Castigo Compartido - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Capitulo 5 Vecinos Inesperados
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5: Capitulo 5: Vecinos Inesperados 5: Capitulo 5: Vecinos Inesperados Era un sábado tranquilo, y Renzo había salido a comprar algunas cosas para la semana: pan, jugo y unas cuantas cosas que necesitaba.
Caminaba por las calles, tranquilo, con su mochila y la lista en la mano.
Justo cuando iba a cruzar una esquina, chocó suavemente con alguien.
—¡Ah!
—dijo él, sujetándose—.
Perdón, no te vi.
—¡Tch!
—exclamó Aina, incorporándose, con las bolsas llenas de compras—.
Tú… ¿qué haces aquí?
Renzo la miró calmado, con esa expresión que siempre la irritaba: —Solo comprando algunas cosas… ¿y tú?
—¡Igual!
—dijo Aina, cruzando los brazos, tratando de mantener la calma aunque sorprendida—.
Qué coincidencia… Ambos guardaron silencio unos segundos, mirándose, intentando disimular la sorpresa.
Cuando terminaron de pagar, comenzaron a caminar por la misma calle.
Aina frunció el ceño, extrañada: —Oye… ¿cómo es que vamos por el mismo camino?
—preguntó, levantando una ceja—.
No me digas que… ¿vives por aquí?
—No lo sé —respondió Renzo, tranquilo—.
Solo voy a mi casa.
Aina rodó los ojos, pero algo dentro de ella sentía que eso era demasiado raro para ser coincidencia.
Mientras caminaban, coincidían en cada semáforo y giro de calle, hasta que llegaron al mismo edificio.
—¡Espera…!
—dijo Aina, abriendo la puerta—.
¿Tú… vives aquí?
Renzo levantó la mirada y sonrió levemente: —Sí… y tú también.
Aina lo miró incrédula, casi roja de la sorpresa: —¡¿Qué?!
¡¿Vives justo al lado de mí?!
—gritó, con las bolsas temblando—.
¡Esto es imposible!
—No es imposible —dijo él, encogiéndose de hombros—.
Solo coincidencia.
—¡Tch!
—resopló ella, intentando mantener la compostura—.
¡Siempre me topo contigo hasta en mi propio edificio!
Renzo solo sonrió, disfrutando la expresión explosiva de Aina.
—Bueno… al menos no tendremos que caminar tanto para el castigo del colegio —dijo él con tranquilidad, mientras abría la puerta de su departamento.
—¡Idiota!
—gritó Aina, entrando a su apartamento y dejando las bolsas sobre la mesa—.
¡No hagas bromas de esas!
Ambos cerraron la puerta de sus departamentos, pero sabían que, a partir de ahora, la convivencia sería inevitable.
Y Aina no pudo evitar murmurar para sí misma mientras se quitaba los zapatos: Este idiota… sigue siendo un inútil, y aún así me saca de quicio…
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