Castigo Compartido - Capítulo 19
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19: Capitulo 19: ¿Soy Tuyo?
19: Capitulo 19: ¿Soy Tuyo?
Era lunes temprano.
Las aulas aún estaban vacías y los pasillos silenciosos.
Renzo llegó al colegio con algo de retraso debido a la fiebre de días pasados, pero ya completamente recuperado.
Aina, como siempre, lo miraba desde lejos, cruzando los brazos y mascullando algo inaudible.
Renzo decidió ir a la cafetería mientras esperaba a que empezaran las clases.
Estaba solo, dejando que sus pensamientos fluyeran.
Fue entonces cuando vio a alguien nueva sentada en una mesa junto a la ventana: cabello largo, uniforme impecable, expresión confiada.
—Hola —dijo la chica con una sonrisa—.
Tú eres Renzo, ¿verdad?
Renzo levantó la vista, sorprendido.
—Eh… sí, ¿y tú?
—Me llamo Isabella —respondió ella, inclinándose un poco—.
Soy amiga de Erica.
Escuché cosas interesantes sobre ti.
Renzo arqueó una ceja, curioso.
—¿Qué cosas?
—Que tienes algo… con Aina —dijo Isabella, sonriendo de manera traviesa—.
O al menos, eso dicen por ahí.
Renzo se rió bajo, acomodándose en la silla.
—No hay nada entre nosotros —respondió—.
Solo somos vecinos y compañeros.
Isabella se inclinó hacia él, bajando la voz: —Si eso es verdad… entonces voy a intentar acercarme a ti.
Solo por diversión, claro.
Renzo la miró con calma.
—…No me importa lo que hagas.
Isabella sonrió ampliamente, segura de sí misma, y comenzó a charlar de manera casual sobre la escuela y cosas triviales.
Pero justo en ese momento, Aina entró a la cafetería.
Sus ojos recorrieron la escena y se detuvieron en Isabella.
El corazón le dio un vuelco extraño.
—¡¿Qué…?!
—exclamó Aina, caminando hacia ellos—.
¿Quién es tú?
Isabella se recostó en la silla, con una sonrisa confiada: —Hola, Aina.
Soy Isabella.
Solo estaba hablando con Renzo.
Aina frunció el ceño y apretó los puños.
Su orgullo no la dejaba retroceder, pero su corazón se agitaba sin que quisiera admitirlo.
—¡No!
—gritó de repente—.
Renzo es mío.
¡No te atrevas!
Isabella se rió suavemente, sorprendida por la reacción explosiva de Aina.
—Wow, parece que estás muy… apegada.
¿Es amor?
Aina la miró fija, sin pestañear, roja de rabia y vergüenza: —¡Tch!
—gruñó—.
¿Amor?
¡Ni pienses eso!
Solo… no dejaré que te acerques a él tan fácil.
Renzo, sentado entre ambas, sonrió con diversión.
—Aina… cálmate un poco —dijo, tratando de calmar la situación—.
No pasa nada, Isabella.
Pero Aina no cedía.
Se cruzó de brazos, inclinándose hacia Isabella: —Escucha bien, idiota de sonrisa fácil —dijo con firmeza—.
Renzo es mío… y no pienso compartirlo.
Isabella arqueó una ceja, divertida: —¿Oh, en serio?
Me gusta tu confianza… será divertido entonces.
Renzo se rió, sacudiendo la cabeza, mientras Aina suspiraba, intentando mantener la compostura, aunque un hilo de rubor le recorría las mejillas.
—¡Idiota!
—gruñó—.
No te rías.
Esto no es gracioso.
Y así, en esa cafetería vacía, entre risas contenidas, miradas desafiantes y celos palpables, quedó claro algo: Aina, aunque seguía siendo mandona y orgullosa, ya no podía negar que se preocupaba más de lo que quería admitir, y que Renzo… le importaba más de lo que decía.
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