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Cenizas De Zenit - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Donde los pasos no dejan huella
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20: Donde los pasos no dejan huella 20: Donde los pasos no dejan huella Kaelen no se movió.

No porque tuviera miedo.

No porque estuviera paralizado.

Era una quietud aprendida.

Había sobrevivido el Abismo entendiendo una regla simple: cuando un entorno no reacciona a tu presencia, no significa que sea seguro.

Significa que todavía no ha decidido qué hacer contigo.

Las figuras permanecían dispersas sobre el promontorio.

Ninguna parecía vigilar las otras.

No formaban filas ni círculos.

Eran presencias individuales compartiendo un mismo espacio sin reconocerse entre sí.

Eso era lo incorrecto.

Kaelen dio un paso lento hacia adelante.

El suelo crujió bajo su bota, un sonido seco, breve.

Instintivamente, tensó el cuerpo, esperando una reacción inmediata.

Nada ocurrió.

Las linternas verdosas siguieron oscilando con movimientos irregulares, como si respondieran a una corriente invisible que no afectaba a nada más.

Avanzó otro paso.

Esta vez, algo cambió.

No en las figuras.

En él.

Sintió una presión leve en la base del cráneo, como si alguien hubiera apoyado dos dedos fríos justo donde la columna se encuentra con la cabeza.

No dolía.

No ardía.

Era una sensación de ajuste, similar a cuando un hueso mal colocado encaja por fin… aunque en este caso, no estaba seguro de qué se estaba alineando.

El brazo de Eclipse reaccionó.

El aceite bajo la piel se espesó, reduciendo su pulso irregular.

No obedecía a una orden consciente.

Era una respuesta autónoma, defensiva.

Kaelen bajó la mano lentamente, evitando que el mecanismo se activara del todo.

No quería ser el primero en romper el silencio.

A unos pocos metros, una de las figuras se detuvo.

No giró la cabeza.

No levantó la linterna.

Simplemente dejó de moverse.

Kaelen lo notó porque todo lo demás continuó igual.

Esperó.

Pasaron varios segundos.

Quizá más.

El tiempo en ese lugar no se sentía lineal.

Cada instante parecía extenderse hasta ocupar más espacio del que debería.

Finalmente, la figura habló.

—No… camines… así.

La voz no provenía de un punto claro.

No resonó en el aire como un sonido normal.

Era más bien una vibración baja que parecía surgir de varias direcciones al mismo tiempo, como si el lugar entero hubiera decidido emitir una frase incompleta.

Kaelen no respondió de inmediato.

No porque no supiera qué decir, sino porque estaba analizando la forma en que se había dicho.

No había amenaza en el tono.

Tampoco curiosidad.

Era una corrección.

—¿Así cómo?

—preguntó al fin.

Su voz sonó distinta aquí.

Más grave.

Como si el aire absorbiera las frecuencias altas antes de devolverlas al entorno.

La figura tardó en responder.

Durante ese lapso, otra de ellas arrastró su cadena unos pasos más adelante.

El sonido del metal contra el suelo fue apagado, amortiguado, como si las superficies no terminaran de tocarse.

—Como… si vinieras… de algún lugar.

Kaelen frunció ligeramente el ceño.

—Vengo de algún lugar —dijo.

La figura se movió entonces.

No hacia él, sino hacia un costado, dejando que la luz de su linterna recorriera el suelo.

El haz verdoso no iluminó partículas en el aire.

No levantó sombras claras.

Parecía deslizarse sobre las superficies sin adherirse del todo.

—Aquí —dijo la figura— no se llega… viniendo.

El Códice reaccionó tarde.

[ADVERTENCIA: CONCEPTO NO LOCAL DETECTADO] [ANÁLISIS: INCOMPLETO] Kaelen sintió la presión en el cráneo intensificarse apenas un grado.

Nada insoportable, pero suficiente para recordarle que algo estaba evaluándolo sin molestarse en ocultarlo.

—Entonces ¿cómo se llega?

—preguntó.

Otra figura habló, esta vez a su espalda.

Kaelen no la había visto moverse.

—No se llega —dijo la voz—.

Se queda.

Kaelen giró lentamente.

La figura estaba cerca.

Demasiado cerca para no haberla notado desplazarse.

Su linterna colgaba a un costado, apagada.

Bajo la capucha, no había un rostro definido.

Solo una profundidad oscura donde algo parecía reorganizarse constantemente, como humo atrapado en una cavidad.

Kaelen sostuvo su mirada.

—No tengo intención de quedarme —dijo.

La figura inclinó la cabeza, apenas.

—Eso dicen… los que todavía pesan.

Silencio.

Kaelen percibió un cambio sutil en el entorno.

No visual, sino estructural.

Como si el espacio hubiera reajustado su atención, concentrándose un poco más en él.

—¿Dónde estoy?

—preguntó.

La primera figura respondió, con la misma lentitud cuidadosa.

—En la orilla.

Kaelen esperó algo más.

No llegó.

—¿La orilla de qué?

—insistió.

La linterna verdosa se encendió de nuevo, iluminando el terreno entre ambos.

El haz recorrió los fragmentos negros, los restos irregulares, el suelo que no era del todo arena ni del todo roca.

—De lo que… no cruza —dijo la figura.

Kaelen miró hacia el mar inmóvil.

—Eso no parece una orilla —comentó.

—No lo es —respondió la voz a su espalda—.

Pero funciona… como una.

El Códice no añadió nada.

Kaelen tomó nota mental de eso.

El sistema no estaba fallando exactamente.

Estaba optando por no intervenir.

—¿Ustedes qué son?

—preguntó.

Las figuras intercambiaron miradas que Kaelen apenas pudo percibir.

No hubo palabras inmediatas.

—Los que cuentan —dijo una—.

—Los que esperan —dijo otra.

—Los que ya no… recuerdan por qué —añadió una tercera.

Kaelen sintió una punzada leve en el pecho.

No dolor físico.

Algo más parecido a una interferencia.

—¿Esperan qué?

—preguntó.

La figura más cercana levantó lentamente una mano.

No señaló el mar.

No señaló el cielo.

Señaló a Kaelen.

—Que decidas… mal.

Kaelen no reaccionó externamente, pero su respiración se ajustó de forma automática.

El cuerpo siempre entendía antes que la mente.

—Ya he tomado muchas malas decisiones —dijo.

—No —respondió la figura—.

Has tomado decisiones… necesarias.

La presión en su cráneo disminuyó apenas.

—Las malas —continuó la voz— son las que no te dejan… avanzar.

Kaelen guardó silencio.

Miró a su alrededor una vez más.

Las figuras no se acercaban.

No lo rodeaban.

No intentaban bloquear su camino.

Sin embargo, tuvo la certeza de que si intentaba atravesar el promontorio sin más, algo cambiaría.

—Si no cruzo —dijo—, ¿qué ocurre?

La respuesta tardó.

—Aprendes… a pesar menos.

Kaelen bajó la mirada hacia sus manos.

El brazo de Eclipse permanecía quieto, pero el aceite bajo la piel seguía ajustándose, como si el entorno estuviera forzándolo a una calibración distinta.

Sintió el peso de las presencias en su interior.

No empujaban.

No exigían.

Esperaban.

—¿Y si cruzo?

—preguntó.

La figura más cercana retrocedió un paso.

—Entonces —dijo— empiezas a dejar huellas.

Kaelen miró el suelo.

Se agachó lentamente y apoyó la palma de la mano derecha sobre la superficie fragmentada.

Al retirarla, no quedó marca alguna.

Ni polvo desplazado.

Ni fragmentos movidos.

Nada.

—¿Este lugar borra los pasos?

—preguntó.

—No —respondió una voz distinta—.

Los conserva… demasiado bien.

Kaelen se irguió.

El cielo seguía inmóvil.

El mar seguía quieto.

Y sin embargo, tuvo la sensación clara de que el mundo acababa de registrar su presencia de una forma irreversible.

—Entonces supongo —dijo, con calma medida— que no debo quedarme mucho tiempo.

Las figuras no se opusieron.

Una de ellas levantó la linterna por última vez, iluminando un sendero estrecho que ascendía entre rocas oscuras, apenas distinguible.

—Elige —dijo— con cuidado.

Kaelen dio el primer paso hacia el sendero.

Y esta vez, el suelo crujió de una forma distinta.

Más profunda.

Como si algo, en algún lugar, hubiera comenzado a seguirlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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