Castigo Compartido - Capítulo 27
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Capítulo 27: Capitulo 27: Nada pasó
La mañana llegó demasiado rápido.
Aina abrió los ojos y se quedó mirando el techo unos segundos más de lo normal. La imagen de Renzo sobre ella volvió sola, sin permiso.
—…Idiota —murmuró, girándose en la cama.
Se levantó de golpe, se cambió y salió de su departamento como siempre. O eso intentó.
Justo al cerrar la puerta, la de al lado se abrió.
Renzo salió al mismo tiempo.
Silencio.
—…Buen día —dijo él, con calma.
—Tch —respondió Aina—. ¿Qué miras?
—Nada —dijo Renzo, desviando la vista—. Solo… coincidimos otra vez.
—No lo hagas raro.
—No lo hago.
Caminaron juntos hacia el colegio, pero la distancia entre ellos era extraña. Ni tan cerca como antes, ni tan lejos. Aina cruzó los brazos.
—Oye —dijo—. Lo de ayer…
Renzo la miró.
—¿Sí?
—No fue nada —soltó rápido—. Fue solo un accidente.
—Claro —respondió él—. Un accidente.
Ese “claro” la irritó más de lo esperado.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Nada —dijo—. Estoy de acuerdo contigo.
—Más te vale.
En el colegio, la incomodidad se volvió peor.
Erica fue la primera en notarlo.
—¿Ustedes dos pelearon? —preguntó, mirándolos uno por uno.
—No —respondieron al mismo tiempo.
Erica alzó una ceja.
—Qué raro.
Aina se sentó rápido en su lugar, sacando el cuaderno con más fuerza de la necesaria. Renzo se sentó detrás de ella.
Cada vez que se inclinaba para agarrar algo, sentía su presencia. Cada vez que él hablaba con alguien más, Aina lo escuchaba de más.
En el recreo, Renzo se quedó hablando con Damián. Aina fingía no mirar, pero miraba.
—Oye —dijo Erica, acercándose a ella—. ¿Te molesta algo?
—No.
—Mientes.
Aina apretó los labios.
—Renzo es molesto.
—Eso no es nuevo.
Aina no respondió.
Renzo, desde lejos, la observaba. No sonreía, pero tampoco parecía incómodo. Eso era lo peor.
Después de clases, volvieron a coincidir frente al edificio.
—Bueno —dijo Renzo—. Supongo que… nos vemos.
—Sí —respondió Aina, demasiado rápido.
Se quedaron de pie unos segundos, sin saber qué hacer.
—Aina —dijo Renzo.
—¿Qué?
—Lo de ayer… no me arrepiento.
Aina se tensó.
—No dijiste nada malo —respondió, desviando la mirada—. Yo tampoco.
Subió las escaleras rápido y cerró la puerta de su departamento.
Renzo se quedó mirando la puerta cerrada.
—Nada pasó… —murmuró—. Pero algo cambió.
Del otro lado de la pared, Aina apoyó la espalda y dejó escapar un suspiro.
—Sí… —susurró—. Cambió demasiado.
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