Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Cenizas De Zenit - Capítulo 19

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Cenizas De Zenit
  4. Capítulo 19 - 19 La orilla que no responde
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

19: La orilla que no responde 19: La orilla que no responde Kaelen no despertó de golpe.

La conciencia volvió a él como lo hace el dolor antiguo: primero como una presión vaga, luego como una certeza desagradable.

Durante un tiempo indefinido —segundos, horas, quizá algo peor— permaneció inmóvil, atrapado en un estado donde el cuerpo existía antes que la voluntad.

Había frío.

No el frío del Abismo, que era una ausencia activa, ni el de Agartha, cargado de pulsaciones orgánicas.

Este era un frío simple, extendido, como si el mundo hubiera olvidado cómo regular su propia temperatura.

El sonido llegó después.

Un murmullo bajo, constante, sin ritmo reconocible.

No era viento.

No eran olas rompiendo.

Era más parecido al roce de algo vasto desplazándose muy lejos, demasiado lejos para ser visto.

Kaelen intentó tragar saliva.

El movimiento le raspó la garganta por dentro.

El sonido que escapó de su boca fue un tintineo metálico apagado, como el eco dentro de una cámara vacía.

Se quedó quieto después de eso, evaluando.

Había aprendido a no insistir cuando el cuerpo respondía mal.

Abrió los ojos.

El cielo ocupaba todo.

No tenía profundidad.

No tenía capas.

No había sol, ni estrellas, ni siquiera una fuente clara de luz.

Era una extensión continua de nubes negras inmóviles, tan densas que parecían sólidas, como si alguien hubiera extendido un techo imperfecto sobre el mundo y luego se hubiera marchado a mitad del trabajo.

Kaelen parpadeó una vez.

Luego otra.

El cielo no reaccionó.

Giró la cabeza lentamente hacia un lado.

El cuello le dolió con un retraso extraño, como si la señal hubiera tenido que atravesar un medio espeso antes de llegar a destino.

La playa apareció en su campo de visión.

No era arena.

No completamente.

La superficie estaba formada por fragmentos irregulares, negros y opacos, de distintos tamaños.

Algunos parecían vidrio volcánico; otros, hueso pulido hasta perder toda forma reconocible.

Al apoyar la palma de la mano izquierda, sintió bordes cortantes mezclados con zonas sorprendentemente suaves, como si el material no hubiera terminado de decidir qué era.

Se incorporó con cuidado.

El brazo de Eclipse reaccionó tarde.

El aceite bajo la piel no ardía ni fluía con normalidad.

Latía de forma irregular, enviando pulsos erráticos que Kaelen tuvo que compensar tensando los músculos del hombro y la espalda.

Era como cargar con una herramienta mal calibrada: útil, pero peligrosa si se la daba por sentada.

Se sentó primero.

Luego, tras unos segundos de respiración medida, logró ponerse de pie.

El horizonte se abrió ante él.

El mar estaba allí, a pocos metros.

Era una extensión inmóvil, oscura, sin reflejos.

No se movía.

No rompía en la orilla.

No parecía responder al cielo ni al terreno.

Era como una masa contenida, detenida en un punto anterior al movimiento.

Kaelen lo observó durante un tiempo prolongado.

Esperó alguna reacción: una ondulación, un cambio de color, cualquier indicio de que aquello obedecía a las mismas reglas que el resto del mundo.

Nada ocurrió.

Apartó la mirada.

Solo entonces intentó llamar al Códice.

No lo hizo con urgencia.

No con desesperación.

Aprendió hacía tiempo que exigirle respuestas al sistema en un estado inestable solo empeoraba las cosas.

Formuló la llamada de manera mínima, casi ritual.

Durante un instante no hubo nada.

Luego, una respuesta incompleta se filtró en su percepción, fragmentada, como un eco mal recompuesto.

[UBICACIÓN: ————] [ERROR DE REFERENCIA] [ESTADO DEL USUARIO: NO ÓPTIMO] [AVISO: FUNCIONES LIMITADAS] Nada más.

Kaelen frunció el ceño.

—Bien —murmuró, y el sonido metálico volvió a traicionarlo.

Probó de nuevo, esta vez con un comando más específico.

El Códice respondió con lentitud, como si tuviera que reconstruirse a partir de piezas que no encajaban del todo.

[INTEGRIDAD DEL ALMA: 31%] [DESINCRONIZACIÓN DETECTADA] [RECOMENDACIÓN: ————] La línea quedó en blanco.

Kaelen soltó el aire despacio por la nariz.

No había advertencias detalladas.

No había cálculos extensos.

No había sugerencias.

Eso, por sí solo, era inquietante.

Cerró los ojos un momento y dirigió su atención hacia el interior.

Sintió las presencias.

No voces.

No pensamientos claros.

Pesos.

Dos masas irregulares incrustadas en su psique, como objetos mal almacenados en un espacio que no había sido diseñado para contenerlos.

No intentó contactar con ellas.

Sabía, por experiencia reciente, que forzar ese vínculo en su estado actual podía provocar una reacción en cadena.

Abrió los ojos de nuevo.

Algo destacaba en la playa.

A unos treinta pasos de distancia, semienterrado entre los fragmentos negros, había un poste de madera.

La madera era vieja.

No tratada.

Erosionada por sal y tiempo.

No tenía sentido allí.

Kaelen avanzó despacio, cuidando cada pisada.

El suelo no cedía, pero tampoco ofrecía una resistencia uniforme.

Cada paso producía un crujido distinto, como si caminara sobre restos de materiales que no compartían origen.

El poste estaba inclinado.

Al acercarse, distinguió el símbolo tallado en la superficie: un círculo incompleto atravesado por una línea irregular.

El trazo no era preciso.

Había sido hecho a mano, con una herramienta que no buscaba simetría.

Cuando la sombra de Kaelen cayó sobre la madera, sintió una vibración leve, casi imperceptible.

No fue un ataque.

No fue una defensa.

Fue un reconocimiento incompleto.

El Códice reaccionó con retraso.

[RESONANCIA DETECTADA] [ORIGEN: INDETERMINADO] [CONCEPTO RESIDUAL: ————] El sistema no completó la línea.

Kaelen retiró la mano.

El poste no volvió a reaccionar.

Miró alrededor.

Desde esa posición, el terreno ascendía suavemente hacia un promontorio de roca oscura.

Allí, recortadas contra el cielo inmóvil, distinguió siluetas.

Eran figuras humanoides, pero algo en su postura resultaba incorrecto.

Caminaban con una inclinación extraña, como si el peso de sus cuerpos no coincidiera del todo con la gravedad del lugar.

Algunas sostenían linternas que emitían una luz verdosa, débil y difusa.

Otras arrastraban cadenas que no parecían sujetas a nada visible.

No se movían con urgencia.

No patrullaban.

Simplemente estaban allí.

Kaelen permaneció quieto durante un tiempo largo, observándolas.

Ninguna se volvió hacia él.

No hubo señales.

No hubo alertas.

El mar siguió inmóvil.

El cielo no cambió.

Finalmente, Kaelen dio un paso adelante.

Luego otro.

Avanzó hacia el promontorio con un ritmo constante, medido.

Ajustó la túnica rasgada para cubrir el brillo irregular de su brazo.

No ocultó su presencia del todo; simplemente evitó llamar la atención innecesaria.

A medida que se acercaba, distinguió más detalles.

Las figuras no eran idénticas entre sí.

Algunas parecían más sólidas, con movimientos pesados.

Otras tenían contornos borrosos, como si el aire a su alrededor no terminara de fijarse.

Una de ellas levantó la linterna apenas un instante, iluminando el terreno frente a sus pies… y luego la bajó de nuevo.

No miró a Kaelen.

No reaccionó.

Eso fue lo que más le inquietó.

Kaelen siguió avanzando.

Cada paso lo alejaba del mar inmóvil, pero no sentía que se acercara a algo definido.

El mundo no ofrecía señales claras.

No había amenazas inmediatas.

No había bienvenida.

Solo presencia.

Cuando estuvo lo bastante cerca como para distinguir las texturas de las ropas, los materiales extraños con los que estaban hechas las cadenas, Kaelen se detuvo.

Las figuras seguían sin prestarle atención directa.

El Códice no emitió ninguna advertencia.

El silencio se extendió entre ellos, pesado, cargado de posibilidades.

Kaelen permaneció allí, de pie, con el cielo inmóvil sobre su cabeza y un mundo que no se apresuraba a reaccionar a su existencia.

Por primera vez desde que recordaba, no sabía qué respuesta esperar.

Y el hecho de que nada pareciera exigirle una de inmediato no lo tranquilizaba en absoluto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo