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Cenizas De Zenit - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 LA DISONANCIA DEL ACERO Y EL PESO DEL SACRIFICIO
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12: LA DISONANCIA DEL ACERO Y EL PESO DEL SACRIFICIO 12: LA DISONANCIA DEL ACERO Y EL PESO DEL SACRIFICIO El muelle de carga se había transformado en un infierno de oro y vapor.

La luz líquida que Kaelen había liberado al sabotear la válvula no era simplemente un fluido; era una forma concentrada de “Efecto” solar, una sustancia tan pura que resultaba corrosiva para cualquier cosa que albergara la más mínima impureza de sombra.

Kaelen sentía que su brazo derecho no estaba ardiendo, sino que estaba siendo borrado de la realidad.

El cristal de Eclipse en su húmero vibraba con una frecuencia tan alta que sus propios huesos chirriaban.

Había apostado por la luz líquida no por un conocimiento académico profundo de los seres de Mecanoscuro, sino por una inferencia desesperada: si él, un nacido de Aethelgard, sufría por la luz tras haber estado en el Abismo, aquellos seres que Pippin describió como “procedentes de las tierras de sombras y metal” debían ser, por lógica inversa, alérgicos a la pureza absoluta de este cielo.

Pero la lógica tiene un precio.

Kaelen estaba atrapado en el mismo radio de explosión que sus enemigos.

[ADVERTENCIA: SOBRECARGA SENSORIAL] [ESTADO: CEGUERA TEMPORAL (80%)] [LA LUZ LÍQUIDA ESTÁ CONSUMIENDO TU VELO DE LA VERDAD NEGRA] —Error…

recalibrando…

sensores biológicos dañados…

—La voz de los Centinelas de Latón no venía de una boca, sino de las rejillas en sus pechos, un sonido metálico que recordaba al choque de dos campanas agrietadas.

Los dos centinelas restantes no se lanzaron a ciegas.

A pesar de que sus túnicas de cuero orgánico humeaban y se derretían bajo el resplandor dorado, sus núcleos mecánicos seguían operando bajo una lógica de colmena.

Se separaron.

Uno de ellos comenzó a golpear el suelo con su lanza, emitiendo ondas de choque sónicas para localizar a Kaelen a través del eco, compensando su visión quemada.

Kaelen se agachó tras un contenedor de acero, apretando los dientes para no gritar.

Sus manos temblaban.

La luz líquida que le salpicó el hombro izquierdo estaba disolviendo su túnica y empezaba a comerse su piel.

No puedo quedarme aquí.

Si se sincronizan, el muelle será mi tumba.

Kaelen no pensó en un ataque mágico.

Miró a su alrededor.

El muelle estaba lleno de cadenas de suspensión masivas que colgaban del techo, usadas para mover los grandes depósitos de energía.

Usó su mano izquierda, la que aún conservaba una sensibilidad humana dolorosa, para desenganchar un contrapeso de hierro cercano.

El primer Centinela detectó el movimiento.

Su cabeza, esa placa de metal perforada, giró hacia el contenedor de Kaelen.

Con una velocidad que desafiaba su estructura mecánica, el ser lanzó su lanza de vapor.

El arma atravesó el acero del contenedor como si fuera papel, pasando a escasos centímetros de la oreja de Kaelen.

El aire desplazado por la lanza olía a azufre y a carne quemada.

Kaelen no retrocedió.

En lugar de eso, se lanzó hacia adelante, rodando por el suelo cubierto de luz líquida hirviente.

El dolor fue una explosión blanca en su cerebro, pero lo usó.

Usó ese dolor para alimentar su Eco de Agonía.

Esta vez, no lo lanzó como una onda expansiva.

Lo concentró en las puntas de sus dedos de Eclipse.

Cuando el segundo Centinela descendió con su sierra circular rugiendo, Kaelen no intentó bloquearla.

Inclinó su cuerpo en un ángulo imposible, dejando que la sierra cortara el aire donde su pecho había estado un milisegundo antes, y hundió sus dedos en la articulación de la rodilla de la máquina.

—¡¡Nihil!!

—rugió Kaelen.

El “Punto de Nada” se manifestó dentro del engranaje de la rodilla.

No hubo explosión, solo un vacío repentino.

Los metales que sostenían la pierna del Centinela simplemente dejaron de estar ahí.

El gigante de metal y cuero colapsó hacia un lado, su sierra circular chocando contra el suelo y enviando una lluvia de chispas doradas al aire.

[NIVEL DE ENERGÍA: 18%] [ADVERTENCIA: EL USO DE “NIHIL” EN CONTACTO DIRECTO CON LUZ LÍQUIDA ESTÁ CREANDO UNA REACCIÓN DE ANNIHILACIÓN EN TU PROPIA CARNE] Kaelen ignoró el aviso.

Su brazo derecho estaba ahora cubierto de grietas de las que salía un humo violeta espeso.

Miró al centinela caído.

El ser intentaba levantarse, sus sistemas emitiendo un pitido frenético.

—Disonancia detectada…

anomalía de vacío…

solicitando apoyo de la red…

—No habrá apoyo —dijo Kaelen, su voz era un susurro frío entre el estruendo del vapor—.

Porque tu red no puede sentir el vacío que estoy a punto de dejar en ti.

El tercer Centinela, el que tenía la lanza, cargó de nuevo.

No era estúpido; había aprendido del error de su compañero.

No se acercó a rango de contacto.

En su lugar, abrió su pecho, revelando una serie de pistones que comenzaron a bombear un gas verdoso y denso: Vapor de Ánima Corrupta.

El gas se extendió por el muelle, anulando la luz dorada y reemplazándola por una penumbra tóxica.

Para Kaelen, esto fue un alivio físico, pero un peligro estratégico.

En la penumbra, el Centinela era el rey.

A unos cincuenta metros de distancia, ocultos tras una pila de chatarra, Pippin y Mara observaban con la respiración contenida.

Pippin tenía sus gafas de colores ajustadas al máximo.

—Está loco —murmuró Pippin, su voz temblando por primera vez—.

Está usando su propio cuerpo como catalizador para un choque de energías que ni siquiera un Maestro de Rango Ceniza intentaría.

Mara, si ese chico sobrevive a esto, Aethelgard va a descubrir que ha criado a un monstruo que no puede ser contenido por sus leyes.

Mara no respondió.

Sus manos estaban entrelazadas en una plegaria silenciosa.

Ella no veía la técnica; veía a un hombre que estaba sufriendo mil muertes por un propósito que ella apenas comprendía, pero que la hacía sentir, por primera vez, que la jerarquía de la ciudad no era eterna.

De vuelta en el centro del muelle, el Centinela de la lanza se movía en el gas verde como un fantasma mecánico.

Kaelen cerró los ojos.

Su visión estaba dañada, pero su Códice le ofrecía una alternativa: “Visión de Deuda Sónica”.

Cada paso del Centinela, cada giro de sus engranajes, emitía una vibración.

Kaelen veía el mundo en líneas de color púrpura sobre un fondo negro.

Vio al Centinela preparándose para una estocada final desde su flanco izquierdo.

Kaelen no se movió.

Dejó que el aire se enfriara a su alrededor.

Cuando la lanza salió del gas verde, apuntando directamente a su corazón, Kaelen usó su mano de Eclipse para atrapar la punta del arma.

El metal bendecido del Mecanoscuro quemó sus palmas, pero Kaelen no soltó.

—Tengo…

tu frecuencia —susurró Kaelen.

A través de la lanza, Kaelen envió un pulso masivo de su propia agonía.

Pero esta vez, no era solo su dolor físico; era el eco del vacío del Abismo, la soledad de la caída y el resentimiento de la traición.

Fue una carga de datos emocionales tan vasta que el núcleo lógico del Centinela no pudo procesarla.

El ser de metal se sacudió violentamente.

Sus “ojos” pasaron del rojo al azul, luego al blanco, y finalmente se apagaron.

Los engranajes dentro de su pecho estallaron por la presión interna, soltando una lluvia de resortes y aceite negro.

Kaelen soltó la lanza y cayó de rodillas.

Su respiración era un silbido agónico.

[COMBATE FINALIZADO] [ESTADO DE INTEGRIDAD: 42%] [HAS OBTENIDO: 300 CRÉDITOS] [HAS OBTENIDO: ESENCIA DE LATÓN REFORZADA (x2)] Kaelen se obligó a ponerse en pie.

Cada músculo de su cuerpo protestaba, y la luz líquida que seguía en el suelo emitía un calor que le recordaba que su tiempo allí era limitado.

Pippin y Mara corrieron hacia él.

—¡Muchacho!

¡Estás hecho un desastre!

—Pippin intentó sostenerlo, pero Kaelen lo apartó suavemente.

—El almacén…

—dijo Kaelen, señalando la gran puerta de hierro que los Centinelas custodiaban—.

Ábrelo antes de que las patrullas de la Secta lleguen por el aviso de la explosión.

Pippin asintió y sacó un dispositivo de pirateo de su túnica.

Tras unos segundos de tensión, los pesados cierres hidráulicos de la puerta se abrieron con un gemido metálico.

Lo que encontraron dentro no era oro, ni cristales de luz.

El almacén 14 estaba lleno de cajas de madera negra, grabadas con el sello de un engranaje sangrante: el símbolo del Mecanoscuro.

Pero en el centro del almacén, flotando dentro de un campo de contención magnética, había un objeto que hizo que el Códice de Kaelen lanzara una alerta que ocupó toda su visión.

[OBJETO DETECTADO: EL CORAZÓN DE LA MÁQUINA DE CARNE (FRAGMENTO)] [ORIGEN: LAS TIERRAS DEL ESTE] [FUNCIÓN: CONVERTIDOR DE CARNE EN ENERGÍA PURA] Pero eso no era lo que atraía a Kaelen.

Detrás del campo de contención, había una serie de viales que contenían un líquido de un color negro tan absoluto que parecía succionar la luz de las lámparas del almacén.

—Aceite de Sombras de Mecanoscuro —susurró Pippin, sus ojos abiertos de par en par—.

Es lo que usan para lubricar los nervios de sus guerreros más fuertes.

Mancha de tinta…

esto es lo que necesitas para tu brazo.

No es una cura, pero estabilizará la necrosis del alma.

Kaelen se acercó a los viales.

Al tocarlos, sintió una afinidad inmediata.

Era una sustancia cruel, nacida del sufrimiento y la ingeniería prohibida, tal como él.

—Tómalo todo —ordenó Kaelen a Mara—.

Pippin, busca los registros de entrega.

Quiero saber a quién en Aethelgard le estaban entregando esto.

Kaelen se sentó en una caja, permitiendo que su cuerpo descansara por un segundo.

Sabía que esta victoria era pírrica.

Había sobrevivido, pero había mostrado su mano.

Los seres de Mecanoscuro notarían la pérdida de su cargamento, y la Secta del Filo de Plata investigaría la destrucción de los centinelas.

Pero mientras miraba el aceite negro, Kaelen sintió una satisfacción gélida.

Había dejado de ser una víctima que huía por los conductos de ventilación.

Ahora, era un jugador en un tablero que incluía potencias extranjeras y conspiraciones que iban más allá de una simple venganza personal.

—Alaric…

—murmuró Kaelen, mirando hacia las vigas del almacén—.

Estás tan preocupado por mantener tu luz que no has visto que el mundo ya se ha vuelto negro bajo tus pies.

Pippin soltó un silbido desde una terminal de datos en el rincón.

—Kaelen, tienes que ver esto.

El cargamento no iba para el Gran Maestro.

Ni siquiera para la Secta del Filo de Plata.

Kaelen se levantó con esfuerzo y miró la pantalla.

El destinatario del aceite de sombras y del fragmento del Corazón de la Máquina era una dirección privada en el Sector 2: La Residencia de la Familia Valerius.

Kaelen se quedó helado.

La familia de Valeria.

—Ella no sabe nada de esto —dijo Kaelen, más para sí mismo que para los demás.

—O tal vez —añadió Pippin con su habitual cinismo—, ella es la razón por la que el Mecanoscuro está interesado en esta ciudad.

En este mundo, muchacho, la belleza suele ser la mejor máscara para el horror más profundo.

El sonido de sirenas de la Secta empezó a resonar en la distancia.

El tiempo se había acabado.

—Vámonos —dijo Kaelen, guardando los viales en su túnica—.

El festival de la Caza de Sombras empieza pronto.

Y ahora sé exactamente dónde colocar mi primera apuesta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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