Cazador de Milfs: Seduciendo y Domando Bellezas - Capítulo 833
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Capítulo 833: El ano apretado de la tía Gabriela
«No esperaba que Jack sedujera a esta perra tan pronto…». Sus pensamientos eran oscuros, llenos de admiración…, casi de orgullo. «Incluso dejó que ella diera el primer paso…». Su mirada se desvió hacia Gabriela, su expresión indescifrable.
«Realmente es un íncubo…». Su mente ronroneó, sus pensamientos retorcidos de respeto… y lujuria. «Némesis de las mujeres…».
«No dejaré que la madre del enemigo…». Sus pensamientos se volvieron fríos, despiadados. «Obtenga la satisfacción que quiere…». Sus oscuros ojos se clavaron en Gabriela, su expresión transformándose en algo depredador.
«Quiere la polla de Jack…». Su mente se mofó mientras sus labios se curvaban en una sonrisilla. «Hmph… Sigue soñando…».
«Me quedaré aquí…». Los pensamientos de Sarah eran firmes, decisivos…, como un juez dictando sentencia.
«Justo delante de ti…». Su mirada se desvió hacia mí y luego de vuelta a Gabriela, su sonrisilla volviéndose feroz. «¿Qué puedes hacer?».
Sarah se adentró más en la habitación, su presencia llenando el espacio como una tormenta, sus oscuros ojos clavados en Gabriela…, atrapándola, desafiándola. El aire se volvió más pesado, cargado de algo peligroso, algo tácito. —Me quedaré aquí un rato —dijo con voz dulce y burlona…, pero su intención era clara—. Para asegurarme de que todo está a salvo.
Y mientras se acomodaba en la silla, sin apartar la vista de nosotros, su sonrisilla sin desvanecerse…
Lo supe.
Esto ya no era solo un juego.
Esto era la guerra.
Entonces…
Un cambio.
Una alteración.
Los pensamientos de Sarah parpadearon…, y lo sentí.
«Mmm…». Su mente se nubló de repente, su respiración se entrecortó mientras un rubor le subía por el cuello. «¿Qué siento…?». Sus dedos se crisparon contra el reposabrazos, sus muslos apretándose mientras un calor se extendía por su interior.
«Qué calor…». Sus pensamientos eran frenéticos, su cuerpo reaccionando antes de que su mente pudiera procesarlo. «Y ese picor… en mi coño…».
Me di cuenta…
El Aroma de Lujuria se había apoderado de ella.
Los oscuros ojos de Sarah parpadearon con confusión, su respiración se aceleró mientras la excitación corría por sus venas. Forzó una sonrisa —de disculpa, forzada— mientras se volvía hacia Gabriela.
—Tía, no te preocupes… —dijo, con la voz más suave ahora, con menos control—. Puedes dormir… Yo vigilaré…
Pero sus pensamientos la traicionaban.
«¿Qué me está pasando…?». Su mente iba a toda prisa, su cuerpo doliéndole con una necesidad que no podía comprender. «¿Por qué me siento tan… húmeda…?».
Gabriela estaba molesta…, frustrada…, su cuerpo vibrando de deseo insatisfecho. «¿Qué voy a hacer…?». Sus pensamientos eran desesperados, sus dedos apretaban las sábanas. «Sarah se queda aquí…». Su mente entró en espiral, su coño palpitando de necesidad.
«Mi coño está palpitando tan fuerte…». Se mordió el labio, su cuerpo anhelando lo que había sido interrumpido. «Quiero meterme esa polla en el coño…».
Pero no tenía otra opción.
Con un bufido, Gabriela se metió en la cama y se tumbó de espaldas a mí, con el cuerpo tenso por la frustración. Sarah se sentó en la silla, frente a ella, con sus oscuros ojos clavados en Gabriela —sin parpadear, hambrientos—, aunque no entendía por qué.
¿Y yo?
Me giré sobre un costado…
Ahora, de cara a la espalda de Gabriela, la curva de su culo se apretaba contra mí, el calor de su cuerpo irradiando a través de la fina tela de su bata.
La habitación estaba cargada de tensión, el aire denso con el olor de la excitación y el engaño. Gabriela yacía rígida a mi lado, con la espalda pegada a mi pecho, su respiración saliendo en jadeos cortos y frustrados.
La manta nos cubría a ambos, ocultando el calor entre nosotros, la necesidad que se negaba a desaparecer. Mi polla, todavía dura y palpitante, estaba presionada contra la suave curva de su culo, el calor de su cuerpo irradiando a través de la fina tela de su bata.
Los pensamientos de Gabriela eran un torbellino de frustración y deseo.
«No puedo soportar esto…». Su mente iba a toda prisa, su cuerpo anhelando liberarse. «Su polla está justo ahí…». Sus dedos apretaron las sábanas, su coño palpitaba de necesidad. «La necesito…».
Me moví ligeramente, deslizando la mano bajo la manta, mis dedos recorriendo la curva de su cadera. Gabriela se tensó, contuvo la respiración…, pero no me detuvo.
Mis dedos encontraron el lazo de su bata, aflojándolo lo justo para exponer la suave y redonda protuberancia de su culo. El calor de su piel era embriagador, el olor de su excitación llenaba mis sentidos. Me apreté más, mi polla deslizándose entre sus nalgas, la cabeza tentando su apretado y fruncido agujero.
«Oh, Dios…». El pensamiento de Gabriela fue un gemido, su cuerpo temblando al sentirme ahí…, en un lugar donde nunca antes la habían tocado.
Y entonces…
Empujé.
Solo la punta —lenta, deliberada—, presionando en su ano.
El cuerpo de Gabriela se sacudió y un grito ahogado se desgarró de sus labios: —¡AAAAAH!
La voz de Sarah cortó la tensión, aguda y alerta. —¿Tía? ¿Qué pasa?
Gabriela se quedó helada, su cuerpo se puso rígido por el pánico. Su cara se sonrojó, su respiración agitada mientras buscaba una excusa a toda prisa. —¡N-nada! —tartamudeó, con la voz aguda y desesperada—. Solo… un mosquito…
Los oscuros ojos de Sarah se entrecerraron ligeramente, su mirada se detuvo en el rostro sonrojado de Gabriela, en su cuerpo tembloroso. Pero el Aroma de Lujuria todavía la afectaba, su propia necesidad nublando su juicio. Se movió en la silla, apretando los muslos, con la respiración entrecortada…, sin ser consciente de la verdadera razón del grito de Gabriela.
Bajo la manta, esbocé una sonrisa oscura, posesiva.
El culo de Gabriela se apretó alrededor de la punta de mi polla, su cuerpo temblando con una mezcla de vergüenza y lujuria. Su calor, la estrechez de su agujero prohibido, enviaron una sacudida de placer a través de mí, mis caderas presionando un poco más profundo, estirándola de una manera que nunca antes había experimentado.
«E-está dentro de mí…». Su pensamiento fue un gemido, su mente en espiral por la conmoción y el deseo. «En mi culo… Oh, Dios…». Sus dedos se clavaron en las sábanas, su respiración se entrecortó mientras intentaba procesar la sucia sensación: el ardor, la plenitud, la vergüenza de todo aquello.
Al otro lado de la habitación, Sarah se movió en su silla, sus oscuros ojos se entrecerraron ligeramente mientras reproducía el grito de Gabriela en su mente. Sus pensamientos eran confusos, conflictivos: el Aroma de Lujuria seguía nublando su juicio, su propia excitación le dificultaba pensar con claridad.
«¿Qué ha pasado…?». Su mente iba a toda prisa, su cuerpo doliéndole con una necesidad que no podía comprender. «Su grito…». Se mordió el labio, sus dedos apretando los reposabrazos. «¿Por qué suena como un gemido…?».
Su mirada se desvió hacia la manta: hacia los sutiles movimientos bajo ella, hacia la forma en que la respiración de Gabriela seguía siendo agitada, su cuerpo tenso. Una oscura sospecha se deslizó en su mente, sus pensamientos retorciéndose de celos y curiosidad.
«Tiene que ser Jack…». Su mente gruñó, su cuerpo calentándose con una mezcla de ira y lujuria. «Haciendo algo vergonzoso debajo de esa manta…».
Bajo la manta, sonreí —una sonrisa oscura, posesiva— mientras mi polla se hundía un poco más en el apretado culo de Gabriela. Su cuerpo se sacudió, un jadeo ahogado escapó de sus labios mientras intentaba permanecer en silencio, sus dedos clavándose en mi brazo.
«N-no…». Su pensamiento era desesperado, su cuerpo la traicionaba. «Me está follando el culo…». La vergüenza solo la humedecía más, su coño goteando de necesidad, su mente girando con pensamientos sucios. «Debería detenerlo… Pero, Dios… Se siente tan bien…».
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