Castigo Compartido - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Capitulo 15 Escuchando Demasiado
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15: Capitulo 15: Escuchando Demasiado 15: Capitulo 15: Escuchando Demasiado El miércoles empezó normal, con ruido de fondo, mochilas y charlas que llenaban el salón.
Renzo salió antes para ir a su departamento; tenía que entregar unos apuntes que había dejado listos.
Todo parecía tranquilo… hasta que Aina, sin razón aparente, escuchó unos ruidos del otro lado de la pared.
—¿Qué…?
—murmuró para sí, frunciendo el ceño—.
¿Quién está ahí?
Golpes, risas apagadas, murmullos.
Su imaginación corrió rápido.
—Seguro… seguro hay alguien en su departamento… —dijo entre dientes—.
¡Qué ridículo!
Aina cruzó los brazos, roja de la indignación.
No podía creer que alguien más estuviera ahí, ¡en su vecindario, a un paso de ella!
Al mismo tiempo, Renzo estaba en su sala, con los apuntes abiertos sobre la mesa, hablando por videollamada con su amigo Damián.
—Sí, sí… exactamente así —decía—.
¡No exageres!
Aina apretó los puños.
—¿Me está tomando el pelo?
—gruñó—.
No puede ser… Cada risa, cada palabra, era una tortura para su orgullo.
Y aunque lo negara, el estómago le daba un vuelco extraño.
—¡Tch!
—resopló—.
Me niego a imaginar cosas… Pasaron unos segundos, y el silencio volvió.
Aina intentó calmarse, respirando hondo.
—Idiota… seguro es solo él —se dijo—.
¡Ridícula yo por preocuparme!
Esa tarde, cuando Renzo terminó su llamada y cerró la computadora, se escuchó un golpe suave en la pared.
—¿Eh?
—murmuró—.
¿Aina?
—¡Nada!
—respondió ella, más alto de lo necesario—.
Solo estaba… escuchando… nada más.
Renzo sonrió levemente, apoyado contra la pared.
—Claro, nada más —susurró, divertido.
Aina apartó la mirada, cruzando los brazos y mascullando.
—Tch… siempre tan despreocupado.
—¿Te molesta?
—dijo él, en tono ligero—.
Si quieres, puedo hablar más fuerte la próxima vez.
—¡IDIOTA!
—gritó ella, tapándose la cara—.
¡Ya cállate!
Renzo rió, bajo y suave, sin responder nada más.
Al final, Aina se sentó en el sofá, todavía roja, frustrada consigo misma.
Había tenido celos… y sin razón.
Pero en el fondo, una parte de ella no podía negar que Renzo era el culpable de todo eso, solo por existir y vivir al lado.
—Este idiota… —murmuró—.
Siempre logra irritarme y… otra vez… Renzo, del otro lado de la pared, sonrió levemente mientras se apoyaba en la puerta de su cuarto.
—Problemas pequeños… diversión grande.
Y, sin que ninguno lo dijera, ambos sabían que esa pared no los separaba tanto como parecía.
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