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Castigo Compartido - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capitulo 8 ¿Qué fue eso
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8: Capitulo 8: ¿Qué fue eso?

8: Capitulo 8: ¿Qué fue eso?

La luz se fue otra vez.

Aina ni siquiera reaccionó al principio.

Estaba sentada en su cama mirando el celular cuando la pantalla fue lo único que quedó iluminado.

—Genial… otra vez —murmuró.

Dejó el celular a un lado y se recostó.

Ya le había pasado antes.

No era nada nuevo.

Pero pasaron unos minutos… y algo no se sentía igual.

Desde el pasillo llegó un sonido.

Pasos.

Aina abrió los ojos.

—¿…?

Se sentó despacio, escuchando.

Los pasos se detuvieron.

Luego, un golpe suave.

Como si alguien hubiera apoyado algo contra la pared.

—Seguro es Renzo —se dijo—.

Sí… es ese idiota caminando.

Intentó convencerse, pero entonces escuchó algo más.

Una voz.

No clara.

Como un murmullo.

Aina sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—No… no seas ridícula —susurró—.

Solo es el edificio.

Se levantó para ir por agua… y el sonido volvió.

Más cerca.

Aina se quedó quieta.

Su corazón empezó a latir más rápido.

—Ya… ya está —dijo en voz baja—.

No pienso quedarme sola aquí.

Agarró su celular, abrió la puerta y salió casi corriendo.

Tocó la puerta de al lado sin pensar.

—¡Renzo!

Silencio.

—¡Renzo, abre!

La puerta se abrió.

—¿Aina?

—dijo él—.

¿Qué pasa?

Ella entró de golpe y cerró la puerta detrás de sí.

—Hay ruidos —dijo rápido—.

Pasos… voces… algo raro.

Renzo la miró unos segundos.

—Es un apagón —respondió—.

La gente suele salir al pasillo.

—¡No eran pasos normales!

—replicó—.

Sonaban… distintos.

Renzo suspiró.

—Ven —dijo—.

Si te quedas aquí, no pasa nada.

Aina dudó… pero no salió.

—No creas que vine porque confío en ti —aclaró—.

Es solo… estratégico.

—Claro —respondió él—.

Estrategia pura.

Se sentaron en el sofá, separados.

La linterna estaba encendida sobre la mesa.

El silencio era incómodo.

—Oye… —dijo Renzo—.

¿Quieres agua?

—No —respondió ella—.

Quédate ahí.

—No pensaba moverme.

Aina abrazó una almohada.

El ruido volvió.

Más fuerte.

Esta vez, Aina se acercó sin darse cuenta.

—…Renzo.

—¿Sí?

—No digas nada raro.

—No iba a hacerlo.

Otro golpe.

La luz de la linterna parpadeó.

Aina agarró la manga de Renzo.

—No te rías —advirtió—.

No es gracioso.

—No me estoy riendo —dijo él—.

Tranquila.

Ella notó algo extraño.

Su voz.

Era más baja.

Más seria.

—¿Tienes miedo?

—preguntó Renzo.

—No —respondió rápido—.

Solo… no me gusta esto.

—Entonces quédate aquí.

Aina se quedó.

Demasiado cerca.

De repente, un ruido fuerte sonó desde la cocina.

—¡¿QUÉ FUE ESO?!

—gritó Aina.

—Probablemente algo cayó —dijo Renzo, levantándose—.

Voy a ver.

—¡No!

—dijo ella—.

No vayas solo.

Renzo la miró.

—¿Vienes conmigo?

Aina tragó saliva.

—…Sí.

Caminaron juntos, lentos.

Renzo iba delante.

Aina no soltaba su camisa.

—Oye —dijo él—.

Me estás apretando.

—Cállate —susurró—.

Avanza.

Llegaron a la cocina.

Una silla estaba caída.

Renzo la acomodó.

—Listo —dijo—.

Misterio resuelto.

Aina respiró hondo.

—No fue nada… —Nunca lo es.

Ella lo miró.

—Oye, Renzo.

—¿Sí?

—No te acostumbres a esto.

—¿A qué?

—A que venga a tu departamento —respondió—.

Esto no significa nada.

Renzo sonrió un poco.

—Lo sé.

Eso la calmó… y al mismo tiempo, la confundió.

Volvieron al sofá.

Esta vez, Aina no se separó.

—Si la luz no vuelve —dijo ella—.

Me quedo aquí.

—Está bien.

—En el sofá.

—Claro.

—Y no intentes nada raro.

Renzo la miró de reojo.

—¿En serio crees que haría algo?

Aina se quedó callada.

—…No.

Pasaron unos minutos.

La luz volvió.

Todo se iluminó de golpe.

Aina parpadeó.

—Ah… volvió.

Se levantó rápido.

—Bueno, ya está.

Me voy.

Se detuvo en la puerta.

—Oye.

—¿Sí?

—Gracias… por no reírte.

Renzo la miró.

—Cuando quieras.

Aina salió sin decir más.

Del otro lado de la pared, se apoyó contra ella.

—Qué noche más estúpida… Renzo apagó la linterna y sonrió.

—Sí… bastante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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