Castigo Compartido - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- Castigo Compartido
- Capítulo 20 - Capítulo 20: Capitulo 20: Los Tatuajes no se Borran
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 20: Capitulo 20: Los Tatuajes no se Borran
El ambiente en el salón estaba raro.
No porque hubiera pasado algo grave, sino porque nadie decía lo que pensaba.
Renzo estaba sentado en su lugar, mirando por la ventana, mientras Aina ocupaba el asiento de siempre, con los brazos cruzados y la mirada fija al frente. No se habían dicho nada desde la cafetería.
Ni un insulto.
Ni un “idiota”.
Eso, para Aina, ya era sospechoso.
Renzo rompió el silencio primero.
—Oye… —dijo con calma—. Lo de hoy en la cafetería…
—¡No digas nada! —lo interrumpió Aina de golpe—. No fue lo que crees.
Renzo giró la cabeza hacia ella.
—¿Y qué creo yo?
Aina abrió la boca… y la cerró. No sabía qué responder.
—Tch… —desvió la mirada—. Solo… no me gustó su actitud, eso es todo.
—¿La de Isabella? —preguntó Renzo.
—¡Sí! —respondió demasiado rápido—. Se nota que es molesta.
Renzo sonrió un poco.
—Curioso —dijo—. Porque parecía que te molestaba más… que estuviera conmigo.
Aina se puso rígida.
—No inventes cosas —murmuró—. No eres tan importante.
—Ajá —respondió él, tranquilo—. Entonces gritar “Renzo es mío” debe ser una nueva forma de saludo.
Aina se levantó de golpe.
—¡ESO NO CUENTA! —gritó—. ¡Fue un impulso!
Varias cabezas se giraron. Aina tosió y se volvió a sentar, roja hasta las orejas.
—Solo… —dijo más bajo—. No me gusta que jueguen contigo.
Renzo la miró con atención. No se estaba riendo. No la estaba provocando. Solo… observándola.
—Gracias —dijo finalmente—. Supongo.
Aina frunció el ceño.
—No me agradezcas —respondió—. Me irrita.
En el recreo, Erica se acercó a Renzo con una sonrisa sospechosa.
—Oye —dijo—. ¿Qué hiciste para que Aina pareciera un volcán a punto de explotar?
—Nada —respondió él—. Solo existí.
Erica rió.
—Ten cuidado —añadió—. Cuando Aina se pone así, es porque ya no está tan lejos.
Renzo no respondió, pero se quedó pensando.
Más tarde, en el pasillo, Renzo y Aina caminaban uno al lado del otro. No se empujaban. No se gritaban. Era raro… pero cómodo.
—Oye —dijo Aina de pronto—. Si esa chica vuelve a acercarse…
—¿Sí?
—…haz lo que quieras —respondió—. No me importa.
Renzo la miró de reojo.
—Claro.
Aina se detuvo.
—Pero —añadió rápidamente—, si intenta algo raro, avísame.
—¿Para qué?
—Para… —dudó—. Para evitar problemas.
Renzo sonrió.
—Está bien.
Aina retomó el paso, molesta consigo misma.
—Tch… —murmuró—. Siempre me haces decir cosas raras.
Renzo no respondió.
Pero esta vez, lo entendió.
Aina no sabía decir “me importas”.
No sabía decir “me pongo celosa”.
Pero lo demostraba igual.
Y eso…
era suficiente por ahora.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com