Cenizas de la luna - Capítulo 15
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: Capítulo 14 15: Capítulo 14 La brisa refresca el interior del local cuando un cliente entra a Dolce bacio.
Mael limpia la entrada y, a pesar que ya pasan de las ocho de la noche, el calor lo abruma.
La pastelería tiene mucha clientela, como es costumbre; y a pesar de sentirse exhausto, Mael ayuda a limpiar mesas, entregar pasteles y sacar la basura.
Los Valensi todavía le permiten quedarse en su casa, y él quiere corresponder su hospitalidad, ayuda en la pastelería para pagar de cierta manera sus gastos.
Gavin Valensi le consiguió un trabajo al otro lado de la ciudad, la pastelería no puede permitirse pagar un empleado más.
Así que Mael terminó como lavaplatos en un restaurante italiano, el propietario es amigo de Gavin.
Mael trabaja muchas horas por poca paga; sin embargo, es lo mejor que podría conseguir, y le ha permitido reflexionar en su situación.
Necesita encontrar la forma de volver a estar con sus hermanos, ya que no pueden simplemente haber desaparecido.
Tiene claro que es él y que ha cambiado.
Mael intentó indagar en algún libro, pero resultó más complicado de lo que esperaba, necesita una identificación si quiere sacar algún libro de la biblioteca pública.
—Es que no tienes documentación —le dijo Enzo cuando Mael le preguntó dónde podía conseguir una identificación.
—Entonces tú puedes sacar unos libros para mí.
—Tampoco tengo una identificación Mael.
Soy inmigrante como tú —le dijo mientras sacaba un cigarrillo de la cajetilla.
El peregrino aún no había explicado a los Valensi que no era humano y por lo que no tenía acta de nacimiento, ni seguro social, ni nada parecido.
Ellos asumieron que era ilegal en el país y era la mejor forma de explicar su situación.
Años observando a la humanidad lo habían prevenido.
Si Mael se atrevía a mencionar que no era humano, las consecuencias serían fatales.
Encierro y experimentos, solo venía a su mente al pensar que harían los humanos si sabía que Mael era diferente.
En su primer día de trabajo, Mael concluyó que no es humano, por lo menos no completamente.
Había quebrado un vaso y sintió cómo el vidrio le cortó la piel; sin embargo, ni una gota de sangre salió de su interior.
Le dolió la mano hasta que la herida se cerró por completo, lo que tardó solo unos segundos, después no sintió nada.
Debía buscar respuestas, pero entre el tiempo que ocupaba para dormir, viajar al trabajo, trabajar y de regreso a la pastelería, no había visto ningún avance.
Trabajar de lavaplatos le llevaba la mayor parte del día, así que solo podía ir a la biblioteca unas horas antes de que cerraran.
Lo que complicaba aún más su búsqueda.
Había pasado una semana desde su materialización y solo había encontrado especulaciones sobre ángeles caídos, abducciones y otros sucesos parecidos; pero ningún testimonio o algo que indicara que alguno de sus hermanos había pasado por algo similar.
Quizás solo había enfermado, un padecimiento que solo afectara a los peregrinos, pero no tenía cómo comprobarlo.
También había tenido algunos incidentes con humanos que había conocido cuando aún era peregrino, Mael los saludaba animado pero obviamente no lo reconocían.
Sin embargo, ninguno de estos encuentros le afectó tanto como ver a Julia, la chica que hacía maratones de películas en su departamento lleno de girasoles.
Ella no tenía idea de quién era él y se alejó recelosa.
Entonces Mael se dió cuenta que tenía que adaptarse a su nueva forma de existencia.
No era más un peregrino y tenía que aceptarlo.
—Mael ¿cierto?
Él se gira al escuchar su nombre, y tarda un instante en reconocer a la chica que tiene enfrente.
Llevaba el cabello muy corto y de un intenso color rojo.
—¿Ailed?
—pregunta al fin recordando su nombre.
—Bien, por lo menos me recuerdas, ¿tienes un minuto?
Mael asiente y ella se da la vuelta para salir del local —¿Te importa si caminamos?
No quiero volver a mi lugar favorito del mundo en un mal recuerdo —dice con media sonrisa.
—Sí, claro.
Mael le hace una señal a Fátima, la cajera, para informar que volvía enseguida y alcanza a Ailed, quien no dice nada hasta que están a una cuadra del local.
—Primero que nada, no me da buena espina esto que está sucediendo —dice moviendo la mano como haciendo un círculo—.
No entre tú y yo, sino entre Celina y tú.
La chica lo mira con intensidad, aunque caminan por la calle que ya está menos abarrotada que al mediodía.
—No sucede nada, no la he visto desde…
—¿Qué haces aquí?
—La verdad es que me vi obligado a estar en esta ciudad, no era parte de mis planes.
Mael ya tenía práctica en adaptar su verdad con lo que sería común para los humanos, así podían entender lo que estaba pasando sin causar el terror de saber que era un peregrino, o lo creyeran loco.
—Entiendo, pero ¿y Celina?
—Perdí a mi familia.
No conozco a nadie aquí y trato de volver con ellos, pero aún no sé cómo —dice él y Ailed parece comprender un poco—.
La noche que conocí a Celina, —tan solo decir su nombre, le dolía, no podía creer que la había perdido y de una forma tan estúpida— asumió muchas cosas y yo no la corregí, porque temía que se alejara.
—Ok —dice Ailed y se muerde el labio pensando mientras evade un bote de basura.
—Ahora sé que fue peor porque de cualquier forma no quiere saber nada de mí, y lo entiendo.
Ailed no lo contradice y evita mirarlo, pero parece tomar nota de lo que él dice y continuó.
—Así que te pido que le digas que lo lamento y tal vez podamos seguir siendo amigos— dice Mael con dolor.
Ahora entiende lo que es el anhelo y el deseo humano; algo que nunca había experimentado.
No quiere ser solo amigo de Celina, pero menos aún desea no tenerla en su vida.
Si ésta es su nueva forma de existencia, quería disfrutarla con Celina.
Ailed se detiene y lo mira con seriedad.
—Hay muchas cosas que tú no sabes sobre ella y de lo que está viviendo, pero como su amiga solo quiero evitarle más sufrimiento —Ailed suspira y saca un papel—.
Estoy aquí porque ella me envió.
No fue idea suya sino de su abuelo.
Con el que extrañamente ahora vuelve a hablarse, y quiere verte.
Su abuelo, no ella —aclara al ver el entusiasmo de Mael y le da la hoja que contiene una dirección.
—¿Por qué quiere verme?
—Al parecer le causaste una buena impresión y tiene un trabajo para ti, por obvias razones Celina no quiso venir así que soy el mensajero.
Mael inspecciona el papel como si pudiera encontrar ahí las respuestas.
—Solo preséntate, sé amable con el señor Xamar y declina su oferta, creo que sería lo más decente —dice Ailed y se cruza de brazos.
Está claro para Mael que ella preferiría no estar involucrada en todo aquello, pero lo hace por su amiga.
—Creo que eres un buen chico, pero créeme, hay razones de peso para que olvides a Celina, y sigas con tu vida —termina mirando hacia otro lado como si la verdad pudiera salirle por los ojos.
—Ailed —dice Mael, aunque no continúa hasta que ella lo mira de nuevo—.
Sé que está comprometida, me lo dijo Shane —le confiesa porque no quiere que piense que está espiando a su amiga.
La hermana de Celina parecía estar empeñada en darle todos los datos más comprometedores, sobre ella.
—¿¡Qué!?
¡Bruja!
—explota Ailed enfadada— ¿Qué más te dijo?
—y casi lo apuñala con la mirada.
—Dijo muchas cosas, pero estoy seguro que exageraba en todas de ellas.
Pero lo importante es que sé que no es feliz, se siente atrapada y necesita que le ayuden; pero no sabe cómo pedir ayuda.
—Lo sé.
Es como una hermana para mí y no sé cómo ayudarla —confiesa Ailed con un nudo en la garganta—.
Me duele verla en ese maldito circo, pero no sé cómo detenerlo.
—No podemos manejar a las personas Ailed y tampoco creo que tengamos la solución a sus problemas.
Ella asiente.
—Solo puedo estar ahí para cuando me necesite —dice Ailed determinada y mira su reloj de pulsera—.
Tengo que irme.
Hablaré con ella y supongo que podemos seguir viniendo por unos muffins y tal vez puedan hablar —dice con una sonrisa.
—Claro, son deliciosos —Ailed le sonríe.
—Cuídate, Mael —y ella camina de regreso, dejándolo ahí de pie.
—Mañana habrá ofertas en donas.
—Entonces nos vemos mañana —responde ella, aunque solo gira un poco para verlo.
Mael la sigue con la mirada y revisa de nuevo el papel, no tiene idea de cómo llegar a esa dirección.
Cinco días después, Mael se encuentra frente a una mansión en una zona exclusiva de la ciudad, ha tomado dos autobuses y caminado por una media hora para llegar hasta ahí.
Tuvo que esperar hasta el día de su descanso para ir hasta aquel lugar, no podía perder su trabajo, y menos por Gavin Valensi que lo había recomendado.
Después de pensarlo una vez más, Mael presionó el botón del intercomunicador, y una voz metálica respondió de inmediato.
—Buen día, el señor Xamar lo está esperando.
La reja de la entrada se abre de forma automática y Mael camina por el sendero hasta llegar a la entrada.
Aquella casa es enorme pero de estilo austero.
Cuando llega a la puerta, esta se abre y una mujer lo recibe.
—Bienvenido, sígame, por favor —dice la mujer, es elegante, lleva un traje sastre negro—.
¿Gusta que le sirvan agua, algún refresco, café o té?
—pregunta mientras caminan a través de un vestíbulo, que solo tiene un péndulo gigante que marca un ritmo lento.
—No, pero es muy amable —dice Mael.
Entran a una galería de enormes cuadros, donde hay sillones que invitan a contemplar las obras de arte exhibidas en la pared.
Son de diversos estilos, desde lo hiperrealista hasta lo abstracto.
Mael no tenía suficientes conocimientos sobre pintura como para valorar si son originales, pero seguramente no son baratos.
Al terminar de cruzar aquel sitio.
La mujer abre una gran puerta y revela una sala llena de libros; está muy iluminada.
Mael entiende que es una colección impresionante, ha estado en muchas librerías y bibliotecas para saberlo.
Hay algunas mesas repartidas en el lugar y unos cuantos sillones con sus respectivas lámparas.
Y en medio de la sala hay una estatua.
Mael la reconoce de inmediato, es la Victoria alada de Samotracia, aunque debe ser una copia y no la original.
Entonces nota que en uno de los escritorios se encuentra sentado el abuelo de Celina.
—Pasa, Mael —dice el anciano, y la mujer de traje negro lo invita para que se siente frente al escritorio, y así lo hice.
Mael observa el escritorio que está lleno de papeles.
El anciano lo mira con interés, lleva una vestimenta de tonos grises y parece esperar a que él hable primero.
—Me dijeron que quería verme —dice Mael sin más.
—¡Oh!, sí, claro.
Hace una semana, creo, nos conocimos en el cumpleaños de mi nieta —dice el viejo como recordando—.
Le he pedido que te contacte, tengo un proyecto entre manos, como te darás cuenta —dice señalando el montón de papeles que tiene en el escritorio.
—¿De qué se trata?
—Mael finge interés para después declinar su oferta, como le sugirió Ailed.
—Por mucho tiempo me dediqué a los negocios y dejé de lado muchas otras cosas que también son importantes —hace una pausa para aclarar su garganta— y en los últimos meses me he ocupado de retomarlos —.
Toma un paquete de hojas escritas a mano y se las entrega.
Mael las hojea y ve que el color de las hojas es diferente, de tonos amarillentos y blancos, de distinto tiempo.
—Como notarás, son mis análisis sobre ciertos poemas, una labor que llevo haciendo toda mi vida, aunque de forma esporádica.
No solo necesito que alguien pase mis notas en un formato digital, sino que preciso que se revisen estos escritos y sean corregidos, extendidos o eliminados.
Sin embargo, ya mis ojos no son los de antes y no puedo hacerlo —el anciano hace una pausa mientras Mael revisa los textos.
Están en diferentes idiomas y parece ser un trabajo de años.
—Me gustaría proponerte este trabajo.
¿Qué te parece?
—¿Por qué?
Podría llamar a cualquier becario de literatura y sabría mucho más que yo, se lo aseguro —dice Mael y coloca de nuevo el documento en la mesa.
—No quiero uno de esos eruditos que creen que saberlo todo, necesito alguien apasionado por la poesía y creo que no me equivoco al pensar que eres uno de nosotros —dice sonriendo como si lo hubiese atrapado tomando un dulce prohibido—.
También mencionaste un poema que precisamente yo analicé hace ya varias décadas y no muchos son aficionados a los haikus.
—Entiendo.
Mael medita sobre sus palabras.
Piensa en Celina, en la petición de Ailed y en cuánto le interesa de verdad lo que el anciano propone.
—Y siempre me guío por mis instintos, lo he hecho para los negocios y también para mis aficiones —dice extendiendo sus brazos como si abarcara toda su riqueza—.
Te propongo esto.
Puedes venir en tus ratos libres, revisar los textos y podrás tener a tu disposición mi biblioteca personal, y aunque parezca mal que yo lo diga, es una excelente colección —se jacta y como Mael no contestaba, añade—.
Claro que tendrás una paga, y tengo algunos amigos en el mundo editorial, así que parte de las regalías tendrán que ir a tu nombre, serías el coautor —dice con una sonrisa rígida.
Mael está acostumbrado a saber qué pasa por la mente de la gente, pero en este caso está perdido.
No se sabe si aquel hombre está siendo sincero, y tampoco le parece una mala oferta.
Quizás con el tiempo podría volver a ver a Celina, y explicarle las razones que le han llevado a aceptar la oferta de su abuelo.
No podía dejar su trabajo por los Valensi, pero no sería suficiente para dejar de vivir con ellos.
Si algo había aprendido de su nueva vida, es que el dinero es necesario.
—O dime, ¿qué tengo que darte para que aceptes?
Solo pídelo y veré qué se puede hacer —dice seguro de que puede solucionarlo.
Mael sabe que es un necio por no aceptar su oferta, así que medita sobre lo que en verdad necesita.
Una hora después de haber acordado las condiciones del trabajo, Mael cruza la ciudad en una bicicleta nueva; aún le falta práctica, pero ha superado la etapa de estrellarse.
El señor Xamar le había ofrecido un automóvil o una motocicleta cuando Mael le pidió que le proporcionara la bicicleta para poder trasladarse.
Mael no aceptó, pues temía dañar a alguien más con semejantes aparatos, solo necesitaba una manera de moverse por esa enorme ciudad y que no tardara tanto en trasladarse.
Xamar le dio un adelanto y ahora iba de camino a Dolce bacio; con aquel dinero le alcanzaría para la renta de alguna habitación y podría pagar con creces la hospitalidad de los Valensi.
Y sobre todo, está entusiasmado porque tendrá a su disposición algunos materiales donde podría encontrar una respuesta a su situación, si es que la había.
No sabía cómo podría explicar a Celina que había ido en contra de sus deseos, pero ya buscaría la manera.
En cualquier caso, había acordado con Xamar, que su nieta no se enteraría de su trato.
Por primera vez en mucho tiempo, Mael está tranquilo, parece que las aguas se han asentado y su camino tomará un nuevo rumbo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com