Cenizas de la luna - Capítulo 23
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23: Capítulo 22 23: Capítulo 22 Empieza a anochecer en la playa cuando Celina y Mael deciden regresar al local amarillo cerca de la playa, que es el lugar donde han visto a Gala por última vez.
Hasta el momento no han podido encontrarlo.
—Mañana deberíamos ir al pueblo y tratar de conseguir algún trabajo —dice Celina mientras caminan aún de regreso, tomados de la mano.
—Sería un camino muy largo desde la casa de Odilón, también deberíamos encontrar un lugar donde quedarnos.
Incluso la playa no parece un mal lugar.
—Mientras no haya tormenta estaremos bien —dice Celina mirando al cielo y las nubes grises.
Mael se para en seco cuando ve a Gala, que aún sigue con el cuerpo de Shely.
Está recargado en una de las paredes de la tienda, que ya ha cerrado sus puertas.
Ahora que los puestos ambulantes se han retirado, solo un automóvil queda en el estacionamiento, y el lugar luce desolado.
Cuando caminan hacia Gala, él al fin se da cuenta y corre a su encuentro.
—Mael, no puedo salir —dice Gala abrazándose—.
El cuerpo de Shely, no he podido dejarlo.
—¿De qué hablas?
Y ¿Dónde has estado?
Te buscamos por todos lados.
Entonces su expresión cambia y mira hacia el estacionamiento donde solo hay un automóvil, un deportivo de color azul eléctrico.
—Mael, yo solo quiero…
—dice suplicando, y sus ojos le hacen temer lo peor.
—¿Qué has hecho?
—fue lo único que Mael pudo preguntar.
Celina sigue su mirada y aprieta su mano.
—Es el auto de Cámeron.
—Todo tiene que ser como antes —dice Gala.
Del automóvil azul emerge una figura y en ese momento sin duda Mael sabe a quién pertenece.
—Deberíamos irnos —dice Celina.
—No te preocupes, todo estará bien —dice Mael tratando de tranquilizar a Celina—.
Y de cualquier forma nos seguiría.
Mael piensa en lo inútil que sería retirarse caminando.
Mientras Cámeron Barragán se acerca a ellos, del otro lado del auto azul sale Haruto, el hombre que custodiaba a Celina.
Sin embargo, el hombre se queda al margen observando.
—Pareces sorprendida de verme —dice Cámeron cuando casi llega a su lado—.
Yo lo estoy —ya solo un metro los separaba—.
Imagina cómo me siento: mi prometida desaparece y recibo una llamada para rescatarla.
Y llego aquí y te encuentro bastante bien.
—Has venido en vano, retírate —dice Mael pero Cámeron mantiene la mirada fija en Celina.
—Sube al auto, ya les he dicho a tus padres que te llevaría —dice el chico, ignorando por completo a Mael.
—No voy a ir contigo —dice Celina, apenas audible, y el chico parece estar apretando la mandíbula.
—No seas tonta, no vas a quedarte aquí —señalando el lugar—, con esta gente —dice mirando por primera vez a Mael—.
Y ¿qué te has hecho en el cabello?
—pregunta y no puede evitar hacer un gesto de desagrado.
—Mael, también deberíamos irnos —suplica Gala a un lado de Cámeron.
—Si Celina no quiere ir contigo, respétalo —ordena Mael en un tono muy tranquilo.
Y entonces el chico lo mira con tal furia que piensa que le va a soltar un golpe, pero solo aprieta los puños.
—Estoy hablando con mi prometida, amigo.
Mi chica —dice Cámeron respirando con fuerza—.
Así que, si no quieres problemas, suéltala y hazte a un lado.
—Ya no somos nada, Cámeron, eso terminó hace mucho.
Por favor, vete.
Celina habla sin soltar la mano de Mael, aunque su voz suena firme, el chico puede sentir un leve temblor.
—No voy a ser ridiculizado, ¿me entiendes?
Cámeron toma con fuerza el brazo de Celina y la jala, a lo que ella se resiste.
Mael quería llevar la situación de forma pacífica y nunca pensó que podría reaccionar así; pero reacciona sin pensarlo y golpea a Cámeron en el rostro y el chico da unos pasos atrás sorprendido.
Mael se encuentra con el puño cerrado y el dolor que siente le confirma lo que ha hecho.
—Solo estaba esperando eso —dice Cámeron con los ojos llenos de furia.
El chico se lanza contra Mael, y con el primer golpe lo deja sin aire.
El peregrino no tiene idea de cómo defenderse de sus puños, lanza golpes a donde puede, mientras escucha la voz de Celina y Gala, aunque no puede entender lo que dicen.
Solo recibe los puños de Cámeron, y a pesar del dolor que siente, deja de luchar y se aferra al cuerpo del chico.
Cree que se cansará antes de lastimarlo en verdad, Mael puede soportar el dolor y sabe que su cuerpo no recibirá daño alguno, solo es cuestión de tiempo.
El mundo está borroso y un zumbido le llena los oídos, de pronto pierde el piso y solo siente el peso de Cámeron encima de él, que lo golpea, pero Mael no trata de quitárselo.
Entonces ya no siente ninguna presión sobre su cuerpo, dándole tiempo para enfocar su entorno.
Al mirar a un lado, ve a Cámeron que golpea el suelo, aunque no tiene sentido.
Escucha a Celina gritando, pero sigue sin comprender sus palabras.
Cuando Mael se incorpora, puede ver que Cámeron no golpea el suelo, sino a alguien.
—¡Gala!
—grita al darse cuenta que es el cuerpo de Shely el que está en el piso.
Mael se abalanza contra Cámeron, los dos ruedan y al tratar de incorporarse una luz lo deslumbra.
Trata de mirar más allá, cubriéndose los ojos, entonces ve los vehículos que se estacionan, rodeándolos.
Algunos hombres en traje salen de los automóviles, y Mael termina de ponerse en pie, dejando a Cámeron en el piso.
—Mael —lo llama Celina y corre hacia ella y donde también se encuentra Gala.
Temeroso se arrodilla y puede ver el rostro de Shely cubierto de sangre que mira al cielo.
—No puedo salir —logra decir.
—Tranquilo, ya estoy aquí —y Gala encuentra sus ojos.
—Mael, no puedo salir, no puedo.
Estoy atrapado —dice con voz quebrada y escupe sangre.
—Gala, vas a estar bien, tranquilo —promete Mael acariciando su rostro.
Hay demasiada sangre y Mael busca cómo limpiarla.
Alguien lo toma por los brazos y lo levanta alejándolo de Gala, aunque él se resiste, Celina grita que lo suelten pero también alguien la aleja de su lado.
—¿Qué hacen?
Suéltame, necesita ayuda —pide Mael, y siente cómo le ponen unas esposas, que le restan movilidad.
El peregrino se ve obligado a dejar de mirar en dirección a Gala y se encuentra frente a un grupo de personas, y por un momento piensa que es la policía, aunque nunca imaginó lo que encontraría frente a él.
—Vaya, desastre que has hecho —dice una voz conocida.
—Abuelo, ¿qué haces aquí?
—pregunta Celina cuando otros sujetos la llevan hasta ellos.
Haruto es uno de sus captores.
—Llévenselos de aquí —ordena Rafael Xamar.
Haruto y otro hombre suben a Celina al deportivo azul y Cámeron los sigue.
Escucha las protestas de la chica hasta que uno de los hombres cierra la puerta.
—Ya hablaremos de esto, Barragán —le advierte Rafael a Cámeron, que solo agacha la cabeza y sube al auto para ponerse en marcha.
—No puede llevársela —dice Mael, impotente bajo el control de otros dos sujetos que lo retienen.
—¿Y tú vas a impedirlo?
—se burla Rafael mirándolo con desdén.
—Por favor, tiene que llevar a mi amigo al hospital, está muy mal —dice Mael tratando de mirar hacia atrás, donde podría seguir Gala.
Ya planea encontrar a Celina después para escapar de nuevo, y de algún modo saldrían de esto.
—Me encargaré de tu amigo, no te preocupes —dice Rafael y se acerca más a Mael—.
Has resultado un verdadero dolor de cabeza.
—Por favor, ya se ha llevado a Celina.
Déjeme ir, llevaré a mi amigo y seguiremos nuestro camino.
—Pero bueno, el peregrino ha aprendido a mentir —dice con burla el abuelo de Celina.
—¿Cómo sabe?
—Ay, chico, no eres muy listo.
Sé más de lo que tú crees —el señor Xamar se arrodilla a su altura con una media sonrisa—.
Vine a buscarte, Mael, porque contrario a lo que esperaba, has decidido huir y eso no lo puedo permitir.
Debemos mantenernos juntos, hermano, y no quiero perseguirte por todo el mundo.
Así que tuvimos que adelantar el proceso de tu incorporación a nuestra sociedad.
Mael no tiene idea de lo que está hablando el anciano, y de pronto el señor Xamar parece cambiar ante sus ojos, ya no luce como un anciano sino como un hombre lleno de vitalidad, aunque conserva las facciones de su cara.
Puede ver a una versión más joven de Rafael Xamar.
Un chico de unos veintitantos.
—¿Eres un peregrino?
—Algo así, fui el primero en dejar a los peregrinos.
Y como ya he dicho, debemos estar juntos, te sorprenderá que hemos creado toda una comunidad bastante lucrativa.
Después de pasar un tiempo con nosotros, te darás cuenta que lo mejor es permanecer con los tuyos, en vez de perder el tiempo con los humanos.
Rafael lo mira divertido, y parece adivinar cómo las preguntas se arremolinan en la mente de Mael.
—¿Por eso me dio el trabajo?
—pregunta al fin.
—La verdad, fue divertido por un tiempo, quería saber cómo te estabas tomando esto de ser uno de los caídos —dice y mira a los hombres a su alrededor—.
Así llaman los humanos a lo que creen que somos y nos parece bastante apropiado, hemos caído en desgracia en este mundo terrible.
Ya no somos peregrinos, pero jamás seremos humanos.
Debemos asumir nuestro lugar en esta tierra y adaptarnos.
—¿Qué quieren de mí?
—Bien, chico, comienzas a hacer las preguntas importantes.
Puedes ir con nosotros de forma pacífica o te llevaremos en pedazos —se ríe de su comentario—.
Como ya te habrás dado cuenta, no podemos morir, pero te aseguro que es bastante doloroso.
—¿Y si no quiero ir?
—Lo reta Mael, quiere saber de qué es capaz.
—De cualquier forma terminarás con nosotros, solo es cuestión de tiempo.
Rafael se incorpora y da unos pasos atrás.
—A todos nos ha pasado, y te ahorraré sufrimiento.
Los primeros años te aferrarás a ciertas personas, pero cuando notan que no envejeces igual que ellos, comienzan las especulaciones y las dudas.
Y tarde o temprano llevan al miedo y al odio.
Entonces Rafael cambia ante sus ojos, convirtiéndose en una mujer de rasgos asiáticos.
—Así que lo mejor es estar con los tuyos desde un inicio —incluso el tono de su voz ha cambiado—, ya hemos desarrollado un sistema para vivir entre los humanos sin alarmarlos.
Rafael vuelve a cambiar y esta vez le brotan unas garras en donde deberían estar sus manos.
—Y a veces, es necesario defendernos de ellos.
—¿Cómo puedes hacer eso?
—Somos materia, Mael —y la mujer con garras regresa a ser el anciano que conoce como Rafael Xamar—.
La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma.
Vamos, inténtalo —dice, y los hombres a su lado lo sueltan, pero sigue esposado.
Mael permanece muy quieto, está rodeado.
Lo primero que se le ocurre es que debería escapar de ahí.
Entonces piensa en sus manos y cómo se ha transformado las de Rafael, piensa en convertirlas en más delgadas, lo suficiente para soltarse de las esposas.
Con asombro, Mael siente el metal deslizándose, por lo que ahora parecen unos tentáculos.
—¡Bravo!
—dice en una carcajada Rafael—.
Te ha superado, Gabriel —dice Rafael mirando atrás y el sujeto que está a unos metros se alza de hombros—.
Mael, eres extraordinario —le asegura.
El chico mira los tentáculos volver a su forma ordinaria y sabe cuál será su próximo movimiento.
—Ahora, ¿te preguntarás…?
Pero Mael no lo escucha más, despliega unas alas enormes que lanza a un lado a sus captores y sale corriendo hasta donde sigue el cuerpo de Shely.
Con delicadeza la toma en brazos y alza el vuelo, alejándose de Rafael y su gente.
Mael no mira atrás, vuela lo más rápido que puede hasta el pueblo que ha visto antes de llegar a la playa.
El viento arremolina su ropa y cabello, podría disfrutarlo si no estuviera tan angustiado por llevar a Gala con un médico.
A lo lejos logra ubicar la señal de un hospital, es pequeño pero seguro podrán ayudar a su compañero.
Gala o quizás Shely, aún respiran pero permanecen inconscientes, la sangre empieza a secarse y Mael teme no poder ayudarlos.
Sin pensarlo más, aterriza enfrente del hospital, lo que asusta al guardia de seguridad y saca su pistola para apuntarle.
Mael entonces recuerda el aspecto que debe tener.
—Por favor, ayúdalo —dice, poniendo a Gala sobre el suelo con cuidado.
Mael pone las manos al frente para que el guardia vea que no está armado, al menos aún sus manos siguen pareciendo las de un humano.
—¿Qué eres?
—pregunta el guardia, aún temblando pero apuntando con el arma.
Mael no le responde y en un salto sale despedido hacia el cielo.
No puede quedarse o perderá el rastro de Celina, pero sabe que Gala y Shely estarán mejor.
Mael vuela tan deprisa como le permiten las alas que ha creado.
Implorando poder llegar hasta Celina.
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