Cenizas de la luna - Capítulo 8
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8: Capítulo 7 8: Capítulo 7 El asfalto refleja las luces de la ciudad por la lluvia que ha caído y el automóvil negro del señor Xamar avanza por la avenida principal.
Es la una de la mañana y Celina todavía se siente emocionada por la noche que acaba de vivir.
Fue como despertar en medio de un sueño, solo para darse cuenta de que todo había estado únicamente en su mente.
El teléfono móvil de Marcos suena, y el chofer de su padre contesta de inmediato.
—¿Por qué aún no han llegado?
Hay tanto silencio en el automóvil que Celina puede escuchar la voz de su madre al otro lado de la línea.
—Había demasiado tráfico —miente Marcos y mira por el retrovisor a Celina, a modo de reproche por no haber estado lista como habían acordado—.
Llegaremos en cinco minutos.
Entonces la chica se da cuenta de que no lleva consigo su bolso ni el teléfono móvil, salió tan deprisa que lo ha dejado sobre la mesa en la fiesta.
Lo da por perdido.
No escucha el resto de la conversación, pero sabe que su madre no estará contenta cuando llegue.
—Mañana iré a desayunar con Ailed, ¿podrías pasar por mí?
—suelta Celina cuando Marcos ha colgado la llamada.
Celina, a sus casi dieciocho años, no sabe usar el transporte público.
Su familia solo se traslada en servicio privado y a ella le aterraba el aprender a conducir.
Después de su primera clase, a la que su padre había accedido de forma milagrosa, Celina golpeó el auto de la escuela de manejo con otro de los automóviles estacionados; sintió tanta vergüenza y temor que no quería volver a intentarlo.
En cambio, Shane, su hermana, tenía su propio automóvil.
A menudo salía sola por la ciudad, pero nunca se ha ofrecido a llevarla a ningún sitio.
Muchas veces envidia a su hermana y la libertad con la que puede decidir sobre sí misma.
—Tendré que preguntarle a su padre: ¿Pero a qué hora paso por usted?
—pregunta Marcos.
—A las nueve.
Es la hora en que abren Dolce bacio.
Eliz, su madre, no tenía buena opinión sobre Ailed y su vida demasiado libre, pero permite sus ocasionales desayunos.
Sólo porque Ailed es hija de la editora de la revista que más artículos hace sobre la sociedad de la ciudad.
Eliz cada mes buscaba la revista añorando estar entre las mencionadas e incluso alguna fotografía de su último atuendo.
Y cuando no lo encontraba se ponía de mal humor por varios días.
Celina anoche había acordado salir con Ailed y también esperaba ver a Mael.
Aquel chico extraño que acababa de conocer.
O quizás no habría entendido que se vieran en Dolce bacio.
Es un lugar muy famoso en la ciudad, seguro daría con la dirección.
Aquel chico había salido de la nada y a Celina no se le daba bien entablar conversación con extraños, pero estaba intrigada por conocerlo mejor.
Su padre diría que era excéntrico.
Al principio, Celina pensó que el chico estaba borracho, pero pronto se dio cuenta de que solo estaba algo aturdido.
En realidad, la habían pasado bien.
Pudo bailar con Mael sin preocuparse por los pasos o mantener una postura perfecta que su instrucción de bailarina le imponía.
Hacía tanto que no bailaba por el simple hecho de hacerlo, que sentía toda la energía de la noche brotando de su ser.
Mael es hermoso, no encuentra una mejor palabra para describirlo, es más que apuesto o guapo, sus facciones son angulosas y bien proporcionadas; como una de las esculturas que tanto le gustaban a su madre.
Sobre todo tiene una mirada profunda; Celina se sintió tan tímida al ser el foco de su atención, pendiente de lo que decía y hacía, como si le interesara de verdad.
Quería volver a verlo, y siendo amigo de Ailed seguro que podrían encontrarse de nuevo.
—Buena noche, señorita.
El automóvil se detiene frente a un gran edificio que ocupa toda la cuadra.
—Igualmente, Marcos.
Celina observa el edificio, su hogar que año con año se ha convertido en una prisión.
La chica piensa que solo tiene que aguantar dos largos días para ser mayor de edad y nadie más podrá decidir cómo puede vivir su vida.
Ama a su familia, pero no dejan de controlarla; Celina trataba de ser la hija perfecta, obediente y complaciente.
Sin embargo, está cansada, quiere ser libre y decidir por sí misma.
Tiene un plan, que ha estado trabajando en los últimos meses, y ahora solo faltan unos días para largarse de ahí.
Celina se coloca el abrigo que está sobre el asiento y baja en cuanto le abren la puerta del automóvil.
—Buena noche, señorita Xamar, y feliz año nuevo.
Su familia la espera en el salón —dice Fidel, el portero del edificio donde vive.
—Gracias, Fidel, feliz año nuevo para ti también —responde al portero, agradecida.
Él siempre tiene una sonrisa y es amable.
Celina asistió a la fiesta de Ailed sabiendo que le espera una larga noche con sus padres y todos sus conocidos, por lo menos ya ha pasado la media noche y puede que se escabulla temprano para irse a dormir.
El resto de la familia de la madre de Celina vive en el viejo continente; así que dan una fiesta solo para algunos conocidos y amigos.
Todos menos el padre de Nicolás Xamar, su abuelo, no asistirá.
Él y su padre habían tenido serias discusiones desde hace algunos años y ya no respondía a las llamadas.
Celina había insistido en visitarlo, pero sus padres no lo creyeron prudente.
Celina se adentra en el edificio de estilo clásico y colores neutros.
Pasa por el vestíbulo y el módulo de seguridad.
Saluda y desea un feliz año nuevo a los guardias, sube por el ascensor hacia el salón de eventos del edificio.
Lo único que desea es descansar, en vez de asistir a dicha fiesta, pero no puede faltar a su palabra.
Las puertas del elevador se abren, hay más personas de las que esperaba.
Todos beben cócteles, comen aperitivos y un saxofonista toca al fondo del salón.
A la entrada hay una fotografía enorme de Cámeron y ella.
La tomó un fotógrafo a petición de su madre, en San Valentín del año pasado.
El chico le había regalado un gran ramo de rosas blancas y llevado a una cita, que sospechaba probablemente había planeado con Eliz, ya que su novio no tenía ese tipo de gestos con ella.
Shane está en la entrada y parece inquieta.
Al verla llegar da grandes zancadas hasta llegar con ella.
—¿Dónde has estado?
¿Por qué no contestas el teléfono?
—Acabo de llegar y el teléfono se quedó…
—Sé que a veces no soy muy agradable, pero recuerda que quise advertirte —la interrumpe Shane y mira sobre su hombro, su madre se acerca al verla—.
Felicidades, Nina.
Todos piensan que Cámeron te propuso matrimonio y que tú aceptaste.
—¿Cómo?
—Celina cree que está jugándole una broma.
—Mi niña, siempre tan reservada, no habías dicho nada, Camero ya está aquí —Eliz la mira con una gran sonrisa—.
Te mandé traer un lindo vestido azul, pero con este luces más clásica.
—¡Y aquí está!
Mi hermosa novia —la voz de Cámeron la inquieta aún más.
Él sigue con el mismo traje de la fiesta de disfraces, y de cierto modo parece sorprendido también.
Le ayuda a quitarse el abrigo de encima y se lo entrega a Shane, quien lo arroja sobre la silla más cercana y se aleja de ahí.
Eliz la sigue un momento después para darle «privacidad a los novios», dijo antes de partir.
—¿Qué es todo esto?
—Y mira con asco la fotografía de ellos dos.
—Por favor, no me dejes en ridículo, te explico luego.
Ya lo arreglaremos.
Cámeron habla tan bajo y sonriendo que todos podrían creer que solo le dice palabras dulces como los novios que son.
Le da un beso en los labios y la toma de la mano para caminar hasta el centro del salón.
Celina sigue en shock y solo lo sigue sintiendo las miradas de todos sobre ella y le cuesta respirar.
—Familia y amigos, por favor, si me permite un momento de su atención —pide Cámeron mientras toma una copa de champán que un mesero le ofrece y le entrega otra a Celina.
Mientras ella piensa en cómo podría explicar que todo esto es una farsa; que ella no quiere casarse con Cámeron, que todo lo ha hecho para complacer a sus padres, o para que la dejen salir de casa sin supervisión.
—Hoy inicia un nuevo ciclo, hemos llegado al año 2000, y qué mejor manera de iniciar el nuevo milenio que con una boda.
Celina y yo hemos decidido formalizar nuestra relación y vamos a casarnos —besa a Celina, que sigue sin mover ni un solo músculo.
La gente aplaude—.
Aún tenemos varios detalles que arreglar, pero podemos adelantarles que los esperamos pronto para ser parte de la unión de nuestras vidas en matrimonio, —termina de decir Cámeron, y nuevos aplausos se escucharon en todo el lugar.
—Alcemos nuestras copas por la feliz pareja, Cámeron y Celina —dice desde un extremo del salón Salomón Barragán y a su lado está Nicolás Xamar, su padre, que por primera vez en mucho tiempo sonríe y bebe de su copa.
Celina lo imita y también bebe.
Nota que las manos le tiemblan, su mirada vaga por el lugar, buscando a alguien que la ayude, una salida o cualquier cosa.
De un momento a otro, Celina se encuentra rodeada de gente.
Agradece y recibe cada uno de los comentarios de la gente.
Era como si su mente y cuerpo se hubiesen separado; como cuando tenía presentaciones de ballet, sonríe y sigue la coreografía, lo que todos esperan que ella sea.
Puede verse a sí misma representando el papel de la novia feliz por su unión con el hombre de sus sueños.
Mientras la otra parte de su conciencia grita a su lado.
Todo está mal.
—Ten, mi niña, para que compres un buen atuendo para tu noche de bodas —le dice en secreto y riendo por lo bajo la abuela de Cámeron, que parece demasiado joven para ser una abuela.
Todo da vueltas, solo quiere que el mundo deje de moverse, detener el tiempo un instante.
Si todos dejaran de hablarle, podría escuchar sus propios pensamientos.
Cámeron se ha alejado y conversa con algunos invitados, dejándola en medio de señoras que preguntan por toda clase de detalles sobre la boda que ella no quiere, la pedida de mano que nunca se realizó y su futuro con Cámeron, que seguramente sería desastroso.
Incluso sobre los futuros hijos que ella ni se imaginaba tener.
Se disculpa con la gente a su alrededor y va tras su madre, que se encuentra platicando alegremente con un joven que recién inicia a trabajar en la empresa de su padre.
—Mami —súplica Celina, que se siente de nuevo como una niña.
Eliz deja su conversación sonriendo al chico, pero en cuanto mira a Celina parecía asustada.
—Esto está mal, —se atreve a decirle en voz muy baja a su madre, necesita su ayuda, tiene que salir de ahí—.
No puedo casarme con Cámeron, no lo amo —dice ella a punto de llorar.
—Solo son los nervios, Nina —dice Eliz mirando alrededor, asegurándose que no les prestan atención—.
No digas tonterías, verás que se te pasan rápido —sentenció con una sonrisa tensa.
—Mamá, esto es horrible.
Solo quiere casarse conmigo, por…
ya no sé por qué.
—No entres en pánico, claro que te quiere.
Se conocen desde pequeños, son la pareja más hermosa que jamás he visto —y le arregla un mechón de pelo.
—No voy a casarme —sentenció Celina, retomando valor y tratando de que su madre comprendiera que no iba a seguir con esa locura.
—Cálmate, Celina, por favor, no es el momento para hacer esto —y mira alrededor como si temiera que alguien más la escuchara—.
Compórtate como adulta, en unos días cumplirás dieciocho.
—Sé que es el único novio que he tenido, pero hay rumores de que está con otras chicas.
No puedo…
Y la expresión de su madre cambió, pero no del modo que ella esperaba.
—Ay, cielo, eso pasaría tarde o temprano.
Los hombres son así.
Pero tendrás todo lo que quieras —levanta el mentón de Celina con un poco más de fuerza de la debida—.
Es tu deber cuidar a tu familia, como nosotros lo hemos hecho, —dice su madre con una sonrisa tan seca que le heló los huesos.
—¿Todo está bien?
—pregunta Cámeron a sus espaldas.
—Solo conversábamos sobre los planes de boda, pero ya habrá tiempo para eso —contesta su madre—.
Vayan, luego tendremos tiempo para plática de chicas —termina de decir— y se aleja, dejándola ahí con Cámeron.
—Vamos, Celina, sonríe un poco, es nuestra fiesta de compromiso —dice él mirando alrededor.
—¿Qué demonios es todo esto, Cam?
—dice ella, pero Cámeron no la mira, observa alrededor.
—Por favor, solo unas horas, compórtate y hablaremos luego.
—Felicidades, chicos —dice en hombre mayor al que Celina no conoce, pero que sabe que trabaja para Salomón Barragán y es conocido de su padre.
Cámeron agradece y conduce a Celina a la mesa principal, donde se sientan por el resto de la noche.
Celina interpreta su papel de la chica perfecta a punto de casarse con el que por años ha sido su novio.
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