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Cenizas de la luna - Capítulo 19

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19: Capítulo 18 19: Capítulo 18 —Bueno, ¿vas a dejarme pasar?

¿O no?

—pregunta Gala, arremolinando las telas exóticas que lleva puestas, que son increíblemente frescas.

Mira a Mael y luego a Celina, que intercambian una mirada extraña.

—¡Odio este cuerpo, tiene muchas limitaciones!

—¿Es como tú?

—pregunta la chica a Mael.

Gala hace un mohín, una de ellas era que no podía leer los pensamientos de ninguna persona.

Aun así, entiende lo que sucedía entre los dos.

—¿Ya le dijiste?

—pregunta a su compañero—.

Pues supéralo, niña, no tenemos tiempo para dramas o vete, aunque sé que no tienes muchas posibilidades hacia dónde ir.

—Deberíamos discutir esto adentro —sugiere Mael, aún con dudas.

Celina lo piensa un momento, pero entra al departamento seguida por Mael.

Gala es el último y se sorprende de lo pequeño que se siente el lugar.

Ya ha estado ahí pero ahora tenía un cuerpo que ocupa su propio espacio.

El departamento luce aún más reducido.

—¿Cómo?

¿Por qué te ves así?

—pregunta Mael, que está junto a él, observándolo con detenimiento y con los brazos cruzados.

—Primero que nada, deja de mirarme así —reclama molesto—.

Sé que no luzco como yo, pero realmente siento que me ves como a un bicho raro.

—Lo siento, ¿también te materializaste?

—No, claro que no.

El día en que vinieron esos maleantes, ni te imaginas las cosas que han hecho —dice recordando las mentes e historias que había visto en aquellos sujetos—.

Me di cuenta que estabas en serios problemas y en verdad necesitaba hablar contigo, así que salí a buscar alguien que me escuchara.

No te lo dije antes, pero años atrás contacté con un psíquico.

Lord, no sé qué le dicen, pero en realidad se llama Odilón, que jura hablar con los muertos.

Claro que tal cosa es imposible, pero sorprendentemente sí podía escucharme a mí.

Gala suspira y luego camina hasta la cama donde se encuentra Celina.

La mira un momento y mejor toma asiento en la silla que está frente a la mesa, no quería estar junto a ella.

—Este cuerpo es muy lento pero resistente, tuve que caminar muchos kilómetros hasta aquí —dice y se sienta—.

El caso es que le hablé y comenzamos una bonita amistad.

De vez en cuando lo visito.

Así que le pedí que me explicara cómo era que algunos espíritus, en realidad él los llamó demonios, poseían a las personas, así que lo intenté y ahora aquí estoy.

¡Funciono!

—dice con una sonrisa.

—El psíquico te explicó sobre la posesión demoníaca, ¿y tú tomaste su cuerpo?

—pregunta la chica sorprendida.

—Era el cuerpo que tenía más cercano —explica Gala con toda naturalidad—.

Aunque debo decir que ha sido la experiencia más asquerosa de mi vida —dice recordando la sensación de entrar en una sustancia pegajosa y espesa—.

No es fácil acostumbrarse.

Además, estaba harto de seguirte por todos lados, Mael, tratar de protegerte, convenciendo gente para que fueran bondadosas contigo; y tú ni siquiera podías verme o escucharme —dice enfadándose de nuevo.

—Perdóname, Gala, yo no sabía si realmente estabas aquí, pero algo me decía que no me habías abandonado —y Mael lo toma de un hombro y Gala le sonríe.

—Espera, ¿estuviste todo el tiempo junto a Mael?

Gala comprendió a lo que se refiere.

—Tranquila, niña, sé cuando se trata de un momento de dos —dice cerrando mucho los ojos, cómo la detestaba—.

O de tres, y bueno, en algunas ocasiones de muchas más personas, depende de tus preferencias sexuales —y Celina se sonroja.

—¿Cómo sabes que vendrán a buscarnos?

—Mael pregunta desviando la conversación.

—Cuando venía para acá, encontré a esos maleantes y decidí investigar un poco.

Su auto está en la esquina, y hablaban sobre eso —dice como si no fuera obvio—.

Buenos, vámonos, ¿qué esperas?

—Gala se pone en pie mirando a Mael.

—No tenemos idea de a dónde ir —dice su compañero angustiado—, y la fotografía de Celina está en todos lados, la reconocerán de inmediato.

Primero necesitamos salir de la ciudad.

—Hablaba de nosotros dos —dice Gala sin importarle que Celina lo escuchara.

—No voy a abandonarla —asegura Mael y Gala sabe que habla en serio.

La chica se levanta y se mete en el baño sin mediar palabra.

—Espera, Celina, lo resolveremos, buscaremos la forma —dice Mael siguiéndola hacia el baño.

Gala comienza a desesperarse, su compañero camina de regreso a donde él está, luce lamentable.

—¿En verdad piensas que debemos ayudarla?

—pregunta aventurándose a molestarlo—.

No me malinterpretes, pero creo que sería más sencillo si tomamos nuestro camino y buscamos una manera de volver a la normalidad —dice tratando de convencerle.

—Ella es mi camino —admite Mael.

Gala ve toda la tristeza y la felicidad que se arremolinan en el interior de sus ojos.

—Pues ese camino está rodeado de destrucción.

Gala quiere discutir con Mael pero él simplemente mira por la ventana, sumiéndose en uno de sus silencios.

—Este sujeto, lord algo, tiene conexiones.

He visto su mente, ahora me cuesta más trabajo, pero aún puedo acceder a sus recuerdos.

Tiene una casa en la playa, no muy lejos de aquí —Gala busca entre las telas y por fin encuentra el montón de llaves que guardaba en uno de los múltiples bolsillos del saco que lleva encima—.

Toma, sé que es una de estas llaves.

El sujeto tiene llaves de todo, hasta para guardar unas curiosas galletas que lo hacen entrar en trance.

—¿Podríamos llegar ahí?

—Supongo, y cuando la chica esté a salvo…

—Seguiré con ella, Galadriel —dice muy determinado.

Pero conoce a su compañero y sabe que hay dudas en él.

—La pregunta es: ¿ella quiere que estés ahí?

Sus palabras quedan flotando en el aire, pues Celina sale del baño, se ha quitado los aretes y lleva una bolsa de basura en la mano.

Sobre todo no luce más su larga cabellera, Celina tenía el cabello casi a rape y camina hacia ellos.

—Esperan ver a una chica —levanta los hombros como si no le importara, pero se nota que ha estado llorando.

—Pues ahora seremos tres muchachitos afeminados —dice Gala saliendo de su sorpresa—.

¿Qué?

Eso me gritaron unos tipos cuando venía para acá.

Ella está disfrazada de niño, tú definitivamente eres muy hermoso para considerarte un macho, y yo no puedo ocultar mi lado femenino.

Idioteces de esta sociedad que no acepta lo diferente.

—Otra cosa, ¿saben dónde podemos vender esto?

—pregunta Celina mostrándoles un anillo con una piedra rosa—.

Acabo de recordar que la tenía guardada en el bolsillo de mi pantalón.

Mael sale primero del departamento.

Acordaron que dará un rodeo por algunas cuadras y les alcanzará después.

De mala gana, Gala se ve obligado a salir con Celina, que ahora lleva una sudadera negra, unos jeans holgados y un horrible corte a rape.

Pasan junto al auto que espera en la esquina y ni siquiera los voltean a ver.

Caminan en silencio hasta que ya han avanzado bastantes cuadras y entonces Celina se detiene para tirar la bolsa de basura que lleva consigo.

—Pensé que si lo dejaba en el departamento sabrían qué apariencia tendría ahora —explica y Gala, solo, masculló un sí entre dientes.

No está nada contento de ir con ella—.

Entonces tú también eres un…

¿peregrino?

Creo que así los llamo Mael.

—Peregrinos, ángeles, fantasmas, ninfas, musas, nos han llamado de muchas formas y hoy en día soy un demonio poseedor de cuerpos.

Sí, somos peregrinos, pero somos más que eso —dice mientras reanudan el camino y sin prestarle atención a la chica—.

Mael y yo somos compañeros, almas gemelas que por más que se distancien siempre lograrán encontrarse —dice buscando las palabras más apropiadas, aunque en realidad no cree que haya forma de describir el vínculo que les une.

—¿Lo quieres, verdad?

—su pregunta lo sacude un poco.

—¿Tú quieres a tu corazón?

Claro que sí, lo sabes porque es parte de ti, lo que te mantiene con vida —dice a Celina, que camina a su lado con los brazos cruzados.

Ese corte le resalta los pómulos, es hermoso, sin duda—.

Deja de contonearte, camina como chico, o nos darán una paliza antes de llegar.

—No hay una manera de caminar como chica o chico —dice ella metiendo las manos en los bolsillos y mirando alrededor—.

Creo que llamamos más la atención por ese turbante que traes.

Y ¿qué se supone que es eso?

—pregunta señalando una bolsa que Gala lleva atada a la cadera.

—No sé, no la había notado —dice Gala y comienza a esculcar—.

Solo son unas plantas, con razón olía de forma tan peculiar.

—Creo que es hierba —dice ella mirando alrededor.

—Por su puesto que es hierba, no estoy ciego —dice Gala mostrándole la bolsa y Celina lo obliga a guardarlo.

—Me refiero a que es ilegal, está mal que la lleves contigo —dice asustada.

—Claro que no, qué derecho tienen los humanos a sujetar la naturaleza a reglas inventadas.

Ve que Celina sonríe, él también lo hace y se recuerda lo peligroso que es que Mael siga a su lado.

Esa chica solo les traerá problemas.

—¡Ahí es!

—dice Celina, llevaban buen rato buscando la calle correcta, y la noche ya ha caído del todo.

—Y ¿cómo estás tan segura?

Deberíamos volver a la otra cuadra, creo que dimos mal alguna vuelta —dice mirando hacia atrás.

—Estoy muy segura, porque Mael está ahí —y Gala se fija bien, Mael está recargado en una esquina a solo unos metros.

—¿Dónde estaban?

Creí que los habían encontrado —dice y mientras mira a Celina angustiado.

Gala siente cómo el estómago le arde, como si tuviera fuego en su interior.

—No tienes que preocuparte, nos perdimos un poco pero ya estamos…

¡Oh por todos los cielos!

—grita Gala mirando hacia la ventana del establecimiento donde se refleja.

Mael y Celina lo miran asustados—.

¡Soy horrible!

—¡Claro que no!

—asegura Mael algo contrariado.

—¿No sabías cómo era el psíquico?

—pregunta Celina.

—Sí, y está bien para él, pero no para mí —dice angustiado y decide salir del cuerpo de aquel hombre.

Es como salir de aguas profundas, lo ve despertar y busca una nueva persona de quien tomar posesión.

Entonces ve a una chica alta, no es exactamente lo que espera encontrar pero estará bien por ahora.

Cuando va a encontrarse con Mael, lo ve correr detrás del psicótico que ahora grita y huye.

Sostiene a Mael cuando pasa a su lado y casi caen los dos.

—Déjalo, soy yo —dice y Mael lo mira con duda un instante, pero esta vez lo reconoce.

—Pues podrías avisarme, antes de hacer algo parecido —dice Mael respirando con dificultad—.

Tenemos que darnos prisa y estamos llamando demasiado la atención.

—Shelly, ¿a dónde vas?

—pregunta una chica de blusa dorada que no conoce—.

Hola, guapo, ¿estás buscando diversión?

—y le dirige una mirada lasciva a Mael.

—Este es mío, amiga —dice Gala a la chica que tiene al lado y jala a Mael de regreso hacia la joyería.

Escuchan algunos insultos por parte de la chica de la blusa dorada, pero siguen caminando.

—¿Eres Gala?

—pregunta Celina cuando llegan donde los espera.

—En realidad no, pero casi —dice y se mira en el vidrio del local.

Es una rubia muy bonita, tiene los senos operados, puede sentirlos, aunque es más su estilo que el psíquico.

—Creo que no deberías hacer eso —dice Mael, mirándolo—.

Parece afectarles, el psíquico solo comenzó a gritar y correr.

—De acuerdo, después dejaré a esta chica en paz pero por ahora enfoquemos en el plan —dice Gala.

No pensaba dejar a Mael, y si él no podía volver a ser un peregrino, él sería humano.

—Claro, que es real —asegura Celina al empleado de la casa de empeños.

—Pues a quien se lo hayas quitado no sabía distinguir entre una copia y una verdadera joya.

Es una copia muy buena pero sigue siendo falsa —dice el empleado—.

Les daré tres mil por ella.

—Eso debe valer más —dice Gala, aunque no está seguro de ello, pero es lo que la gente siempre dice, nunca había entendido por qué les gustan tanto las rocas.

—Tú y yo sabemos que es real —dice Celina—.

Siete mil y es un trato —dice la chica mirando al tipo con dureza.

Mael se ve inquieto, está observando las cámaras de seguridad.

—Cuatro mil, tómalo o déjalo.

Cualquiera te dará eso o quizás menos —dice el empleado con una mirada aburrida.

—Bien, pero incluye uno de esos —Celina señala un teléfono que tiene a un lado de la caja registradora.

El tipo sonríe, les entrega el dinero y el teléfono.

—¿Para qué quieres el teléfono?

—dice Gala al salir de la tienda de empeños, pero ella ya está marcando un número y no le contesta.

—Si soy yo, ¿podemos vernos en el sitio de donas?

Gracias, te veo ahí y, Ailed, no me cuelgues.

Celina le hace la parada a un taxi que, por suerte para de inmediato, abre la puerta trasera y se inclina para hablar con el conductor.

—¿Nos daría un aventón al centro?

—pregunta y el conductor responde de la peor manera posible, muy ofendido.

Entonces, Celina deja el teléfono detrás del asiento del copiloto, cierra la puerta y el taxi se une al tránsito—.

Si los teléfonos son rastreables como dicen, y ese estará dando vueltas por la ciudad.

—Es una chica lista, ¿no?

—dice Mael sonriendo al igual que Celina—.

¿Y cuál es ese sitio de donas?

—Un bar de nudistas a las afueras de la ciudad, donde todas las bailarinas se llaman Dona, son chicas que no quieren ser encontradas —dice mientras caminan hacia la parada de autobuses—.

Y significa: estoy bien, no me busques.

Pero Ailed conducirá hasta ahí para desviar la atención, ya había planeado escapar antes, ¿sabes?

—Bueno, pues ahora busquemos cómo llegar a la playa —dice Galadriel, pensando en la casa del psíquico.

—¿No crees que podría molestarse si vamos ahí?

—No, hace años que no va.

¿Aún tienes la llave?

—Mael asiente—.

Y seguro que se encierra unas semanas en casa, odia salir a la calle, y la última vez que fue luna roja hizo un ritual de tres días de ayuno.

No creo que salga en varias semanas después de mi posesión demoníaca.

—El problema será salir de la ciudad, en todos lados la policía tiene reporte de su desaparición —recuerda Mael, preocupado.

—Necesitamos un transporte privado —dice Celina.

—Sí, pero un taxi será demasiado costoso.

—¿Podemos seguir esta conversación en otro lado?

Estos tacones son más complicados de manejar que los botines del psíquico, ¿qué tal ahí?

Gala mira el bar del otro lado de la calle y comienza a caminar hacia allá sin esperar respuesta.

Ahora está empeñado en ayudar a Celina, en cuanto esté solucionado su problema no tardará en dejar a Mael; entonces él y Gala podrán seguir su camino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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