Castigo Compartido - Capítulo 3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: Capitulo 3: ¿Amarre?
3: Capitulo 3: ¿Amarre?
La campana sonó y los alumnos entraron al aula, llenando el espacio con ruido y risas.
Aina se sentó en su escritorio, cruzando los brazos, mientras Renzo aparecía detrás con su mochila sencilla y sin llamar la atención.
—¡¿Qué hace este inútil aquí!?
—susurró Aina, rodando los ojos—.
Siempre llega tarde y encima… —se calló, dándose cuenta de que él estaba, como siempre, tranquilo y sin armar ningún drama.
El profesor empezó la clase de matemáticas, repartiendo hojas de ejercicios complicados.
—Ustedes dos trabajarán juntos —dijo, señalando a Aina y Renzo.
—¿¡Qué!?
—gritó ella en su cabeza, levantando una ceja—.
¿Por qué siempre me toca con el inútil del salón?
Renzo solo se sentó frente a ella, sin hacer comentarios.
Aina suspiró, cruzando los brazos y lanzándole miradas de fuego cada vez que él abría el cuaderno y empezaba a escribir.
—Oye, Renzo… —dijo Aina, inclinándose sobre la mesa—.
¿Sabes siquiera sumar fracciones?
—Sí —contestó, calmado, escribiendo sin mirar—.
Y tú deberías concentrarte más en el problema y menos en mí.
Aina frunció el ceño, irritada, pero volvió a enfocarse en los números.
Mientras trabajaban, Renzo parecía avanzar sin esfuerzo.
Aina intentaba explicar cómo hacerlo, pero él solo asentía y corregía suavemente los errores que ella cometía.
—¡Idiota!
—murmuró, tirando el lápiz sobre la mesa—.
No me hables así… ¡aunque tengas razón!
Renzo levantó la mirada y le dio una sonrisa ligera, que Aina interpretó como desafío silencioso, y no pudo evitar empujarle el brazo.
Aina terminó más irritada por lo fácil que él parecía manejarlo todo, pensando que “ni siquiera se esforzaba de verdad”.
Durante la clase de inglés, el profesor les pidió que leyeran en parejas.
Aina le dio a Renzo un empujón suave y le dijo: —Tú solo léelo sin arruinar mi parte.
—Está bien —dijo él, tranquilo.
Pero Renzo cometió un error en una palabra y Aina explotó.
—¡¿Qué haces?!
—le gritó—.
¡Hasta un niño de primero lo haría mejor!
Renzo suspiró, simplemente corrigiéndolo y dejándola hablar.
Aina lo miró, frunciendo el ceño, pero sintió que el chico ni se ofendía ni se impresionaba por su rabia.
Y eso, aunque no lo admitiría, le empezó a fastidiar menos… aunque seguía pensando que él era “muy inferior para mi nivel”.
Al final de la jornada, el profesor anunció: —Mañana harán un examen sorpresa en ciencias.
Prepárense.
Aina miró a Renzo, lista para regañarlo si no estudiaba, pero él simplemente asentó, sacando un cuaderno y escribiendo apuntes tranquilamente.
—¡Tch!
—susurró Aina—.
Seguro ni se va a esforzar… Y mientras guardaba sus cosas, resbaló con una mochila caída, chocando con Renzo.
Ambos terminaron en el suelo, con Aina empujándolo accidentalmente.
—¡Idiota!
—gritó, levantándose rápido—.
¡Eso fue tu culpa!
—Sí, sí —dijo Renzo, sin siquiera enfadarse, ayudándola a ponerse de pie—.
Todo tuyo, no hay problema.
Aina rodó los ojos, suspiró y caminó hacia la salida, murmurando para sí misma: Este idiota… tiene demasiada suerte… y todavía me saca de quicio.
Pero por primera vez, sin quererlo, sintió que había algo más en él que no podía ignorar, aunque insistía en que él seguía siendo “inferior” y completamente molesto.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com