Cenizas de la luna - Capítulo 13
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13: Capítulo 12 13: Capítulo 12 Celina estira tanto como puede la pierna, lleva un rato calentando y prueba hacer una pirouette, gira sobre su pierna intentando mantener el equilibrio.
Tal como lo hizo esa mañana, sin embargo, apenas logra unos giros y debe volver a la posición inicial.
Mantiene aquella pose mientras observa el edificio de enfrente.
Aunque vive en el piso más alto, no puede ver más allá de la ciudad.
Ya pasa de la media noche y algunos de los departamentos del otro lado aún permanecen con luces prendidas.
Celina se pregunta si alguien más como ella está en movimiento por no querer estar en su propia mente.
Regresa a la posición inicial y lo intenta de nuevo.
Un golpe suave se escucha en su puerta, pero la chica sigue en su rutina: pirouette, arebesque, pirouette.
El intruso observa, pero no la interrumpe, sabe quién es antes que hable.
—Feliz cumpleaños —dice él cuando Celina realiza un battement fondu.
La chica se gira para mirarlo, está apoyado en la puerta de su habitación, lleva la camisa y corbata negras, es toda una sombra.
Sus ojos grises la encuentran y Celina se pregunta cuándo dejará de parecerle tan atractivo, los ojos de Cámeron delataban sus intenciones.
—¿Qué haces aquí?
—pregunta Celina cansada.
Se supone que él estaba con su padre en alguna reunión de negocios o eso había dicho, por lo que Cámeron no llegaría hasta mañana.
—No quise perderme tu cumpleaños —dice mientras da unos pasos como felino.
Celina se recarga sobre la barra de madera donde practica.
No lo detiene, ni le pide que salga de su habitación, su olor invade todo y ella no puede evitar que su cuerpo reaccione.
Cámeron toma su barbilla y le da un beso suave en los labios.
—Pasan de las doce, técnicamente ya no es mi cumpleaños —dice ella burlándose contra sus labios.
—En alguna parte del mundo sigue siendo tres de diciembre —argumenta aún muy cerca de su boca.
El chico huele ligeramente a manzanilla.
Cámeron ama el té, recuerda ella, lo conoce tanto.
—¿Vas a seguir practicando?
—pregunta Cámeron sobre su oído.
La chica ya no puede resistirse, su cuerpo se estremece por la ansiedad de quitar cada capa de ropa que hay entre ellos.
Nunca ha probado ningún tipo de droga, pero está segura que es adicta, y Cámeron lo sabe.
Celina tiene claro que no es bueno para ella, sin embargo, la hace sentir tan bien.
Él besa su cuello, logrando que ella se suelte de la barra y, en cambio, se aferre a su cuerpo con ambos brazos.
Es la señal que necesita para tomarla entre sus brazos mientras se le nubla el pensamiento y recorre el territorio que conoce de memoria.
Celina no quiere pensar y él es una excelente distracción.
Tal vez Cámeron a veces puede no estar presente, o no prestarle atención, pero cuando están así, ella es todo su universo; y sabe exactamente cómo llevarla al éxtasis.
Por una milésima de segundo la chica piensa en detenerlo, decirle que este día ha sido una mierda.
Contarle la verdad sobre Mael, cómo la engañó, y aún no tiene idea de cuáles eran sus intenciones.
Gritarle sobre lo furiosa que está con él, por no aparecerse antes, sobre todo en la fiesta de cumpleaños de la que se supone que va a ser su esposa.
O cómo tuvo que dar mil excusas sobre su ausencia, aun sin conocer la verdadera razón por la que no llegó.
Podría contarle cómo Ailed la acompañó todo el día y cómo, afortunadamente, Shane se volvió el centro de atención.
Podría haberlo hecho, en cambio, deja que él la lleve a la cama, que está a unos metros; y cuando él se desliza hasta su parte más sensible, ya ha olvidado por qué era tan mala idea sucumbir a sus deseos.
Celina despierta y todavía no amanece.
Cámeron duerme a su lado, ahí en su cama que es bastante amplia, él parece invadirlo todo.
Es tan sólido y cálido, que se permite cerrar los ojos de nuevo, no quiere despertar y enfrentarse a los acontecimientos.
Pero su mente la traiciona y no puede volver al mundo del ensueño, trata de levantarse; él se da la vuelta y la abraza sin despertarse.
Celina lo mira dormir, preguntándose, cómo es que podía quererlo y odiarlo al mismo tiempo.
Cámeron Barragán había estado siempre en su vida, sus familias habían convivido durante años, Celina podía recordar al niño flacucho que había sido.
Cámeron era un niño inquieto, inteligente y parecía no cansarse nunca.
Se la pasaba corriendo por todos lados y tenía un montón de amigos, de cierta forma, aún es así.
En las reuniones siempre la molestaba, le hacía bromas que a ella no le daban gracia.
Cuando sabía que él estaba cerca, trataba de alejarse, era fácil ubicarlo.
Cámeron siempre estaba rodeado de niños y entre ellos sus dos hermanos menores.
Celina lo evitaba, pero de algún modo él siempre la encontraba.
Así fue hasta que un día de campo, Celina se alejó de los otros niños, era muy tímida y estaba acostumbrada a jugar sola; ya que Shane siempre la rechazaba.
Celina caminaba por la orilla del bosque cuando de pronto cayó en una zanja poco profunda, no se había lastimado, pero se quedó llorando, estaba enojada y triste.
Entonces Cámeron apareció y sin pensarlo saltó para ayudarla.
—¿Estás bien?
—preguntó Cámeron cuando llegó a su lado.
Celina no dejaba de llorar y enterró la cara entre sus brazos para que no la viera.
En realidad, Celina podía salir sin problema, pero no quería.
Creía que todos se burlarían.
—Entonces esperaremos aquí hasta que alguien venga —dijo el niño.
Y se quedó a su lado, solo lanzando piedras fuera de la zanja hasta que la madre de Cámeron fue a buscarlos.
Desde ese momento, Celina pensó que tal vez no era tan horroroso y notó que su sonrisa era bonita.
Ya no le disgustaba que Cámeron la buscara, ni que quisiera jugar con ella, incluso la defendía de Shane.
—Su nombre es Celina.
—Pues yo le digo, Nina, cara de sapo —respondió Shane con su muñeca bajo el brazo, aquella que nunca le prestaba a Celina.
—Pero ella no quiere —replicó el chico y ambos voltearon a verla.
Cámeron era el único que la llamaba por su nombre completo, para su familia y todos los que la conocían era Nina.
Siempre se sentía más fuerte cuando estaba con él.
Hasta que un día, Diana, la madre de Cámeron, falleció a causa de una enfermedad en la sangre.
Así que el señor Barragán, su padre, envió a sus tres hijos con su tía.
Pasaron tres años en los que no supo nada de Cámeron.
Incluso se había olvidado de él.
Su vida estaba enfocada en el ballet y en lograr ser tan buena como las demás chicas, Celina se esforzaba tanto para que nadie pensara que estaba ahí por su abuelo y no por sus propios méritos.
No pensó en Cámeron hasta que un día regresó.
Estaba muy cambiado, había crecido una barbaridad y como era parte del equipo de natación, se había puesto en forma dejando atrás el cuerpo escuálido de niño y Celina, por primera vez, deseó que pasaran más tiempo juntos, sin embargo, no fue así.
Él tenía sus propios amigos y ya no la buscaba, ni siquiera en las fiestas de sus padres donde coincidían.
Parecía como si nunca se hubieran conocido.
Celina creyó que así era mejor, el chico se había olvidado de ella, y con el tiempo dejó de importarle que Cámeron no le hablase.
Entonces Theodor Cazares, uno de los amigos de Cámeron, comenzó a prestarle atención.
En la clase de física, mientras realizaban un repaso para el examen final, el chico simplemente se sentó junto a ella y comenzó a hablarle.
Theo no era su amigo, ni nada por el estilo, así que Celina estaba desconcertada, creyó que se había equivocado de asiento o la había confundido.
—Oye, ¿puedes ayudarme con esto?
No logró entenderlo.
Y de verdad no entendía nada, pero mientras ella trataba de explicarle, él se dedicó a mirarla y de pronto le rozó la mano.
Celina nunca había tenido novio, las pocas veces que intentaba hablar con algún chico solo se ruborizaba y se quedaba sin saber qué decir.
Y ser hija de Nicolás Xamar no le ayudaba en nada, todos parecían saber algo sobre ella, pero Celina no sabía nada de los demás.
Y ahí estaba Theo, a su lado, con los dedos sobre su mano, Celina estaba congelada.
El chico era guapo, de acuerdo con los comentarios de sus compañeras, aunque ella no había pensado en él más allá de ser su compañero de clase.
Celina trató de concentrarse y continuó hablando sobre cómo aplicar la fórmula del lanzamiento oblicuo.
Dos segundos después, Theo desapareció de su sitio, Cámeron había movido la silla con el chico aún sentado, y colocó otra silla.
—¡Ey Theo!
Deja a mi chica en paz —dijo Cámeron con una sonrisa de suficiencia.
—¿Tu chica?
—preguntó Celina cuando pudo reponerse de la sorpresa.
El chico llevaba meses en la escuela y no le había dirigido ni una mirada y ahora estaba ahí sentado como si nada.
—Claro, pero creo que lo importante es que la fórmula que empleaste está mal —ella revisó sus apuntes; y sí, estaba mal.
Con Theo tan cerca, Celina se desconcentró y había aplicado incorrectamente la fórmula.
Pasaron el resto de la clase repasando algunos de los temas que vendrían en el examen y de pronto era como si Cámeron nunca se hubiera ido de la ciudad.
El chico hablaba y sonreía, se burló de lo mimada que era ella cuando niña y Celina le recriminó sobre la vez que se comió todos los pastelitos, dejando sin nada a los demás.
Al terminar la hora de clase, tomaron sus cosas y salieron.
Ya en el pasillo, cuando Celina pensó que todo volvería a ser como antes, Cámeron le pasó un brazo sobre los hombros mientras seguía hablando con sus amigos.
Durante ese día la acompañó a sus clases y en las que coincidían se sentaba junto a ella, aunque no hablaron mucho más, Cámeron tenía amigos en todas partes y se la pasaba bromeando con ellos.
Al final de la última clase la tomó de la mano, Celina sintió desvanecerse en ese momento.
Salieron juntos de la escuela, la chica pudo ver al final de la calle el auto de su padre; Shane ya estaba subiendo y el chofer la esperaba.
—Tengo que irme —dijo titubeando, pues no quería soltar la mano del chico.
Cámeron dejó de avanzar, se giró hasta quedar frente a ella, tomó su rostro entre sus manos y se inclinó para besarla; pero en el último instante se detuvo, estaba a unos milímetros de sus labios y el corazón de Celina palpitaba a mil por hora.
Podía sentir su aliento cálido y finalmente ella lo besó; a su manera, Cámeron había preguntado si quería estar con él.
Celina nunca se lo dijo, pero esa fue la primera vez que besó a alguien.
Sus labios eran tan suaves, podía sentir la fuerza de su cuerpo y lo alto que era.
Cuando él se separó, Celina notó que tenía sus brazos alrededor del cuello del chico y lo soltó apenada.
—Te veo mañana —dijo con una sonrisa tan amplia que Celina quiso desaparecer y se alejó hacia el auto de su familia, evitando mirar atrás.
A partir de ese día, Celina pasó a ser la novia de Cámeron, y a formar parte de su grupo de amigos.
Resultó que eran divertidos, algo simplones, pero tenían un tipo de amistad que Celina nunca había conocido.
—Es muy lindo —dijo su madre durante una fiesta de Halloween.
Cámeron iba disfrazado de Superman y la miraba del otro lado del salón.
En las reuniones de sus familias, el chico se comportaba y solo hablaban, pero ya todos notaban que estaban juntos.
—No dejes que tu padre lo sepa —le aconsejó su madre y le guiñó el ojo—.
Sigue siendo un Barragán.
En ese momento, Celina no lo entendía, pero los amigos de su padre, no tenían buena opinión del padre de Cámeron.
Había conseguido su fortuna con un nuevo tipo de negocio de computadoras, era lo que llamaban un golpe de suerte; incluso su padre lo veía con recelo como si de pronto Salomón fuese a robarle todo lo que poseía.
—No tengo nada que hablar con él —dijo su padre a su madre, cuando Cámeron se presentó una noche en la casa de Celina; quería llevarla a una fiesta, pero ella no tenía permitido salir de casa sin compañía de su familia.
Cuarenta minutos más tarde, Celina bajaba en el elevador de la mano de Cámeron.
No solo su padre había accedido a que saliera con él, sino que lo había llamado, un chico visionario.
Ella estaba contenta por salir de noche por primera vez y él porque había obtenido la aprobación de Nicolás Xamar.
De un momento a otro su relación parecía cada vez más formal y sus padres habían cambiado mucho con ella: Celina podía salir todos los días en compañía de Cámeron.
Si iba con él, sus padres no hacían preguntas, es más, se alegraban y ella conoció por fin lo que era sentirse libre de todas las formas posibles, lo amaba y confiaba en él.
Celina creía que toda su vida estaba en orden, hasta que un día, durante una fiesta, Rosa, una de las amigas de Cámeron, la acorraló en el baño.
—¿En serio eres tan ingenua?
—le preguntó tambaleándose, olía a alcohol y era claro que había bebido de más— ¿Crees que eres especial?
La chica de Cam, mejor dicho, la idiota de Cam.
—¿Qué quieres decir?
—preguntó Celina, pero una de las chicas llegó y se llevó a Rosa, a pesar de sus protestas.
—¡Pregúntale a ese imbécil!
—gritó Rosa, aunque ya no podía verla.
Claro que cuando confrontó a Cámeron negó saber de qué se trataba.
—No sé, Celina, estaba borracha.
Rosa siempre está borracha —dijo él, aunque no la miraba.
Celina seguía dudando, así que fue con Shane.
Si de algo estaba segura, es que su hermana sabía todo sobre la vida de los demás.
—Nina, ¿en verdad quieres que te lo diga?
¿O quieres seguir teniendo la imagen de tu novio?
—Dime la verdad, Shane, por favor.
—Ay, Nina, todo el mundo lo sabe.
Pero creo que es mejor que te enteres por mí.
Rosa estaba embarazada.
—Va a tener un hijo de Cámeron.
—No Nina, dije que estaba embarazada.
Aunque podría haber sido de Cámeron, pero deberías preguntarle tú.
Celina pasó el resto de la semana sin ver a Cámeron, el chico tal vez la evitaba, y ella se dio cuenta de otra cosa.
Sin él no podía salir a ningún lado, el chofer la llevaba a la casa, a la escuela, a los ensayos y nada más.
Trató de salir por su cuenta, pero eso no lo permitirían sus padres.
—Ni hablar —dijo su madre cuando le preguntó si podía ir a comprar unos pasteles de Dolce—.
¿Shane va contigo?
—preguntó y su hermana negó con la cabeza sin quitar la vista de la revista que miraba.
—Puedo ir yo sola —aseguró Celina, pero no hubo manera de que su madre accediera.
Cuando fue a ver a su padre, este le preguntó por qué no iba con Cámeron.
Al día siguiente Celina buscó a Cámeron, pero no le preguntó más.
El chico se veía tenso y preparado para discutir, pero Celina solo se sentó a su lado mientras la clase de Inglés daba inicio.
Cámeron la tomó de la mano al salir del aula, y todo siguió como antes, Celina no iba a renunciar a la libertad que tenía a su lado.
Ese mismo año, Celina pudo irse de vacaciones con la familia de Cámeron, solo los tres hermanos y ella visitaron a su tía.
La vida con Cámeron era tan distinta que ella dejaba de pensar en las cosas que no le agradaban, podía ser peor.
Así, sin darse cuenta, había pasado el tiempo y ahora estaba a punto de casarse con él.
—¿En qué piensas?
—pregunta Cámeron a su lado, sacándola de sus pensamientos.
—Que ya es tarde.
—¿Qué hora es?
—pregunta él mirando hacia las ventanas, toda la habitación está envuelta en tonos azules y grises.
—Son las cinco veinticuatro —responde ella después de mirar el reloj que tiene en la cómoda junto a la cama—.
Deberías irte antes que mis padres se levanten, hoy tengo ensayo y mi madre quiere llevarme.
—Descuida sé como escabullirme.
Él se acerca más y mete una mano bajo su camiseta.
—Cam, tenemos que hablar —él le besa el cuello—.
Cámeron, en serio quiero hablar contigo.
Deja de hacer eso y escúchame.
Celina se sienta en la cama, tiene que poner cierta distancia si quiere tener esa conversación, aunque ya está de mejor humor.
La chica se pregunta cómo puede cambiar tanto su estado de ánimo cuando Cámeron está presente.
—De acuerdo, hablemos —dice él mientras se sienta —.
Pero linda, ¿qué voy a hacer con esto?
—y señala el bulto que se forma claramente bajo la sábana.
Celina se siente tentada a dejarlo para después.
—¿Podría contarte cómo tu abuela me dio dinero para comprar un atuendo para la noche de bodas.
Supongo que ella sí esperó a casarse para…
—¡Oh, basta!
Acabo de imaginar a mi abuela en lencería.
En serio, sí que sabes cómo matar el romance.
Celina ríe mientras Cámeron se pone de pie, no lleva calzoncillos así que puede observar su cuerpo de nadador.
—Y ya que no quieres nada de esto —dice señalándose a sí mismo—.
Tendré que darte tu otro regalo —y se acerca al borde de la cama donde había aventado su mochila de viaje.
—¿Y cuál es mi primer regalo?
—pregunta Celina, divertida y curiosa por saber qué le regalaría.
Él no es un chico detallista; y quizás es el tercer regalo que le hace en todo su tiempo juntos.
Cámeron se sienta a su lado cuidando que no vea el objeto que oculta.
—Ignoraré tu comentario, porque sé que disfrutaste tu regalo, ¿en qué?
¿Tres ocasiones?
Le da un beso en la mejilla y pone una caja dorada en su mano.
—Esto es demasiado pesado para ser un anillo —dice ella recordando que Cámeron le prometió darle un anillo de compromiso.
Celina aún no se atrevía a llevarlo, puesto así que él volvió a poner el anillo de su madre en la cadena y que ahora descansa en su pecho.
—No, no es un anillo, ese aún te lo debo —dice y ella abre la pequeña caja forrada de papel dorado.
Celina sabe que es un casete, pero hasta que termina de desenvolverlo ve la cara de Cerati en una portada azul.
—¿En serio?
Gracias.
Cámeron se acerca para besarla, pero se detiene antes de tocarla.
Esperando, Celina termina de acortar la distancia y sus labios se unen.
Celina se levanta para colocar la cinta en un estero pequeño que está en la cómoda al lado de la cama.
Regresa a su lugar al lado de Cámeron y juntos escuchan las primeras notas.
Él la abraza y ella termina con la espalda sobre su pecho.
Cuando la canción “Puente” inicia, Cámeron comienza a cantar, no lo hace tan mal y ella no puede creer que conozca la canción, pero no dice nada, pues teme que deje de hacerlo.
Cuando la última nota deja de sonar, Cámeron le pone un anillo frente a los ojos; es dorado con un diamante en forma de corazón, y los rayos del sol que entran por la ventana le arrancan destellos.
—¿Esto es lo que querías?
—pregunta el chico que aún la abraza.
Celina se queda callada, deseando poder entender lo que su corazón anhela.
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