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Cenizas de la luna - Capítulo 14

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14: Capítulo 13 14: Capítulo 13 Los rayos del sol reflejan los tonos coloridos del vitral, iluminando la biblioteca de la mansión Xamar, mientras el silencio reina en el lugar.

Rafael revisa una vez más el escrito que llevaba redactando desde hace unos meses.

A pesar de que lo ha releído, sigue sin sonar correcto para él, y está tan concentrado que no escucha a Gabriel llamarlo.

No es hasta que aquel hombre está frente a él, que nota su presencia.

—Están aquí —anuncia Gabriel, desde el otro lado del escritorio.

—¿Quiénes?

—pregunta Rafael, confundido, y al fin levanta la vista de su trabajo.

—Su hijo y su familia —informa Gabriel, que permanece muy quieto y observa el montón de papeles desperdigados por el escritorio—.

Los hemos acompañado al salón.

—Sí.

Lo siento, Gabriel, he estado algo disperso.

Ahora voy.

El hombre regresa a la puerta principal de la gran biblioteca y Rafael lo sigue con la mirada.

Mira una vez más el escritorio y desearía continuar con su trabajo, pero esto también es importante.

Rafael toma un sobre del primer cajón y lo guarda con cuidado en su bolsillo.

Al salir de la biblioteca, cierra con llave y avanza por el luminoso pasillo.

Entonces una figura aparece del otro lado.

Por un instante, Rafael cree estar viendo un fantasma.

—Adela.

Apenas susurra el nombre y se da cuenta que no es ella.

La figura camina tan grácil como un hada.

Avanza unos pasos más y se da cuenta que es Celina, su nieta.

La chica entra admirando el lugar, hasta que se topa con su mirada.

—Hola, abuelo —dice ella y acorta la distancia en unos cuantos pasos, como si flotara sobre el piso.

Celina está en la compañía de ballet que su fundación financia, es una gran bailarina y él ha ido a verla en algunas presentaciones.

El parecido con Adela lo desconcierta; sin embargo, algo en su esencia le indica que no es la misma persona que perdió hace tantos años.

—Nina, ¿viniste con tu padre?

—pregunta.

Solo por decir, es obvio que vino con su familia.

—Claro, están esperándote, pero yo quería ver tus pinturas —dice sonriente.

Rafael la recuerda como cuando era más pequeña; solo un parpadeo y ha crecido tanto.

La chica observa alrededor, el pasillo tiene las más preciadas obras que le pertenecen.

—¿Esta es nueva?

Celina señala un gran cuadro donde predominan los colores oscuros, como una gran mancha que se precipita sobre pequeñas figuras humanas.

—Recientemente, pude recuperarla —Rafael piensa en todo lo que ha tenido que hacer para poder tener esa pintura con él—.

¿Qué te parece?

—Inquietante —y Celina observa más de cerca—, pero muy hermosa.

—Lo mismo creo.

Turner ha logrado plasmar la fuerza de la naturaleza y su caótica belleza.

—¿Es amigo tuyo?

—No, pero me habría gustado conocerlo en persona.

Ahora solo queda su arte.

—Me alegro que pudieras conseguirla.

Celina continúa observando las demás obras del pasillo y Rafel recuerda lo que quería decirle.

Lo duda un instante, pero confía en su decisión y saca un sobre.

—Nina, ¿puedo pedirte un favor?

—Celina hace un gesto, claro está que no esperaba que su abuelo le pidiera algo—.

Si vuelves a ver a tu amigo Mael —y ella reacciona ante el nombre—, ¿puedes darle este mensaje?

Rafael le presenta el sobre y ella lo toma un instante después.

—En realidad no somos amigos, abuelo, y no lo he vuelto a ver.

—No te preocupes, solo quiero ofrecerle un trabajo y no he podido encontrarlo.

El día de tu fiesta ya no pude hablar con él.

—Tuvo que irse —dice Celina y sus ojos parecen inquietos, Rafael intuye que hay algo más—.

No sé si sea una persona en la que se pueda confiar.

—El día que lo conocí me parecía que sí, pero ya veremos.

—¿Qué tipo de trabajo?

—Necesito alguien que me ayude con unos documentos y él parece saber de poesía y habla muy bien japonés.

—Mael habló con Haruto, o eso creo.

—¿Quién es Haruto?

—pregunta Rafael.

Si hay otra manera de contactar a Mael, podría intentarlo.

—Mi…

bueno, papá lo asignó para cuidarme.

Está aquí, si quieres hablar con él.

—Claro, lo haré, Nina —dice para zanjar el tema.

Rafael no necesita hablar con el agente de seguridad que él mismo contrató.

Nicolás no tenía recursos para solventarlo y, cuando acudió en su ayuda, Rafael asignó a Gabriel para que fuera dispensado el dinero que fuera necesario.

No confiaba en Nicolás, que había dado pruebas de ser pésimo administrador, dejándose guiar por banalidades materiales.

Darrael era de sus más allegados amigos, así que vigilaba a Celina y de paso lo que hacía Nicolás; aunque lo hacía bajo el nombre de Haruto.

—Señor, lo esperan en el comedor —Gabriel reaparece en el pasillo.

Celina guarda el sobre en el pequeño bolso que lleva y Rafael espera ver frutos de este encuentro.

—Ahora vamos —ordena a su nieta y juntos recorren el camino hacia el comedor, donde ya los espera el resto de la familia Xamar.

—Rafael, que gusto verte de nuevo —dice Elizabeth en cuanto los ve entrar a la estancia.

—Igualmente Elizabeth.

La mujer de Nicolás lleva un vestido tan ceñido que parece a punto de reventarle.

Él le sonríe a modo de saludo y se acerca a una de las butacas más cercanas.

Nicolás se sienta a su izquierda; mientras que Elizabeth y su hija van al otro lado de la mesa.

Celina se sienta a su lado y frente a su padre, sin duda, la chica lleva los genes de Adela.

—Adelante, disculpen la demora —dice Rafael para que sus invitados puedan comenzar a degustar la entrada que les han servido.

—Papá está todo igual que siempre —Rafael se estremece ante la palabra, pero disimula tomando un trago de agua—, excepto por la fuente, ¿has cambiado la estatuilla?

—pregunta y Rafael mira por la ventana.

En realidad no recuerda cuando se construyó esa fuente o si la han remodelado.

—No tengo idea —dice sinceramente y nadie hace otro comentario.

Solo se puede escuchar el sonido de los cubiertos.

Nicolás se sume en su habitual silencio, y sin duda sigue empeñado en que la fusión con la compañía de Barragán es la solución para sus problemas financieros.

Es tan orgulloso como cuando era niño, piensa Rafael, y se ha cansado de solucionarle la vida.

Aunque eso solo le ha traído aún más problemas, esta tarde tratará de convencerlo, aunque le ha dado el espacio, sabe que Nicolás no pedirá su ayuda.

No lo hizo cuando más necesitaba, menos aún que el buitre de Salomón Barragán haya ofrecido una alternativa.

Rafael creía que si volvían a pasar más tiempo juntos, vería que la mejor opción era acudir a él.

—Shane, cuéntale a tu abuelo sobre tu proyecto —dice de pronto Elizabeth, cortando el silencio.

Rafael mira por primera vez a la chica, que se queda boquiabierta.

—Eh…

no creo que le interese —dice la chica y mira directamente a Rafael.

La hija de Elizabeth, la niña con la que llegó a su familia, siempre ha sido un desafío.

Rafael la recuerda como una niña inquieta y rebelde, por lo visto sigue siendo igual.

Aunque Elizabeth intentaba que ellos convivieran, Shane lo evadía; por lo que Rafel estaba agradecido.

—No seas tímida —insiste Elizabeth y levanta los ojos al cielo—.

Está creando su propia agencia de modelaje, mi niña será una gran empresaria igual que su padre —dice y la palabra queda flotando en el aire.

El padre de Shane, biológicamente hablando, era un ex guitarrista que ahora solo aspira a conseguir las drogas que le alejen de su vida miserable.

Rafael podría haberse encargado del asunto, sin embargo, si algo le ha enseñado la vida, es que sus intervenciones pueden convertirse en un desastre, y tarde o temprano tendrá que pagar por ello.

Un día decidió ayudar a una chica en un bar y ahora tenía que aguantar a toda esta gente y su descendencia.

—Te irá muy bien Shane —dice Nina con un tono muy bajo.

A Rafael le molesta cómo la chica se encoge al hablar.

Adela era de un carácter fuerte y lo enfrentaba a la menor provocación.

Su nieta, en cambio, parecía pedir perdón por existir.

—Podría aportar algo, si es que tienes ya un plan de negocios —dice Rafael.

—No es necesario —dice Shane con un gesto que arruga su frente y mirando su plato—.

Tengo todo bajo control, pero gracias —dice mirando a su madre que al parecer le ha hecho una seña.

—Y Nina bailará en la obra de Gissel —anuncia Nicolás muy contento y hace una seña para brindar con su copa.

Rafael nota que es la tercera que se ha servido.

—Si es que su esposo lo permite —recalca Shane aunque sigue partiendo la carne de su plato, quizás con demasiada fuerza.

Nina se queda muy quieta y Rafel nota el anillo de diamante que lleva en la mano.

Sabía que el hijo de Salomón Barragán y ella tenían una relación, y que se había anunciado su compromiso en Año Nuevo; sin embargo, creía que Nina no se casaría o eso había informado Haruto.

—Vas a casarte con él —dice como afirmación y no como pregunta.

La chica abre mucho los ojos, pero solo observa la nada.

—Sí —dice y Rafael se estira para tomar su mano.

Ella lo mira.

—¿Lo amas?

—Claro que lo ama —interrumpe Elizabeth del otro lado de la mesa.

Aunque Rafael no deja de mirar a Celina, esos ojos son tan parecidos a los de su Adela.

—No tienes que hacerlo si no quieres.

—¡Papá, pero si están comprometidos!

—dice Nicolás en un grito.

—¡Cállate!

—Rafel mira a Nicolás y se recuerda tenerle paciencia, por Adela—.

Lo siento.

—Señor —lo llama Gabriel a su espalda—, lo llaman de la fundación.

Rafael da un suspiro, aún sostiene firmemente la mano de Celina.

Su nieta le dedica una sonrisa y él relaja su rostro.

—Disculpen, debo atender un asunto —dice, porque sabe que es una emergencia o Gabriel no lo habría venido a buscar—.

Ahora regreso —dice mientras se pone en pie.

Rafael recorre el pasillo de nuevo para llegar a la biblioteca, abre la puerta con la llave y vuelve a cerrarla cuando Gabriel ha entrado detrás de él.

Ingresa el código en uno de los libros que está sobre su escritorio y la puerta detrás de él se acciona.

Mostrando una profunda escalera.

Al bajar, Rafael y Gabriel se encuentran con un túnel que los lleva a la cámara que resguarda celdas excavadas en el suelo.

—¿Qué ocurre?

—pregunta Gabriel al llegar junto a Dimael.

—Lo encontramos.

Rafael se acerca al hueco en el piso.

Una excavación que está cubierta por un vidrio grueso, le permite observar el interior.

Un hombre de unos cuarenta y tantos años, permanece hecho un ovillo desnudo al fondo.

A su alrededor yace un montón de ceniza, con el piso ennegrecido.

—Viamsel —lo llama Rafael y el sujeto solo puede alzar un poco la mirada—.

Creí que estabas listo para unirte a nosotros.

—Si lo estoy, solo quería…

—Si has escapado, entonces no lo estás —declaró Rafael.

Viamel tiembla, pues sabe lo que le espera—.

Vuelve a quemarlo —ordena con voz gélida.

—No, espera.

Estoy listo, en serio.

Rafael se vuelve, quita del paso a Dimael y jala una pala que acciona un mecanismo.

Toda la celda queda cubierta de un líquido.

—Te lo juro, no volveré a escapar.

Rafael saca una caja de fósforos de su bolsillo y enciende uno, observa la llama y se maravilla con el calor que puede sentir en sus dedos; mientras Viamsel sigue gritando que le promete no huir, que se unirá a ellos.

—¡¿Qué quieres de mí?!

—pregunta Viamsel contra el vidrio e intentando salir, aunque sabe que es imposible—.

Rafael, por favor, ¿qué quieres que haga?

—Que supliques unirte a nosotros, que entiendas que ahora este es tu camino.

Lo quieras o no.

Y Rafael acciona otro mecanismo que abre momentáneamente el vidrio y lanza el cerillo incendiando toda la celda, mientras Viamsel grita de dolor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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