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Cenizas De Zenit - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 LOS CAÑONES DE TENDÓN Y EL ECO DE LOS VAGABUNDOS
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18: LOS CAÑONES DE TENDÓN Y EL ECO DE LOS VAGABUNDOS 18: LOS CAÑONES DE TENDÓN Y EL ECO DE LOS VAGABUNDOS El descenso hacia el Corazón de la Montaña no fue una caída libre, sino una incursión en una geografía pesadillesca que la humanidad de Aethelgard había olvidado durante milenios.

Kaelen caminaba sobre crestas de hueso poroso que se alzaban como cordilleras dentro del pecho del Dios Caído.

El cielo, si es que se podía llamar así, era una bóveda inmensa de músculos entrelazados de la cual goteaba una lluvia constante de plasma bioluminiscente de color cian.

Cada paso de Kaelen en este entorno resonaba con una vibración que no provenía de sus botas, sino del alma misma del mundo.

[NUEVA REGIÓN DESCUBIERTA: LOS DESFILADEROS DEL PLEXO SOLAR] [ESTADO: EL ENTORNO ES SENSIBLE A TUS PENSAMIENTOS] [ATENCIÓN: EL CONSUMO DE OXÍGENO SE HA REEMPLAZADO POR LA ABSORCIÓN DE ÉTER GASTRÍCO] Kaelen no estaba solo en su cabeza.

Tras haber absorbido las conciencias de sus compañeros para protegerlas de la luz del Supremo, su mente se había convertido en un rincón abarrotado.

—¿Kaelen?

¿Mancha de tinta, estás ahí?

—La voz de Pippin retumbó en su lóbulo frontal con la claridad de un cristal roto—.

Esto es…

asquerosamente poético.

Siempre quise saber cómo era el interior de un dios, pero prefería haberlo visto en un dibujo, no estar montando en tu hipotálamo como un polizón.

—Silencio, Pippin —murmuró Kaelen.

Su voz no salía por su boca, sino que se manifestaba como una onda de sombra en el aire denso—.

Estoy tratando de mapear las fluctuaciones de energía.

Si nos desviamos un milímetro de los nervios principales, la bilis del dios nos disolverá antes de que podamos parpadear.

—Kaelen…

ten cuidado…

—Ese era el susurro de Mara, más suave, cargado de un miedo que Kaelen ya no podía procesar, pero que podía reconocer—.

Ese río que vemos abajo…

no es agua.

Son las memorias de la gente que Aethelgard ha sacrificado durante eones.

Puedo sentir sus gritos.

Kaelen miró hacia el abismo que se abría a su izquierda.

Un río de mercurio azulado corría a través de canales de tendón cristalizado.

No eran gritos lo que escuchaba, eran datos.

Una cantidad de información sobre la historia del mundo que haría que el Gran Maestro de la Secta del Filo de Plata cayera de rodillas en adoración o terror.

El Caminó se volvió más profundo a medida que se alejaban de la cámara de entrada.

Entraron en el Valle de los Autómatas Digestivos.

No eran máquinas de Mecanoscuro, sino defensas inmunológicas del propio Dios.

Kaelen se ocultó tras una costilla masiva, tan grande como un rascacielos.

Frente a él, vio algo hermoso y horroroso por igual: un rebaño de criaturas similares a ciervos, pero con cuellos hechos de filamentos ópticos y patas de obsidiana translúcida.

Se alimentaban de la estática que salía de las grietas del suelo.

—Son los Rebanadores de Energía —explicó Pippin en la mente de Kaelen—.

Si te detectan, pensarán que eres una infección.

Sus astas pueden cortar un átomo de alma a la mitad.

Muévete como si fueras parte de la anatomía del Dios.

Kaelen ajustó su aura.

Gracias al conocimiento de Pippin, empezó a realizar el primer “Truco de Vagabundo” mimetizó la frecuencia del Aceite de Sombras en su brazo para que imitara el flujo de la bilis local.

Caminó a través del valle, pasando a centímetros de criaturas que podían destruirlo en un suspiro.

Era una danza táctica de supervivencia.

Cada piedra, cada fibra, tenía un nombre y un misterio.

Kaelen descubrió ruinas de templos construidos en las paredes musculares, santuarios de eras donde los humanos vivían aquí abajo en equilibrio con el Creador antes de que llegara el primer Emperador del Sol Eterno.

[HISTORIA DEL MUNDO ACTUALIZADA: LA ERA DE LA SIMBIOSIS] [TE HAS TOPADO CON: “EL PILAR DE LOS NOMBRES PERDIDOS”] [MISTERIO: ¿POR QUÉ EL DIOS DEJÓ QUE LOS SUPREMOS LO ENCADENARAN?] Subieron por escaleras hechas de colágeno endurecido hasta llegar a la Garganta del Gran Juramento.

Allí, el camino estaba bloqueado por el primero de los Guardianes de Carne que había visto antes.

El Guardián no era solo un monstruo.

Tenía un aura que emitía una jerarquía divina.

Era un humanoide con cuatro brazos, vestía una armadura orgánica que palpitaba con la misma luz púrpura de los nervios y su rostro no era una máscara de porcelana, sino el de un guerrero cuya piel había sido reemplazada por circuitos de oro y platino.

Llevaba dos espadas masivas que no cortaban carne, sino que cortaban el tiempo local.

Cada vez que movía una espada, Kaelen veía un rastro de lo que iba a pasar un segundo después.

[ALERTA DE COMBATE: EL VERDUGO DEL RECONOCIMIENTO] [PODER: CONCEPTO DEL “PRESENTE ETERNO”] [NOTIFICACIÓN: LA LUCHA HA COMENZADO] Kaelen no atacó de inmediato.

Su pérdida de esperanza lo hacía extremadamente prudente.

Si no hay esperanza de ganar, no hay prisa por morir.

—Kaelen, este tipo es un problema —dijo Pippin, analizando los movimientos a través de los ojos de kaelen—.

Sus espadas están ligadas al sistema sensorial del Dios.

No lo ataques físicamente.

No puedes ganarle en fuerza.

—Yo…

yo veo el punto débil…

—dijo Mara.

Su voz, filtrada por el miedo, mostró una intuición que nadie esperaba—.

No está ahí abajo para matarte, Kaelen.

Está ahí para ver si tienes la firma del padre…

Mira cómo se inclina…

espera a que use la mano izquierda…

Kaelen obedeció la intuición de Mara, aquella que antes despreciaba.

Mara no veía energía, veía arquitectura.

El Verdugo del Reconocimiento cargó.

Sus espadas trazaron arcos de oro que partieron las costillas masivas del entorno como si fueran mantequilla.

Kaelen esquivó por un pelo, usando su brazo de Eclipse para anclarse a una fibra de tendón y catapultarse hacia el techo.

No lanzó magia.

Se dejó caer con todo su peso, pero en el aire, activó su nueva palabra: Punto de Nada.

No la usó en las espadas.

La usó en el suelo que el Verdugo iba a pisar un segundo después.

El terreno bajo los pies del guardián simplemente desapareció.

El concepto del “Presente Eterno” le permitía ver el futuro inmediato, pero no podía cambiar el hecho de que ya no había nada firme donde apoyarse.

El Verdugo cayó en el vacío que Kaelen creó.

Por un momento, su elegancia divina se transformó en un patético intento de recuperar el equilibrio.

Fue un error minúsculo de cálculo del guardián, pero para Kaelen era el espacio de un quilate que necesitaba.

Kaelen descendió sobre él como un halcón negro.

Hundió su brazo de Eclipse directamente en el casco de oro del guerrero.

El aceite negro fluyó hacia los circuitos del enemigo, causando una “Disonancia de Datos”.

El Verdugo rugió, un sonido que era un acorde musical perfecto y doloroso, y atrapó el cuello de Kaelen con sus dos manos inferiores.

Kaelen sintió cómo el concepto de “Equilibrio” del enemigo empezaba a deshacer su garganta.

—¡Ahora, Kaelen!

¡Invoca la deuda de su pasado!

—gritó Pippin—.

¡Todo lo que tiene forma aquí debe una existencia al Dios!

¡Cobra su tributo!

Kaelen, casi asfixiado, activó una función latente de su Códice que acababa de despertar por el aceite de Mecanoscuro.

—Intercambio Forzoso…

del Hijo de la Anulación —gruñó Kaelen.

De repente, una imagen de la madre de Kaelen (que el Códice guardó pero Kaelen olvidó) se proyectó como una onda expansiva.

El Verdugo de Carne, un ser que no debería sentir emociones humanas, se quedó paralizado.

Su rostro de oro empezó a lagrimear mercurio.

Reconoció la firma de alma.

“Tú…

eres el Vástago del Código del Caos”, susurró la criatura a través de la conexión nervioso.

El enemigo simplemente dejó de ser una máquina de matar para convertirse en una fuente de revelación.

El Verdugo soltó el cuello de Kaelen y lo arrojó a un lado.

—¿Por qué…

te detienes?

—jadeó Kaelen, tocándose la garganta destrozada.

—El pacto con tu padre fue claro —dijo el Verdugo, mientras su cuerpo empezaba a disolverse en cenizas de oro, como si el solo hecho de perdonarle la vida fuera una contradicción fatal para su programación divina—.

El Heredero de la Deuda no puede ser juzgado por la Carne.

Solo puede ser juzgado por la Realidad.

Si vas al Corazón…

debes saber que el Supremo no es el mayor de tus problemas.

Tu problema es quien te dio este poder.

El Verdugo se desintegró por completo, dejando caer sus dos espadas masivas que se fundieron con el suelo de tendones.

[NIVELES DE MISTERIO: EXPANDIDOS] [LOGRO OBTENIDO: RECONOCIMIENTO DEL ANCESTRO] [COSTO: TU GARGANTA HA SIDO “VIBRADA”.

TU VOZ CAMBIARÁ PERMANENTEMENTE A UNA FRECUENCIA METÁLICA] Kaelen se puso en pie, tambaleándose.

Pippin y Mara estaban en silencio en su mente.

A la lejanía, a través de los desfiladeros de hueso, finalmente vio el Corazón de la Montaña.

Estaba cubierto por una red de luz blanca que palpitaba con una elegancia maligna.

Y en el centro de esa luz, no estaba un monstruo, sino una cabaña de madera pequeña, perfectamente rústica y hermosa, fuera de lugar en aquel mundo de carne.

Dentro de esa cabaña, alguien estaba sentado en una mecedora, bebiendo té en el centro del órgano que mantenía vivo al mundo.

—Ese…

ese no es un dios —susurró Pippin, aterrorizado—.

Kaelen…

eso que ves ahí arriba…

es el hombre que tu padre dejó para vigilarte.

Kaelen sintió una duda que nunca había sentido.

De un momento a otro comenzó a perder la conciencia.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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