Castigo Compartido - Capítulo 29
- Inicio
- Todas las novelas
- Castigo Compartido
- Capítulo 29 - Capítulo 29: Capitulo 29: ¿Me obligaras?
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 29: Capitulo 29: ¿Me obligaras?
El día había sido extraño.
Aina apenas hablaba con Renzo en el colegio. Sus respuestas eran cortas, sus gestos medidos, como si estuviera evitando cualquier contacto innecesario. Renzo, por su parte, se mantenía tranquilo, acostumbrado a sus cambios de humor, pero no pudo evitar notar que algo estaba distinto.
Al final de clases, Aina lo alcanzó en la puerta del colegio. No dijo nada mientras caminaban, y Renzo decidió no presionar… por ahora.
—Renzo —dijo ella de repente, firme—. Necesitamos hablar.
Renzo parpadeó, sorprendido.
—¿Aquí o en tu departamento? —preguntó.
—En el mío —respondió ella—. Ahora.
Cuando llegaron al edificio, Aina abrió la puerta de su departamento y se quedó allí, cruzada de brazos, mirándolo directamente. Renzo entró, con las manos en los bolsillos, intentando leerla.
—¿Por qué me ignoraste hoy? —preguntó, calmado.
Aina respiró hondo, apoyándose en la puerta con una expresión seria, pero vulnerable.
—Vi todo —dijo—. Con Isabella.
Renzo abrió la boca:
—Per…
—No me importa que salgas con ella —lo interrumpió rápidamente—, o que sean novios. Pero… me gustas. Y sé que tú no me ves con esos ojos.
Renzo la miró, sorprendido, sin saber qué decir.
—Pero… que pena —continuó Aina, con un brillo en los ojos—. Te obligaré a amarme.
Renzo se quedó en silencio, parpadeando, y por un instante el mundo pareció detenerse. Aina dio un paso hacia él, pero sin acercarse demasiado, dejando espacio suficiente para mantener el control. Su tono era seguro, desafiante, y a la vez… increíblemente cercano.
—¿Ah, sí? —dijo él, sonriendo apenas—. ¿Y cómo planeas hacer eso?
Aina arqueó una ceja, sonriendo con picardía:
—Ya lo verás —susurró—. Pero créeme, no será fácil escaparte.
Renzo se rió por lo bajo, divertido y cautivado a la vez.
—Bueno… intentaré no rendirme tan rápido.
—¡Idiota! —exclamó Aina, empujándolo ligeramente, pero sin fuerza—. No me hagas sonar tierna.
Renzo levantó las manos en señal de rendición, todavía sonriendo.
El silencio que siguió estaba cargado, pesado de posibilidades, pero ninguno de los dos lo rompió. La tensión entre ellos era dulce y eléctrica, y ambos sabían que esto acababa de empezar.
—Ahora —dijo Aina finalmente—. Lávate las manos y ayúdame a ordenar un poco. —Su voz volvió a ser firme, mandona, como siempre, pero con un deje que solo él podía notar.
Renzo negó con la cabeza, divertido, y se inclinó hacia la cocina.
—Perfecto… —murmuró—. Parece que voy a tener que soportarte un poco más.
—Mucho más, idiota —replicó Aina, mientras los dos comenzaban a ordenar juntos, lado a lado, pero con una cercanía que ninguno quería admitir en voz alta.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com