuan, suéltame —forcejeó ella entre sus brazos.
—Quédate así —respondió Jun Zixuan, aflojando un poco su agarre, pero no lo suficiente como para que ella pudiera moverse.
—Suéltame. —Puso las manos en su pecho mientras forcejeaba, pero sus intentos de apartarse de él y darse la vuelta fueron inútiles, ya que el hombre ni siquiera se inmutó.
La expresión de Han Jian Yu permaneció impasible mientras un hombre le azotaba la espalda, arrodillado en silencio frente a Han Sheng.
Han Sheng observó su rostro inexpresivo. Seguía siendo el mismo. Aunque esa cara podría haber cambiado y madurado con la edad, la expresión no. Esa misma cara inexpresiva, esos ojos sin miedo y esa expresión impávida… la que más detestaba.
Se bebió de un trago toda la copa de vino antes de ponerse en pie y caminar hacia Han Jian Yu. Mirándole a sus ojos inexpresivos, le susurró: —¿Sabes que siempre te he odiado? Desde el día en que naciste, lo único que he sentido por ti es odio. Esa cara tuya siempre me ha provocado asco. Siempre.
La expresión de Han Jian Yu cambió ligeramente mientras alzaba el rostro. —¿Por qué? —Siempre lo había sabido.
Aunque este hombre era amable a veces, Han Jian Yu siempre había sentido el odio que le profesaba. Lo que nunca entendió fue el origen. ¿Por qué lo odiaba tanto?
Mientras la sangre brotaba de su espalda a causa del látigo, Han Jian Yu reflexionó en silencio.
En medio de todo aquello, nadie se percató de un leve movimiento de la zorra que sostenía el hombre de Han Sheng.
Sangre fresca empezó a manar de la espalda de Mia, filtrándose por su pelaje, ya rojo por los cortes y magulladuras que tenía. Un pequeño ceño se formó cerca de la marca de nacimiento carmesí de su frente.
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