Cenizas de la luna - Capítulo 20
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20: Capítulo 19 20: Capítulo 19 Celina junto a Mael siguen a Gala hacia el bar.
Al entrar un olor a tabaco la inunda, algunas personas están fumando en el interior, lo que llena el lugar de humo.
Las luces de neón crean un arcoíris cambiante, que desconecta del frío gris del exterior.
—Una cerveza oscura —dice Gala al barman, aun dentro del cuerpo de Shelly.
Mientras Mael y Celina se apoyan en la barra del bar.
—Él le paga —dice Gala señalando a Celina y se aleja con la cerveza en mano hacia una mesa del rincón, parece molesto.
—Dame otras dos —dice Celina y le entrega un billete al barman.
Trata de no sumergirse en sus dudas, pues se han acumulado como las hojas en el otoño.
Mael está a su lado con los brazos cruzados, se ve tenso y mira a Gala con preocupación.
Entonces Celina decidió relajarse, por lo menos ya estaban fuera del departamento y sería más difícil que les siguieran la pista.
—Salud —dice Celina— por un viaje cada vez más alocado y sin sentido —chocó suavemente el borde de su botella con la de Mael.
—Skol —dice Mael y bebe un trago.
—Non è italiano —dice Celina y Mael casi escupe su bebida.
—¿Hablas italiano?
—Parlo poco ma ci provo molto —Celina no puede dejar de sonreír y Mael la mira horrorizado—.
Estudié unos años, mi abuelo quería que nos mudáramos a Italia, pero mi padre ama este país, supongo que nunca pueden estar de acuerdo.
—Tu abuelo…
—Ay, ni lo menciones, te juro que es otra persona en la que no puedo confiar.
Siempre es tan críptico con sus cosas.
Creo que lo mejor por ahora es poner la mayor distancia posible con toda mi familia.
—Tal vez saliendo de la ciudad tengamos una mejor perspectiva y cuando hayan pasado algunos años —dice él y siente su mirada, la observa con detalle.
Celina se tensa, desde que dejaron el departamento, y en concreto, desde que Celina salió del baño, no se ha atrevido a mirarlo ni una sola vez.
—¿Qué?
¿No me veo como quisieras?
Es lo único que se me ocurrió hacer para que no me reconocieran —dice, aun sin poder encontrarse aún con su mirada.
Había pasado mucho tiempo cuidando de su cabello, pero en el momento que tuvo que decidir, lo cortó sin pensar.
Y cuando terminó, no pudo evitar llorar, culpándose por ser tan débil y vanidosa.
—Nunca se ha tratado de cómo te ves, si no de quién eres —entonces sí lo mira, con los ojos muy abiertos, entre las luces neón y los destellos de otras luces, que iluminan su rostro con colores imposibles—.
Pero creo que ahora te ves más como tú.
Mael se vuelve para mirar a Gala, que ahora plática con dos chicos que se han acercado a su mesa.
Galadriel le recuerda tanto a su madre, siempre tenía una manera muy desenvuelta para hablar con las personas, en cambio, a Celina le costaba demasiado.
—Toda mi vida mantuve mi cabello largo porque mi madre lo adoraba —confiesa acariciando el recuerdo, aquellos momentos preciados, por lo poco recurrentes, que eran—.
Cuando era niña pasaba mucho tiempo conmigo, sobre todo peinando o cepillándolo.
—¿Vas a extrañarla?
—Hace mucho que la extraño —dice Celina mirando la cerveza.
Da un trago más con un brindis silencioso por la madre que ha tenido en su infancia, ahora le sabe menos amarga, todavía no está acostumbrada a su sabor.
—Sé que al irme perderé mi último año de preparatoria, por lo que no podré titularme y no entraré a la maldita universidad para la que me he preparado toda la vida, pero en realidad no me importa —dice mientras mira directamente a Mael, necesita decirlo, ya suficiente daño le ha hecho— Porque no es lo que quiero, no siento ninguna pasión por eso, ni por nada.
Quiero poder hacer de mi vida, lo que me dé la gana, sin tener que esperar que alguien lo apruebe.
Sueños impuestos y metas aprendidas, eso es lo único que tenía en mis manos, y ahora tengo miedo porque ni siquiera me conozco.
¿Tiene sentido lo que digo?
—le pregunta y da un largo trago, que ahora sabe mucho mejor.
—Tiene el sentido que tú le quieras dar, y quizás es demasiado pronto para saberlo.
Necesitas acostumbrarte a vivir bajo tu propio criterio y elegir por ti misma —Celina le sonríe abiertamente.
Y entonces nota que él aún la mira como antes que se cortara el cabello, no lo quería admitir pero tenía miedo que dejara de gustarle.
—¿Qué?
—pregunta él también sonriendo.
—Eres la posibilidad más inesperada y maravillosa.
El D.J.
cambia la música a un ritmo que se antoja más para bailar.
Ambos se quedan clavados en los ojos del otro y Mael parece leerle el pensamiento, lo toma de la mano y juntos se dirigen hacia la pista de baile.
No hay nadie más bailando, pero no importa.
Celina recuerda la primera vez que ha bailado con él y cómo se veía tan perdido, sin embargo, hoy sus movimientos ya no son tensos, sino que se guían por el compás de la música.
La siguiente canción nunca la ha escuchado, pero la bailan de igual forma, y canta el coro como si fuera su canción favorita.
Algo en la letra logra describir justo cómo se siente en ese momento.
—Don’t let go.
You’ve got the music in you.
One dance left.
This world is gonna pull through —grita Mael junta a ella, bailan, brincan y Celina se libera de todas sus ataduras.
En algún momento termina en brazos de Mael, lo besa y sabe que todo estará mejor.
—Mael —dice una voz a su espalda, es Gala—.
Vamos, conseguí que nos lleven —dice con un tono que le resulta extraño pero culpa al ruido del lugar.
Mael toma de la mano a Celina, y salen del bar hacia el estacionamiento donde ya los esperan dos chicos.
—Estos son Thomas y Kirk —dice Gala presentando a los chicos que no tendrán más de veinticinco años.
El primero parece pasar todo el día en el gimnasio, y el otro de haberse levantado apenas de la cama.
—Gala dice que se dirigen a su casa en la playa.
—Sí, pueden venir si quieren —dice Gala antes que alguien más conteste—.
Solo que nuestro auto está descompuesto.
—Vamos en la van —dice Kirk emocionado—.
Genial, Thom, hace meses que no nadamos en el mar.
—Vale, pero necesitaremos llenar el tanque.
—No hay problema —dice Celina.
—Bien, suban entonces —dice Kirk abriendo la camioneta y subiendo en el asiento del copiloto mientras Thomas rodea para subir.
—Espera, Gala, ¿estás seguro?
—Mael, solo son unos niños —dice y su rostro lleno de brillantina luce en verdad confiado— y si intentan algo, poseeré al grandote para golpear al otro.
Gala da media vuelta y sube al interior de la camioneta que está decorada con flores de colores neón.
—¿Qué opinas?
—Creo que es nuestra mejor opción —dice Celina y lo jala para subir a la camioneta.
Aunque conducen toda la noche, a Celina le pareció un viaje bastante corto.
Los chicos que había convencido Gala eran todo menos lo que ella esperaba.
Thomas y Kirk tenían su propia banda de happy-punk, llevaban una caja entera de discos de vinilo, cd ́s y cassettes, con una gran variedad de música.
Kirk se encargó de contarles historias y rumores sobre algún grupo, o canción mientras escuchaban su música en el estéreo de la camioneta.
Historias sobre la enorme lengua de Gene Simmons; la supuesta muerte de Paul McCartney; el amorío entre Jagger y Bowie; hasta la extravagante forma de consumir drogas de Stevie Nicks; así como la teoría sobre Kurt en realidad fue asesinado.
Celina había disfrutado tanto el viaje que ni siquiera se había dado cuenta que habían llegado.
Y antes del amanecer encuentran la casa de la playa sin problema, gracias a las indicaciones de Gala, quien los dirige hasta un camino que los lleva a la casa del psíquico Odilón en lo alto de un riesgo.
Aunque al llegar el lugar parecía abandonado y estaba lleno de graffitis.
—¿Segura que es la casa de tu tío?
—pregunta Kirk a Gala mientras examinan el lugar.
—Sí, solo que hace mucho que no veníamos.
Mael trae la llave —dice Gala, y el chico se acerca sacando un montón de llaves unidas a un círculo de alambre.
Después de probar con algunas, Mael logra abrir la puerta.
Al entrar, encuentran que el lugar no está tan mal; todo está cubierto de polvo, pero los muebles se encuentran en buen estado, aunque no hay luz eléctrica.
—Deberíamos ir a la playa, ya volveremos más tarde —dice Thomas, saliendo por la puerta y al parecer esperando a que lo sigan.
Así que el grupo regresa a la camioneta para ver el amanecer.
Ahora las olas rompen en las rocas más cercanas y Celina puede sentir los granos de arena bajo su piel.
De pronto escucha unos gritos y al volverse ve en el agua a Kirk junto a Gala, que ya están empapados hasta el pecho; aún se siente inquieta, pues no daba crédito a que hubieran logrado salir de la ciudad sin que los siguieran.
La playa está casi vacía, la marea en esa zona es más feroz.
No es una playa para turistas; sin embargo, es más bella que cualquiera que hubiera visto antes.
Mael está a solo unos pasos atrás, así que regresa a su lado.
—Estás muy serio —le dice Celina empujándolo un poco, él la rodea con sus brazos y ella también lo abraza.
—Es que ahora me doy cuenta de todo lo que me perdía siendo un peregrino, solo era un espíritu errante, y ahora es tan real —ella trata de entender sus palabras—.
Es como si hubiese observado este mundo solo a través de una pantalla.
Podía ver y oírlo todo pero no estaba ahí.
Celina ha decidido que no importa lo que Mael hubiera sido, ahora está ahí y lo quiere con ella.
La chica se recarga en su pecho y siente el mentón de Mael apoyado en su cabeza.
—Cada vez que íbamos de vacaciones, salía con mi madre y mi hermana a la playa; aunque nunca me dejaba entrar al mar, decía que podía ahogarme o quemaría el sol.
La mayor parte del tiempo la pasábamos en el hotel o paseando en los centros comerciales, a lo mucho me dejaba ir a la alberca del hotel.
No la culpo, solo que así es como vivíamos.
Ahora el mar parece tan inmenso —dice viendo al horizonte, el amanecer le anuncia un nuevo comienzo, uno lleno de posibilidades.
—¡Vengan!
—grita Gala mientras trataba de mantenerse en pie, Thomas nada boca arriba y Kirk trata de alcanzar una ola nadando.
Mael y Celina se quitan algunas prendas y se adentran en el oleaje junto a sus nuevos amigos.
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