Cenizas de la luna - Capítulo 21
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21: Capítulo 20 21: Capítulo 20 Aunque es mediodía, el cielo está nublado y no hace tanto calor como Mael esperaba.
Ha sido un camino largo hasta ahí pero ahora puede sentirse relajado.
—¿Quieres una?
—pregunta Kirk a su lado.
Le acerca una cerveza del balde que ha conseguido en la tienda más cercana a la playa, un pequeño local de color amarillo.
La playa donde se han quedado no tiene muchos visitantes y solo algunos locales móviles se estacionan en las orillas.
—¿Si eres mayor de edad, no?
—pregunta cuando Mael toma la bebida que le ofrece.
—Este año mi pastel parecerá un incendio —bromea Mael.
Kirk lo piensa un momento, luego ríe.
—Regresaremos a la ciudad en una hora, Thomas quiere llegar antes de que anochezca —anuncia Kirk y da un largo trago a su cerveza.
—Pensé que se quedarían esta noche —dice Celina al escuchar al chico.
Celina se sienta al otro lado de Mael, y toma el libro que le ha prestado Kirk, una novela con una portada psicodélica que se titula: La casa azul.
—Así es Thomas, cambia de opinión todo el tiempo.
Los tres miran hacia donde está el chico, Thomas parece embobado mientras observa a Gala construir un castillo de arena.
—Y cómo no ha funcionado nada con tu amiga, pues no tiene sentido para él quedarse.
—Entiendo —dice Mael.
—Si consigues conectar la electricidad, podrían rentar la casa —sugiere Kirk—.
No hay muchos lugares donde quedarse por aquí.
—Lo tomaré en cuenta.
—¿Ya están listos?
—pregunta Thomas, que va detrás de Gala.
Galadriel camina alegre de regreso a donde están los otros.
—Mael y yo regresamos con ustedes a la ciudad —dice Gala a Kirk.
—No, yo me quedo con Celina —dice Mael, y Gala parece a punto enfurecerse, y el silencio se hace presente en el grupo.
—Ok, Thomas y yo vamos a comprar algo de comer —dice Kirk poniéndose en pie— y cuando estén listos nos avisan, ¿vale?
Mael y Gala se quedan callados mientras los otros chicos se alejan; Celina deja el libro a un lado y también se levanta.
—Esperen, voy con ustedes —dice Celina y Mael la detiene—.
Está bien, te veré en la tienda —y la chica va detrás de Kirk y Thomas.
Mael mira a Gala, que ahora solo observa el mar.
El peregrino se levanta y se coloca al lado de su compañero.
El ruido del oleaje le recuerda cuando en otros tiempos viajaron por toda la costa del continente, solo por decir que lo habían hecho.
Era otro tiempo, cuando Mael creía que Galadriel sería el único ser con el que querría estar.
Tanto habían vivido y tanto más había cambiado.
—Celina estará bien, ella puede quedarse y nosotros la visitaremos, te lo prometo —dice mirándolo al fin—.
Pero la prioridad es revertir lo que te ha sucedido, creo que podemos reunirnos con el consejo en la ciudad y arreglar todo esto.
Gala se muestra resuelto y a Mael se le rompe el corazón mientras habla.
—No puedo.
Gala, eres mi compañero, pero no puedo —y siente su corazón oprimirse cada vez más al notar su reacción.
—Sé que la quieres, pero somos tú y yo, siempre lo hemos sido y así será toda la eternidad.
¿Sabes que desde el inicio te he amado?
Gala da un paso para estar aún más cerca y alza una mano con la que acaricia el rostro de Mael.
A pesar de tener enfrente a la hermosa rubia que es Shely, Mael puede ver debajo de su piel a Galadriel.
Su compañero con quien había compartido toda su existencia y a quien desea volver a ver en su propia forma, como cuando era un peregrino; aunque puede que ya no sea posible nunca más.
Antes de materializarse, solo habían tenido el camino, y Galadriel había sido su hogar; pero Mael ya no era un espíritu.
Gala lo mira y sus ojos contienen los años recorridos, las largas conversaciones y todo lo que habían visto juntos.
El mundo cambiaba a su alrededor pero siempre lo había tenido a él.
Entonces Gala lo besa, Mael está sorprendido y aunque es agradable el tacto de sus labios, Mael se retira con suavidad.
—Galadriel yo te amo, pero no de esta manera, no como lo deseas —dice Mael y ve como algunas lágrimas se formaban en sus ojos, junto a algo oscuro; lo que le deja un hueco en el estómago.
—Dime una cosa, Mael, ¿ella sabe todo de ti?
¿No le guardas secretos?
¿Ha jurado estar a tu lado a pasear de todo?
¿Sin importar lo que eres ahora?
Porque los he observado, Mael, ella duda de ti y sé que tú dudas de ella, ¿acaso eso es amor?
—dice él con los ojos llenos de cólera.
—Sé que este camino está lleno de incertidumbre, pero lo elijo.
Y quisiera que tú lo entendieras.
—Ella solo te usa, necesitaba salir de la prisión en la que estaba.
¿Qué crees que hará cuando se sienta libre?
Pues ya lo hemos visto, así dejó a su novio, con el que, por cierto, iba a casarse —camina un poco en círculos—.
Un día te darás la vuelta y ella no estará ahí, Mael.
Y yo siempre he estado contigo; aún cuando no me veías o escuchabas; antes y después de que te convirtieras en esto —dice señalándolo de pies a cabeza.
—Galadriel, aunque no hubiera conocido a Celina, y no hubiera dejado de ser un peregrino, aún así tampoco podría darte lo que quieres.
Entiéndeme por que me duele hacerte daño.
—Por todos los cielos, ¿cómo puedo…?
—¿Qué?
¿Obligarme?
No puedes Galadriel.
Gala lo mira con los ojos casi desorbitados.
Trata de decir algo más, pero en vez de eso lo golpea.
No es una bofetada o un empujo, sino un golpe a puño cerrado que tumba a Mael en la arena y escucha sus pasos alejándose.
Mael se pone en pie adolorido y trata de alcanzarlo pero Gala ya está corriendo, se aleja a la orilla de la playa; y Mael no va tras de su compañero.
Mael se queda parado sobre la arena, y observa el ir a venir del oleaje, hasta que la marea sube y llegan las olas que humedecen sus pies.
Entonces escucha la voz de Celina detrás de él.
—Thomas pregunta si van a regresar con ellos a la ciudad —la mira, no sabe qué les depara el futuro, pero no está dispuesto a renunciar por un quizás.
—No, no voy a regresar y tampoco se irá Gala.
Mael junto a Celina caminan de regreso al local amarillo para agradecer y despedir a los chicos.
Kirk y Thomas prometen volver el fin de semana siguiente, y ven partir la camioneta desde la fachada de la tienda.
—Deberíamos volver a la casa de Odilón y prepararnos para la noche, he comprado unas velas —dice Celina con cautela.
—Buscaré primero a Gala, se ha ido y me preocupa que esté mal —dice y mira hacia el camino que da a la playa, y por donde se ha ido Gala.
Ahora se arrepiente de no haberlo seguido, pero creyó que necesitaba un tiempo a solas y luego volvería.
—Te acompaño —dice Celina, —iré por unos emparedados que venden aquí y juntos lo buscaremos —y sin esperar respuesta la chica entra a la tienda amarilla.
A su regreso caminan hacia la playa y Mael se siente más tranquilo, Celina tiene ese efecto en él.
—En realidad no creo que podamos quedarnos mucho tiempo aquí —Mael camina a su lado escuchándola —La encargada de la tienda dice que hay un pueblo a unos kilómetros pero en realidad no creo que podamos encontrar trabajo aquí.
—¿Y a dónde quieres ir?
—No lo sé, pero es lo más bello.
Podremos elegir —dice sonriendo.
Siguen caminando tomados de la mano a la orilla de la playa, pendientes si ven a Gala, pero no hay rastro de él.
—No puedes culparlo por amarte —dice Celina después de un rato.
—Hace mucho que habíamos hablado de esto, y creí que Gala entendía que no podía quererlo como él desea.
Me siento como un idiota por no darme cuenta que él seguía sintiendo lo mismo que hace siglos —dice mirando la inmensidad del océano frente a ellos.
—Lo encontraremos, hablarán y todo se arreglará.
Ya verás —dice Celina tratando de animarlo—.
Y no tienes que elegir, creo que podemos formar un buen equipo, Gala, tú y yo.
—También lo creo, Gala es parte de mí y no quiero que eso termine.
—Solo dale tiempo, para adaptarse a esto.
Aunque si te soy sincera me preocupa la chica, Shely, si está ocupando su cuerpo; la tiene prisionera.
—Sí, lo sé, tendré que convencerlo que la deje ir.
Aunque eso signifique no verlo y escucharlo por un tiempo.
Celina y Mael continúan buscando sin éxito, preguntan a las pocas personas que encuentran, pero nadie lo había visto.
La playa se ha quedado desierta y unas nubes de tormenta se empiezan a formar, la temperatura baja y el viento aviva las olas.
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