Cenizas de la luna - Capítulo 25
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25: Capítulo 24 25: Capítulo 24 01 – 01 – 2000 Celina parpadea de nuevo, le pareció haber visto una sombra.
—¿Qué sucede?
—pregunta Cámeron aún con Celina entre sus brazos.
Están en la terraza del Hotel Imperio, es año nuevo y cambio de siglo.
Hay luna nueva, que augura un nuevo inicio.
—Nada, creí escuchar algo —la cara de Cámeron solo denota lo irrelevante que es tal asunto para él.
Al parecer, no es la primera vez que ella actúa así—.
Olvídalo, ten un buen viaje —dice ella y él la suelta.
—Volveré en unas semanas, te llamaré al llegar.
En realidad, Celina está harta de su actitud, de fingir, de sentirse atrapada.
Y sin pensarlo dos veces, decide enfrentarlo.
—¿Sabes qué?
Sí pasa algo, Cámeron; y creo que lo sabes —dice mirándolo directo a los ojos.
Necesita que entienda algo antes de irse de viaje—.
No soy feliz contigo, tal vez en algún momento lo fui; pero ya no —parece realmente sorprendido y quizás dolido.
—¿Qué dices?
Todos esperan que nos casemos —dijo él contrariado, y dulcifica su voz—.
Eres mi chica —sonríe seguro de sí mismo.
—No.
Soy una persona y no te pertenezco —hasta Celina se sorprende por el tono de su voz—.
Mira, Cam, sé que te presionan para que sigamos juntos, a mí también; pero dejemos de hacer lo que nuestros padres quieren.
Eres mayor de edad y yo lo seré en unos días —dice y siente que vive un déjà vu—.
Voy a irme Cámeron, y tomaré un camino lejos de mi familia.
Y tal vez con el tiempo, cuando sea lo suficientemente fuerte, volveré; pero ya estoy harta de vivir bajo sus términos —Cámeron la miraba como a una desconocida.
—No sé qué decirte; pero entiendo lo que sientes —dice el chico y toma la cadena que lleva en el cuello—.
¿Y entonces qué hago con esto?
—le muestra la argolla que cuelga de la cadena—.
Era de mi madre y creí que te la daría algún día, que uno de estos días nos casaríamos.
Celina se queda sin palabras, no esperaba eso.
—Dime, ¿qué hago con él?
—Esperar a encontrar a alguien que en verdad quiera portarlo —dice Celina y le pone una mano en la mejilla con cariño—.
Eres un buen hombre, Cam, pero solo nos haremos daño.
—No sé qué decirte —confiesa Cámeron y ella deja de tocarlo.
—Qué tal un: Adiós, sé feliz Celina, lo merecemos —entonces el chico de verdad sonríe y un brillo surge en su mirada.
—Adiós, sé feliz, Celina, lo merecemos —y con algo de torpeza la abraza.
Por un instante ella recuerda al niño flacucho y latoso que ha sido en su infancia, y también lo rodeó con sus brazos.
Después de un momento se separan, Cámeron no dice nada más y simplemente se marcha.
Cuando ya no puede verlo, Celina se gira hacia el balcón, encontrando el horizonte y la magnífica vista de la ciudad.
De pronto, el peso que llevaba cargando desde hacía años, se hace más ligero; aún no sabe cómo, sería libre.
Y de cierta forma ya se siente así; sin embargo, otra sensación la embarga, como si hubiera olvidado algo.
Mira a su alrededor, pero no logra encontrarlo, porque no sabe lo que busca.
Una idea, una imagen, un secreto; se le escabulle en la mente y no lograba atraparlo.
Y sin entender todavía por qué, las lágrimas se derraman por su rostro, por lo que ha perdido, aunque no sabe qué es.
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